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HEINRICH
KRAMER - JACOBUS SPRENGER Malleus Maleficarum (El martillo de
los brujos)

PROLOGO El más famoso de todas los libros sobre
brujería, Malleus Maleficarum (El martillo de los brujos) fue
escrito en 1486 por dos monjes dominicos. En el acto, y a lo largo
de los tres siglos siguientes, se convirtió en el manual indispensable
y la autoridad final para la. Inquisición, para todos 'los jueces,
magistrados y sacerdotes, católicos y protestantes, 'en la lucha
contra la brujería en Europa. Abarcaba los poderes y prácticas
de los brujos, sus relaciones con el demonio, su descubrimiento.
La Inquisición, la hoguera, la tortura, mental y física, de la
cruzada contra 'la brujería: todo esto es conocido. Y detrás de
cada uno de los actos sanguinarios se encontraba este libro, a
la vez justificación y manual de 'instrucción. Para cualquier
comprensión de la historia y naturaleza de la brujería y el satanismo,
Malleus Maleficarum es la fuente importante. La primera fuente.
Los AUTORES: Heinrich Kramer nació en Schlettstadt,
ciudad de la baja Alsacia, al sudeste de Estraburgo. A edad temprana
ingresó en la Orden de Santo Domingo y luego fue nombrado Prior
de la Casa Dominica de su ciudad natal. Fue predicador general
y maestro de teología sagrada. Antes de 1474 se lo designó Inquisidor
para el Tirol, Salzburgo, Bohemia y Moravia. ]acobus Sprenger
nació en Basilea. Ingresó como novicio en la Casa Dominica de
esa ciudad en 1452. 'Se graduó de maestro de teología y fue elegido
Prior 'y Regente de Estudios del convento de Colonia. En 1480
se lo eligió decano de la facultad de Teología de la Universidad.
En 1488, Provincial de toda la Provincia Alemana. Ambos fueron
nombrados Inquisidores con poderes especiales, por bula papal
de Inocencio VIII, para que investigasen los delitos de brujería
de las provincias del norte de Alemania. Malleus Maleficarum es
el resultado final y autorizado de esas investigaciones y estudios.
BULA DE INOCENCIO VIII
Inocencio, Obispo, Siervo de los siervos de Dios,
para eterna memoria Nos anhelamos con la más profunda ansiedad,
tal como lo requiere Nuestro apostolado, que la Fe Católica crezca
y florezca por doquier, en especial en este Nuestro día, y que
toda depravación herética sea alejada de los límites y las fronteras
de los fieles, y con gran dicha proclamamos y aun restablecemos
los medios y métodos particulares por cuyo intermedio Nuestro
piadoso deseo pueda obtener su efecto esperado, puesto que cuando
todos los errores hayan sido desarraigados por Muestra diligente
obra, ayudada por la azada de un providente agricultor, el celo
por nuestra Santa Fe y su regular observancia que darán impresos
con más fuerza en los corazones de los fieles. Por cierto que
en los últimos tiempos llegó a Nuestros oídos, no sin afligirnos
con la más amarga pena, la noticia de que en algunas partes de
Alemania septentrional, así como en las provincias, municipios,
territorios, distritos y diócesis de Magancia, Colonia, Tréveris,
Salzburgo y Bremen, muchas personas de uno y otro sexo, despreocupadas
de su salvación y apartadas de la Fe Católica, se abandonaron
a demonios, íncubos y súcubos, y con sus encantamientos, hechizos,
conjuraciones y otros execrables embrujos y artificios, enormidades
y horrendas ofensas, han matado niños que estaban aún en el útero
materno, lo cual también hicieron con las crías de los ganados;
que arruinaron los productos de la tierra, las uvas de la vid,
los frutos de los árboles; más aun, a hombres Y mujeres, animales
de carga, rebaños y animales de otras clases, viñedos, huertos,
praderas, campos de pastoreo, trigo, cebada Y todo otro cereal;
estos desdichados, además, acosan y atormentan a hombres Y mujeres,
animales de carga, rebaños y animales de otras clases, con terribles
dolores Y penosas enfermedades, tanto internas como exteriores;
impiden a los hombres realizar el acto sexual y a las mujeres
concebir, por lo cual los esposos no pueden conocer a sus mujeres,
ni éstas recibir a aquéllos; por añadidura, en forma blasfema,
renuncian a la Fe que les pertenece por el sacramento del Bautismo,
y a instigación del Enemigo de la Humanidad no se resguardan de
cometer y perpetrar las más espantosas abominaciones y los más
asquerosos excesos, con peligro moral para su alma, con lo cual
ultrajan a la Divina Majestad y son causa de escándalo y de peligro
para muchos. Y aunque Nuestros amados hijos Heinrich Kramer y
Jacobus Sprenger, profesores de teología de la orden de los Frailes
Predicadores, han sido nombrados, por medio de Cartas Apostólicas,
Inquisidores de estas depravaciones heréticas, y lo son aún, el
primero en las ya mencionadas regiones de Alemania septentrional
en las que se incluyen los ya citados municipios, distritos, diócesis
y otras localidades específicas, y el segundo en ciertos territorios
que se extienden a lo largo de las márgenes del Rín, no obstante
ello, no pocos clérigos y laicos de dichos países tratan, con
excesiva curiosidad, de enterarse de más cosas de las que les
conciernen, y como en las ya aludidas cartas delegatorias no hay
mención expresa y específica del nombre de estas provincias, municipios,
diócesis y distritos, y dado que los dos delegados y las abominaciones
que deberán enfrentar no se designan en forma detallada y especial,
esas personas no se avergüenzan de aseverar, con la más absoluta
desfachatez, que dichas enormidades no se practican en aquellas
provincias, y que en consecuencia los mencionados 5 Inquisidores
no tienen el derecho legal de ejercer sus poderes inquisitoriales
en las provincias, municipios, diócesis, distritos y territorios
antes referidos, y que no pueden continuar castigando, condenando
a prisión y corrigiendo a criminales convictos de las atroces
ofensas y de las muchas maldades que se han expuesto. Por consiguiente,
en las referidas provincias, municipios, diócesis y distritos,
las abominaciones y enormidades de que se trata permaneces apunes,
no sin manifiesto peligro para las almas de muchos y amenaza d8
eterna condenación. Por cuanto Nos, como es Nuestro deber, Nos
sentimos profundamente deseosos de eliminar todos los impedimentos
y obstáculos que pudieren retardar y dificultar la buena obra
de los Inquisidores, así como de aplicar potentes remedios para
impedir que la enfermedad de la herejía y otras infamia dan su
ponzoña pace destrucción de muchas almas inocentes, y como Nuestro
celo por la Fe nos incita a ello en especial, y para que estas
provincias, municipios, diócesis, distritos y de Alemania, que
ya hemos especificado, no se vean privados de los beneficios del
Santo Oficio a ellos asignado, por el tenor de estos presentes,
y en virtud de Nuestra. autoridad Apostólica, decretamos y mandamos
que los mencionados Inquisidores tengan poderes para proceder
a la corrección, encarcelamiento y castigo justos de cualesquiera
personas, sin impedimento ni obstáculo algunos, en todas las maneras,
como si las provincias, municipios, diócesis, distritos, territorios,
e inclusive las personas y sus delitos, hubiesen sido específicamente
nombrados y particularmente designados en Nuestras cartas. Más
aun, decimos, y para mayor seguridad extendemos estas cartas,
de delegación de esta autoridad, de modo que alcancen a las aludidas
provincias, municipios, diócesis, distritos y territorios, personas
y delitos ahora referidos, y otorgamos permiso a los antedichos
Inquisidores, a cada uno de ellos por separado o a ambos, así
como también a Nuestro amado hijo Juan Gremper, cura de la diócesis
de Constanza, Maestro en Artes, como su notario, o a cualquier
otro notario público que estuviere junto a ellos, o junto a uno
de ellas, temporariamente delegado en las provincias, municipios,
diócesis, distritos y aludidos territorios, para proceder, en
consonancia con las reglas de la Inquisición, contra cualesquiera
personas, sin distinción de rango ni estado patrimonial, y para
corregir, multar, encarcelar y castigar según lo merezcan sus
delitos, a quienes hubieren sido hallados culpables, adaptándose
la pena al grado del delito. Más aun, decimos que disfrutarán
de la plena y total facultad de exponer y predicar la palabra
de Dios a los fieles, tan a menudo como la oportunidad se presentare
y a ellos les pareciere adecuada, en todas y cada una de las iglesias
parroquiales de dichas provincias, y podrán celebrar libre y legalmente
cualesquiera ritos o realizar cualesquiera actos que parecieren
aconsejables en los casos mencionados. Por Nuestra suprema Autoridad,
les garantizamos nuevamente facultades plenas y totales. Al mismo
tiempo, y por Cartas Apostólicas, solicitamos a Nuestro venerable
Hermano el Obispo de Estrasburgo* que por si mismo anuncie o por
medio de otros haga anunciar el contenido de Nuestra Bula, que
publicará con solemnidad cuando y siempre lo considere necesario,
o cuando ambos Inquisidores o uno de ellos le pidan que lo haga.
También procurará que en obediencia a Nuestro mandato no se los
moleste ni obstaculice por autoridad ninguna, sino que amenazará
a todos los que intenten molestar o atemorizar a los Inquisidores,
a todos los que se les opongan, a esos los rebeldes, cualesquiera
fuere su rango, fortuna, posición, preeminencia, dignidad o condición,
o. ,cualesquiera sean los privilegios de exención que puedan reclamar,
con la excomunión, la suspensión, la 6 interdicción y penalidades,
censuras y castigos aun más terribles, como a él le 1pluguiere,
y sin derecho alguno a apelación, y que según su deseo puede por
Nuestra autoridad acentuar y renovar estas penalidades , tan a
menudo como lo encontrare conveniente, y llamar en su ayuda, si
así lo deseare, al brazo Secular Non obstantibus . . . Que ningún
hombre, por lo tanto. Pero si alguno se atreviere a hacen tal
cosa, Dios no lo quiera,. hacedle saber que sobre él caerá la
ira de Dios todopoderoso, y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.
Dado en Roma, en San Pedro, el 9 de diciembre del Año de la Encarnación
de Nuestro Señor un mil y cuatrocientos y cuarenta y ocho, en
el primer Año de Nuestro pontificado. 1 ° Alberto de Baviera 1478-1508.
( Ed. 7 PRIMERA PARTE Que trata de los tres concomitantes necesarios
de la brujería, cuales son el demonio, un brujo y el permiso de
Dios Todopoderoso 8
AQUÍ COMIENZA AUSPICIOSAMENTE LA PRIMERA PARTE DE
ESTA OBRA PREGUNTA. De si la creencia de que seres como las brujas
existen es parte tan esencial de la fe católica, que mantener
con obstinación la opinión contraria tiene un manifiesto sabor
a herejía. Y se afirma que una sólida creencia en los brujos no
es doctrina católica: véase el capítulo 26, pregunta 5 de la obra
de Epíscopo. Quien crea que cualquier criatura puede ser cambiada
para mejor o para peor, o transformada en otra cosa u otro ser,
por cualquiera que no sea el Creador de todas las cosas, es peor
que un pagano y un hereje. De manera que cuando informan que tales
cosas son efectuadas por brujos, su afirmación no es católica,
sino simplemente herética. Más aun, no existe acto de brujería
que posea efecto permanente entre nosotros. Y esta es la prueba
de ello: que si así fuera, sería efectuada por obra de los demonios.
Pero asegurar que el diablo tiene el poder de cambiar los cuerpos
humanos e infligirles daño permanente no parece estar de acuerdo
con las enseñanzas de la Iglesia. Porque de este modo podrían
destruir el mundo' entero, y llevarlo a la más espantosa confusión.
Más aún, toda alteración que se produce en el cuerpo humano -por,
ejemplo el estado de salud o el de enfermedad - puede atribuirse
a causas naturales, como nos lo demostró Aristóteles en su séptimo
libro de la Física. Y la mayor de estas causas es la influencia
de las estrellas. Pero los demonios no pueden inmiscuirse en el
movimiento de las estrellas. Esta es la. opinión de Dionisio en
su epístola, a San Policarpo. Porque eso sólo puede hacerlo Dios.
Por lo tanto es evidente que los demonios no pueden en verdad
efectuar ninguna transformación permanente en los cuerpos de los
humanos; es decir, ninguna metamorfosis real Y de ese modo debemos
atribuir la aparición de cualquiera de esos cambios a alguna causa
oscura y oculta. Y el poder de Dios es más fuerte que el del diablo,
así que las obras divinas son más verdaderas que las demoniacas.
De donde, cuando el mal es poderoso en el mundo, tiene que ser
obra del diablo, en permanente conflicto con la de Dios. Por lo
tanto, como es ilegal mantener que las malas artes del demonio
pueden en apariencia superar la obra, de Dios, del mismo modo
es ilegal creer que las más nobles obras de la creación, es decir,
los hombres y los animales, puedan ser dañadas o estropeadas por
el poder del diablo. Más aun, que lo que se encuentra bajo la
influencia de un objeto material no puede tener poder sobre los
objetos corpóreos. Pero los demonios están subordinados a ciertas
influencias de las estrellas, porque los magos observan el curso
de determinadas estrellas para invocar a los demonios. Por lo
tanto, ellos carecen del poder de provocar cambio alguno en un
objeto corpóreo, y de ahí que las brujas poseen menos poder que
los demonios. Porque éstos no tienen poder alguno, salvo cierto
arte sutil. Pero un arte no puede producir permanentemente una
forma verdadera. (Y cierto autor dice: los que escriben sobre
alquimia saben que no existe .esperanza de ninguna trasmutación
real.) Por lo tanto los demonios, por su parte, mediante el uso
de lo más selecto de su industria, no pueden producir curaciones
permanentes, ni permanentes 9 enfermedades. Pero si tales estados
existen, se debe en verdad a otra causa, que puede ser desconocida
y que nada tiene que ver con las obras de diablos o brujos. Pero
según las Decretales (33), el caso es el inverso. "Si por brujería
o por cualquier arte mágica permitida por el oculto pero justísimo
designio de Dios, y con la ayuda del poder del demonio, etc ...."
Esto se refiere a cualquier acto de brujería, que pueda impedir
la finalidad del matrimonio, v para que este impedimento produzca
efecto pueden concurrir tres causas, a saber: la brujería, el
demonio y el permiso de Dios. Más aun, la más fuerte puede influir
sobre la que lo sea menos. Pero el poder del demonio es más fuerte
que cualquier poder humano (Job, XL). No hay en la tierra poder
que pueda compararse con el suyo, que fue creado de modo que no
temiese a nadie. Respuesta. He aquí tres errores heréticos que
se deben enfrentar, y cuando se hayan refutado se verá la verdad
con sencillez. Porque ciertos autores que pretenden basar su opinión
en las palabras de Santo Tomás (IV, 24), cuando trata de los impedimentos
causados por los encantamientos mágicos, intentaron afirmar que
no existe la magia, y que ella sólo está en la imaginación de
los hombres que atribuyen efectos naturales, cuyas causas no son
conocidas, a la brujería y los hechizos. Hay otros que reconocen,
por cierto, que los brujos existen, pero declaran que la influencia
de la magia y los efectos de los sortilegios son puramente imaginarios
y fantásticos. Un tercer tipo de escritores sostiene que los efectos
que según se dice causan los hechizos mágicos son por completo
ilusorios y fantasiosos, aunque bien pudiera ser que el diablo
asista a algunos brujos. De esta manera, es posible exponer y
refutar los errores de cada una de estas personas. Porque, en
primer lugar, muchos escritores ortodoxos, en especial Santo Tomás,
demostraron que sus opiniones son desde todo ,punto de vista heréticas;
este autor sostiene que tales opiniones son en absoluto contrarias
a la autoridad de los santos, y que se basan en una total infidelidad.
Porque la autoridad de las Sagradas Escrituras dice que los demonios
tienen poder sobre los cuerpos y las mentes de los hombres, sólo
cuando Dios les permite ejercer ese poder, tal como se desprende
con claridad de varios pasajes de las Escrituras. Por lo tanto,
yerran quienes dicen que la brujería no existe, sino que es algo
puramente imaginario, aunque no creen que los diablos existan,
salvo en la imaginación de la gente ignorante y vulgar, y los
accidentes naturales que le ocurren al hombre los atribuye él
por error a un supuesto demonio. Pues la imaginación de algunos
hombres es tan vívida, que les hace creer que ven figuras y apariciones
reales, que no son otra cosa que el reflejo de sus pensamientos,
y entonces éstos son tomados por apariciones de espíritus malignos,
y aun por espectros de brujas. Pero esto es contrario a la verdadera
fe, que nos enseña que ciertos ángeles cayeron del cielo y ahora
son demonios, y debemos reconocer que por naturaleza son capaces
de hacer cosas que nosotros no podemos. Y quienes tratan de inducir
a otros a realizar tales maravillas de malvada índole son llamados
brujos o brujas. Y como le, infidelidad en una persona bautizada
se denomina técnicamente herejía, esas personas son lisa, y llanamente
herejes. En lo qué se refiere a quienes sostienen los otros dos
errores, es decir, quienes no niegan que haya demonios y que éstos
posean un poder natural, pero que difieren entre sí acerca de
los posibles efectos de la magia y de las posibles obras de los
10 brujos: escuela, una, que afirma que éstos pueden en verdad
provocar determinados efectos, y que sin embargo tales efectos
no son reales, sino fantásticos, mientras que la otra escuela
admite que es verdad que algún daño real cae sobre la persona
o personas atacadas, pero que cuando un brujo imagina que este
daño es efecto de sus artes, se engaña groseramente. Este error
parece basarse en dos pasajes de los Cánones en los cuales se
condena a unas mujeres por imaginar falsamente que durante la
noche cabalgaban con Diana o Herodías. Esto puede leerse en el
Canon. Sin embargo, puesto que tales cosas suceden a menudo por
ilusión, quienes suponen que todos los efectos de las brujerías
son simple ilusión e imaginación, se equivocan en grande. En segundo
lugar, con respecto a un hombre que cree o afirma que una criatura
puede ser hecha o trasformada para mejor o para peor, o convertida
en otra cosa o semejanza, Por cualquiera que no sea Dios, Creador
de todas las cosas, dicho hombre es un infiel y peor aun que un
pagano. Por lo que,, y teniendo en cuenta las palabras "trasformado
para peor". dicen que si tal efecto es provocado por brujería,
no puede ser real, sino que debe ser pura fantasía. Pero como
estos errores saben a herejía y contradicen el sentido del Canon,
primero probaremos nuestras afirmaciones por medio de la ley divina,
así como por la ley eclesiástica y civil, pero ante todo de manera
general Por empezar, las expresiones del Canon deben ser tratadas
en detalle (aunque el sentido del Canon quedará más en claro aun
en el interrogante siguiente). Porque en muchas partes la ley
divina ordena que no sólo se debe evitar a los brujos, sino que
también tienen que ser ejecutados, y en verdad no impondría esta
pena extrema si los brujos no hicieran reales y auténticos pactos
con los demonios para provocar daños y males verdaderos. Pues
la pena de muerte se impone sólo en casos de delitos graves y
notorios, pero a veces adopta la forma de muerte del alma, que
puede ser causada por el poder de una ilusión fantástica o aun
por la tensión de la tentación. Esta es la opinión de Santo Tomás,
cuando considera si es malo utilizar la ayuda de los demonios
(II, 7). Pues en el capítulo 18 del Deuteronomio se ordena la
destrucción de todos los magos y encantadores. También el Levítico
dice, en su capítulo 19: "Nos os volváis a los encantadores o
adivinos; no los consultéis ensuciándoos con ellos; yo pondré
mi rostro contra tal varón, y lo apartaré de su pueblo". Asimismo
en el 20: "Y el hombre ola mujer que evocaren espíritus de muertos
o se entregaren a la adivinación, han de ser muertos; los apedrearán
con piedras; su sangre sobre ellos". Se dice que son adivinas
las personas en quienes los demonios han obrado cosas extraordinarias.
Más aun, debe recordarse que a causa de este pecado enfermó Ocozías
y murió (IV, Reyes, 22). Igualmente Saúl, según I Paralipómenos,
10. Tenemos, además, las autorizadas opiniones de los Padres que
comentaron las Escrituras y que trataron en detalle sobre el poder
de los demonios y las artes mágicas. Pueden consultarse los escritos
de muchos doctores acerca del Libro 2 de las Sentencias, y se
comprobará que todos concuerdan en decir que existen brujos y
hechiceros que por el poder del diablo son capaces de producir
efectos reales y extraordinarios, y que éstos no son imaginarios,
y que Dios permite que tal cosa suceda. No mencionaré las muchas
otras obras en que Santo Tomás considera en gran detalle las acciones
de este tipo. Como por ejemplo en su Summa contra Gentiles, libro
III, capítulos 1 y 2, pregunta 114, argumento 4. Y en el Segando
de los Segundos, preguntas 92 y 94. 11 También podemos consultar
a los comentaristas y exegetas que escribieron sobre los sabios
y los magos del Faraón, Exodo, VII. Otro texto de consulta seria
la opinión de San Agustín en La ciudad de Dios, Libro 18, cap.
17. Véase asimismo su segundo libro, De la doctrina cristiana.
Muchos otros doctores de la Iglesia adelantan la misma opinión,
y sería el colino de la locura que cualquier persona intentara
contradecirlos, y no podría afirmarse que estuviese libre de la
culpa de la herejía. Porque a cualquiera que yerre gravemente
en la exposición de las Sagradas Escrituras se lo considera con
toda razón un hereje. Y quien piense en forma diferente en lo
tocante a estos asuntos que conciernen a la fe que sostiene la
Santa Iglesia Romana, es un hereje. Esa es la Fe. que negar la
existencia de los brujos es contrario al sentido evidente del
Canon, lo demuestra la ley eclesiástica. Pues tenemos las opiniones
de los comentaristas del Canon, que comienzan diciendo: "Si cualquiera,
por medio de artes mágicas o brujería..." Y también están los
autores que hablan de hombres impotentes y embrujados, y que a
causa de este impedimento causado por la brujería se ven imposibilitados
de copular, con lo cual el contrato matrimonial queda nulo y en
esos casos el matrimonio es imposible. Porque dicen, y Santo Tomás
se muestra de acuerdo con ellos, que si la brujería produce su
efecto en el casos de un matrimonio, antes que haya existido contacto
carnal, si es duradera anula y destruye el contrato matrimonial;
y es muy evidente que no puede decirse que tal situación sea ilusoria
y efecto de la imaginación. Acerca de estos puntos, véase lo que
tan exhaustivamente escribió el Beato Enrique de Segusio en su
Summa super Titulis Decretalium (Estrasburgo, 1512), también llamada
Summa arrea o Summa archiepiscopi; asimismo, las obras de Godofredo
de Fontaines .y San Raimundo de Peñafort, quienes trataron este
asunto con suma claridad y en detalle, sin preguntarse si tal
estado físico podía considerarse imaginario e irreal, sino que
dieron por seguro que se trataba de casos ciertos y comprobados;
y luego establecen si debe tratarse como enfermedad duradera o
temporaria cuando se prolonga durante más de tres años, y no dudan
de que puede ser provocada por el poder de la brujería, aunque
es verdad que ese estado podría ser intermitente. Pero lo que
sí es un hecho que está más allá de toda discusión ea que dicha
impotencia puede ser causada mediante el poder de un demonio,
por medio de un pacto celebrado con él, e inclusive por el diablo
mismo, sin contar con la asistencia de brujo alguno, aunque esto
último rara vez ocurre en el seno de la iglesia, puesto que el
matrimonio es un excelentísimo sacramento. Pero entre los paganos
en verdad sucede, y ello se debe a que los espíritus del mal actúan
como si tuviesen dominio legítimo sobre ellos, como relata Pedro
de Paludes en su cuarto libro, acerca de un joven que se había
prometido en matrimonio a cierto ídolo, pese a lo cual se casó
con una doncella, con la cual fue incapaz de mantener contacto
alguno porque siempre Intervenía. e1 diablo, apareciéndose en
forma física. Sin embargo, en la iglesia el demonio prefiere actuar
por intermedio de brujos y provocar esos efectos para su provecho
propio, es decir, para la pérdida de las almas. Y entre los otros
interrogantes que teólogos y canonistas plantean con referencia
a estos puntos, hay uno muy importante, puesto que trata de cómo
puede curarse esa impotencia, y de si es permisible curarla por
medio de un contrahechizo, y qué debe hacerse si el brujo que
obró el encantamiento está muerto, hecho que trata Godofredo de
Fontafnes en su Summa. Esta, pues, es la razón de que los canonistas
hayan elaborado con tanto cuidado un catálogo que contiene las
diferentes penas, con la diferenciación entre la 12 práctica privada
y la práctica abierta de la brujería, o más bien de la adivinación,
puesto que esta inmunda superstición tiene varios grados y especies,
de modo que a todo aquel que se entregue en forma manifiesta a
ella debe negársele la Comunión. Si se practica de manera encubierta,
el culpable ha de hacer penitencia durante cuarenta días. Si se
trata de un clérigo, será suspendido y encerrado en un monasterio.
Si es un laico, se lo excomulgará, puesto que todas estas infames
personas deben ser castigadas, junto con quienes a ellas recurren,
sin que pueda admitirse excusa alguna. La misma pena impone la
ley civil. En su Summa sobre el Libro 9 del Códice, en el rubro
que trata de los hechiceros, dos rubros después de la Lea Cornelia,
en que se habla de asesinos y criminales, Azo establece: "Hágase
saber que todos aquellos a quienes por lo común se llama hechiceros,
y también los diestros en el arte de la adivinación, incurren
en delito penado por la muerte". Más adelante vuelve a aludirse
a esta penalidad, de la cual este es, el teto exacto: "Es ilegal
que cualquier hombre practique la adivinación; si así lo hace,
su recompensa, será la muerte por la espada del verdugo. También
existen otros que con encantamientos mágicos procuran quitar la
vida a personas inocentes, que convierten las pasiones de las
mujeres en toda clase de lujurias; estos criminales deben ser
arrojados a los anímales salvajes. Y la ley permite que cualquier
testigo sea admitido como probatorio contra ellos. Esto lo especifica
con toda claridad la parte del Canon que trata sobre la defensa
de la Fe. Y se permite el mismo procedimiento en una. acusación
de herejía. Cuando se presenta tal acusación, cualquier testigo
puede prestar testimonio, tal como si se tratara de un caso de
lesa majestad. Porque la brujería es alta traición contra la Majestad
de Dios. Y deben ser sometidos a tortura para hacerlos confesar.
Cualquier persona, fuese cual fuere su rango o profesión, puede
ser torturada ante una acusación de esa clase, y quien sea hallado
culpable, aunque confiese su delito, será puesto en el potro,
y sufrirá todos los otros tormentos dispuestos por la ley, a fin
de que sea castigado en forma proporcional a sus ofensas". Nota:
en edades doradas estos criminales sufrían doble castigo, y a
menudo eran arrojados a las fieras para que éstas los devorasen.
Hoy se los quema en la hoguera, y tal vez ello se deba a que la
mayoría son mujeres. La ley civil también prohibe la connivencia
y participación en tales prácticas, ya que ni siquiera permite
que un adivinador penetre en la casa de otra persona, y a menudo
ordena que todas sus posesiones sean quemadas, así como que nadie
lo proteja o consulte; muchas veces se los deportaba a alguna
isla desierta y distante, y todos sus bienes se vendían en subasta
pública. Más aun, quienes consultaban a brujos o recurrían a ellos
eran castigados con gel exilio y la confiscación de todas sus
propiedades. Estas penas se pusieron en práctica con e1 consenso
de todas las naciones y gobernantes, y contribuyeron en gran medida
a la supresión del cultivo de tales artes prohibidas. Debe observarse
que las leyes mucho alaban a quienes tratan de anular los encantamientos
de los brujos. Y los que se ponen en grandes esfuerzos para que
la obra de los hombres no resulte dañada por la fuerza de las
tormentas o del granizo son dignos de gran recompensa, antes que
de castigo. Más adelante se analizará cómo puede prevenirse legalmente
ese daño. Por lo tanto, ¿cómo es posible que la, negación o la
frívola contradicción de cualquiera de estas proposiciones esté
libre de la señal de alguna herejía notable? Que cada hombre juzgue
por sí, a menos de 13 que su ignorancia lo excuse de ello. Pero
en seguida explicaremos qué clase de ignorancia puede excusarlo.
De lo que ya se dijo podemos extraer la. siguiente conclusión:
es opinión muy cierta y muy católica que existen encantadores
y brujos quienes, con la ayuda del diablo y en virtud de un pacto
con él establecido, son capaces, puesto que Dios lo permite, de
producir males y daños reales y verdaderos, lo cual no excluye
que también puedan causar ilusiones fantásticas y visiones por
medio de alguna arte extraordinaria y peculiar. No obstante, los
alcances de esta investigación abarcan a la brujería, la cual
difiere mucho de esas otras artes, y por lo tanto, la consideración
de éstas nada agregaría a nuestro propósito, ya que quienes la
practican pueden, con gran exactitud, ser denominados adivinos
y charlatanes, antes que Hechiceros. Debe señalarse, muy en particular,
que estos dos últimos errores se basan en una total incomprensión
de las palabras del Canon (no hablaré del primer error, que como
es evidente lleva su condena en sí mismo, puesto que es por completo
contrario a las enseñanzas de las Sagradas Escrituras). Pasemos,
pues, a una correcta comprensión del Canon. Y ante todo hablaremos
del primer error, que dice que el medio es pura ilusión, aunque
los dos extremos sean reales. Aquí habrá que señalar que existen
catorce especies diferentes a las que les cabe el término de superstición,
pero en homenaje a la brevedad casi no es necesario detallarlas,
puesto que San Isidoro las expuso con claridad en su Etimologice,
Libro 8, y Santo Tomás en su Segando de los Segundos pregunta
92. Más aun, se hará mención explícita del tema más adelante,
cuando hablemos de la gravedad de esta herejía. La categoría en
que han de clasificarse las mujeres de esta clase se denomina
de las Pitonisas, personas en o por medio de quienes el diablo
habla. o realiza alguna obra asombrosa, y a menudo esta es la
primera categoría. Pero aquella. bajo la cual se agrupa a los
brujos es la de los Hechiceros. Y dado que estas personas difieren
mucho entre sí, no seria correcto que no se las incluyese en las
especies que abarcan a tantas otras; por lo tanto, como el Canon
menciona de modo expreso a ciertas mujeres, peso no habla de las
brujas en otras tantas palabras, se equivocan por completo quienes
entienden que el Canon habla sólo de viajes imaginarios y de traslaciones
corpóreas, y quienes intentan reducir todas las supersticiones
a esta ilusión; porque así como aquellas mujeres se transportan
en su imaginación, así las brujas se transportan real y físicamente.
Y quien desee argumentar a partir de este Canon que los efectos
de la brujería, el hecho de infligir cualquier enfermedad o dolencia,
son puramente imaginarios, confunde por completo el significado
del Canon, y yerra groseramente. Además, es de señalar que aquellos
que, si bien admiten que los dos extremos, es decir, la. obra
del diablo y su efecto, una enfermedad perceptible, son reales
y verdaderos, al mino tiempo niegan que esto lo realice por medio
de un instrumento; es decir, que niegan que bruja alguna pueda
haber participado en tal causa y efecto; ellos, digo, yerran muy
gravemente, porque en filosofía el medio debe participar de la
naturaleza de los dos extremos. 14 Más aun, es inútil argumentar
que cualquier resultado de la brujería puede ser fantasioso e
irreal, porque tal fantasía no puede lograrse sin acudir a los
poderes del demonio, y es preciso que se haya establecido un contrato
con éste, por medio del cual la bruja, real y verdaderamente,
se obligue a ser la sierva del diablo y se consagre a éste por
entero, y ello no se hace en sueños, ni bajo la influencia de
ilusión alguna, sino que colabora real y físicamente con el demonio
y se consagra` a él. Pues en verdad, este es el fin de toda brujería;
se trate de efectuar encantamientos por medio de la mirada o por
una fórmula do palabras, o por cualquier otro hechizo, todo ello
pertenece al diablo, como se verá en la pregunta que sigue. En
verdad, si alguien se toma el trabajo de leer las palabras del
Canon, encontrará en él cuatro puntos que le llamarán la atención
en especial. Y el primer punto es este: es de la absoluta incumbencia
de todas las criaturas y de los Sacerdotes, y de todos los responsables
del cuidado de las almas, enseñar a sus rebaños que existe un
solo, único y verdadero Dios, y que a nadie más debe venerarse
en el cielo ni en la tierra. El segundo punto es que, aunque estas
mujeres imaginen cabalgar (que así lo piensan y dicen) con Diana
o Herodías, en verdad cabalgan con el diablo, quien se llama con
algunos de esos nombres paganos y arroja un reflejo seductor ante
sus ojos. Y el tercer punto es este: que el acto de cabalgar puede
ser meramente ilusorio, puesto que el diablo posee un extraordinario
poder sobre las mentes de quienes a él se entregaron, de manera
que las cosas que hacen en su imaginación creen que las hicieron
real y verdaderamente en el cuerpo. Y el cuarto punto es este:
las brujas firmaron un pacto que consiste en obedecer al demonio
en todas las cosas, de donde la afirmación de que las palabras
del Canon debieran extenderse hasta incluir y abarcar todos los
actos brujeriles es un absurdo, puesto que las brujas hacen mucho
más que estas mujeres, y en verdad son de una especie diferente.
Y hay un tercer error, que equivocando las palabras del Canon
dice que todas las artes mágicas son ilusión, que puede corregirse
con las palabras del propio Canon. Porque en la medida ven que
dice que quien cree que una criatura cualquiera puede ser hecha
o trasformada para mejor a para peor, o metamorfoseada en alguna
otra especie o semejanza, como no haya sido por el propio Creador
de todas las cosas, etc..., es peor que un infiel. Si estas tres
proposiciones se entienden así, como podrían parecer a simple
vista, son todo lo contrario del sentido de las Sagradas Escrituras
y de los comentarios de los doctores de la iglesia. Pues el siguiente
Canon dice con claridad que las brujas pueden hacer criaturas,
aunque por fuerza serán muy imperfectas, y es probable que resulten
deformadas de alguna, manera. Y resulta claro que el sentido del
Canon coincide con lo que nos dice San Agustín acerca de los magos
en la Corte del Faraón, que convirtieron sus varas en serpientes,
como escribe el santo doctor en el cap. 7 de Exodo. vera 11 .
. "y el Faraón llamó a los sabios y encantadores...". También
podemos referirnos a los comentarios de Estrabón, quien dice que
los diablos corren de un lado a otro de la tierra, cuando con
sus encantamientos las brujas los emplean en distintas obras,
y dichos diablos pueden reunir diversos gérmenes o simientes,
y de éstos hacer que crezcan varias especies. También podemos
referirnos al Beato Alberto Magno, De animalibus. Y asimismo a
Santo Tomás, Primera Parte, pregunta 114, artículo 4. Para ser
concisos, no los citaremos aquí en detalle, pero queda demostrado
que es posible crear a ciertas criaturas de esa manera. Con referencia
al segundo punto, de que una criatura puede ser modificada para
mejor o para peor, siempre debe entenderse que ello sólo puede
hacerse con el 15 permiso, y en verdad por el poder de Dios, y
que sólo se hace para corregir o castigar, pero que es muy frecuente
que Dios permita que los diablos actúen como Sus ministros y Sus
servidores, aunque siempre es Dios únicamente quien puede enfermar
y sólo É1 puede curar, pues "yo hago morir y yo hago vivir" (Déuteronomio,
XXXII, 39.) Y en consecuencia los ángeles malos pueden cumplir
y cumplen con la voluntad de Dios. De ello también ofrece testimonio
San Agustín cuando dice: "En verdad existen encantamientos mágicos
y hechiza malignos, que no sólo afectan a los hombres con enfermedades,
sino que inclusive los matan". También debemos esforzarnos por
entender ton claridad qué ocurre en realidad cuando hoy en día,
y por el poder del diablo, los magos y las brutas se convierten
en lobos y otros animales salvajes Pero el Canon habla de un cambio
corporal y duradero, y no habla de las cosas extraordinarias que
pueden hacerse por el encantamiento al que se refiere San Agustín
en el libro 18, cap. 17, de La ciudad de Dios, cuando refiere
muchas extrañas historias de la famosa, bruja Circe, y de los
compañeros de Diomedes, y del padre de Prestancio. Esto se analizará
en la Segunda Parte.
DE SI ES UNA HEREJIA AFIRMAR QUE LAS BRUJAS EXISTEN
La segunda parte de nuestra investigación consiste en averiguar
si es herejía afirmar con obstinación la existencia de las brujas.
El interrogante es el de si las personas que sostienen que las
brujas no existen deben ser consideradas como herejes, o si se
las tiene que considerar como gravemente sospechosas de sustentar
opiniones heréticas. Parece que la primera opinión es la correcta.
Pues no cabe duda de que coincide con la opinión del erudito Bernardo.
Pero acerca, de las personas que en forma abierta y con empecinamiento
perseveran en la herejía hay que demostrar, por medio de pruebas
incontrovertibles, que son herejes, y por lo general esa demostración
es una de tres: o bien un hombre predicó y proclamó doctrinas
heréticas en forma abierta; o se demuestra que es un hereje por
la declaración de testigos dignos de confianza; o se demuestra
que es un hereje gracias a su propia y libre confesión. Y sin
embargo existen quienes se oponen con irreflexión a todas las
autoridades y proclaman ene público que las brujas no existen,
o por lo menos que en modo alguno pueden herir y lesionar al género
humano. Por lo tanto, y para, hablar en términos estrictos, .los
convictos de tan maligna doctrina pueden ser excomulgados, según
el comentario de Bernardo, ya que están abierta e inconfundiblemente
convictos de la difusión de una falsa doctrina. El lector puede
consultar las obras de Bernardo, donde encontrará que esta sentencia
es justa, correcta y fiel Pero tal vez este parece un juicio demasiado
severo, ante todo por las penalidades que siguen a la excomunión;
pues el Canon prescribe que el clérigo será degradado y el lego
entregado al poder de los tribunales seculares, a los cuales se
ordena castigarlo como lo merece su delito. Más aun, debemos tener
en cuenta la gran cantidad de personas que sin duda, debido a
su ignorancia, serán encontradas culpables de este error. Y como
el error es muy común, el rigor de la justicia estricta puede
ser atemperado por la piedad. Y en verdad es nuestra intención
tratar de excusar a quienes son culpables de esta herejía, antes
que acusarlos de hallarse infectados de la malicia de la herejía.
Es preferible, entonces, que si existieran graves sospechas de
que un hombre sostiene esa falsa opinión, no sea condenado en
seguida por el gran delito de herejía. (Véase la glosa de Bernardo
a la palabra condenado.) En verdad se puede juzgar a ese hombre
como a una persona de quien se tienen serias sospechas, pero no
se lo condenará en su ausencia, ni sin escucharlo. Empero, la
sospecha 16 puede ser muy grave, y no podemos abstenernos de sospechar
de esas personas, pues en verdad sus frívolas afirmaciones parecen
afectar la pureza de la fe. Porque existen tres clases de sospechas:
la sospecha leve, la seria y la grave. Se las trata en el capítulo
sobre las Acusaciones y en el referido a la Contumacia, Libro
6, De herética. Y estas cosas caen bajo la jurisdicción del tribunal
arquidiocesano. También puede hacerse referencia a los comentarios
de Giovanni d'Andrea, y en particular a sus glosas sobre las frases
acusado, gravemente sospechoso, y a su nota sobre una presunción
de herejía. También es indudable que algunos que sienten la ley
al respecto no advierten que sostienen falsas doctrinas y errores,
pues muchos no conocen la ley canónica, y hay quienes, debido
a que están mal informados y tienen insuficientes lecturas, vacilan
en sus opiniones y no pueden decidirse, y como una idea que se
mantiene en el fuero interno no es herejía, salvo que después
se la formule con obstinación, y se la mantenga en forma abierta,
por cierto que debemos decir que las personas que mencionamos
no deben ser condenadas abiertamente por el delito de herejía.
Pero que nadie piense que puede escapar alegando ignorancia. Porque
quienes se han extraviado por ignorancia de esta clase pueden
haber pecado muy gravemente. Aunque existen muchos grados de ignorancia,
los encargados de la curación de las almas no pueden alegar una
ignorancia insuperable, que los escritores de la ley canónica
y los teólogos denominan Ignorancia del Hecho. Mas lo que puede
censurarse en esas personas es la ignorancia Universal, o sea,
una ignorancia de la ley divina, que, como estableció el papa
Nicolás, pueden y deben conocer. Pues dice: "La dispensa de estas
enseñanzas divinas ha sido confiada a nuestra guarda, y guay de
nos si no sembramos la buena simiente, guay de nos si no enseñamos
a nuestra grey . Y así, quienes tienen la guarda de las almas
están obligados a poseer un sólido conocimiento de las Sagradas
Escrituras. Es cierto que según Raymundo de Sabunde y Santo Tomás,
no cabe duda de que quienes tienen la guarda de las almas no tienen
por qué ser hombres de extraordinarios conocimientos, pero deben
poseer un conocimiento competente, el suficiente para cumplir
con las obligaciones del cargo. Y sin embargo, y este puede ser
un pequeño consuelo para ellos, la, severidad teórica, de la ley
queda contrarrestada a menudo por la práctica concreta, y pueden
saber que si bien a veces esta ignorancia de la ley canónica es
culpable y digna de censura, se considera desde dos puntos de
vista.. Porque s veces las personas no saben, no desean saber
y no tienen intenciones de saber. Para tales personas no existe
excusa, y deben ser condenadas. Y de ellas habla el Salmista:
"No quiere entender para no poder hacer el bien." Pero en segundo
lugar están quienes son ignorantes, pero no por deseo de no saber.
Y ello disminuye la gravedad del pecado, porque no existe un consentimiento
real de la voluntad. Y un caso tal es el de quien debería saber
algo, pero no se da cuenta de que debería saberlo, como dice San
Pablo en su Primera Epístola a Timoteo (I, 13): "Mas fui recibido
a misericordia porque lo hice con ignorancia, en incredulidad".
Y en términos técnicos se dice que esto es una ignorancia que
por lo menos de manera indirecta es falta de la persona, en la,
medida en que, a consecuencia de muchas otras ocupaciones, descuida
informarse sobre asuntos que debería conocer, y no usa esfuerzo
alguno para conocerlos, y esta ignorancia no lo excusa por completo,
pero sí en cierto grado. Así dice San Ambrosio, al escribir sobre
ese pasaje de Romanos (II, 4): "¿No sabes que la benignidad de
Dios te gofa a arrepentimiento?". Si no lo sabes por tu propia
falta,, tu pecado es grande y doloroso. Y más en especial en estos
días, en que las almas son acosadas por tantos peligros, debemos
adoptar medidas para disipar la Ignorancia, y siempre saber que
se 17 pronunciarán contra nosotros severos juicios si no usamos;
cada quien según su adecuada capacidad, el único talento que nos
ha sido dado. De este modo nuestra ignorancia no será densa ni
estúpida, pues en términos metafóricos decimos que son densos
y estúpidos los honrares que no vea lo que se encuentra ante sus
propios ojos. Y en el Flores regularum moralium el canciller romano
comenta la segunda regla, y dice; uña ;ignorancia culpable de
la ley divina, no afecta por fuerza a la persona ignorante. La
razón es la siguiente: el Espirito Santo es capaz de instruir
en forma directa a un hombre en todos .los conocimientos esenciales
para la salvación, si estas cosas son demasiado difíciles para
que las entienda sin ayuda, con su intelecto natural. Por lo tanto,
la, respuesta a la primera objeción es una comprensión clara y
correcta del Canon. A la segunda, Pedro di Tarentasia (Beato Inocencio
V) replica: no cabe duda de que el diablo, debido a la malicia
que abriga contra el género humano destruiría a la humanidad si
Dios le permitiese hacerlo. El hecha de que Dios le permita a
veces hacer daño y otras se lo impida y prohiba, lleva al diablo,
como es manifiesto, a un desprecio 0 odio más francos, ya que
en todas las cosas, para manifestación de Su Gloria, Dios usa
al diablo, aunque éste no lo quiera, come su servidor y esclavo.
Con respecto a la tercera objeción, de que una enfermedad o cualquier
otro daño es siempre el resultado del esfuerzo humano, por medio
del cual la bruja somete si voluntad al mal, y por lo tanto, como
cualquier otro malhechor por su voluntad puede dañar a una persona,
o producirle el mal o ejecutar un acto ruin. Si se pregunta si
el movimiento de objetos materiales, de un lugar a otro, por el
diablo, puede equipararse al movimiento de las esferas, la respuesta
es No. Porque los objetos materiales no se mueven de tal modo
por un pode natural que les sea inherente, sino por cierta obediencia
al poder del diablo, quien en virtud de su propia naturaleza posee
determinado dominio sobre los cuerpos y las cosas materiales;
afirmo que posee ese poder, pero no puedo agregar a los objetos
materiales creados ninguna forma o aspecto, sea sustancias o accidental,
sin cierta mezcla o colaboración de otro objeto natura: creado.
Pero como, por voluntad de Dios, en verdad puede mover objetos
materiales de un lugar a otro, por conjunción de vario: objetos
puede producir enfermedades o alguna otra circunstancia que desee.
De ahí que los hechizos y efectos de la brujería no se encuentran
gobernados por el movimiento de las .esferas, n: el diablo está
gobernado de tal manera. ya que a menudo puede utilizar esas condiciones
para su provecho. La respuesta a la cuarta objeción. La obra de
Dios puede ser destruida por la del diablo, de acuerdo con lo
que ahora decimos respecto del poder y los efectos de la brujería.
Pero como ello sólo puede ser con permiso de Dios, no se sigue
que el demonio sea más fuerte que Dios. Por lo demás, no puede
usar tanta violencia como desee para dañar las obras de Dios,
porque si no tuviese limitaciones podría destruirlas por completo.
La respuesta a la quinta objeción puede exponerse con claridad
de la siguiente manera: los planetas y estrellas no tienen poder
para empujar y obligar a los diablos a ejecutar una acción contra
su voluntad, aunque en apariencia los demonios están más dispuestos
a presentarse cuando los convocan los magos bajo :a influencia
de ciertas estrellas. Parece que lo hacen por dos razones. Primero,
porque saben que el poder de ese planeta colaborará en el efecto
que los magos 18 desean obtener. Segundo, lo hacen para engañar
a los hombres, con lo cual les hacen suponer que las estrellas
poseen algún poder divino o una divinidad real, y sabemos que
en los días de la antigüedad esta veneración de los astros condujo
a la más vil idolatría. Con referencia a la última objeción, que
se basa en. el argumento de que los alquimistas fabrican oro,
podemos formular la opinión de Santo Tomás, cuando estudia el
poder del demonio y cómo actúa. Aunque determinadas formas que
tienen sustancia pueden producirse por el arte y el poder de un
agente natural, como por ejemplo la forma del fuego es producida
por el arte empleado en la madera, ello no puede hacerse siempre,
porque el arte no siempre puede encontrar o mezclar los agentes
adecuados en la proporción conveniente para producir algo similar.
Y de tal manera los alquimistas crean algo parecido al oro, es
decir, en lo que se refiere a los accidentes exteriores, pero
no hacen verdadero oro, porque la sustancia de éste no se encuentra
formada por el calor del fuego que emplean los alquimistas, sino
.por el del sol, que actúa y reacciona, sobre cierto punto en
que se concentra y amasa el calor mineral, y por lo tanto ese
oro es de la misma semejanza, pero no de la misma especie que
el natural. Y el mismo argumento rige para todas sus otras operaciones.
Por lo tanto, nuestra proposición es la siguiente: con su arte,
los diablos producen efectos perniciosos por medio de la brujería,
pero es cierto que sin la ayuda de algún agente no pueden crear
ninguna. forma, ni sustancial ni accidental, y no afirmamos que
puedan causar daño sin la ayuda de algún agente, pero con ese
agente es posible provocar enfermedades, y cualesquiera otras
pasiones o dolencias humanas, y son reales y verdaderas. En los
capítulos que siguen se aclarará cómo esos agentes o el empleo
de tales medios pueden resultar eficaces en colaboración con los
demonios. PREGUNTA. Si concuerda con la Fe Católica la afirmación
de que para producir algún efecto de magia el diablo tiene que
colaborar íntimamente con el brujo, o si el uno sin el otro, es
decir, el diablo sin el brujo, o ala inversa, pueden producir
ese efecto. Y el primer argumento es el que sigue. Que el diablo
puede provocar un efecto mágico sin la colaboración de un brujo.
As¡ lo afirma San Agustín. Todas las cosas que suceden en forma
visible, de modo que es posible verlas, pueden (se cree) ser obra
de los poderes inferiores del aire. Pero los males y dolencias
corporales no son por cierto invisibles; antes bien, resultan
visibles a los sentidos, por lo cual pueden ser provocados por
los diablos. Más aun, por las Sagradas Escrituras conocemos los
desastres que cayeron sobre Job, cómo el fuego descendió del cielo
y al caer sobre las ovejas y los criados los consumió, y de cómo
un viento violento derribó los cuatro costados de una casa, de
modo que cayeron sobre sus hijos y los mataron. El diablo por
sí mismo, sin colaboración de brujos, sino nada más que con el
permiso de Dios, pudo provocar todos esos desastres. Por lo tanto
no cabe duda de que puede hacer muchas cosas que a menudo se asignan
al poder de los brujos. Y ello resulta evidente del relato de
los siete esposos de la doncella Sara, a quienes un diablo mató.
Más aun, haga una potencia superior lo que hiciere, lo puede hacer
sin referencia a un poder superior a ella, y una potencia superior
puede actuar mucho más sin referencia a una inferior. Pero una
inferior puede causar tormentas de granizo y enfermedades, sin
la ayuda de una mayor que ella,. Pues el Beato Alberto Magno dice,
en su obra De passionibus aeris, que si la salvia 19 podrida se
usa como él explica, y se la arroja al agua corriente, producirá
las más temibles tempestades y tormentas. Mas aún, puede decirse
que el diablo usa a un brujo, no porque necesite tal agente, sino
porque busca la perdición de éste. Podemos referirnos a lo que
dice Aristóteles en el Libro tercero de su Etica. El mal es un
acto voluntario demostrado por el hecho de que nadie ejecuta una
acción injusta nada más que por cometer una acción de injusticia,
y quien comete una violación lo hace con vistas a su placer, y
no sólo para hacer el mal por el mal. Pero la ley castiga a quienes
hacen el mal, como si hubiesen actuado sólo por hacer el mal.
Por lo tanto, si el diablo trabaja por medio de una bruja, no
hace otra cosa que emplear un instrumento; y como' un instrumento
depende de la voluntad de la ,persona que lo utiliza, y no actúa
por su propia y libre voluntad, la culpa de la acción no debe
achacarse a la bruja, y por lo tanto no hay que castigarla. Pero
una, opinión contraria afirma que el diablo no puede hacer daño
a la humanidad por sí mismo, con tanta facilidad y sencillez,
como el que le es posible provocar por intermedio de las brujas,
aunque sean sus servidoras. En primer lugar podemos considerar
el acto de engendrar. Pero en cada acto que tiene efecto sobre
otro es preciso establecer algún tipo de contacto, y como el diablo,
que es un espíritu, no puede tener ese contacto real con un cuerpo
humano, puesto que no hay nada en común entre ellos, utiliza algún
instrumento humano, y le otorga el poder de herir por medio del
contacto físico. Y muchos afirman que esto lo demuestra el texto
y sus glosas, en el capítulo 3 de la Epístola de San Pablo a los
Gálatas: "Oh gálatas insensatos, ¿quién os fascinó para no obedecer
a la verdad?'° Y la glosa de este pasaje se refiere a quienes
tienen ojos singularmente feroces y funestos, que con una simple
mirada pueden dañar al prójimo, en especial a los niños pequeños.
Y esto también lo confirma Avicenna, Naturalium, Libro 3, último
cap., cuando dice: "Muy a menudo el alma puede tener tanta influencia
sobre el cuerpo del otro, en la misma medida en que la tiene sobre
su propio cuerpo, pues tal es la influencia de los ojos de quien
con la mirada atrae y fascina, a otro". Y la misma opinión la
mantiene Al-Gazali en el Quinto Libro y décimo cap. de su Física.
Avicenna también sugiere, aunque no presenta esta opinión como
irrefutable, que el poder de la imaginación puede modificar o
parecer modificar cuerpos extraños, en los casos en que dicho
poder es demasiado ilimitado; y por lo tanto suponemos que el
poder de la imaginación no debe ser considerado como distinto
de los otros poderes sensibles del hombre, pues es común a todos
ellos, pero en cierta medida los incluye. Y ello es cierto, porque
tal poder de la imaginación puede cambiar los cuerpos adyacentes,
como por ejemplo, cuando un hombre puede caminar por una estrecha
viga tendida en el centro de una. calle. Pero si esa viga flotase
sobre aguas profundas, no se atrevería a caminar por ella, porque
la imaginación le pintaría en la mente, con gran fuerza, la idea
de la caída, y entonces el cuerpo y el poder de sus miembros obedecerían
a su imaginación, y no a lo contrario de ésta, es decir, caminar
en forma directa y sin vacilaciones. Este cambio puede ,compararse
a la influencia que ejercen los ojos de una persona que la posee,
con lo cual se provoca una modificación mental, aunque no hay
cambios reales y corporales. 20 Más aun si se argumenta que ese
cambio lo provoca un cuerpo vivo, debido a la influencia de la
mente sobre otro cuerpo vivo, puede darse la siguiente respuesta.
En presencia de un asesino, la sangre fluye de las heridas del
cadáver de la persona quien asesinó. Por lo tanto, sin poderes
mentales, los cuerpos pueden producir efectos maravillosos, y
de tal modo, si un hombre pasa cerca del cadáver de un hombre
asesinado, aunque no lo vea, resulta a menudo presa de terror.
Por lo demás, existen en la naturaleza algunas cosas que poseen
ciertos poderes ocultos, cuya razón el hombre no conoce; tal,
por ejemplo, es la piedra imán, que atrae el acero, y muchas otras
cosas por el estilo, que San Agustín menciona en el Libro 20 de
La ciudad de Dios. Y así las mujeres, para provocar cambios en
el cuerpo de otros, usan a veces ciertas cosas que van más allá
de nuestro conocimiento, pero eso lo hacen sin ayuda del diablo.
Y porque esos remedios sean misteriosos no hay motivos para asignarles
el poder del demonio, como lo asignaríamos a los encantamientos
maléficos producidos por las brujas. Lo que es más, éstas usan
ciertas imágenes y algunos amuletos, que suelen colocar bajo los
umbrales de las puertas de las casas, o en los prados en que pastan
los rebaños, o inclusive donde se congregan los hombres, y de
ese modo hechizan a sus víctimas, que muchas veces han muerto.
Pero como esas imágenes pueden causar efectos tan extraordinarios,
parecería que su influencia es proporcional a la que ejercen los
astros sobre los cuerpos humanos, pues como los cuerpos naturales
son influidos por los celestes, así también pueden serlo los artificiales.
Pero los cuerpos naturales pueden encontrar el beneficio de algunas
influencias, secretas pero buenas. Por lo tanto, los cuerpos artificiales
pueden recibir tal influencia. En consecuencia, está claro que
quienes ejecutan obras de curación pueden muy bien ejecutarlas
por medio de esas influencias benéficas, y ello nada tiene que
ver con un poder maligno. Además, parecería que sucesos muy extraordinarios
y milagrosos ocurren por obra de los poderes de la naturaleza.
Pues cosas maravillosas y terribles y sorprendentes suceden a
las fuerzas naturales. Y esto lo señala San Gregorio en su Segundo
Diálogo. Los santos ejecutan milagros, a veces por medio de una
oración, otras sólo por su poder. Hay un ejemplo para cada uno
de estos medios: San Pedro, con oraciones devolvió la vida a Tabitha,
quien estaba muerta. Al reprender a Ananías y Sapfira, quienes
decían una mentira, los mató sin oraciones. Así, con su influencia
mental, un hombre puede convertir un cuerpo material en otro,
o hacerlo pasar de la salud a la enfermedad, y viceversa. Más
aun, el cuerpo humano es más noble que ningún otro, pero debido
a las pasiones de la mente cambia y se vuelve caliente o frío,
como ocurre con los hombres coléricos o los que tienen miedo;
y así se produce un cambio aun mayor, respecto de los efectos
de la enfermedad y la muerte, que con su poder pueden modificar
en gran medida un cuerpo material. Pero han de admitirse algunas
objeciones. La influencia de la mente no puede producir impresiones
sobre ninguna forma, como no sea por la intervención de algún
agente, como dijimos antes. Y estas son las palabras de San Agustín
en el libro ya citado: "Es increíble que los ángeles que cayeron
del cielo obedezcan a ninguna cosa material, pues sólo obedecen
a Dios". Y mucho menos puede un hombre, con sus poderes naturales,
provocar efectos extraordinarios y malignos. 21 Hay que responder
que aun hoy existen muchos que se equivocan en grande en este
sentido, que excusan a las brujas y cargan toda la. culpa sobre
las artes del demonio, o atribuyen los cambios que aquéllas provocan
a alguna alteración natural. Estos errores pueden aclararse con
facilidad, primero, por la descripción de las brujas que San Isidoro
ofrece en su Etimologice, cap. 9: "Las brujas se llaman así debido
a lo negro de su culpa, es decir, que sus actos son más malignos
que los de cualquier otro malhechor". Y continúa: "Agitan y confunden
los elementos con la ayuda del diablo, y crean terribles tormentas
de granizo y tempestades". Más aun, dice que confunden la mente
de los hombres, que los empujan a la locura, a un odio insano
y a desmesurados apetitos. Además, continúa, con la terrible influencia
de sus hechizos, como si fuera con una pócima o veneno, pueden
destruir la vida. Y las palabras de San Agustín en su libro La
ciudad de Dios vienen muy al caso, pues nos dicen quiénes son
en verdad los magos y las brujas. Los magos, a quienes por lo
general se llama brujos, son denominados así debido a la magnitud
de sus actos malignos. Son quienes con permiso de Dios perturban
los elementos, que llevan a la locura la mente de los hombres
que perdieron su confianza en Dios, y que con el terrible poder
de sus malos encantamientos, sin pócimas ni venenos, matan a los
seres humanos. Como dice Lucano: "Una mente que no ha sido corrompida
por ningún brebaje nocivo perece a consecuencia de un encantamiento
maléfico". Por haber llamado a los demonios en su ayuda, se atreven
a derramar males sobre la humanidad, y aun a destruir a sus enemigos
con sus encantamientos maléficos. Y es indudable que en operaciones
de esta clase el brujo trabaja en estrecha conjunción con el demonio.
En segundo lugar, los castigos son de cuatro tipos: beneficiosos,
dañosos, infligidos por brujería y naturales. Los castigos beneficiosos
se infligen por el ministerio de los ángeles buenos, tal como
los dañosos provienen de los espíritus malignos. Moisés azotó
a Egipto con diez plagas mediante la intervención de los ángeles
buenos, y los magos sólo pudieron cumplir tres de estos milagros
con la ayuda del demonio. Y la peste que cayó sobre el pueblo
durante tres días, por el pecado de David, que hizo el recuento
de la población, y los 72.000 hombres muertos en una, noche en
el ejército de Senaquerib, fueron milagros realizados por los
ángeles de Dios, es decir, por ángeles buenos, temerosos de Dios,
y que sabían que cumplían con Sus órdenes. Pero el daño destructivo
se lleva a cabo por medio de los ángeles malos, por cuyas manos
fueron atacados muchas veces los hijos de Israel, en el desierto.
Y los daños que son sencillamente malos y nada más, las provoca
el demonio, quien trabaja por intermedio de hechiceros y brujas.
También hay daños naturales, que de alguna manera dependen de
la conjunción dé los cuerpos celestes, tales coma la escasez,
la sequía, las tempestades y parecidos efectos de la naturaleza.
Resulta evidente que hay una enorme diferencia entre todas estas
causas, circunstancias y acontecimientos. Pues Job fue atacado
por el demonio mediante una, maligna enfermedad, pero ello no
viene al caso. Y si a alguien demasiado listo y demasiado curioso
pregunta cómo fue que Job resultó atacado por el demonio mediante
esa enfermedad, sin la ayuda de un hechicero o bruja, que sepa
que no hace otra cosa que andarse por las ramas y no se informa
sobre i la verdad verdadera. Porque en tiempos de Job no había
hechiceros y brujas, y aún no se practicaban esas abominaciones.
Pero la providencia de Dios deseaba que con el ejemplo de Job
se manifestara el poder del demonio, inclusive sobre los hombres
buenos, para que pudiéramos aprender a estar en guardia contra
Satán, y más aun, para que gracias al ejemplo de ese patriarca
la gloria de Dios brillara entodas partes, ya que nada ocurre,
aparte de lo que Dios permite. 22 Con respecto a la época en que
apareció esa maligna superstición, la brujería, debemos distinguir
primero a los adoradores del demonio de quienes eran simples idólatras.
Y Vincent de Beauvais, en su Speculum Historiale, cita a muchas
autoridades eruditas y dice que quien primero practicó las artes
de la magia y la astrología fue Zoroastro, de quien se dice que
fue Cam, el hijo de Noé. Y según San Agustín, en su libro La ciudad
de Dios, Cam lanzó grandes carcajadas cuando nació, con lo cual
demostró que era un servidor del demonio, y aunque era un rey
grande y poderoso, fue vencido por Nino, hijo de Belo, quien construyó
a Nínive, cuyo reinado fue el comienzo del reino de Asiria, en
la época de Abraham. Ese Nino, a consecuencia de su demencial
amor por su padre, cuando éste murió ordenó que le levantaran
una estatua, y cualquier criminal que se refugiase allí estaba
a salvo de todo castigo en que hubiera, podido incurrir. Desde
entonces los hombres comenzaron a adorar imágenes, como si fuesen
dioses; pero ello ocurrió después de los primeros años de la historia,
pues en los primeros tiempos no había idolatría, ya que entonces
los hombres conservaban aún algún recuerdo de la creación del
mundo, coma dice Santo Tomás, Libro 2, pregunta 95, artículo 4.
O bien puede haberse originado en Nembroth, quien obligó a los
hombres a adorar el fuego; y así, en la segunda era del mundo
comenzó la idolatría, que es la primera de todas las supersticiones,
tal como la Adivinación es la segunda y la Observación de los
Tiempos y las Estaciones la tercera. Las prácticas de los brujos
se incluyen en el segundo tipo de supersticiones, a saber, la
Adivinación, ya que invocan al demonio en forma expresa. Y hay
tres tipos de esta superstición: la Nigromancia, la, Astrología,
o más bien la Astromancia, observación supersticiosa de las estrellas,
y la Oniromancia. Explico todo esto en detalle para que el lector
pueda entender que estas males artes no estallaron de repente
en el mundo, sino que más bien se desarrollaron con el tiempo,
y por lo tanto es pertinente señalar que no había brujos en los
días de Job. Pues a medida que pasaban los años, tamo dice San
Gregorio en su Moralia, crecía el conocimiento de los santos,
y por lo tanto también aumentaban las negras artes del demonio.
El profeta Isaías dice: "La tierra está henchida del conocimiento
del Señor" (xi, 6). Y así en ese ocaso y anochecer del mundo,
en que florece el pecado por todos lados y en todas partes, en
que la caridad se enfría, sóbreabundan las obras de los brujos
y sus iniquidades. Y como Zoroastro se entregó por entero a las
artes mágicas, sólo el demonio lo empujó a estudiar y observar
los astros. Desde muy temprano hicieron los hechiceros y las brujas
pactos con el diablo, y entraron en connivencia con él para causar
daño a los seres humanos. Ello lo demuestra el séptimo capítulo
del Exodo, donde, por el poder del demonio, los magos dei Faraón
obran cosas extraordinarias, a imitación de las plagas que Moisés
lanzó sobre Egipto por el poder de los ángeles buenos. De ello
se sigue la enseñanza católica, de que para provocar un mal una,
bruja puede colaborar y colabora con el diablo. Y cualquier objeción
a esto puede responderse en pocas palabras como sigue. 23 1. En
primer lugar, nadie niega que ciertos daños y perjuicios que en
la práctica y en forma visible aquejan a los hombrea, animales,
frutos de la tierra, y que con frecuencia se producen bajo la
influencia de los astros, pueden ser muchas veces provocados por
los demonios, cuando Dios les permite que así actúen. Pues como
dice San Agustín en el Cuarto Libro de La ciudad de Dios, los
demonios pueden usar el fuego y el aire, si Dios les deja hacerlo.
Y un comentarista señala,: Dios castiga por el poder de dos ángeles
malos. 2. De esto se sigue, como es evidente, la respuesta a cualquier
objeción relativa a Job, y a cualquier objeción que pueda presentarse
frente a nuestra exposición de los comienzos de la magia en el
mundo. 3. En relación con el hecho de que la salvia podrida que
se deja caer en el agua corriente produce, se dice, algún mal
efecto sin la ayuda del demonio, aunque puede no estar dei todo
separado de la influencia de algunos astros, queremos señalar
que no tenemos la intención de discutir la buena o mala influencia
de los astros, sino sólo la brujería, y por lo tanto esto es ajeno
al asunto. 4. Con respecto al cuarto argumento, no cabe duda de
que el demonio sólo emplea a los brujos para provocar su daño
y destrucción. Pero cuando se deduce que no se los debe castigar,
porque sólo actúan como instrumentos, no movidos por su volición,
sino a voluntad y placer del agente principal, existe una respuesta:
porque son instrumentos humanos y libres agentes, y aunque han
firmado un pacto y contrato con el demonio, gozan de libertad
absoluta; porque, como se supo por sus propias revelaciones -y
hablo de mujeres convictas y quemadas en la hoguera, empujadas
a la venganza, el mal y el daño, si querían escapar a los castigos
y golpes infligidos por el demonio-, dichas mujeres colaboran
con el demonio, aunque están unidas a él por la profesión por
1a cual ad comienzo se entregaron a su poder libre y voluntariamente.
En relación con los otros argumentos en los cuales se demuestra
que ciertas ancianas tienen conocimientos ocultos que les permiten
provocar efectos extraordinarios y por cierto que malignos sin
la ayuda del diablo. Es preciso entender que extraer de un argumento
particular uno universal es contrario a la razón. Y cuando, como
parece, en todas las Escrituras no se puede encontrar un solo
caso de esos, en que se hable de los hechizos y encantamientos
que practican las viejas, no debemos llegar a la conclusión de
que nunca sea así. Más aun, respecto de esos pasajes las autoridades
dejan abierto el interrogante, es decir, con referencia al asunto
de si esos encantamientos tienen eficacia sin la colaboración
del demonio. Esos hechizos o fascinaciones parecen poder dividirse
en tres tipos. Primero, los sentidos se engañan, y ello, en verdad,
puede hacerse por medios mágicos, o sea, por el poder del diablo,
si Dios lo permite. Y los sentidos pueden ser esclarecidos por
el poder de los ángeles buenos. En segundo término, la fascinación
puede obrarse por cierto deslumbramiento y extravío, como cuando
el apóstol dice: "¿Quién os fascinó?" Gálatas, III 1. En tercer
lugar, determinada fascinación puede ejercerse por medio de los
ojos, sobre otra. persona, y ello puede ser pernicioso y malo.
Y de esta fascinación hablaron Avicenna y Al-Gazali; también Santo
Tomás menciona dicha fascinación, Parte 1, pregunta 117. Pues
dice que la mente de un hombre puede ser modificada por la influencia
de otra. Y la influencia que se ejerce sobre otro procede a menudo
de los ojos, pues en éstos puede concentrarse 24 cierta influencia
sutil. Porque los ojos dirigen la mirada hacia cierto objeto sin
prestar atención a otras cosas, pero ante la visión de una impureza,
como por ejemplo una mujer durante sus períodos mensuales, los
ojos, por decirlo así, contraen cierta impureza. Eso es lo que
dice Aristóteles en su libro Sobre el sueño y la vigilia, y así,
si el espíritu de alguien se encuentra inflamado de malicia y
cóleras como ocurre con frecuencia en el caso de las viejas, su
espíritu perturbado mira a través de sus ojos, pues su semblante
es muy maligno y dañino, y a menudo aterrorizan a niños de tierna,
edad, en extremo impresionables. Y es posible que muchas veces
esto sea natural, permitido por Dios; por otro lado, puede ser
que estas miradas malas sean inspiradas muchas veces por la malicia
del demonio, con quien las viejas brujas han establecido algún
contrato secreto. E1 siguiente interrogante surge en relación
con la influencia de los cuerpos celestes, y aquí encontramos
tres errores muy comunes, pero se los explicará a medida que explicamos
otros asuntos. Con respecto a las operaciones de brujería, vemos
que algunas de ellas pueden deberse a la influencia mental sobre
otros, y en algunos casos esa influencia mental puede ser buena,
pero el motivo es lo que la hace maligna. Y existen cuatro argumentos
principales que deben objetarse contra quienes niegan que haya
brujas u operaciones mágicas que pueden ejecutarse en ha conjunción
de ciertos planetas y astros, y que por la malicia de los seres
humanos puede hacerse el mal mediante el modelado de Imágenes,
el uso de encantamientos y el trazado de caracteres misteriosos.
Todos los teóloga y filósofos coinciden en que los cuerpos celestes
son guiados ; dirigidos por ciertos médiums espirituales. Pero
esos espíritu; son superiores a nuestra mente y alma, y por lo
tanto pueden influir sobre la mente y el cuerpo de un hombre,
de modo que resulte persuadido y orientado a ejecutar algún acto
humano Pero para intentar una, solución más plena de estos asuntos
podemos considerar ciertas dificultades con cuyo análisis llegaremos
a la verdad con mayor claridad aun. Primero, las sustancias espirituales
no pueden llevar los cuerpos a alguna otra forma natural, a menos
que lo hagan por intermedio de algún agente. Por lo tanto, por
fuerte que pueda ser una, influencia mental no puede producir
cambio alguno en la mente o índole de un hombre. Más aun, varias
universidades, en especial la de París, condenaron el siguiente
artículo: Que un encantador puede lanzar a un camello a una profunda
zanja con sólo dirigirle la mirada. Y entonces se condena el artículo
según el cual un cuerpo corpóreo debe obedecer a una sustancia
espiritual, si ello se entiende en forma sencilla, es decir, si
la obediencia implica algún cambio o transformación. Pues en relación
con ello sólo Dios puede ser obedecido en forma absoluta. Si tenemos
en cuenta estos puntos, podemos ver muy pronto de qué modo la
fascinación o influencia de los ojos, de que hemos hablado, resulta
posible, y en qué sentido no lo es. Porque no es posible que por
medio de los poderes naturales de su mente un hombre dirija esos
poderes con los ojos de manera tal, que, sin la acción de su propio
cuerpo o de algún otro medio, pueda dañar el cuerpo de otro hombre.
Ni es posible que con los poderes naturales de su mente un hombre
produzca algún cambio a voluntad, y que dirigiendo ese poder por
intermedio de los ojos trasforme por entero el cuerpo de un hombre
en quien fije su mirada, tal como le plazca. 25 Y por lo tanto,
de ninguna de estas maneras puede un hombre influir sobre otro
o fascinarlo, pues hombre alguno, sólo con los poderes naturales
de su mente, posee una influencia tan extraordinaria. En consecuencia,
querer demostrar que los malos efectos pueden ser provocados por
algún poder natural es decir que éste es el poder del demonio,
lo cual está, por cierto, muy lejos de la verdad. Ello no obstante,
podemos exponer con más claridad cómo es posible que una mirada
cuidadosa haga daño. Puede ocurrir que si un hombre o una mujer
miran con fijeza a un niño, éste, debido a su poder de visión
y a su imaginación, recibe una impresión muy sensible y -directa.
Y es frecuente que una impresión de esta clase vaya acompañada
por un cambio corporal, y como los ojos son los órganos más tiernos
del cuerpo, son muy pasibles de tales impresiones. Por ende, puede
muy bien suceder que reciban alguna mala, impresión y cambien
para peor, ya que muy a menudo los pensamientos de la mente o
los movimientos del cuerpo quedan impresos en especial en los
ojos y mostrados por ellos. Y así es posible que suceda que una
mirada colérica y maligna, fija con firmeza en un niño, se imprima
de tal manera en la memoria de éste, y en su imaginación, que
se refleje en su propia mirada, y entonces se siguen resultados
concretos, como por ejemplo, que pierda el apetito y no pueda
ingerir alimentos, y que empeore y caiga enfermo. Y aveces vemos
que la visión de un hombre que padece de los ojos puede hacer
que los de quienes lo miran se enceguezcan y debiliten, aunque
en gran medida esto no es más que el electo de la pura imaginación.
Aquí se podrían presentar varios otros ejemplos del mismo tipo,
pero con vistas a la concisión no los analizaremos más en detalle.
Todo esto lo confirman los comentaristas del Salmo Qui timent
te uidebunt me. Hay gran poder en los ojos, y ello aparece inclusive
en las cosas naturales. Pues si un lobo ve a un hombre primero,
el hombre queda mudo. Más aun, si un basilisco ve a un hambre
primero, su mirada es fatal; pero si éste lo ve primero, puede
matarlo; y la razón de que un basilisco puede matar a un hombre
con la mirada es que cuando lo ve, debido a su cólera se pone
en movimiento cierto terrible veneno en su cuerpo, que puede salirle
por los ojos, con lo cual infecta la, atmósfera de una ponzoña
mortal. Y así el hombre respira el aire infectado, y queda anonadado
y muere. Pero cuando el animal es visto primero por el hombre,
si éste desea matar al basilisco se provee de espejos, y al verse
el animal en el espejo lanza su veneno al reflejo, pero el veneno
rebota y el animal muere. Pero no parece claro por qué el hombre
que así mata al basilisco no muere a su vez, y sólo podemos llegar
a la conclusión de que ello se debe a, alguna razón que aún no
se entiende con claridad. Hasta ahora expusimos nuestras opiniones
sin prejuicio ninguno, nos abstuvimos de todo juicio apresurado
o irreflexivo, y no nos desviamos de las enseñanzas y escritos
de los santos. Llegamos, pues, a la conclusión, de que la verdad
católica es la de que, para provocar esos males que constituyen
el tema de la discusión, las brujas y el demonio siempre trabajan
juntos, y en lo que se refiere a estos aspectos, las unas nada
pueden hacer sin la ayuda y colaboración del otro. Ya hemos tratado
acerca de esa fascinación. Y ahora, con referencia. al segundo
punto, a saber, el de que la sangre fluye de un cadáver en presencia
del asesino. Según Speculum naturale de Vincent de Beauvais, cap.
13, la herida, por decirlo así, resulta influido por la, mente
del asesino, y recibe cierta atmósfera 26 impregnada por la violencia,
y el odio de éste, y cuando él se acerca,. la sangre se acumula,
y brota del cadáver. Pues parecería que esa atmósfera, que fue
causada y por así decirlo penetró en la herida debido al asesino,
ante la presencia de éste se perturba y conmueve en gran medida,
y a consecuencia de ese movimiento sale la sangre del cuerpo muerto,
guay quienes declaran que ello se debe a otras causas, y dicen
que ese manar de la sangre es la voz de ésta que grita desde la,
tierra contra el asesino que se encuentra presente, y que ello
es consecuencia de la maldición pronunciada contra el primer asesino,
Caín. Y con respecto al horror que siente una persona cuando pasa
cerca del cadáver de un hombre asesinado, aunque no conozca, en
manera alguna la proximidad de un cuerpo muerto, el horror es
psíquico, infecta el ambiente y trasmite a la mente un estremecimiento
de temor. Pero adviértase que todas estas explicaciones no afectan
en manera alguna la verdad del mal provocado por las brujas, ya
que son todas muy naturales y surgen de causas naturales. En tercer
lugar, como ya dijimos más arriba, las operaciones y ritos de
las brujas se ubican en la segunda categoría de las supersticiones,
llamada Adivinación; y de la adivinación existen tres especies,
pero el argumento no rige con respecto a la tercera, que corresponde
a una especie distinta, pues la brujería no es sólo una adivinación
cualquiera, sino que es la adivinación cuyas operaciones se ejecutan
mediante invocaciones expresas y explícitas del demonio; y ello
puede hacerse de muchas maneras, como por ejemplo por Nigromancia,
Geomancia, Hidromancia, etcétera. De donde esta adivinación, que
usan cuando efectúan sus hechizos, debe ser juzgada como el colmo
de la perversidad criminal, aunque algunos intentaron considerarla
desde otro punto de vista. Y argumentan que como no conocemos
los poderes ocultos de la naturaleza, puede ser que las brujas
empleen o traten de emplear esos poderes ocultos; por supuesto,
que si utilizaran los poderes naturales de las cosas naturales
para producir un efecto natural, ello sería muy correcto, como
resulta en exceso evidente. O supongamos inclusive que si en forma
supersticiosa emplean cosas naturales, como por ejemplo mediante
la escritura de ciertos caracteres o nombres desconocidos de algunos,
y que luego usan esas runas para restablecer la salud de una persona,
o para engendrar una amistad, o con alguna finalidad útil, y en
manera alguna para hacer daños o perjuicios, digo que es preciso
admitir que en tales casos no hay invocación expresa de los demonios;
ello no obstante, no es posible que esos hechizos se usen sin
una invocación tácita, por lo cual debe considerarse que esos
encantamientos son totalmente ilegales. Y porque estos y muchos
otros encantamientos parecidos puedan ubicarse en la tercera categoría
de las supersticiones, es decir, en la ociosa y vana observación
del tiempo y las estaciones, ello no es en manera alguna un argumento
pertinente en cuanto a la herejía de las brujas. Pero de esta
categoría, de la observación del tiempo y las estaciones, hay
cuatro especies diferentes. Un hombre puede usar las observaciones
para adquirir ciertos conocimientos; o de esa manera tratar de
informarse respecto de los días y cosas castos y nefastos; o emplear
palabras y oraciones sagradas como un encantamiento, sin relación
con su significado; o querer y desear provocar algún cambio benéfico
en un cuerpo. Todo esto lo trató con amplitud Santo Tomás en el
interrogante en que pregunta si esas observaciones son legales,
en especial cuando se trata de producir un cambio benéfico en
un cuerpo, a saber, el restablecimiento de la salud de una persona.
27 Pero cuando las brujas observan el tiempo y las estaciones,
debe entenderse que sus prácticas corresponden al segundo tipo
de superstición, y por lo tanto, en lo que a ellas se refiere,
las preguntas referentes a esa tercera clase son en todo sentido
ajenas al asunto. Pasamos ahora a una cuarta proposición, en la
medida en que de las observaciones del tipo de las que hemos analizado
se suelen hacer ciertos diagramas e imágenes, pero son de dos
clases distintas, que difieren por entero entre sí, y son las
astronómicas y las nigrománticas. Ahora bien, en la nigromancia
hay siempre una expresa y especial invocación de los demonios,
pues esa arte implica que hubo con ellos un pacto y contrato expresos.
Por lo tanto, consideremos sólo la astrología. En ésta no hay
pacto, y en consecuencia, tampoco invocación, salvo que por casualidad
exista cierto tipo de invocación tácita, pues las figuras de los
demonios y sus nombres aparecen a veces en diagramas astrológicos.
Y una vez más, los signos nigrománticos se escriben bajo la influencia
de determinados astros, para contrarrestar la influencia y oposiciones
de otros cuerpos celestes, y se los inscribe, pues los signos
y caracteres de esa ciase se encuentran a menudo grabados en anillos,
joyas o algún otro metal precioso, pero los signos mágicos se
graban sin referencia alguna a la influencia de los astros, y
con frecuencia en cualquier sustancia, más aun, inclusive en sustancias
sórdidas y viles, que, cuando se las entierra en ciertos lugares,
provocan daños y per juicio y enfermedad. Pero estamos analizando
los diagramas que se trazan con referencia a los astros. Y estos
diagramas e imágenes nigrománticos no tienen relación ninguna
con los cuerpos celestes. Por lo tanto, su consideración no tiene
que ver con este estudio. Más aun, muchas de estas imágenes que
se hicieron con ritos supersticiosos no tienen eficacia, es decir,
en lo que se refiere a su fabricación, aunque es posible que el
material del cual están compuestas posea determinado poder, si
bien ello no se debe al hecho de que hayan sido fabricadas bajo
da. influencia de ciertos astros. Pero muchos afirman que de todos
modos es ilegal utilizar inclusive imágenes como esas. Pero las
imágenes creadas por las brujas no poseen poderes naturales, ni
los tiene el material del cual están formadas; mas modelan esas
imágenes por orden del demonio, para que al hacerlo puedan, por
decirlo así, burlarse de la obra del Creador, y provocar Su cólera,
de modo que, en castigo de las fechorías de ellas, É1 permita
que muchas plagas caigan sobre la tierra. Para aumentar su culpa,
se complacen en modelar tales imágenes en las estaciones más solemnes
del año. Con respecto al quinto punto, San Gregorio habla del
poder de la gracia y no del de la naturaleza. Y puesto que, como
dice San Juan, nacemos de Dios, qué de extraño, entonces, que
los hijos de Dios gocen de poderes extraordinarios. Respecto del
último punto diremos que una simple semejanza está fuera del asunto,
porque la influencia de la propia mente sobre el propio cuerpo
es distinta de su influencia sobre otro cuerpo. Porque, dado que
la mente se encuentra unida al cuerpo como si éste fuese la forma
material de aquélla,, y las emociones son un acto del cuerpo,
pero separado, las emociones pueden ser modificadas por la influencia
de la mente, siempre que exista algún cambio corporal, calor o
frío, o alguna alteración, inclusive la muerte misma. Pero para
cambiar el cuerpo no basta un acto de la mente en sí mismo, salvo
que pueda haber algún resultado físico que modifique el cuerpo.
De ahí que las brujas, sin ejercicio de un poder 28 natural, sino
sólo con la ayuda del diablo, pueden provocar efectos dañinos.
Y los demonios mismos pueden hacerlo sólo mediante la utilización
de objetos materiales como instrumentos, tales como huesos, pelo,
madera, hierro y toda clase de objetos de ese tipo, respecto de
cuya acción trataremos más en detalle en otro punto Y ahora con
respecto ad tenor de la Bula de nuestro Santísimo Padre el Papa,
analizaremos el origen de las brujas, y cómo es que en años recientes
sus obras se han multiplicado tanto entre nosotros. Y debe tenerse
en cuenta que para que así ocurra, tienen que coincidir tres cosas:
el demonio, la bruja y el permiso de Dios, quien tolera, que tales
cosas existan. Pues San Agustín dice que la abominación de la
brujería surgió de la pestífera vinculación del género humano
con el diablo. Por lo tanto es claro que el origen y aumento de
esa herejía nacen de esa pestífera vinculación, hecho que muchos
autores confirman. Debemos observar en especial que esta herejía,
la brujería, no sólo difiere de todas las otras en. el sentido
de que no sólo por un pacto tácito, sino por uno definido y expresado
con exactitud, blasfema del Creador y se esfuerza al máximo por
profanarlo y por dañar a Sus criaturas, pues todas las demás herejías
simples no han hecho un pacto abierto con el demonio, es decir,
ningún pacto tácito o expreso, aunque sus errores e incredulidades
deben atribuirse en forma directa al Padre de los errores y las
mentiras. Más aun, la brujería difiere de todas las demás artes
perniciosas y misteriosas en el sentido de que, de todas las supersticiones,
es la más repugnante, la más maligna, y la peor, por lo cual deriva
su nombre de hacer el mal, y aun de blasfemar contra la fe verdadera.
(Maleficae dictae, a Maleficiendo, seu a mate de fide sentiendo.
) Señalemos, además, en especial, que en la, práctica de este
abominable mal hacen falta en particular cuatro puntos. Primero,
renunciar de la manera más profana a la fe católica, o por lo
menos negar ciertos dogmas de la fe; segundo, dedicarse en cuerpo
y alma a todos los males; tercero, ofrecer a Satán niños no bautizados;
cuarto, dedicarse a todo tipo de lujuria carnal con íncubos y
súcubos, y a todo tipo de asquerosos deleites. Ojalá pudiéramos
suponer que nada de esto es cierto, y todo puramente imaginario,
y que nuestra Santa Madre, la Iglesia, estuviera libre de la lepra
de tal abominación. Ay, el juicio de la Sede Apostólica, única
Señora y Maestra de toda la verdad, ese juicio, digo, expresado
en la Bula de nuestro Santo Padre el Papa, nos asegura y nos infunde
la conciencia de que estos delitos y males florecen entre nosotros,
y no nos atrevemos a abstenernos de nuestra investigación de ellos,
no sea que pongamos en peligro nuestra propia salvación. Y por
lo tanto debemos examinar en detalle el origen y aumento de esas
abominaciones; ha sido fruto de muchos trabajos, por cierto, pero
confiamos en que cada uno de los detalles será sopesado con la
mayor exactitud y cuidado por quienes lean este libro, pues aquí
no se encontrará nada contrario a la razón, nada que difiera de
las palabras de las Escrituras y de la tradición de los Padres.
Ahora bien, existen, por cierto, dos circunstancias muy comunes
en la actualidad, a saber, la vinculación de las brujas con familiares,
íncubos y súcubos, y el horrible sacrificio de niños pequeños.
Por lo tanto trataremos en especial estos asuntos, de modo que
en primer lugar analizaremos a esos mismos demonios, en segundo
a las brujas y sus actos, y en tercer término investigaremos por
qué se tolera que existan esas cosas. Pues bien, esos demonios
actúan debido a su influencia sobre la mente del 29 hombre, y
prefieren copular bajo la influencia de ciertos astros antes que
bajo la de otros, pues parecería que en ciertas ocasiones su semen
engendra y procrea niños con más facilidad. Por consiguiente,
debemos estudiar por qué los demonios actúan en la conjunción
de determinados astros, y cuáles son esos momentos. Hay tres puntos
principales que examinar. Primero, si estas abominables herejías
pueden multiplicarse por el mundo gracias a, quienes se entregan
a los incubas y súcubos. Segundo, si sus acciones no tienen ciertos
poderes extraordinarios cuando se ejecutan bajo la influencia
de determinados astros. Tercero, si esta abominable herejía no
la difunden quienes sacrifican niños a Satán de manera profana.
Más aun, cuando hayamos estudiado el segundo punto, y antes de
pasar al tercero, consideraremos la influencia de los astros,
y qué poder ejercen en actos de brujería. Con respecto al primer
asunto, existen tres dificultades que deben aclararse. La primera
es una consideración general de esos demonios llamados íncubos.
La segunda es más especial, pues debemos interrogar "¿Cómo es
posible que esos íncubos ejecuten el acto humano de la copulación?"
La tercera también es especial. ¿Cómo se unen las brujas a esos
demonios y copulan con ellos? PREGUNTA: Si los íncubos y los súcubos
pueden engendra niños. A primera vista podría parecer, en verdad,
que no concuerda con la fe católica afirmar que los niños pueden
ser engendrada por demonios, es decir, por íncubos y súcubos:
pues Dios mismo antes que el pecado llegase al mundo, instituyó
la procreación humana, pues creó a la mujer de la costilla del
hombre para ser la compañera del hambre: "Y a ellos les dijo Creced
y multiplicaos", Génesis, 1,28. Y Adán, inspirado por Dios, dijo:
"Serán dos en una sola carne", Génesis, a, 24. Del mismo modo,
luego que el pecado llegó al mundo, se le dijo a Noé: "Fructificad
y multiplicaos", Génesis, ix, 1. Cristo confirmó esa unión, también
en la época de la nueva ley: "¿No habéis leído que el que los
hizo al principio, macho y hembra los hizo?" San Mateo, xix, 4.
Por lo tanto, los hombres no pueden ser engendrados de ninguna
manera que no sea esa. Pero puede argumentarse que los demonios
tienen su papel en esa gestación, no como causa esencial, sino
como causa secundaria y artificial, para que se ocupan de entrometerse
en el proceso de la copulación y la concepción normales, pues
obtienen semen humano y ellos mismos lo trasladan. Objeción. El
demonio puede ejecutar este acto en cada etapa de la vida, es
decir, en el estado matrimonial o en otro que no sea éste. O puede
ejecutarlo en un solo estado. Pero no puede cumplirlo en el primer
estado, porque entonces el acto del demonio sería más poderoso
que el de Dios, Quien instituyó y confirmó ese sagrado estado,
ya que se trata de un estado de continencia y matrimonio. Ni puede
efectuarlo en cualquier otro estado, ya que jamás leemos en las
Escrituras que los niños pueden ser engendrados en un estado y
no en otro. 30 Más aun, engendrar un niño es un acto de un cuerpo
vivo, pero los demonios no pueden dar vida a los cuerpos que adoptan,
porque la vida, en términos formales, sólo procede del alma, y
el acto de engendrar es el de los órganos físicos que poseen vida
corporal. Por lo tanto, los cuerpos que se adoptan de esa manera
no pueden engendrar ni procrear. Pero puede decirse que esos demonios
adoptan un cuerpo, no para infundirle vida, sino para conservar,
por medio de ese cuerpo, el semen humano, y para pasar el semen
a otro cuerpo. Objeción. En la acción de los ángeles, sean ellos
malos o buenos, nada hay de superfluo e inútil, lo mismo que nada
de superfluo e inútil hay en la naturaleza. Pero el demonio, por
su poder natural, que es mucho mayor que cualquier poder físico
humano, puede ejecutar cualquier acción espiritual, y ejecutarla
una y otra vez, aunque no sea capaz de discernirla. Por lo tanto
puede ejecutar esa acción, aunque el hombre no discierna cuándo
tiene que ver el demonio con ella. Porque todas las cosas materiales
y espirituales se encuentran en una escala inferior a la de las
inteligencias puras y espirituales, pero los ángeles, sean buenos
o malos, son inteligencias parea y espirituales. Por lo tanto
pueden dominar lo que se encuentra por debajo de ellos. En consecuencia
el demonio puede reunir y utilizar a voluntad el semen humano
que pertenece al cuerpo. Sin embargo, reunir el semen humano de
una persona y trasmitirlo a otra implica ciertas acciones locales.
Pero los demonios no pueden llevar cuerpos de un lugar a otro
en términos locales. Y este es el argumento que formulan. El alma
es una pura esencia espiritual, lo mismo que el diablo; pero el
alma no puede mover un cuerpo de un lugar a otro, salvo que se
trate del cuerpo en que mora y al cual da vida. De ahí que si
cualquier miembro del cuerpo perece, queda muerto e inmóvil. Por
lo tanto los demonios no pueden trasladar un cuerpo de un lugar
a otro, salvo que se trate de uno al cual dan vida. Pero se ha
mostrado y se reconoce que los demonios no conceden la vida a
nadie, y por lo tanto no pueden trasladar el semen humano localmente,
es decir, de lugar en lugar, de cuerpo en cuerpo. Más aun, todas
las acciones se ejecutan por contacto, y en especial el acto de
engendrar. Pero no parece posible que exista contacto entre el
demonio y los cuerpos humanos, ya que aquél no tiene un punto
de contacto - concreto con ellos. Por consiguiente no .puede inyectar
semen en un cuerpo humano, y en consecuencia ello exige cierta
acción corporal, por lo cual parecería que el demonio no puede
ejecutarla.. Además, ,los demonios no poseen poderes para mover
los cuerpos que en un orden natural tienen una relación más estrecha
con ellos, por ejemplo los cuerpos celestes, y por lo tanto carecen
de poderes para mover los cuerpos más distantes y distintos de
ellos. La premisa mayor está demostrada, ya que el poder que mueve
y el movimiento son una sola y la misma cosa, según Aristóteles,
en su Física. Se sigue, pues, que los demonios que mueven cuerpos
celestes tienen que estar en el cielo, lo cual es en todo sentido
falso, tanto en nuestra opinión como en la, de los platonistas.
Más aun, San Agustín, Sobre la Trinidad, III, dice que el demonio
reúne en verdad semen humano, por medio del cual puede producir
efectos corporales; pero ello no puede hacerse sin cierto movimiento
local, con lo cual los demonios pueden 31 trasladar el semen que
han reunido e inyectarlo en los cuerpos de otros. Pero como dice
Walafrido Estrabón en su comentario sobre Exodo, va, 11: "Entonces
llamó también el Faraón a sabios y encantadores": los demonios
van por la tierra reuniendo todo tipo de simientes, y trabajando
con ellas pueden difundir varias especies. Véase también la glosa
sobre esas palabras (el Faraón llamó). Y también, en el Génesis,
III, la glosa presenta dos comentarios sobre las palabras: "Y
los hijos de Dios vieron a las hijas de los hombres". Primero,
que por hijos de Dios se entiende a los hijos de Set, y por hijas
de los hombres a las de Caín. Segundo, quelos gigantes fueron
creados, no por algún acto increíble de los hombres, sino por
ciertos demonios, que son desvergonzados respecto de las mujeres.
Pues la Biblia dice que los gigantes estaban sobre la tierra.
Más aun, inclusive antes del Diluvio, no sólo los cuerpos de los
hombres, sino también los de las mujeres, eran destacada e increíblemente
bellos. Respuesta. Con fines de brevedad se omite buena aparte
de lo relativo al poder del demonio y de sus obras, en el aspecto
de los efectos de la brujería. Pues el lector piadoso lo acepta
como demostrado, o, si desea investigar, puede encontrar todos
los puntos aclarados en el segundo Libro de Sentencias, 5. Pues
verá que los demonios ejecutan todas sus obras de manera consciente
y voluntaria; pues la naturaleza que les dio no ha cambiado. Véase
Dionisio, en su cuarto capítulo, al respecto; la naturaleza de
ellos se mantiene intacta y espléndida, aunque no pueden utilizarla
para ningún buen fin. En cuanto a su inteligencia, advertirá que
descuellan en tres puntos de comprensión, a saber, en la sutileza
de su naturaleza, en su antigua experiencia y en la revelación
de los espíritus superiores. También descubrirá que, por influencia
de los astros, conocen las características dominantes de los hombres,
y por lo tanto descubren que algunos están más dispuestos a ejecutar
obras de hechicería que otros, y que molestan a éstos ante todo
con vistas a tales acciones. Y en cuanto a su voluntad, el lector
hallará que se orienta en forma inmutable hacia el mal, y que
continuamente peca por orgullo, envidia y grosera codicia; y que
Dios, para Su propia gloria, le permite trabajar contra Su voluntad.
También entenderá que con estas dos cualidades del intelecto y
la voluntad los demonios obran milagros, de modo que no existe
poder en la tierra que se compare con ellos: Job, n. No hay en
la tierra poder que pueda compararse con el que fue creado para
no tener a nadie. Pero aquí la glosa dice que si bien no teme
a nadie, está sometido a los méritos de los Santos. También verá
que el demonio conoce los pensamientos de nuestros corazones;
que en forma esencial y desastrosa puede metamorfosear los cuerpos
con la ayuda de un agente; que puede trasladar los cuerpos de
un lugar a otro y alterar los sentimientos exteriores e internos
en cualquier medida concebible; y que le es posible modificar
el intelecto y la voluntad del hombre, por indirectamente que
lo hiciere. Pues si bien todo esto es pertinente para nuestra
investigación, sólo deseamos extraer de ello una conclusión en
cuanto a la naturaleza de los demonios, y de ese modo seguir el
estudio de nuestro interrogante. Ahora bien, los Teólogos les
asignaron ciertas cualidades, como la de que son espíritus impuros,
pero no por su naturaleza. Pues según Dionisio hay en ellos una
locura natural, una feroz concupiscencia, una desenfrenada fantasía,
como se 32 advierte en sus .pecados espirituales de orgullo, envidia,
y cólera. Por este motivo son los enemigos de la raza humana:
racionales de mente, pero razonan sin palabras; sutiles en maldad,
ansiosos de hacer daño; siempre fértiles en nuevos engaños, modifican
las percepciones y enturbian las emociones de los hombres, confunden
a los vigilantes y en los sueños perturban a los durmientes; provocan
enfermedades, engendran tempestades, se disfrazan de ángeles de
luz, siempre llevan en torno el infierno; a las brujas les usurpan
para sí la adoración de Dios, y por este medio se efectúan encantamientos
mágicos; tratan de obtener el dominio sobre los buenos, y molestarlos
hasta el máximo de su poderío; a los elegidos se les entregan
como tentación, y siempre se encuentran al acecho de la destrucción
de los hombres. Y aunque tienen mil maneras de hacer daño, y desde
su caída intentaron provocar cismas en la iglesia, impedir la
caridad, infectar con la bilis de la envidia la dulzura de los
actos de los santos, y perturbar de todas las maneras posibles
a la raza humana, _ su poder se mantiene limitado a las partes
privadas y al ombligo. Véase Job, XLI. Pues gracias al desenfado
de la carne posee gran poder sobre los hombres; y en los hombres
la fuente del desenfreno se encuentra en las partes privadas,
ya que de ellas emana el semen, tal como en las mujeres mana del
ombligo. Por lo tanto, sobrentendidas estas cosas para una adecuada
comprensión del problema de los íncubos y los súcubos, debe decirse
que es una concepción tan católica afirmar que en ocasiones los
hombres pueden ser engendrados por medio de íncubos y súcubos,
como es contrario alas palabras de los santos, y aun a la tradición
delas Sagradas Escrituras, mantener la opinión contraria. Y esto
se demuestra como sigue. En un lugar San Agustín formula este
interrogante, no respecto de las brujas, sino con referencia a
las obras mismas de los demonios, y a las fábulas de los poetas,
y deja el asunto envuelto en ciertas dudas, aunque más tarde se
muestra definido al respecto, en. las Sagradas Escrituras. Pues
en su de Ciutate Dei, Libro 3, capítulo a 2, dice: "Dejamos abierto
el interrogante en cuanto . a si era posible que Venus diese nacimiento
a Eneas por medio del coito con Anquises". Pues un interrogante
similar surge en las Escrituras, donde se pregunta si los ángeles
malos se acuestan con las hijas de los hombres, y de este modo
la tierra se llenó entonces de gigantes, es decir, de hombres
enormemente grandes y fuertes. Pero soluciona el tema en el Libro
5, cap. 25, con estas palabras: "Es creencia muy general, cuya
veracidad muchos confirman por experiencia propia, o al menos
de oídas, por haber sido experimentada por hombres de indudable
confianza, que los sátiros y los faunos (que por lo general se
denominan íncubos) se aparecieron ante mujeres lascivas y trataron
de obtener y obtuvieron el coito con ellas. Y que ciertos demonios
(que los galos llaman dusios) intentan en forma asidua, y lo logran,
esta actividad repugnante, cosa que confirman tantos testigos
dignos de crédito, que sería insolente negarlo". Más tarde, en
el mismo libro, soluciona la segunda afirmación, a saber, que
el pasaje del Génesis Sobre los Hijos de Dios (es decir, Set)
y las hijas de los hambres (o sea, Caín) no habla sólo de los
íncubos, ya que la existencia de éstos no es creíble. En ese sentido
existe la glosa que ya mencionamos antes. Dice que no es ajeno
a la creencia el hecho de que los gigantes de quienes hablan las
Escrituras fuesen engendrados, no por hombres, sino por ángeles
o ciertos demonios que buscan a las mujeres. El mismo sentido
tiene la glosa de Isaías, XIII donde el profeta predica la desolación
de Babilonia y los monstruos que la habitarán. Dice: "Los búhos
morarán allí, y los sátiros bailarán allí". Aquí, por sátiros
se entiende 33 demonios; como dice la glosa, los sátiros son criaturas
salvajes y velludas de los bosques, que representan cierto tipo
de demonios llamados íncubos. Y una vez más Isaías, xxxiv, donde
profetiza la desolación del país de los idumeos porque persiguieron
a los judíos, y dice: "Será morada de dragones y refugio para
mochuelos. También los animales salvajes del desierto se encontrarán
allí..." La glosa interlineal interpreta esto como referido a
monstruos y demonios. Y en el mismo lugar el Beato Gregorio explica
que estos son dioses de los bosques con otro nombre, no los que
los griegos llamaban Pan, y los latinos íncubos. De la misma manera,
el Beato Isidoro, en el último capítulo de su octavo libro, dice:
los sátiros son aquellos que se denominan Pan en griego e íncubos
en latín. Y se los denomina íncubos por su práctica de superposición,
es decir, de orgía.. Pues a menudo ansían rijosamente a las mujeres,
y copulan con ellas; y los galos los llaman dusios, porque sor.
diligentes en esa animalidad. Pero el demonio que la gente común
llama íncubo, es denominado fauno de los higos por los romanos;
a lo cual Horacio dijo: "Oh, fauno, amor de las ninfas que huyen,
que recorre con dulzura, mis tierras y mis sonrientes campos".
Y en cuanto a lo de San Pablo, en I Corintios, x4 una mujer debe
llevar cubierta la cabeza, por los ángeles, y muchos católicos
creen que "por los ángeles" se refiere a los íncubos. La misma
opinión ostenta el Venerable Bede en su History of the English;
también Guillermo de París en su libro De Universo, última parte
del tratado sexto. Más aun, Santo Tomás habla de ello (I, 25 y
II, 8 y en otras partes; también en Isaías, XII y XIV). por lo
tanta dice que es irreflexivo negar esas cosas. Pues lo que parece
cierta para muchos no puede ser del todo falso, según Aristóteles
(a3 final de De Somno et Vigilia, y en la segunda Etica). Nada
diga de las muchas historias auténticas, tanto católicas como
paganas, que afirman de manera abierta la existencia de los íncubos.
Pero el motivo de que los demonios se conviertan en íncubos o
súcubos no es con vistas al placer, ya que un espíritu no tiene
carne ni sangre; sino que ante todo es con la intención de que
por medio del vicio de la lujuria puedan provocar un doble daño
contra los hombres, es decir, en el cuerpo y en el alma, de modo
que los hombres puedan entregarse más a todos los vicios. Y no
cabe duda de que saben bajo qué astros es más vigoroso el semen,
y que los hambres así concebidos estarán siempre pervertidos por
la brujería. Cuando Dios todopoderoso enumeró muchos vicios de
lujuria que reinaban entre los no creyentes y los herejes, de
los cuales deseaba que Su pueblo quedase purificado, dijo, en
Levítico, XVIII: "En ninguna, de estas cosas os amancillaréis;
porque en todas estas cosas se ha ensuciado la gente que yo he
hecho delante de vosotros. Y la tierra fue contaminada y yo visité
su maldad sobre ella, y la, tierra vomitó sus moradores". Por
el contrario, la glosa explica la palabra "tierras", que significa
demonios que, debido a su multitud, se denominan las gentes del
mundo, y se regocijan en todos los pecados, en especial el de
fornicación e idolatría., porque gracias a ellos quedan mancillados
en cuerpo y en alma, y el hombre entero, que se denomina "la tierra".
Porque cada uno de los pecados que el hombre comete se encuentra
fuera de su cuerpo, pero el hombre que carrete fornicación peca.
en este cuerpo. Si alguien quiere seguir estudiando las historias
relativas a los íncubos y súcubos, que lea (como se dijo) a Bede
en su History of the English y a Guillermo, y por último a Tomás
de Brabante en su libro Sobre Besa. 34 Para volver a nuestro asunto.
Y ante todo, al acto natural dé propagación instituido por Dios,
es decir, entre el hombre y la mujer: que como si fuese por permiso
de Dios, el Sacramento del Matrimonio puede ser anulado por la,
obra del demonio mediante la brujería, como se mostró más arriba.
Y lo mismo rige con mucha más fuerza para cualquier otro acto
venéreo entre hombre y mujer. Pero si se pregunta por qué se permite
al demonio efectuar hechizos sobre el acto venéreo, antes que
sobre cualquier otro acto humano, se responde que los Doctores
dan muchas razones, que se analizarán más adelante, en la parte
referente al permiso divino. Por el momento debe bastar la. razón
que se mencionó antes, a saber, que el poder del demonio reside
en las partes privadas de los hombres. Pues de todas las luchas,
las más difíciles son aquellas en que el combate es continuo,
y rara la victorias,. Y es poco sólido afirmar que en ese caso
la obra del demonio es más fuerte que la de Dios, ya que el acto
matrimonial instituido por Dina puede ser anulado; pues el demonio
no lo anula, por la violencia, ya que no tiene poder alguno en
el asunto, salvó en la medida en que Dios selo permite. Por lo
tanto sería mejor argumentar, a partir de esto, que carece de
poderes. Segundo, es verdad que procrear a un hombre es el acto
de un cuerpo vivo. Pero cuando se dice que los demonios no pueden
dar vida porque ésta fluye formalmente del alma, es cierto; pero
en términos materiales, la vida nace del semen, y el demonio incubo,
con permiso de Dios, puede lograrlo por medio del coito. Y el
semen no brota tanto de él, ya que es el de otro hombre recibido
por él para tal fin ( véase Santo Tomás, I, 51, art. 3 ). Pues
el demonio es el súcubo del hombre, y se convierte en incubo de
una mujer. Asimismo, absorben las simientes de otras cosas para
engendrar distintas cosas, como dice S. Agustín, de Trinitate,
M. Y ahora podría preguntarse, ¿de quién es hijo el niño así nacido?
Resulta claro que no del demonio, sino del hombre cuyo semen se
recibió. Pero cuando se insiste en que, tal como en las obras
de la naturaleza, tampoco hay nada superfluo en las de los ángeles,
hay que admitirlo; pero cuando se infiere que el demonio puede
recibir e inyectar semen de manera invisible, ello también es
cierto; pero prefiere ejecutarlo de manera visible, como un súcubo
y un incubo, para que mediante esa asquerosidad pueda infecta;
a toda la humanidad en cuerpo y alma, es decir, tanto al hombre
como a la mujer, pues existe, por decirlo así, con tanto físico
real Más aun, en forma invisible los demonios pueden hacer más
cosas de las que se les permite hacer de manera visible, aunque
lo deseen así; pero se les permite hacerlas de< modo invisible,
ya sea como prueba para los buenos, o como castigo para los malos.
Por último, puede ocurrir que otro demonio ocupe el lugar del
súcubo, reciba de él el semen y se convierta en íncubo en lugar
del otro demonio; y ello por tres motivos. Tal vez porque un demonio,
asignado a una mujer, debe recibir el semen de otro demonio, asignado
a un hombre, para que de esta forma cada uno de ellos sea encargado
por el príncipe de los demonios para efectuar una brujería; ya
que a cada uno se le asigna su propio ángel, inclusive de entre
los malos; o debido a la. asquerosidad del acto, que un demonio
sentida repugnancia de cometer. Pues en muchas investigaciones
se muestra con claridad que ciertos demonios, por alguna 35 nobleza
de su naturaleza, rehuyen acciones tan repugnantes. O bien puede
ser para que el incubo, en lugar del semen del hombre, se interponga
él mismo ante una mujer e inyecte de manera invisible su propio
semen, es decir, el que recibió en forma invisible. Y no es ajeno
a su naturaleza o poder efectuar semejante interposición, ya que
en forma física puede interponerse de manera invisible y sin contacto
físico, como en el caso del joven que se prometió a un ídolo.
Tercero, se dice que el poder del ángel corresponde, en grado
infinito, a las cosas superiores, es decir, que su poder no puede
ser comprendido por los órdenes inferiores, sino que siempre es
superior a ellos, de modo que no se limita a un solo efecto. Pues
las potencias superiores tienen una influencia casi ilimitada
sobre la creación. Pero porque se diga que es infinitamente superior,
no significa que sea indiferentemente poderoso para cualquier
obra que se le proponga; pues entonces tanto dada que se dijese
que es infinitamente inferior, como que es muy superior. Pero
debe existir cierta proporción entre el agente y el paciente,
y no puede haberla entre una sustancia puramente espiritual y
una, corpórea. Por lo tanto, ni siquiera los demonios tienen poder
alguno para provocar un efecto, salvo mediante algún otro media
activo. Por eso usan las simientes de las cosas para producir
sus efectos; véase San Agustín, de Trinitate Dei, 3. Por lo tanto,
este argumento se remite al anterior, y no queda fortalecido por
él, a menos de que alguien quiera la explicación de San Agustín
de por qué las Inteligencias tienen poderes infinitos de grado
superior, y no inferior, otorgadas a ellas en el orden de las
cosas corpóreas y de los cuerpos celestes, que pueden influir
muchos e infinitos efectos. Pero ello no se debe a la debilidad
de los poderes inferiores. Y la confusión es que los demonios,
inclusive sin adoptar un cuerpo, pueden operar trasmutaciones
en el semen; aunque este no es un argumento contra la presente
proposición respecto de los íncubos y los súcubos cuyas acciones
no pueden ejecutar si no adoptan una forma corporal, como se consideró
más arriba. Para el cuarto argumento, los demonios no pueden trasladar
cuerpos o semen en el plano local, lo cual se comprueba con la
analogía del alma. Debe decirse que una cosa es hablar de la sustancia
espiritual del ángel o demonio reales, y otra cosa hablar del
alma real. Pues la razón de que el alma no pueda mover un cuerpo
de un lugar a otro, a menos de que le haya dado vida, o bien por
contacto de un cuerpo vivo con uno que no posee vida, es la siguiente:
que el alma ocupa, con mucho, el grado inferior en el orden de
los seres espirituales, y por lo tanto se sigue que tiene que
existir cierta relación proporcional entre ella y el cuerpo que
es capaz de mover por contacto: Pero no ocurre así con los demonios,
cuyo poder supera al poder físico. Y quinto, debe decirse que
el contacto de un demonio con un cuerpo, ya sea en forma de semen
o de cualquier otra manera, no es un contacto corpóreo, sino virtual,
y se produce en concordancia con la proporción adecuada del que
mueve y del movido; siempre que el cuerpo movido no supere la
proporción del poder del demonio. Y esos cuerpos son cuerpos celestes,
e inclusive toda la tierra o todos los elementos del mundo, cuyo
poder podemos denominar superior, según la autoridad de Santo
Tomás en sus preguntas respecto del Pecado (Pregunta 10, de Daemonibus).
Pues ello se debe a la esencia de la naturaleza o a la condenación
por el pecado. Pues existe un orden de cosas adecuado, en consonancia
con su naturaleza misma y con su movimiento. Y así como los cuerpos
celestes más altos son movidos por sustancias espirituales superiores,
lo mismo que los ángeles 36 buenos, así a los cuerpos inferiores
los mueven sustancias espirituales inferiores, como los demonios.
Y si esta limitación del poder de éstos se debe a la esencia de
la naturaleza, algunos afirman que los demonios no son del orden
de los ángeles superiores, sino que forman parte del orden terrestre
creado por Dios; y esta era la opinión de los Filósofos. Y si
se debe a la condenación por el pecado, como afirman los Teólogos,
entonces fueron expulsados de las regiones del cielo, a esa atmósfera
inferior, en castigo, y por lo tanto no son capaces de moverla,
ni de mover la tierra. As¡ se ha dicho acerca de dos argumentos
que se rechazan con facilidad: uno, respecto de los cuerpos celestes,
que los diablos también podían mover, ya que eran capaces de mover
cuerpos de un lado al otro, ya que los astros están más cerca
de ellos en la naturaleza, como también lo afirma el último argumento.
La respuesta es que esto no es válido; pues si rige la primera
opinión, dichos cuerpos superan la proporción del poder de los
demonios, y si es cierto lo segundo, entonces no puede moverlos,
debido a su castigo por el pecado. Además está el argumento que
objeta que el movimiento del todo y de la parte es la misma cosa,
tal como Aristóteles, en su Física cuarta ejemplifica el caso
de toda la, tierra y de un terrón; y que por lo tanto si los demonios
pueden mover una parte de la tierra, también pueden mover la tierra
entera. Pero esto no es válido, como resulta claro para cualquiera
que examine la diferencia. Pero reunir el semen de las cosas y
aplicarlo a ciertos efectos no supera su poder natural, con el
permiso de Dios, como es evidente por sí mismo. En conclusión,
a despecho de la afirmación de algunos, de que los demonios, en
forma corporal, en ningún modo pueden engendrar niños, y de que
por "hijos de Dios" se entiende a los hijos de Set, y no a los
demonios íncubos, así como por "hijas de los hombres" se hace
referencia a las descendientes de Caín, sin embargo muchos afirman
con claridad todo lo contrario. i' lo que parece cierto para muchos
no puede ser del todo falso, según Aristóteles, en su Etica sexta,
y al final de Somno et Uigilia. Y ahora, también en los tiempos
modernos, tenemos hechos y palabras atestiguados, de brujas, que
en verdad y realidad ejecutan esas cosas. Por lo tanto, establecemos
tres proposiciones. Primero, que los más repugnantes actos venéreos
son llevados a cabo por esos demonios, no con vistas al deleite,
sino para la polución de las almas y 'cuerpos de aquellos que
actúan como íncubos o súcubos. Segundo, que por medio de esa acción
puede producirse una concepción y gestación totales por las mujeres,
ya que pueden depositar semen humano en el lugar adecuado de un
útero femenino, donde ya existe una sustancia correspondiente.
De la misma manera, también pueden reunir las simientes de otras
cosas para provocar otros efectos. Tercero, que en la gestación
de esos-niños, sólo el movimiento local debe atribuirse a los
demonios, y no la gestación real, que surge, no del poder del
demonio o del cuerpo que adopta, sino de la virtud de aquel a
quien pertenecía el semen; por lo tanto, el niño no es hijo del
demonio, sino de algún hombre. Y aquí hay una respuesta clara
a quienes afirman que hay dos razones por las cuales los demonios
no pueden engendrar niños: primero que la gestación se efectúa
por la virtud formadora que existe en el semen liberado de un
cuerpo viviente; y que como el cuerpo adoptado por los demonios
no es de esa clase, entonces, etcétera. Es clara la respuesta
de que el demonio, deposita semen 37 formador, de manera natural,
en su lugar adecuado, etcétera. Segundo, se puede argumentar que
el semen tiene capacidad de engendrar, sólo en la medida en que
se conserve en él el calor de la vida, que debe perderse cuando
se lo transporta grandes distancias. La respuesta es que los diablos
pueden acumular el semen a salvo, de modo que no se pierda su
calor vital; o inclusive que no se evapore con tanta facilidad
debido a la gran velocidad con que se mueve en razón de la superioridad
de lo movible respecto de la cosa movida. PREGUNTA. ¿Qué demonios
practican las operaciones de los íncubos y los súcubos? ¿Es católico
afirmar que las funciones de los íncubos y súcubos pertenecen,
por igual, en forma indiferente, a todos los espíritus impuros?
Y parece que es así; pues afirmar lo contrario sería asegurar
que existe un buen orden entre ellos. Se argumenta que tal como
en los cálculos de los Buenos existen grados y órdenes (véase
San Agustín en su libro Sobre la naturaleza de los buenos), así
también el cálculo del Mal se basa, en la confusión. Pero como
entre los ángeles buenos nada puede carecer de orden, así entre
los malos todo es desorden, y por lo tanto siguen, en forma indistinta,
esas prácticas. Véase Job,, x: "Tierra de oscuridad, lóbrega como
sombra de muerte, sin orden y que aparece cauro la, oscuridad
misma". Y una vez más, si no todos siguen con indiferencia estas
prácticas, esta cualidad proviene de su naturaleza, o del pecado,
o del castigo. Pero no proviene de la naturaleza, ya que todos,
sin distinción, están integrados al pecado, como se expuso en
la pregunta precedente. Pues por naturaleza son espíritus impuros,
pero no tanto como para perjudicar sus buenas partes, sutiles
en maldad, ansiosos de hacer daño, henchidos de orgullo, etcétera.
Por lo tanto, en ellos, estas prácticas se deben, o bien al pecado,
o al castigo. Por lo demás, cuando el pecado es mayor, hay un
castigo mayor; y los ángeles superiores han pecado mucho más,
y por lo tanto, para su castigo, deben seguir estas prácticas
inmundas. 8i ello no es así, se dará otro motivo por el cual no
pueden practicar estas cosas en forma indistinta. Y una vez más,
se afirma que cuando no existe disciplina u obediencia, todos
trabajan sin distinción, y se asegura que no existe disciplina
u obediencia entre los demonios, ni acuerdos. Proverbios, xIII:
"Entre los soberbios siempre hay disputas". Una vez más, así como
debido al castigo todos serán arrojados por igual al infierno,
después del Día del Juicio, así antes de ese momento se encuentran
detenidos en las brumas inferiores, debido a las obligaciones
que les han sido asignadas. Y no leemos que exista igualdad debido
a la emancipación, y por lo tanto tampoco la hay en el asunto
de la obligación y la tentación. Pero contra esto está la primera
glosa de I Corintios, xv: "Mientras perdure el mundo, los ángeles
estarán sobre los ángeles, los hombres sobre los hombres, y los
demonios sobre otros demonios". También en Job. xi, se habla de
las balanzas de Leviatán, que significan los miembros del demonio,
y de cómo uno se aferra al otro. Por lo tanto hay entre ellos,
tanta diversidad de orden como de acción. 38 Surge otro interrogante,
el de si los demonios pueden o no ser contenidos por los ángeles
buenos, e impedirles que realicen esas inmundas prácticas. Debe
decirse que los ángeles a cuyo mando están sometidas las Influencias
adversas son llamados Poderes, como dice San Gregorio, y San Agustín
(de Trinitate, xxx, 3). Un espíritu de vida rebelde y pecaminoso
está sometido a un espíritu de vida obediente, piadoso y justo.
Y las Criaturas más perfectas y cercanas a Dios tienen autoridad
sobre las otras; pues todo el orden de preferencia se encuentra
al comienzo y en primer lugar en Dios, y es compartido por Sus
criaturas según que se acerquen más a él. Por lo tanto, los ángeles
buenos, que están más cerca de Dios debido a su fruición de Él,
de que carecen los demonios, tienen preferencia sobre éstos, y
los rigen. Y cuando se afirma que los demonios producen mucho
daño sin ningún medio, o que no encuentran obstáculo porque, no
están sometidos a los ángeles buenos, que podrían impedírselo;
o que si están sometidos, el mal que si se hace por el sujeto
se debe a negligencia por parte del amo malo, y parecen existir
algunas negligencias entre los ángeles buenos, la respuesta es
que los ángeles son ministros de la sabiduría Divina. Entonces
se sigue que, como la sabiduría Divina. permite que se haga cierto
mal por los ángeles malos o los hombres, con vistas al bien que
El extrae de ello, así tampoco los ángeles buenos impiden del
todo que los hombres malvados o los demonios hagan daño. Respuesta.
Es católico afirmar que existe cierto orden de acciones interiores
y exteriores, y un grado de preferencia entre los demonios, Cuando
se sigue que ciertas abominaciones son cometidas por los órdenes
inferiores, de las cuales los órdenes superiores están excluidos
debido a la nobleza de su naturaleza. Y en general se dice que
esto nace de una congruencia triple, en el sentido de que tales
cosas armonizan con su naturaleza, con la sabiduría Divina, y
con su propia maldad. Pero más en especial, en lo que se refiere
a su naturaleza. Se conviene que desde el comienzo de la Creación
algunos siempre fueron superiores por naturaleza, ya que difieren
entre sí respecto de la forma; y no hay dos ángeles iguales en
forma. Esto sigue la opinión más general, que también coincide
con las palabras de los Filósofos. Dionisio también lo establece
en su décimo capítulo Sobre la jerarquía celestial, que en el
mismo orden hay tres grados separados, y debemos coincidir con
ello, ya que son a la vez inmateriales e incorpóreos. .Véase también
Santo Tomás (n, 2). Pues el pecado no les arrebata su naturaleza,
y después de la Caída los demonios no perdieron sus dones naturales,
como ya se dijo; y las operaciones de las cosas siguen sus condiciones
naturales. Por consiguiente, tanto en naturaleza cómo en acción
son varios y múltiples. Esto armoniza también con la sabiduría
Divina; pues lo ordenado ha sido ordenado por Dios (Romanos, xiii).
Y como los demonios fueron delegados por Dios para la tentación
de los hombres y el castigo de los condenados, trabajan sobre
los hombres desde afuera, por muchos y variados medios. También
armoniza con su propia maldad. Pues como están en guerra con la
raza humana, combaten en forma ordenada, porque de ese modo piensan
hacer un mayor daño a los hombres, y -lo hacen. De donde se sigue
que no comparten en igual medida sus más indecibles abominaciones.
39 Y esto se demuestra de manera más específica como sigue; puesto
que, como se dijo, la acción sigue a la naturaleza de la cosa,
se entiende también que aquellos cuya naturaleza está subordinada
deben a su vez subordinarse en la operación, como ocurre con las
cosas corpóreas. Pues como los cuerpos inferiores están, por orden
natural, por debajo de los cuerpos celestes, y sus acciones y
movimientos se hallan sometidos a los de los cuerpos celestes;
y como los demonios, según se dijo, difieren entre sí en el orden
natural, por lo tanto también difieren en sus acciones naturales,
tanto extrínsecas como intrínsecas; y en especial en la ejecución
de las abominaciones de que se trata. De lo cual se llega a la
conclusión de que como la práctica de estas abominaciones es en
su mayor parte ajena a la nobleza de la naturaleza angélica, así
también en las acciones humanas los actos más inmundos y bestiales
deben ser considerados en sí mismos, y no en relación con la obligación
de la naturaleza y procreación humanas. Por último, como se cree
que algunos han caído de todos los órdenes, no es inadecuado afirmar
que los demonios que caen del coro inferior, e inclusive en el
que figura en el rango más bajo, son delegados para la ejecución
de esa y otras abominaciones. Además, debe tenerse muy en cuenta
que, aunque las Escrituras hablan de los íncubos y súcubos que
ansían a las mujeres, en ninguna parte leemos que íncubos y súcubos
cayeran en vicios contrarios a la naturaleza. No hablamos sólo
de la sodomía, sino de cualquier otro pecado por medio del cual
se efectúe erróneamente el acto fuera del canal correcto. Y la
gran enormidad de quienes pecan de este modo la muestra el hecho
de que todos los diablos por igual, fuesen del orden que fueren,
abominan y piensan desvergonzadamente cometer tales acciones.
Y parece que la glosa de Ezeqniel, xix significa eso mismo, cuando
dice: "Te entregaré en manos de los moradores de Palestina", es
decir, los demonios, quienes se avergonzarán de tus iniquidades,
o sea, de los vicios contra la naturaleza. Y el estudioso verá
qué debe entenderse autorizadamente respecto de los demonios.
Pues Dios no castigó con tanta frecuencia ningún pecado por medio
de la muerte vergonzosa de multitudes. Por cierto que muchos dicen,
y en verdad se cree, que nadie puede perseverar, sin correr peligro,
en la práctica de esos vicios, más allá del periodo de la vida
mortal de Cristo, que duró treinta y tres años, a menos de que
lo salve alguna gracia especial del Redentor. Y esto lo demuestra
el hecho de que a menudo han sido atrapados por este vicio algunos
octogenarios y centenarios, que hasta entonces habían regido su
vida de acuerdo con la disciplina de Cristo; y una vez que lo
abandonaron, les resultó muy difícil obtener su liberación y someterse
a semejantes vicios. Más aun; los nombres de los demonios indican
qué orden existe entre ellos, y qué oficio se le asigna a cada
uno. Pues aunque el mismo nombre, el de demonio, se usa en general
en las Escrituras debido a sus diversas cualidades, éstas, sin
embargo, enseñan que Uno se encuentra por encima de esas acciones
repugnantes, tal como ciertos otros vicios están sometidos a Otro.
Pues es práctica de las Escrituras y del lenguaje llamar a cada
uno de los espíritus impuros Diabolus, de Día, es decir, Dos,
y Bolus, o sea, Bocado; pues mata dos cosas, el cuerpo y el alma.
Y esto coincide con la etimología, aunque en griego Diabolus significa
encerrado en la Cárcel, lo cual también coincide, ya que no se
le permite -hacer tanto daño como desea. O Diabolus puede significar
Flujo Descendente, ya 40 que fluyó hacia abajo, es decir, cayó,
tanto en términos específicos como locales. También se lo llama
Demonio, es decir, Astucia sobre la Sangre, ya que ansía y procura
el pecado con un conocimiento triple, pues es poderoso en la sutileza
de su naturaleza, en su experiencia ancestral y en la revelación
de los espíritus buenos. Asimismo se lo llama Belial, que significa
Sin Yugo o Amo, pues puede luchar contra aquel a quien debería
someterse. Se lo -llama Belcebú, que significa Señor de las Moscas,
es decir, de las almas de los pecadores que abandonaron la verdadera
fe de Cristo. También Satán, es decir, el Adversario; véase I
San Pedro, n: "Pues tu adversario el demonio ronda en torno",
etc. También Behemoth, es decir la Bestia, porque hace bestiales
a los hombres. Pero el demonio mismo de la Fornicación, y el jefe
de esa abominación, se llama Asmodeo, que significa Criatura de
Juicio, pues debido a este tipo de pecado se ejecutó un terrible
juicio sobre Sodoma y las otras cuatro ciudades. De la misma manera,
el demonio del Orgullo se llama Leviatán, que significa su Adición,
porque cuando Lucifer tentó a nuestros primeros padres les prometió,
por orgullo, la adición de la Divinidad. Respecto de él, el Señor
dijo, por intermedio de Isaías: "Le enviaré a Leviatán, esa vieja
y tortuosa serpiente". Y el demonio de la Avaricia y las Riquezas
se llama Mammón, a quien también Cristo menciona en el Evangelio
(San Mateo, VI ) : "No puedes servir a Dios", etcétera. Acerca
de los argumentos. Primero, que puede encontrarse el bien sin
el mal, pero que el mal no puede encontrarse sin el bien, pues
se vierte sobre una criatura que es bien en sí misma. Y por lo
tanto los diablos, en la medida en que poseen una buena naturaleza,
fueron ordenados según la naturaleza, y para sus acciones véase
Job, X. Segundo, puede decirse que los demonios delegados para
actuar no están en el infierno, sino en las brumas inferiores,
y allí tienen orden entre sí, que no tendrían en el infierno.
De lo cual puede decirse que todo orden cesó entre ellos, en lo
que se refiere al logro de la, beatitud, en la época en que cayeron
sin remisión de esas alturas. Y puede decirse que inclusive en
el infierno habrá entre ellos una gradación de poder, y de la
asignación de castigos, en la medida en que algunos, y no otros,
sean destinados a atormentar las almas. Pero esta gradación vendrá
de Dios, antes que de ellos mismos, así como también sus tormentos.
Tercero, cuando se dice que los demonios superiores, porque pecaron
más son más castigados, y por lo tanto deben estar más obligados
a cometer esos actos inmundos, se responde que el pecado se relaciona
con el castigo, y no con el acto o función de la naturaleza; y
por lo tanto, en razón de su nobleza de naturaleza no son ellos
dados a tales iniquidades, y nada tienen que ver con su pecado
o castigo. Y aunque son todos espiritas impuros, y ansiosos, de
hacer el mal, uno lo es más que otro, en la medida en que su naturaleza
está más hundida en la oscuridad. Cuarto, se dice que existe acuerdo
entre los demonios, pero de maldad, antes que de amistad, en el
sentido de que odian al género humano y se esfuerzan al máximo
contra la justicia. Pues entre los malvados existe tal acuerdo,
que se unen y delegan a aquellos cuyos talentos parecen adecuados
para la ejecución de determinadas iniquidades. Quinto, aunque
el encarcelamiento es decretado por igual para todos, ahora en
la atmósfera inferior y después en el infierno, no por eso se
ordenan para ello iguales penalidades y obligaciones: pues cuanto
más nobles son en naturaleza y más 41 potentes en su oficio, más
pesado es el tormento a que se les somete. Véase Sabiduría, V,:
"Los poderosos sufrirán poderosos tormentos". PREGUNTA. ¿Cuál
es la fuerte del aumento de las obras de brujería? ¿De dónde nace
que la práctica de la brujería haya crecido en tan notable medida?
¿Es de alguna manera una opinión católica afirmar que el origen
y crecimiento de las obras de brujería proceden de la abundancia
de los cuerpos celestes, o de la abundante maldad de los hombres,
y no de las abominaciones de los íncubos y súcubos? Y parece que
nacen de la maldad del hombre. Porque San Agustín, dice, en el
Libro LXXXIII I, que la causa de la depravación de un hombre reside
en su propia voluntad, ya sea que peque por su propia sugestión
o por la de otro. Pero una bruja se deprava por el pecado, y por
lo tanto la causa no es el demonio, sino la voluntad humana. En
el mismo lugar habla del libre albedrío, de que todos son la causa
de su propia maldad. Y razona así: que el pecado del hombre procede
del libre albedrío, pero el demonio no puede destruir a éste,
pues ello iría en contra de la libertad; por lo tanto, el demonio
no puede ser la causa de ese o de ningún otro pecado. Además,
en el libro del Dogma Eclesiástico .se dice: no todos nuestros
malos pensamientos son engendrados por el demonio, sino que a
veces surgen del funcionamiento de nuestro propio juicio. Pero
se afirma que la verdadera fuente de la brujería es la influencia
de los cuerpos celestes, y no los demonios. Así como toda multitud
se reduce a la, unidad, todo lo que es multiforme se reduce a
un comienzo uniforme. Pero los actos de los hombres, tanto en
el vicio como en la virtud, son variados y multiformes, y por
lo tanto parece que pueden reducirse a un comienzo uniformemente
movido y moviente. Pero esto sólo puede atribuirse a los movimientos
de los astros; por lo tanto esos cuerpos son las causas de tales
acciones. Por lo demás, si los astros no fueran la causa de las
acciones humanas, canto buenas como malas, los Astrólogos no predecirían
con tanta frecuencia la verdad sobre el resultado de las guerras
y otras acciones humanas; por tanto, también son una causa. Por
otro lado, los astros pueden influir sobre los diablos mismos
en la provocación de ciertos hechizos; y por consiguiente, tanto
más pueden influir sobre los hombres. Se presentan tres pruebas
para esta afirmación. Pues ciertos hombres denominados Lunáticos
son molestados por los demonios en una ocasión más que en otra;
y éstos no se comportarían de dicha manera, sino que más bien
los molestarían en todo momento, si no fuesen a su vez, profundamente
afectados por ciertas fases de la luna. Además se demuestra por
el hecho de que los nigromantes observan ciertas constelaciones
para invocar a los demonios, cosa que no harían a menos de que
supieran que éstos se encuentran sometidos a los astros. Y también
lo siguiente se presenta como prueba: que según San Agustín (de
Ciuitate Dei, 10), los demonios emplean ciertos cuerpos inferiores,
como hierbas, piedras, animales, y algunos sonidos y voces, y
figuras. Pero como los cuerpos celestes son de más potencia que
los inferiores, los astros tienen una influencia mucho mayor que
estas cosas. Y las brujas se encuentran más sometidas, ya que
sus actos proceden de la influencia de esos cuerpos, y no de la
ayuda de los malos 42 espíritus. Y el argumento tiene su respaldo
en I, Reyes, xvi, donde Saúl fue vejado por un demonio, pero se
calmó cuando David pulsó su arpa delante de él y el mal espíritu
huyó. Pero contra esto. Es imposible producir un efecto sin su
causa; y las acciones de las brujas son tales, que no pueden llevarse
a cabo sin la ayuda de los demonios, como se muestra por la descripción
de ellas en San Isidoro, Etica, VIII. Las brujas son llamadas
así por la enormidad de sus hechizos mágicos; pues perturban los
elementos y confunden la mente de los hombres, y sin ninguna pócima
venenosa, sino que nada más en virtud de encantamientos, destruyen
almas, etc. Pero este tipo de efectos no pueden ser provocados
por la influencia de los astros mediante la, acción de un hombre.
Además, en su Etica, Aristóteles dice que es difícil saber cuál
es el comienzo de la operación del pensamiento, y muestra que
tiene que ser algo extrínseco. Pues todo lo que comienza desde
el principio tiene una causa. Un hombre empieza a hacer lo que
desea; y comienza a desear debido a alguna. sugestión previa,
y si ésta es una sugestión precedente, debe proceder del infinito,
o bien existe un comienzo extrínseco que lleva primero las sugestiones
a los hombres. Y en verdad es así, a menos de que se argumente
que esta es una casualidad, de lo cual se seguiría que todas las
acciones humanas son fortuitas, lo cual es un absurdo. Por lo
tanto, se dice que el comienzo del bien en el bien es Dios, Quien
no es la causa del pecado. Pero para los malvados, cuando un hombre
empieza a ser influido hacia el pecado, y desea cometerlo, también
debe existir una causa extrínseca de ello. Y ésta no puede ser
otra que el demonio, en especial en el caso de las brujas, como
se muestra más arriba, pues los astros no pueden influir sobre
tales actos. Por lo tanto, la verdad es sencilla. Más aun, aquello
que tiene poder sobre el motivo también lo tiene sobre el resultado
provocado por éste. Ahora bien, el motivo de la voluntad es algo
que se percibe con los sentidos o el intelecto, ambos sometidos
al poder del demonio. Porque San Agustín dice en el Libro 83:
este mal, que es del demonio, se insinúa por todos los accesos
sensuales; se ubica en figuras, se adapta a colores, se une a
sonidos, se agazapa en conversaciones coléricas y equivocadas,
mora en olores, se impregna de sabores y llena con ciertas exhalaciones
todos los canales de la comprensión. Por consiguiente, se ve que
el demonio tiene el poder de incluir sobre la voluntad, que es
la causa directa del pecado. Además, todo lo que puede elegir
entre dos caminos necesita un actor determinante antes de pasar
a la acción. Y el libre albedrío del hombre puede elegir entre
el bien y el mal; por lo tanto, cuando se embarca en el pecado,
necesita que sea determinado por algo que se oriente hacia el
mal. Y esto parece hacerlo principalmente el demonio, en especial
en las acciones de las brujas, cuya voluntad está hecha para el
mal. Por lo tanto parece que la mala voluntad del demonio es la
causa de la mala voluntad del hombre, en especial en los brujos.
Y el argumento puede respaldarse así: tal como un ángel bueno
se apega al bien, así un ángel malo se orienta hacia el mal; pero
lo primero lleva al hombre a la bondad, en tanto que lo segundo
lo lleva a la maldad. Pues, dice Dionisio, la ley inalterable
y fija de la divinidad es que lo inferior tenga su causa en lo
superior. 43 Respuesta. Quienes afirman que la brujería tiene
su origen en la influencia de los astros se hacen pasibles de
tres errores. En primer lugar, no es posible que se origine en
astrománticos y trazadores de horóscopos y adivinadores de la
suerte. Pues si se pregunta si el vicio de la brujería en los
hombres es provocado por la influencia de los astros, entonces,
en consideración a la variedad de los caracteres de los hombres,
y para la defensa de la verdadera fe, es preciso establecer una
distinción, a saber, que existen dos maneras según las cuales
puede entenderse que los caracteres de los hombres pueden ser
causados por los astros. O bien en forma total y por necesidad,
o por disposición y contingencia. Y en cuanto a lo primero, no
sólo es falso, sino tan herética y contrario a la religión cristiana,
que la verdadera fe no puede mantenerse en semejante error. Por
tal razón, quien argumenta que por necesidad todo proviene de
los astros, elimina todos los méritos, y en consecuencia todas
las culpas; al mismo tiempo elimina la Gracia, y por lo tanto,
la Gloria. Pues la rectitud del carácter se perjudica con este
error, ya que la culpa del pecador recae sobre los astros, se
concede licencia para pecar sin culpa, y es entregado al culto
y adoración de los astros. Pero en cuanto a la afirmación de que
los caracteres de los hambres son variados en términos condicionales
por la disposición de los astros, hasta ahora es cierto que ella
no resulta contrario a la razón o la fe. Pues es evidente que
la diversa disposición de un cuerpo provoca muchas variaciones
en los humores y carácter del alma; porque en general el alma
imita la contextura del cuerpo, como se dice en los Seis Principios.
Por lo tanto los coléricos son iracundos, los sanguíneos son bondadosos,
los melancólicos son envidiosos y los flemáticos son perezosos.
Pero esto no es absoluto; porque el alma es dueña de su cuerpo,
en especial cuando tiene la ayuda de la Gracia. Y vemos a muchos
coléricos que son dulces, y a melancólicos que son bondadosos.
Por ende, cuando la virtud de los astros influye sobre la formación
y calidad de los humores de un hombre se admite que tienen alguna
influencia sobre el carácter, pero muy distante; porque la virtud
de la naturaleza inferior tiene más efecto sobre la calidad de
los humores, que la virtud de los astros. Por lo cual San Agustín
(de Ciaitate Dei, V), donde resuelve cierto asunto de dos hermanos
que enfermaron y. se curaron al mismo tiempo, aprueba el razonamiento
de Hipócrates, antes que el de un Astrónomo. Porque Hipócrates
respondió que ello se debía a la similitud de sus humores; y el
Astrónomo afirmó que se debía a la identidad de sus horóscopos.
Pues la respuesta del médico era mejor, ya que aducía la causa
más poderosa o inmediata.. Así, pues, debe decirse que la influencia
de los astros es hasta cierto punto conducente de la maldad de
las brujas, si se admite que existe esa influencia sobre sus cuerpos,
que las predispone a ese modo de abominación, antes que a cualquier
otro tipo de obras, viciosas o virtuosas: pero no debe decirse
que esta disposición sea necesaria, inmediata y suficiente, sino
remota y contingente. Tampoco es válida la objeción que se basa
en el libro de los Filósofos sobre las propiedades de los elementos,
donde dice que los reinos se despueblan y los países quedan desiertos
ante la conjunción de Júpiter y Saturno; y de esto se argumenta
que tales cosas deben entenderse como existentes fuera del libre
albedrío de los hombres, y que por lo tanto la influencia de los
astros tiene poder sobre el libre albedrío. Pues se responde que
al decir tal cosa el Filósofo, no implica que los hombres no puedan
resistir la influencia de esa constelación respecto de las 44
disensiones, sino que no lo harán. Porque Tolomeo, en Almagesto,
dice: "Un hombre sabio será dueño de los astros". Porque si bien,
ya que Saturno tiene una influencia melancólica y mala, y Júpiter
una muy buena, la conjunción de ambos puede disponer a los hombres
a pendencias y discordias; pero por medio del libre albedrío,
los hombres pueden resistir esa inclinación, y con suma facilidad,
con la ayuda de la gracia de Dios. Y una vez más, no es una objeción
válida citar a San Juan Damasceno, donde dice (Libro II, cap.
vi) que los cometas son a menudo la señal de la muerte de los
reyes. Pues se responderá que aunque sigamos la opinión de San
Juan Damasceno, que, como resulta evidente en el libro a que se
hace referencia, era contraria a la opinión del Camino Filosófico,
ello no es prueba de la inevitabilidad de las acciones humanas.
Porque San Juan considera que un cometa no es una creación natural,
ni es uno de los astros ubicados en el firmamento, con lo cual
su significación y su influencia no son naturales. Porque dice
que los cometas no pertenecen a los astros creados desde el comienzo
sino que se hacen para determinadas ocasiones, y luego se disuelven
por mandato Divino. Esta, pues, es la opinión de San Juan Damasceno.
Pero DIOS preanuncia con ese signo la, muerte de reyes, antes
que de otros hombres, tanto porque el rey es una persona pública,
como porque de ello puede surgir la confusión en un reino. Y los
ángeles son más cuidadosos en su vigilancia sobre los reyes en
bien de todos; y los reyes nacen y mueren bajo el ministerio de
los ángeles. Y no existen dificultades en las opiniones de los
Filósofos, quienes dicen que un cometa es un conglomerado caliente
y seco, engendrado en la parte superior del espacio, cerca del
fuego, y que un globo acumulado de ese vapor caliente y seco adopta
la apariencia de un astro. Pero las partes no incorporadas de
ese vapor se extienden en largas extremidades unidas a ese globo,
y son una especie de adjunto de él. Y según esta concepción, no
en si misma, sino por accidente, predice la muerte que proviene
de las enfermedades calientes y secas. Y como en su mayor parte
los ricos se alimentan de cosas de naturaleza caliente y seca,
en esas ocasiones mueren muchos de ellos; entre los cuales, la
muerte de los reyes y príncipes es la, más notable. Y esta opinión
no está muy lejos de la de San Juan Damasceno, si se la considera
con cuidado, salvo en lo que respecta al funcionamiento y cooperación
de los ángeles, que ni siquiera los filósofos pueden pasar por
alto. Pues en verdad, cuando los vapores, en su sequedad y calor,
nada tienen que ver con la creación de un cometa, aun entonces,
por razones ya expuestas, un cometa puede formarse por la acción
de un ángel. De este modo, el astro que presagió la, muerte del
sabio Santo Tomás no fue uno de los ubicados en el firmamento,
sino que lo formó un ángel con algún material conveniente, y después
de ejecutar su función volvió a disolverse. De esto vemos que,
sea cual fuere la opinión que sigamos, los astros no tienen una
influencia intrínseca sobre el libre albedrío, o, por consiguiente,
sobre la malicia y carácter de los hombres. También es de señalar
que los Astrónomos presagian a menudo la, verdad, y que en su
mayor parte sus juicios son eficaces en una provincia o una nación.
Y la razón es que toman sus juicios de los astros, que según la
opinión más probable tienen una influencia mayor, aunque no inevitable,
sobre las acciones del género humano en general, es decir, sobre
una nación o provincia, que sobre un 45 individuo; y ello se debe
a que la mayor parte de una nación obedece la disposición natural
del cuerpo, más de cerca que un solo hombre. Pero esta se menciona.
de paso. Y la segunda de las tres maneras por las cuales reivindicamos
el punto de vista católico es mediante la refutación de los errores
de quienes trazan Horóscopos y de los Matemáticos que adoran a
la diosa de la fortuna. Acerca de ellos, San Isidoro c Etica,
VIII, 9 ) dice que quienes trazan Horóscopos son así llamados
por su examen de los estros en su nacimiento, y por lo general
se los denomina Matemáticos; y en el mismo Libro, Capítulo 2,
dice que la, Fortuna toma su nombre de lo fortuito, y que es una
especie de diosa que se burla de los asuntos humanos en forma
casual y fortuita. Por lo cual se la llama ciega, ya que corre
de aquí allá, y acude con indiferencia a los buenos y los malos.
Esto en lo que se refiere a Isidoro. Pero creer que existe semejante
diosa, o que el daño inferido a cuerpos y criaturas, que se atribuye
a la brujería, no procede en verdad de ésta, sino de la misma
diosa Fortuna, es pura idolatría; y también afirmar que las propias
brujas nacieron con el fin de ejecutar esos actos en el mundo,
es asimismo ajeno a la Fe, y en verdad a las enseñanzas generales
de los Filósofos. Quien lo desee, puede remitirse a Santo Tomás,
en el Libro III de su Summa la Fe contra los Gentiles, pregunta
87, etc., y encontrará mucho en ese sentido. Pero no hay que omitir
un punto, en beneficio de quienes tal vez no poseen una gran cantidad
de libros. Se señala allí que es preciso considerar tres cosas
en el hombre, dirigida por tres causas celestiales, a saber, el
acto de la voluntad, el del intelecto y el del cuerpo. El primero
está gobernado en forma directa y única por Dios, el segundo por
un ángel y el tercero por un cuerpo celeste. Pues la elección
y la voluntad las gobierna Dios en forma directa para las buenas
obras, como dicen las escrituras en Proverbios 12: el corazón
del rey está en manos del Señor; éste lo vuelve hacia donde quiere.
Y dice "el corazón del rey", y para significar que, así como los
grandes no pueden oponerse a Su voluntad, así tampoco los otros
pueden hacerlo. Y también dice San Pablo: Dios hace que deseemos
y ejecutemos lo que es bueno. La comprensión humana está gobernada
por Dios, por lave mediación de un ángel. Y las acciones corporales,
ya sean exteriores o interiores, naturales al hombre, son reguladas
por Dios,- "Él por mediación de los ángeles y los cuerpos celestes.
Pues el Beato Dionisio (de Diun, nom., IV) dice que los cuerpos
celestes son las causas de lo que ocurre en este mundo, aunque
no sugiere una fatalidad. Y como el hombre está gobernado en su
cuerpo por los cuerpos celestes, y en su intelecto por los ángeles,
y en su voluntad-. por Dios, puede suceder que si rechaza la inspiración
de Dios hacia la bondad, y la guía de su ángel bueno, resulte
orientado¡' por sus afectos corporales hacia las cosas a que lo
inclina la influencia de los astros, de modo que su voluntad y
entendimiento queden enredados en la malicia y el error. Pero
no es posible que nadie sea influido por los astros de modo de
caer en el tipo de error en que quedan atrapadas las brujas, tales
como derramamientos de sangre, hurtos o robos, o inclusive la
perpetración de las peores incontinencias, y ello rige para otros
fenómenos naturales. 46 Además, como dice Guillermo de París en
su De Universo, la experiencia demuestra que si una ramera trata
de plantar un olivo éste no da frutos, en tanto que es fructífero
si lo planta una mujer casta.. Y un médico en sus curaciones,
un agricultor en sus tareas o un soldado en el combate pueden
hacer más, con la ayuda de la, influencia de los astros, de lo
que pueden hacer otros que poseen la misma habilidad. Nuestro
tercer camino se toma de la refutación de la creencia en el Destino.
Y aquí es preciso señalar que una creencia en el destino es en
un sentido muy católica, pero en otro sentido herética desde todo
punto de vista. Pues puede entenderse el Destino como lo entienden
ciertos Gentiles y Matemáticos, quienes creían que los distintos
caracteres del hombre tenían por causa inevitable la fuerza de
la posición de los astros, de modo que un mago estaba predestinado
a ser tal, aunque fuese de buen carácter debido a la disposición
de los astros bajo la cual fue concebido o nació, que lo hizo
lo que es. Y a esa fuerza le daban el nombre de Destine. Pero
esa opinión no sólo es falsa, sino hereje y desde todo punto de
vista detestable debido a la privación que debe implicar, como
se mostró más arriba, en la refutación del primer error. Pues
con ello se eliminaría toda razón de mérito o culpa, de gracia
y gloria, y Dios quedaría convertido en el autor de nuestro mal
y muchas otras incongruencias. Por lo tanto, es preciso rechazar
de plano esa concepción del Destino ya que no existe tal cosa.
Y acerca de esta creencia, San Gregorio dice en su Homilía sobre
la Epifanía: "Lejos de los corazones de los fieles la afirmación
de que existe un Destino". Y si bien debido a la misma incongruencia
que se percibe en ambas, esta opinión puede parecer igual a la
referente a los Astrólogos, son sin embargo distintas en la medida
en que chocan respecto de la fuerza de los astros y de la influencia
de los siete Planetas. Pero puede considerarse que el Destino
es una especie de segunda disposición o un ordenamiento de segundas
causas para la producción de efectos Divinos previstos. Y en verdad,
de esta manera el Destino es algo. Pues la providencia de Dios
logra Sus efectos a través de causas mediadoras, en asuntos sometidos
a segundas causas, aunque ello no es así en el caso de otra asuntos,
tales como la creación de almas, la glorificación y la adquisición
de la gracia. También los ángeles pueden colaborar en la infusión
de la Gracia, esclareciendo y orientando la comprensión y capacidad
de la voluntad, y de tal manera puede decirse que cierto ordenamiento
de los resultados es la misma cosa que la Providencia e inclusive
el Destino. Pues se considera del siguiente modo: que existe en
Dios una cualidad que puede denominarse Providencia, o puede decirse
que É1 ordenó las causas intermedias para, la realización de algunos
de Sus objetivos; y en esa medida el Destino es un hecho racional.
Y de tal forma habla Boecio sobre el Destino (de Consolatione,
IV): el Destino es una disposición intrínseca de las cosas móviles,
por medio de la cual la Providencia obliga alas cosas a lo que
se les ha ordenado. Ello no obstante los santos sabios se negaron
a usar ese nombre en contraposición a quienes retorcían su significado
y le daban el de la fuerza de la posición de los astros. Por lo
tanto San Agustín (de Ciuitate Dei, V) dice: "Si alguien 47 atribuye
los asuntos humanos al Destino, entendiendo por Destino la Voluntad
y el Poder de Dios, que mantenga su opinión pero corrija su lengua".
Resulta claro, pues, que lo que se ha dicho ofrece una respuesta
suficiente a la pregunta de si todas las cosas, incluidas las
obras de brujería, están sometidas al Destino. Pues si se dice
que este es el ordenamiento de las causas segundas de resultados
Divinas previstos, es decir cuando Dios quiere realizar Sus propósitos
por intermedio de segundas causas, en esa medida están sometidos
al Destino, o sea, a seguir las causas ordenadas por Dios; y la
influencia de los astros es una de esas segundas causas. Pero
estas cosas que provienen de Dios en forma directa, tales como
la Creación de las cosas, la Glorificación de las cosas sustanciales
y espirituales, y otras de este tipo, no están sometidas a ese
Destino. Y Boecio, en el Libro que citamos respalda esta concepción
cuando dice que las cosas más cercanas a la Deidad primitiva se
encuentran más allá de la influencia de los decretos del Destino.
Por lo tanto, las obras de las brujas por encontrarse fuera del
curso y orden comunes de la naturaleza no están sometidas a estas
causas segundas. Es decir que en lo que se refiere a su origen
no se hallan sometidas por fuerza al Destino sino a otras causas.
PREGUNTA Acerca de brujas que copulan con demonios. Por qué las
mujeres son las principales adictas a las supersticiones malignas.
También en lo que se refiere a las brujas que copulan con demonios
existen grandes dificultades para considerar los métodos por los
cuales se consuman tales abominaciones. Por parte. del demonio:
primero, de qué elemento está compuesto el cuerpo que adopta;
segundo, si el acto va siempre acompañado por la inyección de
semen recibido de otro; tercero, en cuanto al tiempo y lugar,
si comete este acto con más frecuencia en ciertas ocasiones que
en otras; cuarto, si el acto es invisible para cualquiera qué
pueda encontrarse cerca. Y por parte de las mujeres es preciso
averiguar si sólo quienes fueron concebidas de esa manera repugnante
son visitadas con frecuencia por los demonios; o segundo, si quienes
fueron ofrecidas a los demonios por comadronas en el momento de
su nacimiento; y tercero si el deleite venéreo real de los tales
es de la clase más débil. Pero aquí no podemos responder a todas
estas preguntas, tanto porque sólo nos dedicamos a un estudio
general, como porque en la segunda parte de esta obra se las explica
por sus acciones. Por lo tanto, consideremos ante todo a las mujeres;
y primero por qué este tipo de perfidia se encuentra en un sexo
tan frágil, más que en los hombres. Y nuestra investigación será
ante todo general, en cuanto al tipo de mujeres que se entregan
a la superstición y la brujería; y tercero de manera específica,
con relación a las comadronas que superan en malignidad a todas
las otras. POR QUE LA SUPERSTICIÓN SE ENCUENTRAANTE TODO EN LAS
MUJERES En cuanto a la primera pregunta, por qué hay una gran
cantidad de brujos en el frágil sexo femenino, en mayor proporción
que entre los hombres; se trata en verdad de un hecho que resultaría
ocioso contradecir, ya que lo confirma la experiencia, aparte
del testimonio verbal de testigos dignos de confianza. Y sin menoscabar
en manera alguna un sexo en el cual Dios siempre ha hallado gran
gloria por el hecho de que Su poderío pudiera difundirse, digamos
que distintos hombres atribuyeron diversas razones a este hecho,
aunque coinciden en principio. Por lo tanto es conveniente, para
admonición de las mujeres, hablar de 48 esto, y la experiencia
demostró muchas veces que se muestran ansiosas por oírlo, siempre
que se exponga con discreción. Pues algunos hombres sabios proponen
esta razón: que hay tres cosas en la naturaleza: la Lengua, un
Eclesiástico y una Mujer, que no saben de moderación en la bondad
o el vicio, y cuando superan los límites de su condición llegan
a las más grandes alturas y a las simas más profundas de bondad
y vicio. Cuando están gobernadas por un espíritu bueno, se exceden
en virtudes; pero si éste es malo se dedican a los peores vicios.
Esto resulta claro en el caso de la lengua, ya que por su ministerio
la mayoría de los reinos han sido atraídos hacia la fe de Cristo;
y el Espíritu Santo se apareció sobre los Apóstoles de Cristo
en medio de lenguas de fuego. Otros sabios predicadores también
tuvieron, por decirlo así, lenguas de perros que lamían las heridas
y llagas de Lázaro agonizante. Como se dice: con las lenguas de
perros salváis vuestra alma del enemigo. Por esta, razón, Santo
Domingo, jefe y padre de la Orden de los Predicadores, es representado
en la figura de un perro que ladra, con una antorcha encendida
en la boca, para que, con sus ladridos, aparte los lobos herejes
del rebaño de ovejas de Cristo. También es de experiencia común
que la lengua de un hombre prudente puede dominar las tendencias
de una multitud; en tanto que, con justicia, Salomón canta en
su alabanza, en Proverbios, x: "En los labios del prudente se
halla sabiduría". Y luego: "Plata escogida es 1a, lengua del justo;
mas el entendimiento de los impíos es como nada". Y más adelante:
"Los labios del justo apacientan a muchos; mas los necios por
falta de entendimiento mueren". Por tal motivo agrega en el capítulo
xvi: "Del hombre son las disposiciones del corazón; mas de Jehová
la respuesta de la lengua". Pero acerca de una lengua maligna
se encontrará en el Ecclesiasticus, xxviii: "Una lengua que replica
inquieta a muchos, y los ahuyenta de nación en nación; suertes
ciudades derribó, y derrumbó las casas de grandes hombres". Y
por lengua que replica se refiere a un tercero que con irreflexión
o rencor interviene entre dos partes en pugna. En segundo término,
acerca de los Eclesiásticos, es decir, clérigos y religiosos de
cualquiera de los dos sexos, San Juan Crisóstomo habla en el texto:
"Expulsó del templo a quienes vendían y compraban". Pues el sacerdocio
engendra todo lo bueno y todo lo malo. En su epístola, a los nepotenses,
San Jerónimo dice: "Eludid como si fuese la peste a un sacerdote
comerciante que se elevó de la pobreza a la riqueza, de una posición
inferior a una superior' Y el Beato Bernardo en su Homilía 23
Sobre los salmos, dice de los clérigos: si uno surgiera como hereje
franco, que sea expulsado y silenciado; sí es un enemigo violento,
que todos los hombres buenos huyan de él. ¿Pero cómo sabremos
a quiénes expulsar y de quiénes huir? Pues nos confunden, son
amistosos y hostiles, pacíficos y pendencieros, amables y egoístas.
Y en otro lugar: nuestros obispos se han convertido en lanceros,
y nuestros pastores en esquiladores. Y por obispos se entiende
aquí a los orgullosos abates que imponen pesados trabajos a sus
inferiores, que ellos mismos no tocarían con el dedo meñique.
Y San Gregorio dice acerca de los pastores: nadie hace más daño
en la iglesia que quien, dueño del nombre u orden de santidad,
vive en pecado; porque nadie se atreve a acusarlo de pecado, y
por lo tanto éste se difunde 49 grandemente, ya que se honra al
pecador por la santidad de su orden. El Beato Agustín también
habla. de los monjes a Vicente el Donatista: "Confieso libremente
tu caridad ante el Señor nuestro Dios, que es testigo de mi alma
desde el momento en que comencé a servir a Dios, la gran dificultad
que experimenté en el hecho de que resulta imposible encontrar
hombres peores o mejores que los que honran o deshonran a los
monasterios". Y de la maldad de las mujeres se habla en Ecclesiasticus,
XXV: "No hay cabeza superior a la de una serpiente, y no hay ira
superior a la de una mujer. Prefiero vivir con un león y un dragón
que con una mujer malévola". Y entre muchas otras cosas que en
ese lugar preceden y siguen al tema de la mujer maligna, concluye:
todas las malignidades son poca, cosa en comparación con la de
una mujer. Por lo cual San Juan Crisóstomo dice en el texto: "No
conviene casarse" ( San Mateo, xix): ¡Qué otra cosa es una mujer,
sino un enemigo de la amistad, un castigo inevitable, un mal necesario,
una tentación natural, una calamidad deseable, un peligro doméstico,
un deleitable detrimento, un mal de la, naturaleza pintado con
alegres colores! Por lo tanto, si es un pecado divorciarse de
ella cuando debería mantenérsela, es en verdad una tortura necesaria.
Pues o bien cometemos adulterio al divorciarnos, o debemos soportar
una lucha cotidiana. En su segundo libro de La retórica, Cicerón
dice: "Los muchos apetitos de los hombres los llevan a un pecado,
pero el único apetito de las mujeres las conduce a todos los pecados,
pues la raíz de todos los vicios femeninos es la avaricia". Y
Séneca dice en sus Tragedias: "Una mujer ama u odia; no hay tercera
alternativa. Y las lágrimas de una mujer son un engaño pues pueden
brotar de una pena verdadera, o ser una trampa. Cuando una mujer
piensa a solas, piensa el mal". Pero para las buenas mujeres hay
tanta alabanza que leemos que han dado beatitud a los hombres,
y salvado naciones, países y ciudades; como resulta claro en el
caso de Judith, Deborah y Esther. Véase también I Corintios, va:
"Y la mujer que tiene marido infiel, y ella consiente en habitar
con él, no la despida. Porque el marido infiel es santificado
en la mujer Y Ecclesiasticus, xxvi: "Bendito el hombre que tiene
una mujer virtuosa., pues el número de sus días se duplicará".
Y a lo largo de ese capítulo se dicen muchos elogios sobre la
excelencia de las mujeres buenas, lo mismo que en el último capítulo
de los Proverbios acerca de una mujer virtuosa. Y todo esto también
queda aclarado en el Nuevo Testamento, respecto de las mujeres
y vírgenes y otras mujeres santas que por la fe apartaron a naciones
y reinos de la adoración de ídolos, para llevarlos a la religión
cristiana. Quien lea a Vincent de Beauvais (en Spec. Histor.,
xxm, 9) encontrará cosas maravillosas en la conversión de Hungría
por la muy cristiana Gilia, y de los francos por Clotilda, la
esposa de Clodoveo. Por lo tanto, en muchas vituperaciones que
leemos contra las mujeres, la palabra mujer se usa para significar
el apetito de la carne. Y se dice: he encontrado que la mujer
es más amarga que la muerte, y una buena. mujer está sometida
al apetito camal. Otros han propuesto otras razones de que existan
más mujeres supersticiosas que hombres. Y la primera es que son
más crédulas; y como el principal objetivo del demonio es corromper
la fe, prefiere atacarlas a ellas. Véase Ecclesiasticus, xix:
quien es rápido en su credulidad, es de mente débil, y será disminuido.
La segunda razón es que, por naturaleza, las mujeres son más impresionables
y más 50 prontas a recibir la influencia de un espíritu desencarnado;
y que cuando usan bien esta cualidad, son muy buenas; pero cuando
la usan mal, son muy malas. La tercera razón es que tienen una
lengua móvil, y son incapaces de ocultar a sus congéneres las
cosas que conocen por malas artes y como son débiles, encuentran
.una manera fácil y secreta de reivindicarse por medio de la brujería.
Véase Ecciesiasticus, tal como se cita más arriba: "Prefiero vivir
con un león y un dragón, que habitar con una mujer malvada". Todas
las maldades son poca cosa en comparación con la de una mujer.
Y a esto puede agregarse que, como son muy impresionables, actúan
en consonancia. También hay otros que postulan otras razones,
de las cuales los predicadores deberían tener sumo cuidado en
cuanto a la manera en que las usan. Pues es cierto que en el Antiguo
Testamento las Escrituras dicen muchas cosas malas sobre las mujeres,
y ello debido a la primera tentadora, Eva, y sus imitadoras; pero
después, en el Nuevo Testamento, encontramos un cambio de nombre,
como Evato Ave (como dice San Jerónimo), y todo el pecado de Eva
eliminado por la Bendición de María. Por lo tanto los predicadores
siempre deberían alabarlas tanto como sea posible. Pero como en
estos tiempos esta perfidia se encuentra con más frecuencia entre
las mujeres que entre los hombres, como lo sabemos por experiencia,
si alguien siente curiosidad en cuanto a la razón, podemos agregar,
a lo ya dicho, lo siguiente: que como son más débiles de mente
y de cuerpo, no es de extrañar que caigan en mayor medida bajo
el hechizo de la brujería. Porque en lo que respecta al intelecto,
o a la comprensión de las cosas espirituales, parecen ser de distinta
naturaleza que los hombres, hecho respaldado por la lógica de
las autoridades, y apoyado por diversos ejemplos de las Escrituras.
Terencio dice: "En lo intelectual, las mujeres son como niños".
Y Lactancio (Institutiones, III): "Mujer alguna, entendió la filosofía,
salve Temestes". Y Proverbios, xi como si describiese a una mujer,
dice: "Zarcillo de oro en la nariz del puerco es la mujer hermosa
y apartada de razón". Pero la razón natural es que es más carnal
que el hombre, como resulta claro de sus muchas abominaciones
carnales. Y debe señalarse que hubo un defecto en la formación
de la primera mujer, ya que fue formada de una costilla curva,
es decir, la costilla del pecho, que se encuentra encorvada, por
decirlo así, en dirección contraria a la de un hombre. Y como
debido a este defecto es un animal imperfecto, siempre engaña.
Porque dice Catón: "Cuando una mujer llora, teje redes". Y luego:
"Cuando una mujer llora, se esfuerza por engañar a un hombre".
Y esto lo muestra la esposa de Sansón, quien lo instó a que le
dijese el enigma que había propuesto a los filisteos, y les dio
la respuesta, y así lo engañó. Y resulta claro, en el caso de
la primera mujer, que tenía poca fe; pues cuando la serpiente
preguntó por qué no comían de todos los árboles del Paraíso, ella
respondió: de todos los árboles, etcétera..., no sea que por casualidad
muramos. Con lo cual mostró que dudaba, y que tenía poca fe en
la palabra de Dios. Y todo ello queda indicado por la etimología
de la palabra; pues Femina proviene de Fe y Minus, ya que es muy
débil para mantener y conservar la fe. Y todo esto, en lo que
se refiere a la fe, pertenece a su naturaleza, aunque por gracia
y naturaleza la fe jamás faltó 51 en la Santa Virgen, aun en el
momento de la pasión de Cristo, cuando le faltó a todos los hombres.
Por lo tanto, una mujer malvada es por naturaleza más rápida para
vacilar en su fe, y por consiguiente, más rápida para abjurar
de la fe, lo cual constituye la raíz de la brujería. Y en cuanto
a su otra cualidad mental, es decir, su voluntad natural; cuando
odia a alguien a quien antes amó, hierve de ira e impaciencia
en toda su alma, tal como las mareas del océano siempre se hinchan
y hierven. Muchas autoridades se refieren a esta causa. Ecclesiasticus,
xxv "No hay ira superior a la de una mujer". Y Séneca (Tragedias,
va): "Ninguna fuerza de las llamas o de los vientos henchidos,
ninguna arma mortífera, deben temerse tanto como la lujuria y
el odio de una mujer que ha sido divorciada del lecho matrimonial".
Esto también se muestra en la mujer que acusó falsamente a José,
y lo hizo encarcelar porque no quiso aceptar el delito de adulterio
con ella (Génesis, xxx). Y en verdad, la causa más poderosa que
contribuye al aumento del número de las brujas es la lastimosa
rivalidad entre la gente casada y las mujeres y los hombres solteros.
Y si esto es así inclusive entre las santas, ¿cómo será, entonces,
entre las demás? Pues en Génesis, XXI se ve cuán impaciente y
envidiosa fue Sarah respecto de Hagar cuando concibió; cuántos
celos tuvo Raquel de Leah, porque no tenía hijos ( Génesis, xxx
) ; y Hannah, quien era estéril, de la fructífera Peninnah (I
Reyes z); y de cómo María (Números, xii) murmuró y habló mal de
Moisés, y por lo tanto fue atacada de lepra; y de cómo Martha
tenía celos de María Magdalena, porque estaba ocupada y María
se hallaba sentada (San Lucas, x). A esto se refiere Ecclesiasticus,
xxxvii: "No consultes con una mujer acerca de aquella de quien
está celosa'". Quiere decir que es inútil consultar con ella,
ya que siempre hay celos, o sea, envidia en una mujer malvada.
Y si las mujeres se comportan de ese modo entre sí, cuánto más
lo harán con los hombres. Valerlo Máximo cuenta que cuando Foroneo,
el rey de los griegos, se encontraba moribundo, le dijo a su hermano
Leoncio que nada le habría faltado en materia de felicidad total
si siempre le hubiese faltado una esposa. Y cuando Leoncio le
preguntó cómo una esposa podía interponerse en el camino de la
dicha, le respondió que todos los hombres casados lo sabían muy
bien. Y cuando al filósofo Sócrates se le preguntó si había que
casar con una esposa, respondió: "Si no lo haces estarás solo,
tu familia morirá y te heredará un ajeno; si lo haces sufres eterna
ansiedad, quejumbrosos plañidos, reproches respecto de la porción
correspondiente al matrimonio, el fuerte desagrado de tus parientes,
la charlatanería de una suegra, el encornudamiento, y una, llegada,
nada segura de un heredero". Esto lo dijo como quien sabía lo
que decía. Pues San Jerónimo, en sus Contra loniniannm, dice:
"Este Sócrates tenía dos esposas a quienes soportó con mucha paciencia,
pero no pudo librarse de sus contumelias y sus clamorosas vituperaciones.
De modo que un día, cuando se quejaban de él, salió de la casa
para huir de su acoso, y se sentó delante de ella,; y entonces
las mujeres le arrojaron aguas servidas. Pero el filósofo no se
molestó con ello, y dijo: `Ya sabía que después del trueno vendría
la lluvia"'. Y también existe la, historia de un hombre cuya esposa
se ahogó en un río, quien, cuando buscaba el cadáver para sacarlo
del agua, caminó corriente arriba. Y cuando se le preguntó por
qué, ya que los cuerpos pesados no se elevan, sino que 52 descienden,
y él buscaba contra la corriente del río, respondió: "Cuando esta
mujer vivía, siempre, tanto en palabras como en los hechos, contradijo
mis órdenes; por lo tanto busco en la dirección contraria, por
si ahora, inclusive muerta, conserva su disposición contradictoria".
Y en verdad, así como por su primer defecto de inteligencia son
más propensas a abjurar de la fe, así, por su segundo defecto
de afectos y pasiones exagerados, buscan, cavilan e infligen diversas
venganzas, ya sea por brujería o por otros medios. Por lo cual
no es asombroso que existan tantas brujas en este sexo. Las mujeres
también tienen memoria débil, y en ellas es un vicio natural no
ser disciplinadas, sino seguir sus propios impulsos, sin sentido
alguno de lo que corresponde hacer; esto es todo lo que saben,
y lo único que conservan en la memoria. De manera que Teofrasto
dice: "Si se le entrega toda la administración de la casa., pero
se reserva algún minúsculo detalle para el propio juicio, ella
pensará que uno exhibe una gran falta de fe en ella, y armará
rencillas; y si uno no pide pronto consejo, ella le preparará
veneno y consultará a videntes y augures, y se convertirá en una
bruja". Pero en cuanto a la dominación por las mujeres, escúchese
lo que dice Cicerón en las Paradojas. "¿Puede llamarse libre a
un hombre cuya esposa lo gobierna, le impone leyes, le da órdenes
y le prohibe hacer lo que desea, de modo que no puede ni se atreve
a negarle nada de lo que le pide? Yo no sólo lo llamaría esclavo,
sino, además, el más bajo de los esclavos, aunque provenga de
la familia más noble." Y Séneca, en el personaje de la furiosa
Medea, dice: "¿Por qué dejas de seguir tu impulso feliz; cuán
grande es la parte de la venganza con que te regocijas? ". Donde
presenta muchas pruebas de que una mujer no puede ser gobernada,
sino que sigue su propio impulso, aun hasta su destrucción. De
la misma forma, leemos acerca de muchas mujeres que se mataron
por amor o pena, porque no podían vengarse. Al escribir sobre
Daniel, San Jerónimo relata una historia de Laodicea, esposa de
Antíoco, rey de Siria; de cómo, celosa de que amara a su otra
esposa, Berenice, más que a ella, hizo primero que Berenice y
su hija con Antíoco fuesen asesinadas, y luego se envenenó a su
vez. ¿Y por qué? Porque no quería ser gobernada, sino que deseaba
seguir sus propios impulsos. Por lo tanto, San Juan Crísostómo
dice, no sin razón: "Oh maldad, peor que todos los males, una
mujer maligna, sea pobre o rica". Pues si es la esposa de un rico,
no deja de excitar, día y noche, a su esposo, con palabras ardientes,
ni de usar argumentos malignos e importunaciones violentas. Y
si tiene un esposo pobre no deja de acicatearlo también a la cólera
y la riña. Y si es viuda, se dedica a menospreciar en todas partes
a todos, y se muestra inflamada para todas las audacias, por su
espíritu de orgullo. Si investigamos, vemos que casi todos los
reinos del mundo han sido derribados por mujeres. Troya, que era
un reino próspero, fue destruido por la violación de una mujer,
Helena, y muertos muchos miles de griegos. El reino de los judíos
sufrió grandes desdichas y destrucción a causa de la maldita Jezabel,
y su hija Ataliah, reina de Judea, quien hizo que los hijos de
su hijo fuesen muertos, para que a la muerte de ellos pudiese
llegar a reinar; pero cada una de ellas fue muerta. El reino de
los romanos soportó muchos males debido a Cleopatra, reina de
53 Egipto, la peor de las mujeres. Y así con otras. Por lo tanto,
no es extraño que el mundo sufra ahora por la malicia de las mujeres.
Y examinemos en seguida los deseos carnales del cuerpo mismo,
de los cuales han surgido innumerables daños para la vida humana.
Con justicia podemos decir, con Catón de Utica: "Si el mundo pudiera
liberarse de las mujeres, no careceríamos de Dios en nuestras
relaciones". Pues en verdad, sin la malignidad de las mujeres,
para no hablar de la brujería, el mundo seguiría existiendo a
prueba de innumerables peligros. óigase do que dijo Valerlo a
Rufino: "No sabes que la mujer es la Quimera, pero es bueno que
lo sepas, pues ese monstruo tenía tres formas; su rostro era el
de un radiante y noble león; tenía el asqueroso vientre de una
cabra,, y estaba armado de la cola virulenta de una víbora". Quiere
decir que una mujer es hermosa de apariencia, contamina al tacto
y es mortífero vivir con ella. Consideremos otra de sus propiedades,
su voz. Pues como es embustera por naturaleza, así también en
su habla hiere mientras nos deleita. Por lo cual su voz es como
el canto de las sirenas, que con sus dulces melodías atraen a
los viajeros y los matan. Pues los matan vaciándoles el bolso,
consumiéndoles las fuerzas, y haciéndolos abandonar a Dios. Y
Valerlo dice también a Rufina: "Cuando habla, es un deleite que
aroma el pecado; la flor del amor es una rosa, pues debajo de
su capullo se ocultan muchas espinas". Véase Proverbios, v, 3-4:
"Porque los labios de la extraña destilan miel y su paladar es
más blando que el aceite; mas su fin es amargo como el ajenjo".
[Su garganta es más suave que el aceite. Pero su final es tan
amargo como el a ajenjo) Consideremos también su porte, postura
y vestimenta, que son vanidad de vanidades. No hay hombre en el
mundo que se esfuerce tanto por complacer al buen Dios, como una
mujer común estudia sus vanidades para complacer a los hombres.
Un ejemplo de ello se encuentra en la vida de Pelagia, una mujer
mundana que solía pasearse por Antioquía ataviada y adornada en
la forma más extravagante. Un santo padre, llamado Nonno, la vio
y rompió a llorar, y dijo a sus compañeros que nunca en su vida
había usado tanta diligencia para complacer a Dios, y agregó mucho
más, que se conserva en sus oraciones. Esto es lo que se lamenta
en Eclesiastés, vii y que la iglesia inclusive lamenta ahora debido
a la gran cantidad de brujas. "Y yo he hallado más amarga que
la muerte la, mujer, la cual es redes, y lazos su corazón,; sus
manos como ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella; mas
el pecador será preso en ella." Más amarga que la muerte, es decir,
que el demonio: Apocalipsis, vi, 8, "tenia, por nombre Muerte".
Pues aunque el demonio sentó a Eva al pecado, Eva sedujo a Adán.
Y como el pecado de Eva no habría llevado muerte 'a nuestra alma
y cuerpo, a menos de que el pecado pasara después a Adán, el cual
fue tentado por Eva, y no por el demonio, entonces ella es más
amarga que la muerte. Y más amarga que la muerte, además, porque
eso es natural y destruye sólo el cuerpo; pero el pecado que nació
de la mujer destruye el alma al despojarla de la gracia, y entrega
el cuerpo al castigo por el pecado. Y más amarga que la muerte
porque la muerte del cuerpo es un enemigo franco y terrible, pero
la mujer es un enemigo quejumbroso y secreto. Y el hecho de que
sea 54 más peligrosa que una trampa no habla de las trampas de
los cazadores, sino de los demonios. Pues los hombres son atrapados,
no sólo por sus deseos carnales, cuando ven y oyen a las mujeres;
porque San Bernardo dice: "Su rostro es un viento quemante, y
su voz el silbido de las serpientes"; pero también provocan encantamientos
en incontables hombres y animales. Y cuando se dice que el corazón
de ellas es una red, se habla de la inescrutable malicia que reina
en su corazón. Y sus manos son como lazos para amarrar, pues cuando
posan sus manos sobre una criatura para hechizarla, entonces,
con la ayuda del demonio, ejecutan su designio. Para terminar.
Toda la brujería proviene del apetito carnal que en las mujeres
es insaciable. Véase Proverbios, xxx: "Tres cosas hay que nunca
se hartan; aun la cuarta nunca dice basta": la matriz estéril.
Por lo cual, para satisfacer sus apetitos, se unen inclusive a
los demonios. Muchas más razones deberían presentarse, pero para
el entendimiento está claro que no es de extrañar que existan
más mujeres que hombres infectadas por la herejía de la brujería.
Y a consecuencia de ello, es mejor llamarla la herejía de las
brujas que de los brujos, ya que el nombre deriva del grupo más
poderoso. Y bendito sea el Altísimo, quien hasta hoy protegió
al sexo masculino de tan gran delito; pues Él se mostró dispuesto
a nacer y sufrir por nosotros, y por lo tanto concedió ese privilegio
a los hombres. QUÉ TIPO DE MUJERES SON SUPERSTICIOSAS Y BRUJAS
ANTES QUE NINGUNA OTRA En cuanto a nuestra segunda investigación,
qué clase de mujeres son más supersticiosas que otras e infectadas
de brujería, debe decirse, corro se mostró en el estudio precedente,
que tres vicios generales parecen tener un especial dominio sobre
las malas mujeres, a saber, la infidelidad, la. ambición y la
lujuria, Por lo tanto, se inclinan más que otras a la brujería,
las que, más que otras, se entregan a estos vicios. Por lo demás,
ya que de los tres vicios el último es el que más predomina, siendo
las mujeres insaciables, etc., se sigue que entre las mujeres
ambiciosas resultan más profundamente infectadas quienes tienen
un temperamento más ardoroso para satisfacer sus repugnantes apetitos;
y esas son las adúlteras, las fornicadoras y las concubinas del
Grande. Ahora bien, como se dice en la Bula papal, existen siete
métodos por medio de los cuales infectan de brujería el acto venéreo
y la concepción del útero. Primero, llevando las mentes de los
hombres a una pasión desenfrenada; segundo, obstruyendo su fuerza
de gestación; tercero, eliminando los miembros destinados a ese
acto; cuarto, convirtiendo a los hombres en animales por medio
de sus artes mágicas; quinto, destruyendo la fuerza de gestación
de las mujeres; sexto, provocando el aborto; séptimo, ofreciendo
los niños a los demonios, aparte de otros animales y frutos de
la tierra con los cuales operan muchos daños. Y todo esto se considerará
más adelante; pero por el momento dediquemos nuestra reflexión
a los daños inferidos a los hombres. Y ante todo acerca de quienes
son hechizados por un amor u odio desmesurados, asunto de una
clase que resulta difícil de analizar ante la indulgencia general.
Sin embargo debe admitirse que es un hecho. Porque Santo Tomás
(IV, 34), al tratar de las obstrucciones provocadas por las brujas,
muestra que Dios otorga al 55 demonio mayor poder contra los actos
venéreos de los hombres que contra sus otras acciones; y da el
siguiente motivo: que es posible que así sea, ya que tienen, más
tendencia a ser brujas las mujeres más dispuestas a tales actos.
Porque dice, que, desde que la primera corrupción del pecado por
la cual el hombre se convirtió en esclavo del demonio llegó a
nosotros por el acto de engendrar, por lo tanto Dios concede al
demonio mayor poder en este acto que en todos los demás. Además,
el poder de las brujas resulta más evidente en las serpientes,
como se dice, que en otros animales, porque por medio de una serpiente
tentó el diablo a la, mujer. Y también por esta razón, como se
muestra después, aunque el matrimonio es una obra de Dios, instituida
por Él, a veces es destrozado por la obra del demonio; y no, en
verdad, por la fuerza, ya que entonces se lo podría considerar
más fuerte que Dios, sino, con el permiso de éste, mediante la
provocación de algún impedimento temporario o permanente en el
acto conyugal. Y respecto de esto podemos decir lo que se conoce
por experiencia; que estas mujeres satisfacen sus sucios apetitos,
no sólo en sí mismas, sino inclusive en los poderosos de la época,
de cualquier clase y condición, que por todo tipo de brujerías
provocan la muerte de su alma debido a la excesiva ansia del amor
carnal, de tal manera, que ninguna vergüenza o persuasión puede
disuadirlas de tales actos. Y por medio de esos hombres, ya que
las brujas no permiten que les ocurra daño alguno, ya sea por
sí mismos o por otros, una vez que los tienen en su poder surge
el gran peligro de la época, es decir, el exterminio de la Fe.
Y de este modo aumentan las brujas todos los días. Y ojalá esto
no fuese cierto como lo dice la experiencia. Pero la verdad es
que la brujería despierta tal odio entre quienes han sido unidos
en el Sacramento del Matrimonio y tal congelamiento de la fuerza
de gestación, que los hombres son incapaces de ejecutar la acción
necesaria para engendrar hijos. Pero como el amor y el odio existen
en el alma, en la cual ni siquiera el demonio puede entrar, es
preciso investigar estas cosas, no sea que parezcan increíbles
para, alguien; y en el enfrentamiento de argumento y argumento,
el asunto quedará en claro. Examinemos cómo, por medio del movimiento
local, puede el demonio excitar la fantasía y las percepciones
sensoriales internas de un hombre, por medio de apariciones y
acciones impulsivas. Es de señalar que Aristóteles (de Somno et
Vigilia) lo atribuye al hecho de que, cuando un animal duerme,
la sangre fluye a la sede más íntima de los sentidos, de los cuales
descienden movimientos o impresiones que perduran de impresiones
pasadas, conservadas en la mente o percepción interna; y éstas
son la Fantasía o Imaginación, que son la misma cosa según Santo
Tomás. Porque la fantasía o imaginación es, por decirlo así, el
tesoro de ideas recibidas a través de los sentidos. Y así ocurre
que los demonios agitan de tal modo las percepciones internas,
o sea, el poder de conservar imágenes, que parecen ser una nueva
impresión decidida en ese momento desde cosas exteriores. Es cierto
que no todos concuerdan al respecto; pero si alguien desea ocuparse
de este asunto, debe considerar la cantidad y la función de las
percepciones internas. Según Avicenna, en su libro Sobre la mente,
son cinco, a s saber: el Buen Sentido; 56 la Fantasía, la Imaginación,
el Pensamiento y la Memoria. Pero Santo Tomás, en la Primera Parte
de la Pregunta 79, dice que sólo son cuatro, ya que la Fantasía
y la Imaginación son la misma cosa. Por temor a la prolijidad,
omito muchos otras cosas que se han dicho al respecto. Sólo esto
debe decirse: que la fantasía es el tesoro de las ideas, pero
la memoria parece ser algo distinto. Pues la fantasía es el tesoro
o depósito de ideas recibidas a través de los sentidos; pero la
memoria es el tesoro de los instintos, que no se reciben por los
sentidos. Porque cuando un hombre ve un lobo huye, no por su feo
color o aspecto, que son ideas recibidas a través de los sentidos
exteriores y conservadas en sus fantasías; sino que huye porque
el lobo es su enemigo natural. Y ello lo sabe por algún instinto
o temor, aparte del pensamiento, que reconoce al lobo como hostil,
pero al perro como amistoso. Pero el depósito de estos instintos
es la memoria. Y la recepción y la retención son dos cosas distintas
en la naturaleza animal; pues quienes son de naturaleza húmeda
reciben con facilidad pero retienen mal; y lo contrario ocurre
con quienes son de humor seco. Para volver al tema. Las apariciones
que surgen en el sueño de los durmientes proceden de las ideas
conservadas en el depósito de su mente, por medio de un movimiento
local natural causado por el flujo de la sangre hacia la primera
y más íntima sede de sus facultades de percepción; y hablamos
de un movimiento local intrínseco en la cabeza y en las células
del cerebro. Y esto también puede ocurrir debido a un movimiento
local similar creado por demonios. Estas cosas ocurren también,
no sólo a quienes duermen, sino inclusive a quienes están despiertos.
Pues en esto los demonios también pueden erguirse y excitar las
percepciones y humores internos, de modo que las ideas conservadas
en los depósitos de su mente sean extraídas y evidenciadas ante
las facultades de la fantasía y la imaginación, para que tales
hombres imaginen que esas cosas son ciertas. Y esto se llama tentación
interior. Y no es extraño que el demonio pueda hacerlo por su
propio poder natural, ya que cualquier hombre por sí mismo, despierto
y gozando del uso dé su razón, puede extraer en forma voluntaria,
de sus depósitos, las imágenes que conservó en ellos; de tal forma,
que convoque las imágenes de las cosas que 1e plazcan. Y admitido
esto, es fácil entender el asunto del excesivo ardor en el amor.
Ahora bien, hay dos maneras en que, como se dijo, los demonios
pueden provocar este tipo de imágenes. A veces actúan sin encadenar
la razón humana, como se dijo en lo referente a la tentación y
en el ejemplo de la imaginación voluntaria. Pero en ocasiones
el uso de la razón está encadenado por entero; y esto puede ejemplificarse
con ciertas personas defectuosas por naturaleza, y con los locos
y los borrachos. Por consiguiente, no es extraño que, con el permiso
de Dios, los demonios puedan encadenar la razón; y a esos hombres
se los llama delirantes, porque sus sentidos han sido arrebatados
por el demonio. Y lo hacen de dos maneras, con o sin la ayuda
de las brujas. Pues Aristóteles, en la' obra que citamos,- dice
que quien vive en pasión es movido sólo por una cosa. pequeña,
como el enamorado por la apariencia más remota de su amor, y lo
mismo en el caso de quien siente odio. Por lo tanto los demonios,
que aprendieron de los actos de los hombres a cuyas pasiones están
principalmente sometidos, a incitarlos a ese tipo de amor u odio
desmesurados, imponen su objetivo sobre la imaginación de los
hombres, con tanta más fuerza y eficacia cuanta mayor es la facilidad
con 57 que pueden hacerlo. Y ello les resulta tanto más fácil,
cuanto le es más sencillo a un enamorado convocar la imagen de
su amor en la memoria, y conservarla placenteramente en sus pensamientos.
Pero actúan por brujería cuando hacen estas cosas por y a instancias
de las brujas, en razón de un pacto convenido con ellas. Pero
no es posible tratar de estos asuntos en detalle, debido a la
gran cantidad de hechos, tanto entre los clérigos como entre los
laicos. ¡Pues cuántos adúlteros abandonaron a las más bellas esposas
en pos de su lujuria, por las más viles mujeres! Sabemos de una
anciana que, según la versión común de los hermanos de ese monasterio,
inclusive hasta la actualidad, no sólo embrujó de ese modo a tres
abates, uno tras otro, sino que inclusive los mató, y de la misma
forma enloqueció al cuarto. Pues ella misma lo confesó en público,
y no teme decir: lo hice y lo hago, y no pueden dejar de amarme
porque han comido tanto de mi estiércol... y mide cierta longitud
sobre su brazo. Lo que es más, confieso que desde entonces no
hemos tenido motivos para enjuiciarla o llevarla ante los tribunales,
y sobrevive aún en la actualidad. Se recordará que se dijo que
el demonio atrae en forma invisible al hombre al pecado, no sólo
por medio de la persuasión, como se dijo, sino también por medio
de la disposición. Aunque esto no es muy pertinente, digamos que
por una admonición similar de la disposición y humores de los
hombres, hace que algunos tiendan más a la cólera, la concupiscencia
u otras pasiones. Pues es manifiesto que un hombre que tiene un
cuerpo de esa disposición es más proclive a la concupiscencia
y la ira y tales pasiones; y cuando se despiertan, posee más tendencia
a someterse a ellas. Pero como resulta difícil citar precedentes,
es preciso encontrar un medio más fácil de declararlo, para admonición
de la gente. Y en la Segunda Parte de este libro tratamos de los
remedios por los cuales pueden quedar en libertad los hombres
así hechizados. EL MÉTODO DE PREDICAR A LAS PERSONAS ACERCA DEL
AMOR ENARDECIDO Respecto de lo que se dijo antes, un predicador
formula esta pregunta: ¿es una concepción católica afirmar que
las brujas pueden infectar la mente de los hombres con un amor
enardecido por mujeres desconocidas, e inflamar de tal modo su
corazón que ninguna vergüenza o castigo, palabra o acción alguna,
los obligue a desistir de tal amor; y que, del mismo modo, puedan
engendrar tal odio entre las parejas casadas, que les resulte
imposible ejecutar en forma alguna las funciones procreadoras
del matrimonio, de modo que, en verdad, en el intemporal silencia
de la noche, recorran grandes distancias en busca de amantes masculinos
y femeninos irregulares? En ese sentido, si lo desea, puede encontrar
algunos argumentos en la pregunta precedente. Por lo demás, sólo
hay que decir que existen dificultades en esos interrogantes,
respecto del amor y el odio... Pues estas pasiones invaden la
voluntad, que en su propio acto siempre es libre, y que no puede
ser forzada por criatura alguna, aparte de Dios, quien la gobierna.
De lo cual resulta claro que ni el demonio ni una bruja que actúen
según ese poder pueden obligar a la voluntad de un hombre a amar
u odiar. Una vez más, ya que la voluntad, como el entendimiento,
existe de manera subjetiva en el alma, y sólo puede entrar en
el 58 alma Quien la creó, este interrogante, entonces, presenta
muchas dificultades en lo que se refiere a desentrañar su verdad.
Sin embargo, debemos hablar antes del enardecimiento y el odio,
y en segundo lugar del embrujamiento de la capacidad de engendrar.
Y en cuanto a lo primero, aunque el demonio no puede actuar en
forma directa sobre el entendimiento y voluntad del hombre, sin
embargo, según todos los sabios Teólogos del segundo Libro de
sentencias, sobre el tema del poder del demonio, éste puede actuar
sobre el cuerpo, o sobre las facultades que le pertenecen o le
son concomitantes, ya sea por medio de las percepciones internas
o de las exteriores. Esto queda autorizada y razonablemente demostrado
en la pregunta precedente, si se desea estudiarla; en caso contrario,
existe la autoridad de Job, u; y dijo Jehová a Satán: "He aquí,
él está en tu mano". Es decir, que Job se encuentra en su poder.
Pero esto sólo se refería al cuerpo, pues >;l dijo: "Mas guarda
su vida", es decir, manténla intacta. Y ese poder que É1 le concedió
sobre su cuerpo, también se lo concedió sobre todas las facultades
vinculadas con el cuerpo, que son las cuatro o cinco percepciones
exteriores e internas, a saber, el Buen Sentido, la Fantasía o
Imaginación, el Pensamiento y la Memoria. Si no puede darse otro
caso, tomemos un ejemplo de los cerdos y las ovejas. Pues los
cerdos conocen por instinto el camino a su refugio. Y por instinto
natural, las ovejas distinguen un lobo de un perro, y saben que
uno es el enemigo y el otro el amigo de su naturaleza. Por consiguiente,
ya que todos nuestros conocimientos razonados provienen de los
sentidos (porque Aristóteles, en el segundo libro Sobre la mente
dice que un hambre inteligente debe tener en cuenta a los fantasmas),
el diablo puede afectar la fantasía interior, y nublar el entendimiento.
Y esto no es actuar de manera inmediata sobre la mente, sino por
medio de fantasmas. Porque, además, nada es amado hasta que se
lo conoce. Se podrían sacar del oro tantos ejemplos como fuesen
necesarios, del oro que el avaro ama porque conoce su poder, cte.
Por lo tanto, cuando el entendimiento se oscurece, también la
voluntad queda nublada en sus afectos. Más aun, el demonio puede
lograr esto con o sin ayuda de una bruja; y estas cosas pueden
inclusive ocurrir por simple falta de previsión. Pero daremos
ejemplos de cada tipo. Pues, como se dice en Santiago, i: "Sino
que cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es
atraído y cebado. Y la concupiscencia, después que ha concebido,
pare el pecado; y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte".
Y una vez más, cuando Sichem vio a Dina salir para ver a las hijas
de la. tierra, la amó y la tomó y se acostó con ella, y su alma
se unió a ella (Génesis, xxxiv). Y según la glosa: cuando la mente
débil olvida sus propios asuntos, y se ocupa, como Dina, de los
de otras personas, es extraviada por la costumbre, y se convierte
en una de las pecadoras. En segundo lugar, que este apetito puede
surgir aparte de la brujería, y nada más que por la tentación
del demonio, se muestra como sigue. Pues leemos en II Samuel,
m, que Ammón amaba con desesperación a su hermana Tamar, y la
ansiaba mucho, de modo que enfermó de amor por ella.. Pero nadie
caería en un delito tan grande e inicuo, si no estuviese corrompido
por completo y grandemente tentado por el demonio. Por lo cual
la glosa dice: esta es una advertencia para 59 nosotros, y fue
permitida por Dios para que siempre estemos en guardia, no sea
que el vicio nos domine y el príncipe del pecado, quien promete
una falsa paz a los que se encuentran en peligro, al hallarnos
dispuestos nos mate sin que lo advirtamos. En el Libro de los
Santos Padres se menciona esta clase de pasión, cuando se dice
que, por lejos que se retirasen de todas las ansias carnales,
fueron a veces tentados por el amor de las mujeres en mayor medida
de lo que podría creerse. Por lo cual en II Corintios, a el Apóstol
dice: "Me es dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás
que me abofetee". Acerca de lo cual la glosa dice: me es dado
dejarme tentar por la lujuria. Pero quien es tentado y no cede
no es pecador, sino que es cosa para el ejercicio de la virtud.
Y por tentación se entiende la del demonio, no la de la carne,
que es siempre venial en un pecado menor. Si lo quisiera, el predicador
podría encontrar muchos ejemplos. El tercer punto, que el amor
enardecido procede de las malas artes del demonio, se analizó
ya, y hablamos de esta tentación. Podrá preguntarse cómo es posible
decir si ese amor enardecido, procede, no del demonio, sino sólo
de una bruja. Y la respuesta es que existen muchas maneras. Si
el hombre tentado tiene una esposa bella y honrada, o si lo contrario
ocurre en el caso de una mujer, etcétera. Segundo, si el juicio
de la razón está encadenado de tal modo, que ni golpes, ni palabras,
ni hechos, ni siquiera la vergüenza, pueden hacer desistir de
esa lujuria. Y tercero, en especial, cuando no puede contenerse,
sino que en ocasiones, de manera inesperada y a pesar de lo dificultoso
del viaje, se ve obligado a recorrer grandes distancias (como
puede saberlo cualquiera por las confesiones de esos hombres),
tanto de día como de noche. Porque como dice San Juan Crisóstomo
en Mateo, xx, acerca del asno sobre el cual cabalgaba Cristo:
cuando el demonio posee la voluntad de un hombre por el pecado,
lo lleva a su arbitrio, a donde le plazca, y da el ejemplo de
un barco en el mar, sin timón, que los vientos arrastran a su
placer; y de un hombre sentado con firmeza en un caballo; y de
un rey que domina sobre un tirano. Y cuarto, se muestra por el
hecho de que a veces son arrebatados, de repente y en forma inesperada,
y transformados y nada puede impedirlo. También se muestra por
lo repugnante de su apariencia. PREGUNTA. De si las brujas pueden
embotar el poder de gestación u obstruir el acto venéreo. Ahora
bien, el hecho de que las rameras y prostitutas adúlteras se entreguen
ante todo a la brujería está confirmado por los hechizos efectuados
por las brujas sobre el acto de engendrar. Y para hacer más clara
la verdad, debemos considerar los argumentos de quienes no concuerdan
con nosotros al respecto. Y ante todo se afirma que ese encantamiento
no es posible, porque si lo fuera regiría por igual para quienes
están casados; y si esto se admitiera, entonces, tamo el matrimonio
es obra de Dios y la brujería obra del demonio, esta íntima sería
más fuerte que la primera. Pero si se admite que sólo puede afectar
a los fornicadores y a los solteros, ello implica la vuelta a
la opinión de que en realidad la brujería no existe, como no sea
en la imaginación de los hombres. Y esto ya fue refutado. O bien
se encuentra alguna razón de que afecte a los solteros y no a
los casados; y la única razón posible es que el matrimonio es
obra de Dios. Y como, según los Teólogos, esta razón no es válida,
sigue en pie el argumento de que haría la obra del demonio más
fuerte que la de Dios; y como sería injustificado hacer semejante
60 afirmación, también es injustificado afirmar que el acto venéreo
puede ser obstaculizado por brujería. Una vez más, el demonio
no puede obstaculizar las otras acciones naturales, tales las
de comer, caminar y erguirse, como resulta evidente que, si lo
pudiera, destruiría a todo el mundo. Además, como el acto venéreo
es común a todas las mujeres, si se lo obstaculizara -sería con
respecto a todas las mujeres; pero no es así, y por do tanto vale
el primer argumento. Porque los hechos prueban que no es así;
pues cuando un hombre dice que ha sido embrujado, sigue siendo
muy capaz respecto de otras mujeres, aunque no con aquella con
la cual le es imposible copular; y la razón de ello es que no
lo desea, y por lo tanto nada puede hacer en ese sentido. Hay
también otra razón: la de que como el diablo es más poderoso que
el hombre, y un hombre puede obstruir la capacidad de engendrar
por medio de hierbas frígidas o cualquier otra cosa en que se
pueda pensar, mucho más puede hacerlo el demonio ya que tiene
mayores conocimientos y astucia. Respuesta. La verdad resulta
bastante evidente de los dos aspectos que ya se han argumentado,
aunque no se declaró de manera específica el método de obstrucción.
Pues se mostró que la brujería no existe sólo en la imaginación
de los hombres, sino en los hechos; en que en verdad y en realidad
pueden ocurrir innumerables encantamientos con el permiso de Dios.
También se ha mostrado que Dios lo permite más en el caso de la
capacidad de engendrar, debido a su mayor corrupción, que en el
caso de otras acciones humanas. Pero acerca del método por el
cual se procuran esas obstrucciones, es de señalar que no afecta
sólo el poder de engendrar, sino el de la imaginación o fantasía.
Y en cuanto a esto, Pedro de Paludes (III, 34) señala cinco métodos.
Pues dice que el demonio, por ser un espíritu, tiene poder sobre
una criatura corpórea, y puede causar o impedir un movimiento
local. Y por lo tanto puede impedir que los cuerpos se acerquen
entre sí, ya sea de manera directa o indirecta, inter poniéndose
en alguna forma corpórea. Así ocurrió con el joven desposado con
un ídolo, y que sin embargo casó con una joven doncella, y luego
fue incapaz de copular con ella. Segundo, puede excitar a un hombre
a ese acto, o congelar su deseo de él, en virtud de cosas secretas
cuyo poder conoce mejor que nadie. Tercero, puede perturbar de
tal manera la percepción e imaginación de un hombre, que la mujer
le parezca repugnante, ya que, como se dijo, puede influir sobre
la imaginación. Cuarto, puede impedir, de manera directa, la erección
del miembro adaptado a la fructificación, del mismo modo que obstaculizar
un movimiento local. Quinto, puede impedir el aflujo de la esencia
vital a los miembros en que reside la energía motriz, cerrando,
por decirlo así, los canales seminales, de modo que no descienda
a las vías de gestación, o retroceda de ellas, o no se proyecte
de ellas, o en alguna de muchas maneras fracase en su función.
Y continúa, en consonancia con lo que se trató más arriba, por
otros Doctores. Pues Dios otorga al demonio más espacio respecto
de este acto por medio del cual se difundió primero el pecado,
que de otros actos humanos. De la misma forma, las serpientes
están más sometidas a los encantamientos mágicos que los demás
animales. Y un poco más adelante dice: lo mismo ocurre en el caso
de la mujer, 61 pues el demonio puede nublarle de tal modo el
entendimiento, que considere a su esposo tan repugnante, que por
nada del mundo le permita acostarse con ella. Más tarde desea
encontrar la razón de por qué más hombres que mujeres se encuentran
hechizados respecto de esa acción; y dice que tal obstrucción
ocurre por lo general en el conducto seminal, o en la incapacidad
en materia de erección, que con más facilidad puede suceder en
los hombres; y por lo tanto hay más hombres embrujados que mujeres.
También podría decirse que, como la mayor parte de las brujas
son mujeres, ansían más a los hombres que a las mujeres. Además,
actúan por despecho contra las mujeres casadas, y encuentran todas
las oportunidades para el adulterio cuando el esposo puede copular
con otras mujeres, pero no con la propia, y de la misma manera,
la esposa también debe buscar otros amantes. Agrega asimismo que
Dios permite que el demonio afecte a los pecadores con más encono
que a los justos. Por lo cual el ángel dijo a Tobías: otorga al
demonio poder sobre aquellos que se han entregado a la lascivia.
Pero también tiene, a veces, poder sobre los justos, como en el
caso de Job, pero no en relación con las funciones genitales.
Por lo cual deberían dedicarse a la confección de otras buenas
obras, no sea que el hierro permanezca en la herida, y resulte
inútil aplicar remedios. SE ACLARAN ALGUNAS DUDAS PASAJERAS SOBRE
EL TEMA DE LA COPULACION IMPEDIDA POR LOS ENCANTAMIENTOS MALIGNOS
Pero de pasada, si se pregunta por qué esta función es a veces
obstaculizada respecto de una mujer, pero no de otra, la respuesta,
según San Buenaventura, es esta. O bien la encantadora o bruja
afecta de ese modo a las personas que el demonio ha determinado,
o es porque Dios no permite que ello se inflija sobre ciertas
personas. Pues el objetivo oculto de Dios en este aspecto es oscuro,
como se muestra en el caso de la esposa de Tobías: Y agrega: Si
se pregunta cómo hace esto el demonio, hay que decir que obstruye
la capacidad genital, no en forma intrínseca, mediante una lesión
del órgano, sino de manera extrínseca, inutilizándolo. Por lo
tanto, como es una obstrucción artificial, y no natural, puede
hacer a un hombre impotente hacia una mujer, pero no hacia otras:
arrebatando la inflamación de su lujuria por ella, pero no por
otras mujeres, ya sea por medio de su propio poder, o por alguna
hierba, o piedra, o ciertos medios naturales ocultos. Y esto coincide
con las palabras de Pedro de Paludes. Además, como la impotencia
en este acto se debe a veces a la frialdad de la naturaleza, o
a algún defecto natural, se pregunta cómo es posible distinguir
si se debe o no ala brujería: Hostiensis da la respuesta en su
Summa (pera esto no debe predicarse en público): cuando el miembro
no se conmueve de ninguna manera, y no puede ejecutar el acto
del coito, ello es signo de frigidez de la naturaleza; pero cuando
se conmueve y se yergue, y sin embargo no puede ejecutar, es un
signo de brujería. También debe señalarse que la impotencia del
miembro para ejecutar el acto no es el único encantamiento, sino
que a veces se hace que la mujer no pueda concebir, o bien que
aborte. 62 Obsérvese, además, que según lo que establecen los
Cánones, quien por deseo de venganza o por odio hace a un hombre
o a una mujer algo que les impide engendrar o concebir debe ser
considerado un homicida. Y adviértase, además, que el Canon habla
de amantes libres que, para salvar a sus enamorados de la vergüenza,
usan anticonceptivos tales como pociones o hierbas que van en
contra de la naturaleza, sin ayuda alguna de los demonios. Y esos
penitentes deben ser castigados como homicidas. Pero las brujas
que hacen tales cosas por brujería son castigables, por ley, con
la pena extrema. Y para una solución de los argumentos; cuando
se objeta que estas cosas no pueden suceder a quienes están unidos
en matrimonio, es preciso señalar además que, aunque la verdad
de este asunto no se hubiese ya aclarado lo suficiente, esas cosas
pueden verdadera y ciertamente ocurrir, tanto a quienes están
casados como a quienes no lo están. Y el lector prudente, quien
posee abundancia de libros, se remitirá a los Teólogos y a los
Canonistas, en especial cuando hablan de los impotentes y hechizados.
Encontrará que coinciden en condenar dos errores: en particular
con respecto a las personas casadas, que parecen creer que esos
encantamientos no pueden ocurrir a los que están unidos en matrimonio,
pues postulan la razón de que el demonio no puede destruir las
obras de Dios. Y el primer error que condenan es el de quienes
dicen que no existen brujerías en el mundo, sino sólo en la imaginación
de los hombres que, por su ignorancia de las causas ocultas que
nadie entiende todavía, asignan ciertos efectos naturales a la
brujería como si fuesen producto, no de causas ocultas, sino de
demonios que trabajan por sí mismos o en conjunción con .las brujas.
Y aunque todos los otros Doctores condenan este error como una
.pura falsedad, Santo Tomás lo ataca con más vigor y lo estigmatiza
como verdadera herejía, y dice que este error procede de la. raíz
de la infidelidad. Y como la infidelidad en un cristiano se considera
herejía, esos tales merecen ser sospechados de herejía. Y esto
se estudió en la Primera Pregunta, aunque no se declaró con tanta,
claridad. Pues si alguien considera los otros dichos de Santo
Tomás en otros lugares, encontrará las razones por las cuales
afirma que ese error procede de la raíz de la infidelidad. Pues
en sus preguntas referentes al Pecado, donde trata de los demonios,
y en su primera pregunta, donde los demonios tienen un cuerpo
que les corresponde por naturaleza, entre muchas otras cosas menciona,
las que refieren todos los efectos físicos a las virtudes de los
astros, a los cuales decían que estaban sometidas las causas ocultas
de los efectos terrestres. Y él decía: debe considerarse que los
Peripatéticos, los discípulos de Aristóteles, afirmaban que los
demonios no existen en la realidad, sino que las cosas que se
les atribuyen proceden del poder de los astros y de otros fenómenos
naturales. En tanto que San Agustín dice: (de Ciuitate Dei, x)
que Porfirio opinaba que de las hierbas y animales, y de ciertos
sonidos y voces, y de figuras y ficciones observadas en el movimiento
de los astros, los hombres fabricaban en la tierra poderes correspondientes
a los astros, para explicar diversos efectos naturales. Y el error
de ellos es claro, ya que todo lo referían a causas ocultas en
los astros, y afirmaban que los demonios sólo eran fabricados
por la imaginación humana. Pero Santo Tomás demuestra con claridad,
en la misma obra, que esta opinión es falsa; pues existen algunas
obras de los demonios que en manera alguna pueden proceder de
una causa natural. Por ejemplo, cuando quien está poseído por
un 63 demonio habla en un idioma desconocido; y muchas otras obras
demoníacas se encuentran, tanto en las artes rapsódicas como en
las nigrománticas, que sólo pueden proceder de cierta Inteligencia,
que por supuesto no es buena, sino mala en su intención. Y por
lo tanto, debido a estas incongruencias, otros Filósofos se vieron
obligados a admitir que había demonios. Pero más tarde cayeron
en varios errores, y algunos pensaron que el alma de los hombres,
cuando abandonaba su cuerpo, se convertía en demonio. Por tal
motivo, muchos Adivinos han asesinado a niños, para poder tener
sus almas como colaboradores; y se relatan muchos otros errores.
De todo esto resulta claro que no -sin motivos el Santo Doctor
afirma que semejante opinión procede de la raíz de la infidelidad.
Y quien lo desee puede leer a San Agustín ( de Ciuitate Dei, vii,
ix) sobre los distintos errores de los infieles acerca de la naturaleza
de los demonios. Y por cierto que la opinión común de todos los
Doctores, citada en la obra antes mencionada, contra quienes yerran
de esta manera al negar que existan brujas, tiene gran peso en
su significado, aunque se exprese en pocas palabras. Pues dicen
que quienes afirman que no existe la brujería en el mundo contradicen
la opinión de todos los Doctores y de las Sagradas Escrituras,
y declaran que hay demonios, y que éstos tienen poder sobre el
cuerpo y la imaginación de los hombres, con permiso de Dios. Por
lo cual, quienes son los instrumentos de los demonios por cuyo
impulso éstos a veces causan daño a una criatura, son llamadas
brujas por ellos. Ahora bien, en la condenación de este primer
error por los Doctores, nada se dice acerca, de los unidos en
matrimonio; pero ello resulta claro en su condenación del segundo
error. Pues dicen que otros caen en el de creer que, aunque la
brujería existe y abunda en el mundo,. inclusive contra la copulación
carnal, ninguno de esos encantamientos puede considerarse permanente,
jamás anula un matrimonio que ya se ha contraído. Allí hablan
de los unidos en matrimonio. A1 refutar este error (pues lo hacemos
aunque venga poco al caso, en bien de quienes no poseen muchos
libros), es de señalar que lo refutan afirmando que va contra
todos los precedentes, y es contrario a todas las leyes, antiguas
y modernas. Por lo tanto, los Doctores católicos establecen la
siguiente distinción: que la impotencia causada por la brujería
es temporaria o permanente. Y si es temporaria, no anula el matrimonio.
Más aun, se presume que es temporaria si pueden ser curados del
impedimento antes de transcurridos tres años de su cohabitación,
luego de hacer todos los esfuerzos posibles, ya sea por medio
de los sacramentos de la iglesia, o por otros remedios, para curarse.
Pero si para entonces no han sido curados por remedio alguno,
a partir de ese momento se considera permanente. Y en ese caso
precede al contrato y consumación del matrimonio, y entonces impide
contraer éste, y anula el que no se ha contraído aún; o bien sigue
al contrato de casamiento, pero impide su consumación, y entonces,
asimismo, según algunos, anula el contrato anterior. (Pues se
dice en el Libro XXXIII, Pregunta 1, cap. 1, que la confirmación
de un matrimonio consiste en su oficio carnal.) O bien es subsiguiente
a la consumación del matrimonio, y entonces el vínculo matrimonial
no queda anulado. Allí, Hostiensis y Godofredo y los Doctores
y los Teólogos señalan muchas cosas acerca de la impotencia. Acerca
de los argumentos. En cuanto al primero, queda muy claro por lo
que se dice. Pues respecto del argumento de que las obras de Dios
pueden ser destruidas 64 por las del demonio, si la brujería tiene
poder contra quienes están casados, carece de fuerza; antes bien,
parece lo contrario, ya que el demonio nada puede hacer sin permiso
de Dios. Pues no destruye por la fuerza, como, un tirano, sino
por ciertas artes extrínsecas, como se demuestra arriba. Y también
queda claro el segundo argumento, de por qué Dios permite esta
obstrucción, más en el caso del acto venéreo que de otros actos.
Pero el demonio también tiene poder sobre otros actos, cuando
Dios lo permite. Por lo cual no es correcto argumentar que podría
destruir al mundo entero. Y de la misma manera, la tercera objeción
queda contestada. PREGUNTA. De si las brujas pueden operar una
ilusión prestidigitatoria, de modo que el órgano masculino parezca
por entero alejado y separado del cuerpo. Aquí se declara la verdad
acerca de las operaciones diabólicas con referencia al órgano
masculino. Y para dejar en claro los hechos, se pregunta si las
brujas, con la ayuda de los demonios, pueden en realidad y en
verdad eliminar el miembro, o si sólo lo hacen en apariencia,
por algún encantamiento o ilusión. Y se afirma a fortiori que
pueden hacerlo; pues como los demonios pueden hacer cosas más
grandes que esa, tales como matarlos o trasportarlos de un lugar
a otro -como se mostró más arriba, en los casos de Job y Tobías-
, también pueden, en verdad y en realidad, eliminar los miembros
de los hombres. Una vez más, se toma un argumento de la glosa
sobre las visitas de los ángeles malos, en los Salmos: Dios castiga
por medio de los ángeles malos, como a menudo castigó al Pueblo
de Israel con varias enfermedades, en verdad y en realidad cayó
sobre sus cuerpos. Por lo tanto, el miembro también está sometido
a tales visitas. Puede decirse que esto se hace con el permiso
Divino. Y en ese caso, como ya se dijo que Dios permite más poder
de brujería sobre las funciones genitales, debido a la primera
corrupción de pecado que nos vino del acto de engendrar, así también
otorga mayor poder sobre el órgano genital completo, inclusive
hasta su eliminación total. Y una vez más, fue una cosa más grande
convertir a la esposa de Lot en una columna de sal, de lo que
lo es arrebatar el órgano masculino; y esa (Génesis, =) fue una
metamorfosis real y verdadera, no aparente (pues se dice que esa
columna todavía puede verse). Y eso lo hizo un ángel malo, tal
como los ángeles buenos atacaron de ceguera a los hombres de Sodoma,
de modo que no pudiesen encontrar la puerta de la casa. Y lo mismo
sucedió con los otros castigos de los hombres de Gomorra. Por
cierto que la glosa afirma que la esposa de Lot estaba manchada
de ese vicio, y por eso fue castigada. Y una vez más, quien puede
crear una forma natural también puede eliminarla. Pero los demonios
han creado muchas formas naturales, como resulta claro por los
magos del faraón, quienes con la ayuda del demonio hacían sapos
y serpientes. También San Agustín, en el Libro LXXXIII, dice que
las cosas que hacen de manera visible los poderes inferiores del
aire no pueden considerarse simples ilusiones; pero inclusive
los hombres, por medio de una hábil incisión, son capaces de eliminar
el órgano masculino; en consecuencia, los demonios pueden hacer
en forma invisible lo que otros hacen de manera visible. 65 Pero
por el lado contrario, San Agustín (de Ciuitate De¡ XVIII) dice:
no hay que creer que por medio del arte o el poder de los demonios,
el cuerpo del hombre pueda cambiarse a semejanza del de un animal.
Por eso es también imposible que pueda eliminarse lo esencial
para la verdad del cuerpo humano. Asimismo dice (de Trinitate,
III): no hay que pensar que esta sustancia de materia visible
esté sometida a la voluntad de los ángeles caídos, pues sólo se
encuentra sometida a Dios. Respuesta. No cabe duda de que ciertas
brujas pueden hacer cosas maravillosas respecto de los órganos
masculinos, pues ello coincide con lo que muchos vieron y oyeron,
y con la afirmación general de lo que se conoce acerca del miembro,
por medio de los órganos de la vista y el tacto. Y entonces, en
cuanto a la forma en que esto es posible, debe decirse que se
puede hacer de dos maneras, ya sea en verdad y en la realidad,
como lo dijeron los primeros argumentos, o por medio de algún
prestigio o hechizo. Pero cuando lo hacen las brujas, es sólo
un asunto de hechizo, aunque no es una ilusión en opinión del
que lo sufre. Pues en verdad y realidad su imaginación puede creer
que algo no se encuentra presente, ya que ninguno de sus sentidos
exteriores como la vista o el tacto, pueden percibir que esté
presente. De esto puede decirse que hay una verdadera atracción
del miembro en la imaginación, aunque no en los hechos; y hay
que señalar varias cosas en cuanto a la forma en que esto sucede.
Y primero con referencia a los dos métodos por los cuales puede
hacerse. No es extraño que el demonio pueda engañar a los sentidos
humanos exteriores, ya que, como se trató más arriba, puede hacerlo
en los sentidos internos, llevando a la percepción concreta ideas
acumuladas en la imaginación. Más aun, engaña a los hombres en
sus funciones naturales, y hace que lo que es visible resulte
invisible para ellos, e intangible lo tangible, e inaudible lo
audible, y lo mismo en lo que se refiere a los otros sentidos.
Pero esas cosas no son ciertas en la realidad, ya que las provoca
algún defecto introducido en los sentidos, tales como los ojos
o los oídos, o el tacto, en razón de cuyo defecto se engaña el
juicio del hombre. Y esto podemos ilustrarlo con ciertos fenómenos
naturales. Pues el vino dulce parece amargo en la lengua del afiebrado,
y su gusto se engaña, no por el hecho real, sino por su enfermedad.
Otro tanto ocurre en el caso que se considera, en que el engaño
no se debe al hecho, ya que el miembro sigue en su lugar, sino
que es una ilusión de los sentidos respecto de él. Además, como
se dijo antes, acerca de la capacidad de engendrar, el demonio
puede obstruir esa acción imponiendo algún otro cuerpo del mismo
color y apariencia, de tal manera que un cuerpo muy bien modelado,
con el color de la carne, se interpone entre la vista y el tacto,
y entre el verdadero cuerpo del sufriente, de modo que le parece
que no ve ni siente otra cosa que un cuerpo liso, de superficie
no interrumpida por un órgano genital. Véase los dichos de Santo
Tomás acerca de los hechizos e ilusiones, y también en el Segundo
de los Segundos, 91, y en sus preguntas acerca del Pecado; donde
a menudo cita a San Agustín en el Libro LXXXIII. Este mal del
demonio se insinúa por todos los accesos sensuales; se entrega
a figuras; se adapta a colores, mora en los sonidos, se agazapa
en los olores, se impregna de sabores. 66 Además, hay que considerar
que esa ilusión de la vista y el tacto puede ser causada, no sólo
por la interposición de algún cuerpo liso y sin miembros, sino
también por el surgimiento, a la fantasía o imaginación, de ciertas
formas e ideas latentes en la mente, de tal manera que una cosa
se imagina como percibida entonces por primera vez. Pues como
se mostró en la pregunta precedentes los demonios, por su propio
poder, pueden cambiar los cuerpos en el plano local; y así. como
la disposición o el humor pueden resultar afectados de esta manera,
así también sucede con las funciones naturales. Hablo de cosas
que parecen naturales para la imaginación o los sentidos. Porque
Aristóteles, en de Somno et vigilia, dice, al atribuir la causa
de las apariciones en los sueños, que cuando un animal duerme
afluye mucha sangre a la. conciencia interna, y de ahí provienen
las ideas o impresiones derivadas de experiencias previas reales,
acumuladas en la mente. Ya se definió cómo, de esta manera, ciertas
apariencias trasmiten la impresión de nuevas experiencias. Y como
esto puede ocurrir de manera natural, en mayor medida puede el
diablo llevar a la imaginación la apariencia de un cuerpo liso,
no provisto del miembro viril, de manera tal que los sentidos
crean que se trata de un hecho concreto. En segundo lugar, hay
que señalar otros métodos más fáciles de entender y explicar.
Pues según San Isidoro (Etim., VIII, 9), un hechizo no es más
que cierta ilusión de los sentidos, y en especial de los ojos.
Y por esta razón también se lo llama prestigio, de prestringo,
ya que la visión de los ojos está tan aherrojada, que las cosas
parecen ser lo que no son. Y Alejandro de Hales, Parte 2, dice
que un prestigio, bien entendido, es una ilusión del demonio no
causada por cambio alguno en la materia, sino que sólo existe
en la mente del engañado, ya sea en relación con sus percepciones
internas o exteriores. Por lo cual, por hablar así, podemos decir
inclusive, del arte prestidigitatoria humana, que puede efectuarse
de tres maneras. Por la primera, puede hacerse sin demonios, ya
que se hace de forma artificial, por la agilidad de los hombres
que muestran cosas y las ocultan, como en el caso de los trucos
de los prestidigitadores o ventrílocuos. El segundo método también
carece de la ayuda de los demonios, como cuando los hombres pueden
usar alguna virtud natural de los cuerpos o minerales naturales,
de modo de dar a tales objetos alguna otra apariencia, muy diferente
de la verdadera. Por eso, según Santo Tomás (I, 114, 4) y varios
otros, los hombres, por medio del humo de ciertas hierbas encendidas,
pueden hacer que las varas parezcan serpientes. El tercer método
de engaño se efectúa con la ayuda de los demonios, otorgado el
permiso de Dios. Pues resulta claro que poseen, por su naturaleza,
algún poder sobre ciertas materias terrenales, que ejercen sobre
ellas, cuando Dios lo permite, de modo que las cosas parecen lo
que no son. Y en cuanto a este tercer método, hay que observar
que el demonio tiene cinco maneras por las cuales puede engañar
a cualquiera, de modo que piense que una cosa es lo que no es.
Primero, por una treta artificial, según se dijo, pues lo que
un hombre puede hacer por sus artes el demonio puede hacerlo mejor.
Segundo, por un método natural, por la aplicación, como se dijo,
e interposición de alguna sustancia para ocultar el cuerpo verdadero,
o para confundirlo en la fantasía del hombre. El tercer método
es cuando en un cuerpo adoptado se presenta como algo que no es,
como lo atestigua la historia que San Gregorio narra en su Primer
67 diálogo, de una Monja que comió lechuga, que sin embargo, como
confesó el demonio mismo, no era una lechuga, sino el demonio
en forma de lechuga, o en la lechuga misma. O como cuando se apareció
San Antonio en un trozo de oro que encontró en el desierto. O
como cuando toca a un hombre verdadero, y lo hace aparecer como
un animal, como muy pronto se explicará. El cuarto método es cuando
confunde el órgano de la vista, de modo que una cosa clara parece
brumosa, o a la inversa, o como cuando una. anciana parece ser
una jovencita. Pues inclusive después de llorar la luz parece
distinta de lo que era antes. Su quinto método consiste en trabajar
sobre el poder de imaginación, y, por una perturbación de los
humores, efectuar una trasmutación en las formas que perciben
los sentidos, como se trató antes, de modo que los sentidos perciben
entonces, por decirlo así, imágenes nuevas. Y en consecuencia,
por los tres últimos métodos, y aun por el segundo, el demonio
puede obrar un hechizo sobre los sentidos de un hombre. Por lo
cual no hay dificultades en su ocultamiento del miembro viril
por algún prestigio o hechizo. Y una prueba o ejemplo manifiestos
de esto, que se nos reveló en nuestra condición de inquisidores,
se expondrá más adelante, cuando se exponga más acerca de este
y otros asuntos, en la Segunda Parte de este Tratado. COMO PUEDE
DISTINGUIRSE UN ENCANTAMIENTO DE UN DEFECTO NATURAL Sigue un tema
incidental, con algunas otras dificultades. El miembro de Pedro
ha sido arrebatado, y no sabe si por brujería o de alguna, otra
manera, por el poder del demonio, con permiso de Dios. ¿Existe
alguna forma de determinar o distinguir entre éstas? Puede contestarse
como sigue. Primero, que aquellos a quienes estas cosas ocurren
más a menudo son adúlteros o fornicadores. Pues cuando no responden
a la exigencia de sus queridas, o si desean abandonarlas y unirse
a otras mujeres, entonces su querida, por venganza, hace que suceda
esa cosa, o por algún otro poder consigue que su miembro sea eliminado.
Segundo, puede distinguirse por el hecho de que no es permanente.
Pues si no se debe a la brujería, la pérdida no es permanente,
sino que se restablece con el tiempo. Pero aquí surge otra duda,
acerca de si se debe a la naturaleza de la brujería el hecho de
que no sea permanente. Se contesta que puede ser permanente, y
durar hasta la muerte, tal como juzgan los Canonistas y los Teólogos
respecto del impedimento de la brujería en el matrimonio, que
lo temporario puede llegar a ser permanente. Porque Godofredo
dice en su Summa: un encantamiento no siempre puede ser eliminado
por quien lo provocó, ya sea porque ha muerto, o porque no sabe
eliminarlo, o porque el encanto se ha perdido. Por lo tanto podemos
decir, de la misma manera, que el hechizo obrado sobre Pedro será
permanente si la bruja que lo hizo no puede curarlo. Pues hay
tres grados de brujas. Porque algunas curan y dañan; otras dañan,
pero no curan; y algunas sólo parecen capaces de curar, es decir,
de eliminar daños, cómo se verá más adelante. Pues así nos ocurrió
a nosotros: dos brujas reñían, y mientras se injuriaban, una dijo:
no soy tan malvada como tú porque sé curar a aquellos a quienes
quiero. El hechizo será también permanente si, antes de haber
sido curado, la bruja se ausenta, ya sea porque cambia de morada
o porque muere. Porque Santo Tomás también dice: cualquier hechizo
puede ser permanente cuando es tal, que no tiene remedio humano;
o si lo tiene, los 68 hombres no lo conocen o es ilegal; aunque
Dios pueda encontrar un remedio por medio de un ángel santo que
obligue al demonio, cuando no a la bruja. Pero el principal remedio
contra la brujería es el sacramento de la Penitencia. Porque la
enfermedad corporal procede a menudo del pecado. En la Segunda
Parte de este Tratado se mostrará cómo pueden eliminarse los hechizos
de las brujas. SOLUCIONES DE LOS ARGUMENTOS En cuanto al primero,
está claro que no cabe duda de que, tal como, con permiso de Dios,
pueden matar a los hombres, así también los demonios pueden quitar
ese miembro, lo mismo que otros, en verdad y realidad. Pero entonces
no actúan por intermedio de brujas, respecto de lo cual ya se
hizo mención. Y de esto también queda clara la respuesta al segundo
argumento. Pero es preciso decir esto: que Dios otorga más poder
de brujería sobre las fuerzas genitales porque, etc.; y por lo
tanto inclusive permite que ese miembro sea quitado en verdad
y realidad. Pero no es válido decir que esto ocurre siempre. Pues
no seria propio de la brujería que ello fuese así; y aunque las
brujas, cuando hacen esas obras, no pretenden poseer el poder
de restablecer el miembro cuando lo deseen, ni que sepan hacerlo.
Por lo cual está claro que no se lo quitan en realidad, sino sólo
por un hechizo. En cuanto al tercero, respecto de la metamorfosis
de la esposa de Lot, decimos que fue real, y no un hechizo. Y
acerca del cuarto, de que los demonios pueden crear ciertas formas
sustanciales, y por lo tanto, también eliminarlas, se debe decir,
con respecto a los magos del faraón, que crearon serpientes de
verdad; y que los demonios, con la ayuda de otro agente, pueden
producir ciertos efectos sobre las criaturas imperfectas, que
no pueden provocar sobre los hombres, que están bajo la guarda
de Dios. Pues se dice: ¿le importa a Dios de los bueyes? Sin embargo
con permiso de Dios pueden hacer a los hombres un verdadero daño,
y también crear un hechizo dañino, y con ello aclara la respuesta
al último argumento. PREGUNTA. Las brujas que son comadronas matan
de distintas maneras a los niños concebidos en el útero, y procuran
un aborto; o si no hacen eso, ofrecen a los demonios los niños
recién nacidos. Aquí se expone la verdad acerca de cuatro horribles
delitos que los demonios cometen contra los niños, tanto en el
útero materno como después. Y como lo hacen por medio de las mujeres,
y no de los hombres, esta forma de homicidio se vincula más bien
con las mujeres que con los hombres. Y los que siguen son los
métodos con los cuales se hace. Los Canonistas tratan más a fondo
que los Teólogos las obstrucciones debidas a la brujería; y dicen
que es brujería, no sólo cuando alguien es incapaz de ejecutar
el acto carnal, de lo cual hablamos arriba, sino también cuando
a una mujer se le impide concebir, o se la hace abortar después
de haber concebido. Un tercer y cuarto métodos de brujería es
cuando no lograron provocar un aborto, y entonces devoran al nieto
o lo ofrecen a un demonio. No caben dudas acerca de los dos primeros
métodos, ya que, sin la ayuda de los demonios, un hombre, por
medios naturales, tales como hierbas o emenagogos, procura que
una mujer no engendre o conciba, como se mencionó más arriba.
Pero con los otros dos métodos, las cosas son distintas, pues
son utilizados por 69 brujas. Y no hace falta presentar los argumentos,
ya que casos y ejemplos muy evidentes mostrarán con mayor facilidad
la verdad del asunto. La primera de estas dos abominaciones es
el hecho de que algunas brujas, contra el instinto de la naturaleza
humana y, en verdad, contra la naturaleza de todos los animales,
con la posible excepción de los lobos, tienen el hábito de devorar
y comer a los niños pequeños. Y acerca de esto, el Inquisidor
de Como, antes mencionado, nos relató lo siguiente: que fue llamado
por los habitantes del distrito de Barby para realizar una inquisición,
porque a cierto hombre le había faltado su hijo de su cuna, y
al encontrar un congreso de mujeres en horas nocturnas, juró que
las había visto matar a su hijo y beber su sangre y devorarlo.
Y además, en un solo año, que es el que acaba de pasar, dice que
fueron quemadas cuarenta y una brujas, y varias otras huyeron
a buscar la protección del señor archiduque de Austria, Sigismundo.
En confirmación de esto, existen ciertos escritos de Johann Nider,
en su Formicarius, cuyo recuerdo, como el de los acontecimientos
que relata, sigue fresco en la mente de los hombres; por lo cual
resulta evidente que esas cosas no son increíbles. Debemos agregar
que en todos estos asuntos las brujas comadronas provocan daños
aun mayores, como a menudo nos dijeron, a nosotros y a otros,
las brujas penitentes afirmando que nadie hace más daño a la fe
católica que las comadronas. Pues cuando no matan a los niños,
entonces, como para cualquier otro propósito, los sacan de la
habitación, los levantan en el aire y los ofrecen a los demonios.
Pero el método que observan en delito de este tipo se mostrará
en la Segunda Parte, a la cual pronto llegaremos. PREGUNTA. Comparación
de las obras de las brujas con otras supersticiones funestas.
Existen catorce tipos de magia, que nacen de las tres clases de
Adivinación. La primera de las tres es la invocación franca de
los demonios. La segunda no es más que una configuración silenciosa
de la disposición y movimiento de alguna cosa, como de los astros,
o de los días, o las horas, o algo por el estilo. La tercera es
la' consideración de algún acto humano con el fin de encontrar
algo oculto, y se llama con el nombre de Sortilegio: Y las especies
de la primera forma de Adivinación, es decir, la franca invocación
de los demonios, son las siguientes: Hechicería, Oniromancia,
Nigromancia, Horáculos, Geomancia, Hidromancia, Aeromancia, Piromancia
y Augurio (véase Santo Tomás, Segundo de los segundos, preguntas
95, 26 y 5). Las Especies del segundo tipo son la Horoscopía;
el trabajo de los Arúspices, Presagios, Observación de señales,
Quiromancia y Espatulomancia. Las especies de este tercer tipo
varían según todas las cosas que se clasifican como Sortilegio
para el hallazgo de algo oculto, tal como la consideración de
agujas y pajas, y figuras de plomo fundido. Y Santo Tomás también
habla de ello en la referencia precitada. Ahora bien, los pecados
de las brujas van más allá de todos estos delitos, como se probará
respecto de las especies precedentes. No cabe duda alguna acerca
de los delitos menores. Pues consideremos la primera especie,
en la cual quienes son diestros en la brujería y la hechicería
engañan a los sentidos humanos con ciertas apariciones, de modo
que la materia corpórea parece volverse distinta a la vista y
al tacto, como se trató más arriba, en el asunto de los métodos
de creación de ilusiones. Las 70 brujas no se conforman con tales
prácticas en punto del miembro genital, y de causar cierta ilusión
prestidigitatoria de su desaparición (aunque ésta no sea un hecho
real); sino que a menudo arrebatan la propia capacidad de engendrar,
de modo que una mujer no puede concebir, y un hombre no puede
ejecutar el acto aunque todavía conserve su miembro. Y sin ilusión
alguna, también provocan el aborto después de la concepción, acompañado
a menudo de muchas otras enfermedades. Y aun se aparecen en distintas
formas de animales. La nigromancia es la convocatoria de los muertos
y la conversación con ellos, como lo muestra su etimología; porque
deriva de la palabra griega Nekros, que significa cadáver, y Manteia,
que quiere decir adivinación. Y esto lo logran operando cierto
hechizo sobre la sangre de un hombre o de algún animal, sabiendo
que el demonio se deleita en tal pecado, y adora la sangre y su
derramamiento. Por lo cual, cuando creen que llaman a los muertos
del infierno para responder a sus preguntas, quienes se presentan
y ofrecen esas respuestas son los demonios con el aspecto de los
muertos. Y de este tipo fue el arte de la gran pitonisa de que
se habla en I Reyes, xxviii quien levantó a Samuel, por instancias
de Saúl. Pero no se piense que estas prácticas son legales porque
las Escrituras registren que el alma del Profeta justo, llamado
del Hades para predecir el hecho de la inminente guerra de Saúl,
se apareció por intermedio de una mujer que era una bruja. Porque,
como dice San Agustín a Simpliciano: no es absurdo creer que fuese
permitido por alguna dispensa, no por la potencia de una arte
mágica, sino por alguna dispensa oculta, desconocida por la pitonisa
o por Saúl, que el espíritu de ese hombre justo apareciera ante
la vista del rey, para pronunciar contra él la sentencia Divina.
O bien no fue en verdad el espíritu de Samuel arrancado de su
descanso, sino algún fantasma e ilusión imaginaria de los demonios,
provocada por las maquinaciones del diablo; y las Escrituras llaman
a este fantasma con el nombre de Samuel, tal como las imágenes
de las cosas se denominan por los nombres de las cosas que representan.
Esto lo dice en su respuesta s, la pregunta de si la adivinación
por invocación de los demonios es legal En la misma Summa el lector
encongará la respuesta a la pregunta de si existen grados de profecía
entre los Beatos, y puede remitirse a San Agustín, xxvi, 5. Pero
esto tiene poco que ver con los actos de las brujas, que no conservan
en sí vestigios de piedad, como resulta evidente de una consideración
de sus obras, pues no dejan de derramar sangre Inocente, sacar
a la luz cosas ocultas, bajo la guía de los demonios, y al destruir
el alma con el cuerpo, no perdonan a los vivos ni a los muertos.
La Oniromancia puede practicarse de dos maneras. La primera es
cuando una persona, usa los sueños para poder hundirse en lo oculto
con la ayuda de la revelación de demonios invocados con él, con
quienes ha firmado un pacto abierto. La segunda es cuando un hombre
usa los sueños para conocer el futuro, en la medida en que existe
en los sueños tal virtud procedente de la revelación Divina, de
una causa natural intrínseca o extrínseca; esa adivinación no
sería ilegal Así dice Santo Tomás. Y para que los predicadores
cuenten por lo menos con un núcleo de una comprensión de este
asunto, debemos hablar primero de los ángeles. Un ángel tiene
poderes limitados, y puede revelar el futuro con más eficacia
cuando la 71 mente se encuentra adaptada a esas revelaciones,
que cuando no lo está. Ahora bien, ante todo la mente se halla
adaptada de ese modo después del aflojamiento del movimiento exterior
e interior, como cuando las noches son silenciosas y se aquietan
los vapores del movimiento; y estas condiciones se cumplen cerca
dei alba, cuando se ha completado la digestión. Y digo esto de
nosotros, pecadores, a quienes los ángeles, en su Divina piedad,
y en ejecución de sus oficios, revelan ciertas cosas, de modo
que cuando estudiamos a la hora del alba se nos ofrece la comprensión
de ciertos aspectos ocultos de las Escrituras. Pues un ángel bueno
preside nuestra comprensión, tal como Dios rige nuestra voluntad,
y los astros dominan nuestro cuerpo. Pero a ciertos hombres más
perfectos el ángel puede revelarles cosas en cualquier hora, estén
despiertos o dormidos. Sin embargo, según Aristóteles, de Somno
et Vigilia, tales hombres son más capaces de recibir revelaciones
en un momento que en otro, y así ocurre en todos los casos de
Magia. Segundo, hay que señalar que ocurre, por el cuidado de
la naturaleza y la regulación del cuerpo, que ciertos hechos futuros
tienen su causa natural en los sueños de un hombre. Y entonces
estos sueños o visiones no son causas, como se dijo en el caso
de los ángeles, sino sólo señales de lo que le ocurrirá a un hombre
en el futuro, como en el caso de la salud, la enfermedad o el
peligro. Y esta es la opinión de Aristóteles. Porque en los sueños
del espíritu la naturaleza imagina la disposición del corazón,
por la cual la enfermedad o cualquier otra cosa acaece de manera
natural al hombre, en el futuro. Pues si un hombre sueña con fuegos,
es señal de una índole colérica; si de volar o de otra cosa semejante,
señal de disposición sanguínea; si sueña con agua o cualquier
otro liquido, es signo de un humor flemático, y si sueña con cosas
terrenas, señal de una disposición melancólica. Y por lo tanto
los médicos reciben a menudo ayuda de los sueños en sus diagnósticos
( como dice Aristóteles en el mismo libro). Pero estas son cosas
leves en comparación con los sueños impíos de las brujas. Pues
cuando no desean, como se mencionó antes, ser trasladadas físicamente
a un lugar, sino ver qué hacen las otras brujas, tienen por costumbre
recostarse sobre el flanco izquierdo de su propio nombre y en
el de todos los demonios; y estas cosas se revelan a su visión,
en imágenes. Y si tratan de conocer algún secreto, para sí o para
otros, lo conocen en sueños, gracias al demonio, por razón de
un pacto abierto, no tácito, firmado con él. Y por lo demás,-
éste pacto no es simbólico, realizado por el sacrificio de -algún
animal, o por un acto de sacrilegio, o por la adoración de algún
culto extraño, sino que es una verdadera ofrenda de sí mismas,
en cuerpo y alma, al demonio, por la abnegación de la Fe, pronunciada
en forma sacrílega e interiormente intencional. Y no conformes
con esto, inclusive matan, u ofrecen a los demonios, sus propios
hijos y los ajenos. Otra especie de adivinación es la que practican
las pitonisas, así llamadas por Apolo Pitio, de quien se dice
que fue el origínador de este tipo de adivinación, según San Isidoro.
Ello no se efectúa por sueños o por conversaciones con los muertos,
sino por medio de hombres vivos, como en el caso de quienes son
azotados por el demonio hasta el frenesí, por su voluntad o contra
ella, sólo con el fin de predecir el futuro, y no para la perpetración
dé ninguna otra monstruosidad. A esta clase pertenecía la joven
mencionada en Hechos, xvi, quien gritó a los Apóstoles que eran
los servidores del Dios verdadero; y San Pablo, encolerizado por
esto, ordenó que el espíritu saliera de ella. Pero está claro
que no 72 hay comparación entre tales cosas y los actos de las
brujas, que según San Isidoro se llaman así por la magnitud de
sus pecados y la enormidad de sus crímenes. Por lo cual, con vistas
a la brevedad, no hace falta continuar este argumento respecto
de las formas menores de adivinación, ya que se demostró en relación
con las formas mayores. Porque el predicador, si lo desea, puede
aplicar estos argumentos a las otras formas de adivinación: a
la Geomancia, que se ocupa de las cosas terrenas, como el hierro
o la piedra pulida; la Hidromancia, que trata del agua y los.
cristales; la Aeromancia, que se ocupa del aire; la Piromancia,
que se refiere al fuego; el Augurio, que tiene que ver con las
entrañas de los animales sacrificados en los altares del demonio.
Pues aunque todo esto se hace por medio de una franca invocación
de los demonios, no se los puede comparar con los delitos de las
brujas, ya que no tienen el objetivo directo de dañar a los hombres,
los animales o los frutos de la tierra, sino sólo la previsión
del futuro. Los otros tipos de adivinaciones, que se ejecutan
con una invocación tácita, pero no abierta, de los demonios, son
la Horoscopía o Astrología, así llamada por la consideración de
los astros en el momento del nacimiento; las acciones de los Arúspices,
que observan los' días y las horas; los Augurios, que observan
la conducta y los gritos de las aves; los Presagios, que estudian
las palabras de los hombres; y la Quiromancia, que analiza las
líneas de la marco o de las patas de los animales. Quien lo desee,
puede remitirse a las enseñanzas de Nider, y encontrará truchas
aclaraciones en lo referente a cuándo son legales estas cosas,
y cuándo no. Mas los actos de las brujas nunca son legales. PREGUNTA.
Comparación de sus delitos, según catorce rubros, con los pecados
de los demonios de todos los tipos y de cada uno. Tan horrendos
son los delitos de las brujas que inclusive superan sus pecados
y la caída de los ángeles malos; y si esto es así en cuanto a
su culpa, ¿cómo no habría de serlo en lo que se refiere a sus
castigos en el infierno? Y no es difícil demostrarlo mediante
varios argumentos referentes a sus culpas. Y primero, aunque el
pecado de Satán es imperdonable, ello no se debe a la magnitud
de su delito, teniendo en cuenta la naturaleza de los ángeles,
con especial atención hacia la opinión de quienes dicen que los
ángeles fueron creados sólo en estado de naturaleza, y nunca en
estado de gracia. Y como el bien de la gracia supera el bien de
la naturaleza, los pecados de quienes caen de un estado de gracia,
como las brujas al negar la fe que recibieron en el bautismo,
superan los pecados de los ángeles. Y aunque decimos que los ángeles
fueron creados, pero no confirmados, en gracia, así también las
brujas, aunque no fueron creadas en gracia, cayeron de ésta por
su propia voluntad, tal como Satán pecó por la suya propia. Segundo,
se admite que el pecado de Satán es imperdonable por varias otras
razones. Porque San Agustín dice que pecó por instigación de nadie,
y por lo tanto, y con justicia, su pecado es remediable por nadie.
Y San Juan Damasceno dice que pecó en su comprensión contra el
carácter de Dios; y que su pecado fue mayor debido a la nobleza
de su entendimiento. Pues el criado que conoce la voluntad de
su amo, etc. La misma autoridad afirma que, dado que Satán es
incapaz de arrepentimiento, es también incapaz de perdón; y ello
se debe a su naturaleza, que por ser espiritual, sólo podía ser
modificada una vez, cuando la modificó para siempre; pero no es
así en el caso de los hombres, en quienes la, carne siempre 73
lucha contra el espíritu. O porque pecó en las altas esferas del
cielo, en tanto que el hombre peca en la tierra. Pero a despecho
de todo esto, su pecado es en muchos sentidos pequeño en comparación
con los delitos de las brujas. Primero, como lo mostró San Anselmo
en uno de sus Sermones, pecó en su orgullo cuando todavía no existía
castigo para el, pecado. Pero las brujas siguen pecando después
que a menudo se han infligido grandes castigos a muchas otras
brujas, y luego de que los castigos que les enseña la iglesia
han sido infligidos por causa del demonio y su caída; y se burlan
de todo ello, y se apresuran a cometer, no los pecados menos mortales,
como otros pecadores que pecan por enfermedad o maldad, pero no
por malicia habitual, sino más bien los delitos más horribles,
por la profunda malicia de su corazón. Segundo, aunque el ángel
malo cayó de la, inocencia en la culpa, y de ahí en la desdicha
y el castigo, cayó de la inocencia sólo una, vez, de tal modo
que jamás recuperó la inocencia por el bautismo, y vuelve a caer,
y cae muy hondo. Y es así en especial con las brujas, como lo
demuestran sus delitos. Tercero, pecó contra el Creador; pero
nosotros, y en particular las brujas, pecamos contra el Creador
y el Redentor. Cuarto, abandonó a Dios, quien le permitió pecar
pero no le otorgó piedad; en tanto que nosotros, y ante todo las
brujas, nos apartamos de Dios por nuestros pecados, mientras que,
a pesar de su permiso de nuestros pecados, É1 nos muestra siempre
piedad y nos protege en Sus incontables beneficios. Quinto, cuando
pecó, Dios lo rechazó sin mostrarle gracia, en tanto que nosotros,
los desdichados, corremos al pecado aunque Dios nos pide siempre
que huyamos de él. Sexta, mantiene su corazón enardecido contra
un castigador, pero nosotros contra un piadoso persuasor. Ambos
pecamos contra' Dios, pero él contra un Dios que ordena, y nosotros
contra uno que muere por nos, a Quien, como dijimos, las malvadas
brujas ofenden ante todo. LAS SOLUCIONES DE LOS ARGUMENTOS VUELVEN
A DECLARAR LA VERDAD POR COMPARACIÓN A los argumentos. La respuesta
al primero está clara por lo que se dijo al principio de toda
esta pregunta. Se afirmó que un pecado debería considerarse más
intenso que otro, y que los pecados de las brujas son mayores
que todos los demás respecto de la culpa, pero no de los castigos
que implican. A esto debe decirse que el castigo de Adán, lo mismo
que su culpa, tienen que considerarse de dos maneras: o bien referidos
a él en forma personal, o bien referidos al conjunto de la naturaleza,
es decir, de la posteridad que vino tras él. En cuanto a lo primero,
mayores pecados se cometieron después de Adán, pues éste sólo
pecó al hacer lo que era malo, no por sí mismo, sino porque estaba
prohibido; pero la fornicación, el adulterio y el asesinato son
en ambos sentidos pecados por sí mismos, y porque están prohibidos.
Por lo cual esos pecados merecen el mayor castigo. 74 En cuanto
a lo segundo, es verdad que el mayor castigo resultó del primer
pecado; pero esto sólo es cierto de modo indirecto, ya que por
medio de Adán toda la posteridad fue infectada por el pecado original,
y él fue el primer padre de todos aquellos a quienes el único
Hijo de Dios pudo perdonar por el poder que estaba ordenado. Más
aun, en su propia persona, con la mediación de la gracia Divina,
Adán se arrepintió, y después fue salvado por el Sacrificio de
Cristo. Pero los pecados de las brujas son muchísimo mayores,
ya que no se conforman con sus propios pecados y perdición, sino
que siempre arrastran a muchos otros tras ellas. Y tercero, de
lo dicho se sigue que por accidente el pecado de Adán implicó
el mayor daño. Pues encontró la naturaleza incorrupta, y era inevitable,
y no por su voluntad, que la dejase inoculada; por lo cual no
se sigue que su pecado fuese mayor que otros en términos intrínsecos.
Y una vez más, la posteridad habría cometido el mismo pecado si
hubiese encontrado la naturaleza en el mismo estado. De igual
manera, quien no encontró la gracia no comete un pecado tan mortal
como quien la encontró y la perdió. Esta es la solución de Santo
Tomás (II, 2, art. 2), en su solución del segundo argumento. Y
si alguien desea entender a fondo esta solución, debe considerar
que aunque Adán haya conservado su inocencia primitiva, no la
habría trasmitido a toda la posteridad; porque como dice San Anselmo,
quien viniese detrás de él también habría podido pecar. Véase
también Santo Tomás, 20, donde considera si los niños recién nacidos
habrían sido confirmados en gracia, y en 101, si los hombres ahora
salvados lo habrían sido si Adán no hubiese pecado. PREGUNTA.
Aquí sigue el método de predicar y discutir contra los cinco argumentos
de los legos y de la gente lasciva, que parecen contar con diversas
aprobaciones, en el sentido de que Dios no concede tan gran poder
al demonio y a las brujas como el que implica la ejecución de
tan poderosas obras de brujería. Por último, que el predicador
se arme contra ciertos argumentos de los legos, y aun de algunos
hombres sabios, quienes niegan, hasta cierto punto, que existan
brujas. Pues si bien admiten la malicia y poder del demonio para
infligir esos daños a voluntad, niegan que se le conceda el permiso
Divino, y no admiten que Dios tolere que se hagan esas cosas.
Y aunque carecen de método en su argumento, y andan a tientas
ora hacia un lado, ora hacia el otro, es necesario reducir sus
afirmaciones a cinco argumentos, de los cuales nacen todas sus
cavilaciones. Y el primero es que Dios no permite que el demonio
ataque a los hombres con tan grande potencia. La pregunta que
se formula es de si el permiso Divino debe acompañar siempre un
daño causado por el demonio por intermediación de una bruja. Y
se presentan cinco argumentos para demostrar que Dios no lo permite,
y que por lo tanto no hay brujería en el mundo. Y el primer argumento
se toma de Dios;. el segundo, del demonio; el tercero, de la bruja;
el cuarto, de la dolencia asignada a la brujería; y el quinto,
de los predicadores y jueces, en la suposición de que predicaron
contra las brujas, y las castigaron tanto que no tendrán seguridad
en su vida. Y ante todo lo que sigue: Dios puede castigar a los
hombres por sus pecados, y los castiga con la espada, el hambre
y las plagas, así como con diversas e incontables enfermedades
a que está sometida la naturaleza humana. Por lo cual, como no
necesita agregar otros castigos, no permite la brujería. 75 Segundo,
si lo que se dice del demonio fuese cierto, a saber, que puede
obstruir la capacidad de engendrar, de manera que una mujer no
pueda concebir, o que si concibe él provoque un aborto; o que
si no hay aborto, puede hacer que !os niños sean muertos después
del nacimiento; en ese caso podría destruir al mundo entero, y
también podría decirse que las obras del demonio son más fuertes
que las de Dios, ya que el Sacramento del Matrimonio es obra de
Dios. Tercero, argumentan, a partir del hombre mismo, de que si
existiera brujería en el mundo, algunos hombres estarían más embrujados
que otros, _y que es un falso argumento decir que los hombres
están embrujados como castigo de sus pecados, y por lo tanto es
falso mantener que existe la brujería en el mundo. Y demuestran
que es falso mediante el argumento de que, si fuese cierto, los
más grandes pecadores recibirían el mayor castigo, y ello no es
así, pues los pecadores son castigados a veces menos que los justos,
como se advierte en el caso de los niños inocentes, supuestamente
hechizados. Su cuarto argumento puede agregarse a lo que aducen
respecto de Dios; a saber, que una cosa que un hombre puede impedir
y no lo hace, sino que permite que suceda, puede considerarse
que procede de su voluntad._ Pero como Dios es Todo Bondadoso,
no puede desear el mal, y en consecuencia no puede permitir que
se haga el mal que É1 es capaz de impedir. Y una vez más, tomando
su argumento del daño mismo, que se supone debido a la brujería,
declaran que es similar a las debilidades y defectos naturales,
y por lo tanto puede ser causado por un defecto natural. Pues
puede ocurrir, por algún defecto natural, que un hombre se vuelva
cojo, o ciego, o pierda la razón, o inclusive muera, por lo cual
estas cosas no pueden asignarse con certeza a las brujas. Por
último, argumentan que los predicadores y jueces predicaron y
practicaron contra las brujas de tal manera, que si fueran brujas,
sus vidas jamás estarían a salvo de ellas, debido al gran odio
que las brujas abrigarían contra ellos. Pero los argumentos contrarios
pueden tomarse de la Primera Pregunta, donde trata del tercer
postulado de la Primera Parte; y se pueden proponer a las personas
los puntos más convenientes. De cómo Dios permite que exista el
mal, aunque Él no lo desea, pero lo permite para la maravillosa
perfección del universo, que puede considerarse en el hecho de
que las cosas buenas son más altamente elogiables, más placenteras
y laudables, cuando se las compara con las cosas malas; y pueden
citarse autoridades en respaldo de esto. También, que la profundidad
de la sabiduría, justicia y bondad Divinas de Dios deberían exponerse,
ya que de lo contrario permanecerían ocultas. Para una breve solución
de este interrogante existen varios tratados disponibles sobre
el tema, para información de la gente, a saber, en el sentido
de que Dios permitió dos Caídas, la de los ángeles y la de nuestros
primeros padres; y como éstas fueron las mayores de todas las
caídas, no es extraño que se permitan otras menores. Pero estas
dos Caídas fueron mayores en sus consecuencias, no en sus circunstancias,
en cuyo último sentido, como se mostró en la última Pregunta,
los pecados de las brujas superan los de los ángeles malos y los
de nuestros primeros padres. En el mismo lugar se muestra que
Dios permitió con justicia las primeras 76 Caídas, y cualquiera
puede reunir y ampliar lo que allí se dice, tanto como lo desee.
Pero debemos responder a sus argumentos. En cuanto al primero,
de que Dios castiga bastante por medio de enfermedades naturales,
y por la espada y el hambre, damos una triple respuesta. Primero,
que Dios no limitó Su poder al proceso de la naturaleza, o siquiera
a las influencias de los astros, de tal manera que no pudiese
ir más allá de esos límites, pues a menudo los superó en el castigo
de los pecados, al enviar plagas y otros castigos fuera de la
influencia de los astros; y cuando castigó e¡ pecado de orgullo
en David, cuando contó a su pueblo, al enviar una peste contra
el pueblo. Segundo, conviene con la Sabiduría Divina que Él gobierne
de tal modo las cosas, que les permita actuar por su propia instigación.
Por consiguiente, no tiene el objetivo de impedir por completo
la malicia del demonio, sino más bien permitirla hasta donde la
considera necesaria para el bien final del universo, aunque es
cierto que el demonio se ve constantemente frenado por los ángeles
buenos de forma que no pueda impedir todo el daño que desea. De
la misma manera, Él no se propone limitar los pecados humanos
que son posibles para el hombre gracias a su libre albedrío, tales
como el de renegar de la Fe y su dedicación al demonio, cosas
que se encuentran en el poder de la voluntad humana. De estas
dos premisas se sigue que cuando Dios está más ofendido, permite
los males que ante todo buscan las brujas, y por los cuales reniegan
de la Fe, en la medida del poder del demonio; y tal es la capacidad
de dañar a los hombres, los animales y los frutos de la tierra.
Tercero, Dios permite los males que de modo indirecto provocan
la mayor inquietud y tormento al demonio; y de tal tipo son los
efectuados por las brujas mediante el poder de los demonios. Porque
el diablo se atormenta mucho, de manera indirecta, cuando ve que,
contra su voluntad, Dios usa todo mal para gloria de Su nombre,
para alabanza de la Fe, para purificación de los elegidos y para
la adquisición de méritos. Pues es cierto que nada puede ser más
irritante para el orgullo del demonio, que siempre se eleva contra
Dios (como se dice: el orgullo de quienes te odian aumenta sin
cesar), que el hecho de que Dios utilice sus malévolas maquinaciones
para Su propia gloria. Por consiguiente, Dios permite todas estas
cosas. Su segundo argumento ya fue contestado antes; pero hay
dos puntos en los cuales se lo debe responder en detalle. En primer
lugar, lejos de ser cierto que el demonio o sus obras son más
fuertes que Dios, resulta evidente que su poder es pequeño, ya
que nada puede hacer sin el permiso Divino. Por lo cual puede
decirse que el poder del diablo es pequeño en comparación con
el permiso Divino, aunque muy grande en comparación con los poderes
terrenales a los que, por supuesto, supera, como se muestra en
el texto, tantas veces citado, de Job, vi: "No hay en la tierra
poder que se compare con él". En segundo lugar, debemos contestar
al interrogante de por qué Dios permite que la brujería afecte
la capacidad de engendrar, más que ninguna otra función humana.
Esto ya sé trató antes, pues se debe a lo vergonzoso del acto,
y al pecado original correspondiente a la culpa de nuestros primeros
padres que se eleva por 77 medio de ese acto. También se simboliza
por la serpiente, que fue el primer instrumento del demonio. A
su tercer argumento respondemos que el demonio tiene más intención
y deseo de tentar a los buenos que a los malvados; aunque en verdad
tienta a los malvados más que a los buenos, porque los primeros
tienen más aptitud que éstos para responder a su tentación. De
la misma manera, se muestra más ansioso de dañar a los buenos
que a los malos, pero le resulta más fácil dañar a los segundos.
Y la razón de esto, según San Gregorio, es que cuanto más a menudo
cede un hombre al demonio, más difícil le resulta luchar contra
él. Pero como los malvados son quienes con más frecuencia ceden
al demonio, sus tentaciones son las más intensas y frecuentes,
ya que carecen del escudo de la Fe para protegerse. Acerca de
este escudo, San Pablo habla en Efesios, vi. Ante todo, tomando
el escudo de la Fe, con él podáis apagar todos los dardos de fuego
del maligno. Pero por otro lado, ataca a los buenos con más encono
que a los malos. Y la razón es que ya posee a estos últimos, mas
no a los primeros; y por lo tanto se esfuerza por atraer a su
poder a los justos por medio de tribulaciones, pues no son suyos,
y no tanto a los malvados; que ya le pertenecen. De la misma manera,
un príncipe de la tierra castiga con más severidad a quienes desobedecen
sus leyes o perjudican a su reino, que a quienes no se oponen
a él. En respuesta a su cuarto argumento, además de lo que se
escribió al respecto, el predicador puede exponer la verdad de
que Dios permite que el mal se haga, pero que no lo desea, me
diente los cinco signos de la voluntad Divina, que son el Precepto,
la Prohibición, el Consejo, la Acción y el Permiso. Véase Santo
Tomás, en especial en su Primera Parte, Pregunta 18, ad. 12, donde
esto se expone con suma claridad. Pues aunque existe una sola
voluntad en Dios, que es Dios Mismo, Su voluntad se nos muestra
y señala de muchas maneras, como dice el Salmo: las poderosas
obras del Señor se cumplen en todos Sus deseos. Por lo cual hay
una diferencia entre la verdadera y esencial Voluntad de Dios
y sus efectos visibles; ya que la voluntad, propiamente dicha,
es la voluntad del buen placer de un hombre, pelo en un sentido
metafórico es la voluntad expresada por signos exteriores. Pues
por medio de signos y metáforas se nos muestra que Dios desea
que eso sea así. Podemos tomar un ejemplo de un padre humano quien,
si bien posee una sola voluntad, la expresa de cinco maneras,
ya sea por sí mismo, o por medio de algún otro. Por sí mismo la
expresa de dos modos, directo o indirecto. Directo, cuando él
mismo hace una cosa; y entonces es una Acción. Indirecto, cuando
no impide que algún otro actúe (véase la Física de Aristóteles,
IV: la prohibición es causación indirecta), y esto se denomina,
la señal del Permiso. Y el padre humano señala su voluntad por
medio de algún otro, de tres formas. O bien ordena que alguien
haga algo, o, a la inversa, prohibe algo; y estos son los signos
del Precepto y la Prohibición. O persuade y aconseja a alguien
que haga algo, y esta es la señal del Consejo. Y tal como la voluntad
humana se manifiesta de estas tincó maneras, lo mismo ocurre con
la voluntad de Dios. Pues el hecho de que la voluntad de Dios
se muestra por Precepto, Prohibición y Consejo se ve en San Mateo,
vi: "Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la
tierra", es decir, cumplamos en la tierra Sus Preceptos, evitemos
Sus Prohibiciones y sigamos Sus Consejos. Y de la misma manera,
San Agustín muestra que el Permiso y la Acción son señales de
la voluntad de Dios, cuando dice, en el Enquiridión: nada se hace
que Dios 78 Todopoderoso no desee que se haga, bien por su permiso
o porque lo hace >1 mismo. Para volver al argumento; es muy cierto
que cuando un hombre puede impedir una cosa, y no lo hace, puede
decirse que esa cosa procede de su voluntad. Y la inferencia de
que Dios, siendo todo Bondad, no puede desear el mal, también
es cierta respecto del verdadero Buen Placer de la Voluntad de
Dios, y también en relación con cuatro de los signos de Su Voluntad;
pues ni falta hace decir que >;1 no puede hacer el mal, ni ordenar
que se lo haga, ni dejar de oponerse al mal, ni aconsejar el mal;
sin embargo, puede permitir que se lo haga, Y si se pregunta cómo
es posible distinguir si una enfermedad es causada por brujería
o por algún otro defecto físico natural, contestamos que existen
varios métodos. Y el primero es por medio del juicio de los Doctores.
Véase las palabras de San Agustín Sobre la doctrina cristiana:
a esta clase de superstición corresponden todos los encantamientos
y amuletos colgados o atados de la persona, que la escuela de
Medicina desprecia. Por ejemplo, los doctores puede percibir por
las circunstancias, tales como la edad del paciente, su contextura
sana y la reacción de sus ojos, que su enfermedad no es producto
de ningún defecto de la sangre o del estómago, o de cualquier
otra dolencia; y por lo tanto juzgan que no se debe a un defecto
natural, sino a alguna causa extrínseca. Y como ésta no podría
ser una infección venenosa, que iría acompañada por malos humores
en la sangre y el estómago, tienen motivos suficientes para juzgar
que se debe a un acto de brujería. Y segundo, cuando la enfermedad
es incurable, de modo que el paciente no encuentra alivio en las
drogas, sino que éstas parecen más bien agravarlo.' Tercero, el
mal puede caer tan de repente sobre un hombre, que sólo sea posible
asignarlo a brujería. Se nos ha hecho conocer un ejemplo de cómo
esto le ocurrió a un hombre. Cierto ciudadano de Spires, bien
nacido, tenia una esposa de índole tan obstinada, que, si bien
trataba de complacerla de todas las maneras, ella se negaba casi
siempre a cumplir con sus deseos y lo perseguía con injurias y
denuestos. Sucedió que, al entrar un día en su casa, y su esposa
atacarlo como de costumbre, con palabras oprobiosas, él quiso
salir de la casa para evitar la pendencia. Pero ella se le adelantó
con rapidez y echó llave a la puerta por la cual quería salir.
Y juró en voz alta que, si no la castigaba, no había en él honradez
ni fidelidad. Ante estas fuertes palabras, él estiró la mano,
sin intención de herirla, y la golpeó con suavidad, con la palma
abierta, en la nalga; ante lo cual, de pronto, cayó al suelo,
y perdió el sentido, y guardó cama durante muchas semanas, aquejado
de una gravísima enfermedad. Resulta evidente que no era una enfermedad
natural, sino provocada por alguna brujería de la mujer. Y han
ocurrido muchos casos parecidos, conocidos por muchos. Existen
algunos que pueden distinguir estas dolencias por medio de cierta
práctica, que es como sigue. Sostienen plomo fundido sobre el
hombre enfermo, y lo vierten en un cuenco de agua. Y si el plomo
se condensa en alguna imagen, juzgan que la enfermedad se debe
a brujería. Y cuando a esos hombres se les pregunta si la imagen
así formada es causada por obra de los demonios, o si se debe
a una causa natural, responden que es producto del poder de Saturno
sobre el plomo, ya que la influencia de ese planeta es maligna
en otros sentidos, y puesto que el sol tiene un poder similar
sobre el oro. Pero lo que debería pensarse 79 acerca de esta práctica,
y de si es legal o no, se analizará en la Segunda Parte de este
Tratado. Porque los Canonistas dicen que es legal que la vanidad
sea confundida por la vanidad; pero los Teólogos sostienen una
opinión contraria, y afirman que no es correcto hacer el mal para
obtener el bien. En su último argumento postulan varios objetos.
Primero, ¿por qué las brujas no se enriquecen? Segundo, ¿por qué,
ya que cuentan con el favor de los príncipes, no cooperan en la
destrucción de todos sus enemigos? Tercero, ¿por qué son incapaces
de dañar a los Predicadores y a otros que las persiguen? En cuanto
a lo primero, hay que decir que en general las brujas no son ricas
por esta razón: que a los demonios les agrada mostrar su desprecio
por el Creador comprando a las brujas por el más bajo precio posible.
Y además, para que no se destaquen por sus riquezas. Segundo,
no dañan a los príncipes porque, hasta donde sea posible, desean
conservar su amistad. Y si se pregunta por qué no hieren a sus
enemigos, se responde que un ángel bueno, que trabaja del otro
lado, impide esa brujería. Compárese el pasaje de Daniel: "El
príncipe de los persas se puso contra mí veintiún días". Véase
Santo Tomás en el Segundo Libro de sentencias, donde debate si
existe alguna pugna entre los ángeles buenos, y de qué tipo. Tercero,
se dice que no pueden herir a los inquisidores y otros funcionarios,
porque dispensan la justicia pública. Se podrían presentar muchos
ejemplos para demostrarlo, pero el tiempo no lo permite.
SEGUNDA PARTE La segunda parte, que tarta de los
métodos por medio de los cuales se obra la brujería, y de cómo
puede eliminársela auspiciosamente RESULTA EN DOS ÚNICAS PREGUNTAS
PREGUNTA UNO De aquellos contra quienes el poder
de las brujas de nada sirve La segunda parte de esta obra trata
del método de procedimiento adoptado por las brujas para la ejecución
de sus brujerías; y se distinguen según nueve rubros, nacidos
de dos dificultades principales. La primera de las dos, tratada
al comienzo, se refiere a los remedios protectores gracias a los
cuales un hombre queda inmunizado contra la brujería: la segunda,
tratada al final, se refiere a los remedios curativos mediante
los cuales se puede curar a los embrujados. Pero como dice Aristóteles
(Física, IV), la prevención y la cura se relacionan entre sí,
y son, accidentalmente, asuntos de causación. De este modo quedará
clara toda la base de esta horrible herejía. En las dos divisiones
precedentes se destacarán ante todo los siguientes puntos. Primero,
la iniciación de las brujas y su profesión de sacrilegio. Segundo,
el avance de su método de trabajo y de sus horribles observancias.
Tercero, las protecciones preventivas contra sus brujerías. Y
como ahora tratamos de asuntos vinculados con la moral y la conducta,
y no hace falta, una variedad de argumentos y disquisiciones,
ya que las materias que ahora siguen bajo sus títulos han sido
lo bastante analizadas en las preguntas precedentes, rogamos a
Dios que el lector no busque pruebas en cada caso, ya que basta
con presentar ejemplos que han sido vistos u oídos en personas,
o que son aceptados bajo palabra de testigos fieles. En el primero
de los puntos mencionados se examinarán ante todo dos temas: primero,
los distintos métodos de atracción que adopta el demonio mismo;
segundo, las diversas maneras en que las brujas profesan su herejía.
Y en el segundo de los puntos principales se examinarán por orden
cuatro materias relacionadas con el procedimiento de la brujería
y su cura. Primero, las prácticas de las brujas respecto de sí
mismas y de su propio cuerpo. Segundo, sus prácticas con referencia
a otros hombres. Tercero, los tipos de brujería que se practican
sólo por hombres, y no por mujeres; cuarto, el problema de eliminar
la brujería, y de cómo puede curarse a los embrujados. Por lo
tanto, la primera pregunta se divide en dieciocho temas, ya que
en otras tantas formas son variadas y múltiples sus observancias.
Se pregunta si un hombre puede ser bendecido de tal manera por
los ángeles buenos, que las brujas no puedan encantarlo de ninguno
de los modos que siguen. Y parece que no puede, pues ya se mostró
que inclusive los puros e inocentes y justos son a menudo atacados
por los demonios, como ocurrió en Job; y se advierte que muchos
niños inocentes, así como innúmeros hombres justos son hechizados,
aunque no en la misma medida que los pecadores; pues no resultan
dañados en la perdición de su alma, sino sólo en sus bienes terrenales
y en su cuerpo. Pero lo contrario lo indican las confesiones de
las brujas, a saber, que no pueden dañar a nadie, sino sólo a
aquellos de quienes saben, por información de los demonios, que
carecen de la ayuda Divina. Respuesta: hay tres clases de hombres
bendecidos por Dios a quienes esa detestable raza no puede lesionar
con su brujería. Y la primera son las de quienes administran la
justicia pública contra ellas, o las enjuician en cualquier condición
oficial pública. La segunda es la de quienes, según los ritos
tradicionales y santos de la iglesia, hacen empleo legal del poder
y la virtud que la iglesia, por sus exorcismos, proporciona en
la aspersión del Agua Bendita, la aceptación de la sal consagrada,
el trasporte de los cirios bendecidos el Día de la 3 Purificación
de nuestra Señora, de las hojas de palma en el Domingo de Ramos,
y los hombres que de tal modo se fortalecen actúan de tal manera,
que los poderes de los demonios quedan disminuidos; y de ellos
hablaremos más adelante. La tercera es la de quienes, de distintas
e infinitas formas, son bendecidos por los santos ángeles. La
razón para ello en la primera clase se dará y demostrará en distintos
ejemplos. Pues ya que, como dice San Pablo, todo el poder proviene
de Dios, y es una espada para la venganza contra los malvados
y la recompensa de los justos, no es extraño que los demonios
sean mantenidos a raya cuando se hace Justicia para vengar ese
horrible crimen. En el mismo sentido, los Doctores señalan que
hay cinco modos en que el poder del demonio es obstaculizado en
todo o en parte. Primero mediante un límite fijado por Dios a
su poder, como se ve en Job, i y a. Otro ejemplo es el caso del
hombre del cual leímos en el Formicarius de Nider, quien confesó
a un juez que había llamado al demonio para poder matar a un enemigo
suyo, o causarle daño físico, o herirlo de muerte por un rayo.
Y dijo: "Cuando invoqué al demonio para cometer semejante hecho
con su ayuda, me respondió que no podía hacer ninguna de esas
cosas, porque el hombre tenía buena fe y se defendía con diligencia,
con la señal de la cruz; y que por lo tanto no podía dañarlo en
su cuerpo, sino que lo más que podía hacer era destruir la undécima
parte de los frutos de sus tierras". Segundo, es obstaculizado
por la aplicación de alguna fuerza exterior, como en el caso del
asno de Balaam, Números, XXIII Tercero, por algún milagro de poder
de ejecución exterior. Y hay algunos bendecidos con un privilegio
singular, como se mostrará más adelante, en el caso de la tercera
clase de hombres que no pueden ser embrujados. Cuarto, por la
buena providencia de Dios, Quien dispone de cada cosa de diversos
modos, y hace que un ángel bueno se interponga en el camino del
demonio, como cuando Asmodeo mató a los siete esposos de la Virgen
Sara, pero no mató a Tobías. Quinto, a veces se debe a la cautela
del demonio mismo, pues en ocasiones no desea hacer daño, para
que lo peor se siga de ello. Como, por ejemplo, cuando puede molestar
a los excomulgados, pero no lo hace, como en el caso de los corintios
excomulgados (I, Corintios, v), para debilitar la fe de la iglesia
en el poder de ese castigo. Por consiguiente podemos decir, de
la misma forma, que, aunque los administradores de justicia pública
no estuviesen protegidos por el poder Divino, es muy frecuente
que los demonios, por su propia voluntad, retiren su apoyo y protección
a las brujas, ya sea porque temen su conversación, o porque desean
y apresuran su condenación. Este hecho también lo demuestran las
experiencias. Pues el mencionado Doctor afirma que las brujas
han atestiguado como hecho de su experiencia que sólo por haber
sido apresadas por funcionarios de la justicia pública, perdieron
en seguida todo su poder de brujería. Por ejemplo, un juez llamado
Pedro, a quien mencionamos antes, deseó que sus funcionarios arrestaran
a cierto brujo llamado Stadlin; pero sus manos fueron presas de
un temblor tan grande, y un hedor tan nauseabundo llegó a su nariz,
que abandonaron toda esperanza de atreverse a tocar al brujo.
Y el juez les ordenó, diciendo: "Pueden arrestar tranquilos al
desdichado, porque cuando lo toque a mano de la justicia pública,
perderá todo el poder de su iniquidad". Y así resultó ser, pues
fue arrestado y quemado por muchas brujerías por él perpetradas,
que se mencionan aquí y allí, en esta obra, en sus lugares correspondientes.
Y muchas más de estas experiencias nos ocurrieron a nosotros,
inquisidores, en el ejercicio de nuestras funciones inquisitoriales,
que arrebatarían el sentido del lector, hasta hacerle preguntarse
si es conveniente relatarlas. Pero como el autoelogio es sórdido
y mezquino, 4 será mejor guardar silencio sobre ellas, antes que
incurrir en el estigma de la jactancia y el engreimiento. Pero
debemos hacer una excepción con las que han llegado a ser tan
conocidas, que no se las puede ocultar. No hace mucho, en la ciudad
de Ratisbona, los magistrados condenaron a una bruja a ser quemada,
y se les preguntó por qué nosotros, los inquisidores, no éramos
atacados de brujería como los otros hombres. Respondieron que
las brujas habían intentado dañarlos muchas veces, pero no pudieron,
y al preguntárseles por la razón de ello, respondieron que no
lo sabían, como no fuese que los demonios les habían advertido
que no lo hicieran. Pues, dijeron, sería imposible decir cuántas
veces nos acosaron día y noche, ora en forma de monos, ora de
perros o cabras, y nos molestaron con sus gritos e insultos, y
nos sacaron de nuestro lecho con sus blasfemas oraciones, de modo
que llegábamos hasta el otro lado de la ventana de su cárcel,
que era tan alta, que nadie podía llegar a ella sin la más larga
de las escaleras; y entonces parecían clavarse los alfileres con
que se ceñían sus tocas, y los clavaban con violencia en la, cabeza,
y así las encontrábamos cuando nos levantábamos, como si hubieran
querido clavárnoslos en nuestra propia cabeza, pero alabado sea
Dios Todopoderoso, Quien en Su piedad, y sin ningún mérito propio,
nos ha protegido a nosotros, indignos servidores públicos de la
justicia de la Fe. La razón, en el caso de la segunda clase de
hombres, es evidente por si misma. Porque los exorcismos de la
iglesia están destinados a ello, y son remedios en todo sentido
eficaces para protegerse de los daños de las brujas. Pero si se
pregunta. de qué manera debería un hombre usar esas protecciones,
debemos hablar primero de las que se emplean sin pronunciar las
palabras sagradas, y luego de las invocaciones sagradas. Porque
en primer lugar, es legal en cualquier habitación decente de hombres
o animales asperjar el Agua Bendita para seguridad y protección
de hombres y animales, con la invocación de la Santísima Trinidad
y un Padre Nuestro. Pues se dice en el Oficio del exorcismo, que
cuando se la salpica, toda suciedad queda purificada, todo daño
ahuyentado, y ningún espíritu pestilente puede morar allí, etc.
Porque el Señor salva al hombre y al animal, según el Profeta,
cada uno a su medida. En segundo término, así como en el primero
hay que efectuar por fuerza la. aspersión, así en el caso de un
cirio Bendito, aunque es más adecuado para encenderlo, cuya cera
puede salpicarse con ventaja en las viviendas. Y tercero, es conveniente
colocar o quemar hierbas consagradas en las habitaciones en que
mejor se las puede consumir en algún lugar adecuado. Y sucedió
en la ciudad de Spires, en el mismo año en que se inició este
libro, que cierta mujer devota mantuvo una conversación con una
sospechada de bruja, y a la manera de las mujeres, usaron palabras
abusivas, la una contra la otra. Pero por la noche hizo depositar
en su cuna a su niñito de pecho, y recordó su encuentro de ese
día con la sospechosa de ser bruja. De modo que, temiendo algún
peligro para el niño, colocó hierbas consagradas debajo de él,
lo roció con Agua Bendita, le puso un poco de Sal Bendita en los
labios, lo signó con el Signo de la Cruz, y aseguró con diligencia
la cuna. En mitad de la noche oyó el llanto del niño, y como hacen
las mujeres, deseó abrazarlo y levantar la cuna hasta su cama.
Por cierto que la levantó, pero no pudo abrazar al niño, porque
no estaba allí. La pobre mujer, aterrorizada y derramando amargas
lágrimas por la pérdida de su hijo, encendió una luz y encontró
al niño en un rincón, bajo una silla, lloroso pero indemne. 5
Y en esto puede verse qué virtud tienen los exorcismos de la iglesia
contra las trampas del demonio. Es manifiesto que Dios Todopoderoso,
en Su piedad y sabiduría, que se extiende de extremó a extremo,
vigila los actos de esos hombres malvados; y que dirige con dulzura
la brujería de los demonios, de modo que cuando tratan de disminuir
y debilitar la Fe, por el contrario, la. fortalecen y la arraigan
con más firmeza en el corazón de muchos. Pues los fieles pueden
obtener gran provecho de estos males; cuando, en razón de las
obras del demonio, la fe se fortalece, se advierte la piedad de
Dios, y se manifiesta Su poder, y los hombres son llevados a Su
guarda y a la reverencia de la Pasión de Cristo, y esclarecidos
por las ceremonias de la iglesia. En una ciudad de Wiesenthal
vivía cierto alcalde embrujado por los dolores más terribles y
contorsiones físicas; y descubrió, no por medio de otros brujos,
sino por su propia experiencia, cómo se le había practicado esa
brujería. Pues dijo que tenía la costumbre de fortalecerse todos
los domingos con Sal Bendita y Agua Bendita, pero omitió hacerlo
en una ocasión debido a la celebración del matrimonio de alguien;
y ese mismo día quedó embrujado. En Ratisbona un hombre era tentado
por el demonio, en forma de mujer, para copular con ella, y se
sintió perturbado en gran medida cuando el demonio no quiso desistir.
Pero en la mente del pobre hombre surgió el pensamiento de que
debía defenderse tomando la Sal Bendita como había oído en un
sermón. De manera que tomó un poco de Sal Bendita al entrar en
el cuarto de baño, y la mujer lo miró con ferocidad, y maldijo
al demonio que le había enseñado a hacerlo, y desapareció de repente.
Porque el demonio, con permiso de Dios, puede presentarse en forma
de una bruja, o poseer el cuerpo de una bruja real. Había también
tres compañeros que se paseaban por un camino, y dos de ellos
fueron heridos por el rayo. El tercero se aterrorizó cuando escuchó
voces que hablaban en el aire: "Ataquémoslo también a él". Pero
otra, voz respondió: "No podemos, porque hoy escuchó las palabras
`el Verbo se ha hecho Carne"'. Y entendió que había sido salvado
porque ese día oyó misa, y al final de ella, el Evangelio de San
Juan: en el comienzo fue el Verbo, etcétera. También las palabras
sagradas unidas al cuerpo son maravillosamente protectoras, si
se observan siete condiciones para su uso. Pero se mencionarán
en la última pregunta de esta Segunda Parte, cuando hablemos de
las medidas curativas, tal como aquí hablamos de las preventivas.
Y esas palabras sagradas, no sólo ayudan a proteger, sino también
a curar a los embrujados. Pero la protección más segura para los
lugares, hombres o animales se encuentra en las palabras del triunfal
título de nuestro Salvador, y se las escribe en cuatro lugares
en forma de una cruz: IESUS j NAZARENUS REX IUDAEORUM . También
puede agregarse el nombre de la Virgen MARIA, y de los evangelistas,
o ' las palabras de San Juan: el Verbo se hizo Carne. Pero la
tercera clase de hombres que no puede ser dañados por las brujas
es la más notable; pues están protegidos por una custodia angélica
especial, tanto por dentro como por fuera. Por dentro, por la
infusión de la gracia; por fuera, por la virtud de los astros,
es decir, por la protección de los Poderes que mueven los astros,
y esta clase se divide en dos sectores de los Elegidos: pues algunos
están protegidos contra todo tipo de brujería, de modo que no
pueden recibir daño ninguno; y a otros los vuelven castos en especial
los ángeles buenos, respecto de la función de engendrar, tal como
los espíritus malos, con su brujería, inflaman 6 el apetito de
ciertos hombres malignos hacía una mujer, en tanto que los vuelven
fríos hacia otra. Y su protección interior y exterior, por gracia
e influencia de los astros, se explica como sigue. Pues si bien
es Dios mismo Quien vierte gracia en nuestra alma, y ninguna otra
criatura tiene un poder tan grande para hacerlo (como se dice:
el Señor dará gracia y gloria), sin embargo, cuando Dios desea
conceder una gracia especial, lo hace en forma ejecutiva, por
intermedio de un ángel bueno, como nos enseña Santo Tomás en cierto
lugar del Tercer libro de sentencias. Y esta es la doctrina formulada
por Dionisio en el cuarto capítulo de Diuinis Nominibus: tal es
la ley fija e inalterable de la. Divinidad, que lo Alto pase a
lo Bajo a través de un Medio, de modo que todo lo bueno que emane
a nosotros de la fuente de toda bondad, nos llegue por el ministerio
de los ángeles buenos. Y esto, se demuestra a la vez por medio
de ejemplos y por argumentos. Pues aunque sólo el poder Divino
fue la causa de la Concepción del Verbo de Dios en la Santísima
Virgen, a través de la cual Dios se hizo hombre, la mente de la
Virgen, por ministerio de un ángel, fue muy estimulada por la
Salvación, y por el fortalecimiento e información de su entendimiento,
con lo cual quedó predispuesta a la bondad. Esta verdad también
puede razonarse como sigue: es opinión del mencionado Doctor que
existen en el hombre tres propiedades, la voluntad, el entendimiento
y los poderes internos y externos pertenecientes a los miembros
y órganos corporales. Sobre la primera, sólo Dios puede influir,
pues el corazón del rey está en manos del Señor. Un ángel bueno
puede influir sobre la comprensión hacia un más claro conocimiento
de la verdad y la bondad, de modo que en la segunda de sus propiedades,
Dios y un ángel bueno pueden iluminar a un hombre. Lo mismo en
la tercera, un' ángel bueno puede dotar a un hombre de buenas
cualidades, y uno malo, con permiso de Dios, acosarlo con malas
tentaciones. Pero la voluntad humana tiene el poder de aceptar
esas influencias malignas o rechazarlas, y un hombre puede hacerlo
siempre mediante la invocación de la gracia dé Dios. En cuanto
a la protección exterior que proviene de Dios a través de Quienes
Mueven las estrellas, la tradición es conocida, y coincide por
igual con las Sagradas Escrituras y con la filosofía natural.
Porque todos los cuerpos celestes son movidos por poderes angélicos
que Cristo llama los que Mueven los astros, y la iglesia Poderes
de los cielos; y por consiguiente, todas las sustancias corpóreas
de este mundo están gobernadas Por influencias celestiales, como
lo atestigua Aristóteles, Metafísica, I. En consecuencia, podemos
decir que la Providencia de Dios vigila a cada uno de Sus elegidos,
pero somete a algunos de ellos a los males de esta vida para su
corrección, en tanto que protege a otros de tal modo, que no pueden
ser ofendidos. Y este don lo reciben de los ángeles buenos delegados
por Dios para su protección, o de la influencia de los cuerpos
celestes o de los Poderes que los mueven. Además hay que señalar
que algunos están protegidos contra toda brujería, y otros sólo
contra una parte de ésta. Pues algunos son purificados en especial,
por los ángeles buenos, en sus funciones genitales, de modo que
las brujas no puedan hechizarlos respecto de dichas funciones.
Pero en un sentido es superfluo escribir al respecto, aunque en
otro sentido es necesario por el siguiente motivo: pues quienes
están embrujados en su función de gestación quedan privados de
la. protección de los ángeles, de tal modo, que se encuentran
siempre en pecado mortal, o practican esas impurezas con celo
demasiado lujurioso. En ese sentido se mostró, en la Primera Parte
de esta obra, que Dios permite mayores poderes de brujería contra
esas funciones, no tanto por lo desagradables, como 7 porque fue
este acto el que provocó la corrupción de nuestros primeros padres,
y por contagio llevó la herencia del pecado original a toda la
raza humana. Pero demos unos pocos ejemplos de cómo un ángel bueno
bendice a veces a los hombres justos y santos, en particular en
el aspecto de los instintos genitales. Porque la siguiente fue
la experiencia del abate San Sereno, como lo narra Casiano en
sus Colaciones de los Padres, en la primera conferencia del abate
Sereno. Este hombre, dice, se esforzó por lograr una castidad
interior de corazón y alma, con oraciones nocturnas y diurnas,
ayunos y vigilias, hasta que al final percibió que, por gracia
Divina, había extinguido todas las oleadas de concupiscencia carnal.
Al cabo, movido por un deseo aun mayor de castidad, usó todas
las santas prácticas precedentes para rogar al Todopoderoso y
Todo Bondadoso Dios que le concediera que, por donde Dios, la
castidad que sentía en el corazón le fuese conferida a su cuerpo
de manera visible. Entonces un ángel del Señor llegó a él en una
visión nocturna, y parió abrirle el vientre, y arrancarle de las
entrañas un tumor ardiente de carne, y luego remplazar todos sus
intestinos, tales como estaban antes, y dijo: ¡He aquí que la
provocación de tu carne o sido cortada y sabe que en este día
obtuviste la per petua pureza de tu cuerpo, de acuerdo con la
oración que rezaste, de manera que nunca más volverás a ser acosado
por ese deseo natural que inclusive surge en los niños recién
nacidos y de pecho! De la misiva manera San Gregorio, en el Primer
Libro de sus Diálogos, habla del bendito abad Equicio. Este hombre,
dice, fue muy perturbado en su juventud por la provocación de
la carne; pero la congoja misma de su tentación lo hizo más celoso
aun en su aplicación a la oración. Y cuando rezaba continuamente
a Dios Todopoderoso por un remedio contra ese mal, se le presentó
un ángel, una noche, y pareció convertirlo en eunuco, y le pareció,
en su visión, que sus órganos genitales perdían toda sensación;
y desde entonces fue tan ajeno a la tentación, como si no tuviese
sexo en el cuerpo. He ahí el beneficio que existía en esa purificación;
pues estaba tan henchido de virtud, que, con la ayuda de Dios
Todopoderoso, tal como antes se destacaba entre los hombres, así
después se destacó entre las mujeres. Una vez más, en las Vidas
de los Padres, reunidas por el santísimo hombre San Heráclides
en el libro que intitula Paraíso, habla de cierto Santo Padre,
un monje llamado Helías. La piedad movió a este hombre a reunir
a treinta mujeres en un monasterio, y comenzó a regir sobre ellas.
Pero luego de dos años, cuando tenía treinta de edad, huyó de
la tentación de la carne a una ermita, y allí ayunó durante dos
días y oró a Dios: "Oh Señor Dios, mátame o líbrame de esta tentación".
Y por la, noche tuvo un sueño, y vio que tres ángeles se acercaban
a él; y le preguntaron por qué había huido del monasterio de vírgenes.
Pero cuando no se atrevió a responder, de vergüenza, los ángeles
dijeron: si quedas libre de la tentación, ¿regresarás a tu cura
de esas mujeres? Y él respondió que lo haría de muy buen grado.
Entonces le arrancaron un juramento en ese sentido, y lo convirtieron
en un eunuco. Pues uno pareció tomarlo de las manos, otro de los
pies, y el tercero cortarle los testículos con un cuchillo, aunque
esto en realidad no fue así, sino que sólo pareció serlo. Y cuando
le preguntaron si se sentía remediado, respondió que estaba liberado
por entero. De modo que al quinto día volvió a las acongojadas
mujeres y las gobernó durante los cuarenta años que continuó viviendo,
y jamás volvió a sentir una chispa de aquella primera tentación.
Y leemos que un beneficio no menor se le confirió al Beato Tomás,
un Doctor de nuestra Orden, a quien sus hermanos aprisionaron
por ingresar en esa Orden; y como deseaban tentarlo, le enviaron
una seductora ramera, suntuosamente adornada. Pero cuando el Doctor
la miró, corrió hacia el fuego material, tomó una antorcha encendida,
expulsó a la 8 máquina del fuego de la lujuria fuera de su prisión;
y postrado en oración por el don de la castidad, quedó dormido.
Dos ángeles se le aparecieron y dijeron: he aquí que por pedido
de Dios te ceñimos con un cinturón de castidad, que no puede ser
aflojado por ninguna otra de esas tentaciones; ni es posible adquirirlo
por los méritos de la virtud humana, sino que sólo se entrega
por don de Dios. Y se sintió ceñido, y tuvo conciencia del contacto
del cinturón, y lanzó un grito y despertó. Y en adelante se sintió
dotado de un tan grande don de castidad, que desde entonces aborreció
todos los deleites de la carne, de modo que ni siquiera podía
hablar con una mujer, como no fuese por obligación, y era fuerte
en su perfecta castidad. Esto lo tomamos del Formicarius de Nider.
Por lo tanto, con excepción de estas tres clases de hombres, nadie
está seguro de las brujas " Pues todos los demás están en condiciones
de ser hechizados, o tentados e incitados por alguna brujería,
en las nueve formas que ahora se considerarán. Pues primero debemos
describir estos métodos en su orden, para poder analizar luego,
con mayor claridad, los remedios con los cuales se puede aliviar
a los hechizados. Y para poder mostrar con más claridad los nueve
métodos, se los expone de la siguiente manera. Primero, mostramos
los diversos métodos de iniciación de las brujas, y de cómo atraen
a jóvenes inocentes para aumentar el número de su pérfida compañía.
Segundo, cómo profesan las brujas su sacrilegio y el juramento
de fidelidad al demonio que pronuncian. Tercero, cómo se someten
a los íncubos, que son demonios. Cuarto, su método general de
práctica de la brujería mediante los Sacramentos de la iglesia,
y en especial cómo, con permiso de Dios, pueden afectar a todas
las criaturas, con excepción de los cuerpos Celestes. Quinto,
su método de obstruir la capacidad de engendrar. Sexto, cómo pueden
arrebatar el miembro viril por alguna arte de ilusión. Séptimo,
cómo pueden provocar todo tipo de enfermedades, y ello en general.
Octavo, de ciertas enfermedades en particular. Noveno, de cómo
las brujas comadronas provocan el máximo daño, ya sea al matar
a los niños o al ofrecerlos a los demonios en forma sacrilega.
Después seguirá el tema de los métodos por medio de los cuales
pueden eliminarse estos tipos de brujería. Pero que nadie piense
que, como hemos enumerado los diversos métodos por los cuales
se infligen las distintas formas de brujería, llegará a un conocimiento
total de estas prácticas; porque ese conocimiento sería de poco
uso, e inclusive pernicioso. Ni siquiera los libros prohibidos
de nigromancia contienen tales conocimientos; pues la brujería
no se enseña en los libros, ni la practican los iniciados, sino
los no educados, y tiene un solo cimiento, sin cuyo conocimiento
o práctica es imposible que nadie practique la brujería como brujo.
Lo que es más, los métodos se enumeran aquí al comienzo para que
sus actos no parezcan increíbles, como a menudo se los consideró
hasta hoy, para gran daño de la Fe y crecimiento del número de
los brujos. Pero si alguien afirma que, como (según se mostró
más arriba) algunos hombres son protegidos por la influencia de
los astros, de modo que no pueden ser dañados por la brujería,
también debe atribuirse a los astros el hecho de que alguien esté
embrujado, como si fuese un asunto de predestinación el que un
hombre sea inmune a la brujería o esté sometido a ella, y entonces
ese hombre no entiende bien lo que quieren decir los Doctores,
y ello en varios sentidos. Y primero, porque existen tres cualidades
humanas que puede decirse que están gobernadas por tres causas
celestes, a saber: el acto de volición, el de entendimiento y
los 9 actos corporales. Y el primero, como se dijo, lo gobierna
directa y solamente Dios; el segundo un ángel; y el tercero lo
gobierna, mas no lo impone, un cuerpo celestial. Segundo, de lo
que se ha dicho resulta claro que la elección y la volición son
gobernadas de manera directa por Dios, como dice San Pablo: Dios
hace que queramos y ejecutemos según Su buena voluntad; y el entendimiento
del intelecto humano es ordenado por Dios, por mediación de los
ángeles. Por lo tanto, también todas las cosas corpóreas, ya .sean
interiores, como los poderes y el conocimiento adquiridos por
las facultades físicas internas, o exteriores, como la enfermedad
y la salud, son dispensadas por los cuerpos celestes, por mediación
de los ángeles. Y cuando Dionisio, en el cuarto capitulo de Diuinis
Nominibus, dice que los cuerpos celestes son la causa de lo que
sucede en este mundo, esto debe entenderse como la salud y la
enfermedad naturales. Pero las enfermedades que consideramos son
sobrenaturales, ya que las inflige el poder del demonio, con permiso
de Dios. Por lo tanto no podemos decir que un hombre esté hechizado
por influencia de los astros, aunque es posible decir, en verdad,
que algunos hombres no pueden ser hechizados debido a la influencia
de los astros. Pero si se objeta que estos dos efectos opuestos
deben nacer de la misma causa, y que el péndulo tiene que oscilar
hacia los dos lados, se responde que cuando un hombre es protegido,gracias
a la influencia de los astros, de esos males sobrenaturales, ello
no se debe de modo directo a la influencia de los astros, sino
a un poder angélico, que puede fortalecer esa influencia de modo
que el enemigo, con su malicia, no prevalezca contra él; y ese
poder angélico puede ser trasmitido por virtud de los astros.
Pues un hombre puede estar a punto de morir, habiendo llegado
al plazo de vida. natural, y Dios, en Su poder, que en tales casos
obra siempre en forma indirecta, puede modificar eso enviando
algún poder de conservación, en lugar del defecto natural del
hombre y de su influencia dominante. Por consiguiente, de un hombre
sometido a la brujería podemos decir que de la misma manera es
posible protegerlo de ésta, o que esta protección proviene de
un ángel delegado para guardarlo; y éste es el medio principal
de todos los medios de protección. Y cuando se dice en Jeremías,
XXII "Escribid que será este hombre privado de generación, hombre
a quien nada sucederá prósperamente en todos los días de su vida",
esto debe entenderse respecto de las elecciones de la voluntad,
en que un hombre prospera y otro no, y también puede asignarse
a la influencia de los astros. Por ejemplo: los astros pueden
influir sobre un hombre para que haga una elección útil, tal como
la de ingresar en alguna Orden religiosa. Y cuando su entendimiento
resulta esclarecido y considera esa medida., y por operación Divina
su voluntad se inclina a ponerla en ejecución, se dice que ese
hombre próspera bien. O de la misma manera, cuando un hombre se
inclina a algún oficio, o a algo útil. Por otro lado, se lo llamará
infortunado cuando los altos Poderes inclinan su elección hacia
cosas improvechosas. En su tercer libro de la Summa contra los
Gentiles, y en varios otros lugares, Santo Tomás habla de estas
y muchas otras opiniones, cuando analiza en qué reside la diferencia
de que un hombre " sea bien nacido y otro tenga un nacimiento
desdichado. Que un hombre sea afortunado o infortunado, o bien
o mal gobernado o protegido. Pues según la disposición de sus
astros se dice que un hombre ha sido bien o mal nacido, y por
lo tanto es dichoso o desdichado; y según que sea esclarecido
por un ángel, y siga ese esclarecimiento, se dice que está bien
o mal protegido. Y según que Dios lo dirija hacia el bien, y lo
siga. se dice que está bien gobernado. Pero estas elecciones no
tienen cabida aquí, ya que no nos ocupamos de ellas, sino de la
protección respecto de la brujería; y por el momento hemos dicho
lo 10 suficiente acerca del tema. Pasaremos a los ritos practicados
por los brujos, y primero a considerar cómo atraen a los inocentes
para convertirlos en colaboradores de sus perfidias. SOBRE LOS
DIVERSOS MÉTODOS POR LOS CUALES LOS DEMONIOS, POR INTERMEDIO DE
LAS BRUJAS, ATRAEN Y ENGAÑAN A LOS INOCENTES PARA CRECIMIENTO
DE SUS HORRENDAS ARTES Y COMPAÑIA listen ante todo tres métodos
por los cuales los demonios, por intermedio de las brujas, subvierten
a los inocentes, y mediante los cuales aumentan en forma constante
la perfidia. Y el primero es por cansancio, por la provocación
de enormes pérdidas en sus posesiones temporales. Porque como
dice San Gregorio: el demonio nos tienta a menudo a ceder por
pura fatiga. Y debe entenderse que un hombre tiene poder para
resistirse a tal tentación; pero que Dios lo permite como una
advertencia para que no nos entreguemos a la pereza. Y en este
sentido debe entenderse Jueces, a, donde dice que Dios no destruyó
las naciones para que por medio de ellas pudiese probar al pueblo
de Israel; y habla de las naciones vecinas de los canaanitas,
jebusitas y otros. Y en nuestro tiempo están permitidos los husitas
y otros heréticos, de manera que no puedan ser destruidos. Los
demonios, entonces, por medio de las brujas, afectan a sus inocentes
vecinos con pérdidas temporales, de tal manera que, por decirlo
así, se ven obligados, primero a pedir los sufragios de las brujas,
y luego a someterse a sus consejos, como nos lo han enseñado muchas
experiencias. Conocemos a un extranjero de la diócesis de Augsburgo,
quien antes de llegar a los cuarenta y cuatro años perdió todos
sus caballos, en forma sucesiva, por brujería. Su esposa, aquejada
de fatiga debido a esto, consultó con brujas, y después de seguir
sus consejos, aunque eran malsanos, todos los caballos que compró
(era carretero) fueron protegidos de la brujería. Y muchas mujeres
se quejaron a nosotros, en nuestra condición de inquisidores,
de que cuando sus vacas fueron perjudicadas por quedar privadas
de su leche, o de cualquier otra manera, consultaron con mujeres
sospechadas de ser brujas, e inclusive éstas les dieron remedios,
a condición de que prometieran algo a algún espíritu; y cuando
preguntaron qué deberían prometer, las brujas respondieron que
sólo una cosa pequeña, que aceptaran ejecutar las instrucciones
de ese amo respecto de ciertas observancias durante los Santos
oficios de la iglesia, u observar algunas silenciosas reservas
en sus confesiones a los sacerdotes. Aquí es preciso señalar que,
como ya se insinuó, esta iniquidad tuvo reducido y escaso comienzo,
como que en el momento de la elevación del Cuerpo de Cristo escupieron
en el suelo, o cerraron los ojos, o mascullaron algunas palabras
vanas. Conocemos a una mujer que todavía vive, protegida por la
ley secular, que, cuando el sacerdote, en la celebración de la
misa, bendice al pueblo y dice Dominus Uobiscum, siempre agrega
para sus adentros las siguientes palabras en la lengua vulgar:
"Kehr mir die Zung im Arss umb"1*, o inclusive dicen algo por
el estilo en la confesión, después de haber recibido la absolución,
o no lo confiesan todo, en especial los pecados mortales, y así,
poco a poco, se ven llevadas a renegar por completo de la Fe,
y a la abominable profesión del sacrilegio. Este, o alguno parecido,
es el método que las brujas usan con las honestas matronas poco
dadas a los vicios carnales, pero preocupadas por las ventajas
terrenales. Pero con las 1 ° "Pásame la lengua por el culo." (N.
del T.) 11 jóvenes, más dispuestas a los deleites y placeres corporales,
observan un método distinto, y trabajan por medio de sus deseos
carnales y de los placeres de la carne. Y aquí es de señalar que
el demonio se muestra más ansioso y ávido de tentar a los buenos
que a los malos, aunque en la práctica tiente más a éstos que
a aquéllos, porque en los malos se encuentra más aptitud para
ser tentados que en los buenos. Por lo cual el demonio se esfuerza
más por seducir a todas las vírgenes y doncellas más santas, y
hay razones para ello, además de muchos ejemplos. Pues como ya
posee a los malvados, pero no a los buenos, se esfuerza más por
seducir a los buenos, a quienes no puede poseer, que a los malos,
a quienes ya posee. De la misma manera, un príncipe de la tierra
toma sus armas contra quienes no reconocen su poder, antes que
contra quienes no se le oponen. Y he aquí un ejemplo. Dos brujas
fueron quemadas en Ratisbona. Y una de ellas, que atendía baños
públicos, confesó, entre otras cosas, lo siguiente: que había
sufrido muchos daños del demonio, por esa razón. Había cierta
virgen devota, hija de un hombre muy rico cuyo nombre no hace
falta aclarar, ya que la joven está ahora muerta, a disposición
de la merced Divina, y no querríamos que los pensamientos de él
fuesen pervertidos por el mal; y se le ordenó a la bruja que la
sedujese invitándola a su casa en algún día festivo, para que
el demonio mismo, en forma de un joven, pudiese hablar con ella.
Y aunque ella intentó muchas veces cumplirlo, cada vez que hablaba
con la joven ésta se protegía con la señal de la Santa Cruz. Y
nadie puede dudar de que lo hacía por inspiración de un ángel
santo, para repeler las obras del demonio. Otra virgen que vivía
en la diócesis de Estrasburgo confesó a uno de nosotros que se
encontraba sola, cierto domingo, en la casa de su padre, cuando
una anciana de esa ciudad acudió a visitarla, y, entre otras palabras
malignas, le hizo la siguiente proposición: que si lo deseaba,
la llevaría a un lugar donde había algunos jóvenes desconocidos
por todos los ciudadanos. Y cuando consentí, dijo la virgen, y
la seguí a su casa, la vieja dijo: "Ves, subimos a una habitación
de arriba, donde están los jóvenes; pero cuídate de hacer la Señal
de la Cruz". Le prometí que no lo haría, y cuando subía delante
de mí, me persigné en secreto. En la cima de las escaleras, cuando
ambas nos encontrábamos fuera de la habitación, la arpía se volvió
hacia mí colérica, con un semblante horrible, y me miró y exclamó:
"¡Maldita seas! ¿Por qué te persignaste? Véte de aquí. Sal, en
nombre del demonio". Y así volví a mi hogar, indemne. De esto
puede verse con cuánta astucia trabaja el antiguo enemigo en la
seducción de las almas. Pues de tal manera, la encargada de la
casa de baños, a quien mencionamos, y que fue quemada, confesó
que habla sido seducida por una anciana. Pero se utilizó un método
distinto en el caso de su bruja acompañante, quien había conocido
al demonio en forma humana, en el camino, mientras ella misma
iba a visitar a su amante con fines de fornicación. Y cuando el
demonio incubo la vio, y le preguntó si lo reconocía, y ella contestó
que no, él replicó: "Soy el demonio, y si quieres estaré siempre
dispuesta a tu placer, y no te faltaré en ninguna necesidad".
Y cuando ella consintió, continuó durante dieciocho años, hasta
el final de su vida, practicando con él las diabólicas abominaciones,
junto con una total renuncia a la Fe, como condición necesaria.
Existe además un tercer método de tentación por el camino de la
tristeza y la pobreza. Pues cuando las niñas han sido corrompidas
y rechazadas por sus amantes, luego de copular inmodestamente
con ellos, con la esperanza y promesa de casamiento con éstos,
y se 12 encuentran desalentadas en todas sus esperanzas, y en
todas partes despreciadas, recurren a la ayuda y protección de
los demonios, ya sea con fines de venganza, para embrujar a esos
amantes o a las esposas con quienes casaron, o con vistas a entregarse
a todo tipo de lujurias. Mas, ¡ay!, la experiencia nos dice que
estas jóvenes son innumerables, y que por consiguiente también
lo son las brujas que nacen de esta clase. Demos unos pocos, de
entre muchos ejemplos. Hay un lugar, en la diócesis de Brixen,
donde un joven declaró los siguientes hechos sobre el embrujamiento
de su esposa. "En la época de mi juventud amaba a una joven quien
me importunaba para que me casase con ella; pero yo la rechacé
y me casé con otra muchacha de otra región. Pero como deseaba
complacerla por amistad, la invité a la boda. Acudió, y mientras
otras mujeres honradas nos deseaban suerte y nos ofrecían regalos,
ella levantó la mano, y en presencia de las otras mujeres que
se encontraban en torno, dijo: después de hoy tendrás muy pocos
días de salud: Mi novia se asustó, ya que no la conocía (pues,
como dije, era de otra región),. y preguntó a los presentes quién
era la que nos había amenazado de ese modo; y le dijeron que era
una mujer ligera y vagabunda. Ello no obstante, sucedió tal como
dijo. Pues al cabo de pocos días mi esposa quedó embrujada de
tal manera, que perdió el uso de sus miembros, y aun hoy, después
de diez años, pueden verse en su cuerpo los efectos de la brujería."
Si recogiéramos todos los casos similares que ocurrieron en un
pueblo de esa diócesis, nos ocuparía todo un libro; pero están
escritos y conservados en la casa del obispo de Brixen, quien
aún vive para atestiguar su verdad, por asombrosos e increíbles
que parezcan. Pero no debemos dejar en silencio un caso sorprendente
y singular. Cierto conde de noble cuna, del distrito de Westerich,
diócesis de Estrasburgo, casó con una noble niña de igual cuna;
pero después de celebrar la boda, no pudo, durante tres años,
conocerla carnalmente, debido, como se demostró, a cierto encantamiento
que se lo impedía. Con gran ansiedad, y sin saber qué hacer, llamó
en alta voz a los santos de Dios. Y ocurrió que fue al Estado
de Metz, por ciertos negocios, y mientras se paseaba por las calles
y plazas de la ciudad, acompañado por sus criados y domésticos,
se encontró con cierta mujer que antes había sido su querida.
Y al verla, y sin pensar en el hechizo que actuaba sobre él, le
habló con bondad, y en forma espontánea, por la antigua amistad
que se tenían y le preguntó cómo le iba, y si estaba bien. Y ella,
al ver la bondad del conde, a su vez inquirió muy en especial
por su salud y asuntos; y cuando él respondió que estaba bien
y que prosperaba, ella se asombró, y guardó silencio durante un
rato. El conde, al verla así sorprendida, la invitó a conversar
con él. De modo que ella preguntó por su esposa, y recibió una
respuesta parecida, que estaba bien desde todo punto de vista.
Entonces ella preguntó si tenían hijos, y el conde contestó que
tres, uno nacido en cada año. Ante esto, ella se asombró aun más,
y volvió a guardar silencio. Y el conde le preguntó: ¿por qué,
querida mía haces averiguaciones? Estoy seguro de que te felicitas
por mi dicha. Y ella replicó: por cierto queme felicito, pero
maldigo a la vieja que dijo que encantaría tu cuerpo para que
no pudieses tener relaciones con tu esposa. Y en prueba de ello,
hay un cacharro en el pozo, en medio de tu patio, que contiene
ciertos objetos malignamente embrujados, y fue puesto allí para
que, mientras su contenido se conservase intacto, tú fueses incapaz
de cohabitar. ¡Pero ya ves, todo es en vano, y me alegro!, etc.
Al volver a su hogar, el conde no demoró en vaciar el pozo, y
al encontrar la olla quemó su contenido y todo, con lo cual recuperó
en el acto la virilidad que había perdido. Por eso la condesa
volvió a invitar a todos los nobles, a una nueva celebración de
bodas, y dijo que ahora era la dama del castillo y las fincas,
después de haber permanecido virgen durante tanto tiempo. En bien
de la reputación del 13 conde, no es conveniente nombrar ese castillo
y fincas, pero hemos relatado esta historia para que se conozca
la verdad del asunto, y se deteste abiertamente un tan grande
delito. De esto resulta claro que las brujas utilizan diversos
métodos para aumentar su número. Pues la mujer mencionada, por
haber sido suplantada por la esposa del conde, lanzó el hechizo
sobre éste, con la ayuda de otra bruja; y así es como una brujería
trae muchas otras a su zaga. SOBRE LA MANERA EN QUE S£ ESTABLECE
EL PACTO FORMAL CON EL DEMONIO El método con que profesan su sacrilegio
mediante un franco pacto de fidelidad a los demonios varia según
las distintas prácticas a que son adictas las diferentes brujas.
Y para entender esto debe señalarse, ante todo, que existen, como
se mostró en la Primera Parte de este Tratado, tres tipos de brujas,
a saber: las que dañan pero no pueden curar; las que curan, pero,
por algún extraño pacto con el diablo, no pueden dañar; y las
que dañan y curan. Y entre quienes dañan, se destaca una clase
en especial, que puede ejecutar todo tipo de brujerías y encantamientos,
que abarcan todo lo que las otras, cada una por separado, pueden
hacer. Por lo tanto, si describimos el método de profesión en
su caso, también bastará para todos los otros tipos. Y esta clase
está compuesta de aquellas que, contra todos los instintos de
la naturaleza humana o animal, tienen la costumbre de comer y
devorar a los niños de su propia especie. Y esta es la clase más
poderosa de brujas, que practica además muchísimos otros encantamientos
Pues provocan granizo y graves tempestades y rayos; causan esterilidad
en los hombres y animales; ofrecen a los demonios, o matan de
otras maneras, los niños que no devoran. Pero éstos son sólo los
niños que no han renacido por bautismo en la fuentes porque no
pueden devorar a los bautizados, ni a ninguno sin permiso de Dios.
Además, y a la vista de sus padres, y cuando nadie más está presente,
pueden arrojar al agua a los niños que caminan junto a ella; hacen
que los caballos enloquezcan bajo sus jinetes; pueden trasportarse
de lugar en lugar, por el aire, en el cuerpo o en la imaginación;
pueden afectar a jueces y magistrados, de manera que no les hagan
daño; pueden hacer que ellas mismas y otros guarden silencio bajo
tortura; pueden provocar un gran temblor en las manos y horror
en la mente de quienes quieran arrestarlas; pueden mostrar a otros
cosas ocultas y ciertos acontecimientos futuros, por información
de los demonios, aunque a veces esto tenga una causa natural (véase
la pregunta: de si los diablos pueden predecir el futuro, en el
Segundo libro de sentencias); pueden ver cosas ausentes como si
estuviesen presentes; pueden llevar la mente de los hombres hacia
un amor u odio desmesurado; en ocasiones pueden herir con un rayo
a quien les plazca, e inclusive matar a algunos hombres y animales;
pueden eliminar el efecto de los deseos de engendrar, e inclusive
el poder de copulación, provocar abortos, matar a los niños 'en
el útero materno por un simple contacto exterior; en oportunidades
pueden embrujar a hombres y animales con una simple mirada, sin
tocarlos, y causar la muerte; dedican sus propios hijos a los
demonios; y en una palabra, como se dijo, pueden provocar todas
las pestes que las otras brujas sólo pueden causar en parte, es
decir, cuando la Justicia de Dios así lo permite. Esta, la más
poderosa de todas las clases de brujas, puede hacer todas esas
cosas, pero no deshacerlas. Pero es común en todas ellas practicar
la copulación carnal con los demonios; por lo tanto, si mostramos
el método que usa esta clase principal en su profesión de su sacrilegio,
cualquiera puede entender con facilidad el método de las otras
clases. 14 Existían tales brujas últimamente, hace treinta años,
en el distrito de Saboya, hacia el Estado de Berna, como nos lo
dice Nider en su Formicarius. Y ahora hay algunas en el distrito
de Lombardía, en los dominios del duque de Austria, donde el Inquisidor
de Como, como dijimos en la parte anterior, hizo quemar a cuarenta
y una brujas en un año; y tenía cincuenta y cinco de edad, y aún
sigue trabajando en la Inquisición. Ahora bien, el método de protección
es doble. Uno es una ceremonia solemne, como un voto solemne.
El otro es privado y puede ser hecho al demonio a cualquier hora,
a solas. El primer método es cuando las brujas se reúnen en cónclave,
en un día prefijado, y el demonio se les aparece en el cuerpo
de un hombre, y las insta a tener fe en él, y les promete prosperidad
mundana y larga vida; y ellas recomiendan a una novicia a su aceptación.
Y el demonio pregunta si abjurará de la Fe, y abandonará la santa
religión cristiana y la adoración de la Mujer Anómala (pues así
llaman a la Santísima Virgen MARIA), y jamás venerará los Sacramentos;
y si ve que la novicia o el discípulo se muestran dispuestos,
el demonio extiende la mano, lo mismo que la novicia, y ésta jura,
con la mano levantada, cumplir con el pacto. Y hecho esto, el
diablo agrega en seguida que no es suficiente; y cuando el discípulo
pregunta qué más debe hacerse, el diablo exige el siguiente juramento
de homenaje: que ella se le entregue en cuerpo y alma, para siempre,
y que haga lo posible por atraer a otras de su sexo a su poder.
Y por último añade que debe preparar ciertos ungüentos con los
huesos y miembros de niños, en especial de los que han sido bautizados;
por todos cuyos medios podrá cumplir con todos sus deseos, con
la ayuda de él. Los Inquisidores hemos tenido experiencias creíbles
acerca de este método en el pueblo de Breisach, en la diócesis
de Basilea, y recibimos plena información de una joven bruja que
había sido convertida y cuya tía también fue quemada en la diócesis
de Estrasburgo. Y añadió que se había convertido en bruja por
el método con que su tía trató primero de seducirla. Porque un
día su tía le ordenó que subiese con ella, y por su orden entrara
en una habitación en la cual encontró a quince jóvenes ataviados
con ropas verdes, según la manera de los caballeros alemanes.
Y la tía le dijo: elige a quien quieras de entre estos jóvenes,
que yo te lo daré; y él te tomará por esposa. Y cuando dijo que
no quería a ninguno de ellos, fue castigada con brutalidad y después
se la inició según la mencionada ceremonia. También dijo que con
frecuencia se la transportaba de noche con su tía, a lo largo
de enormes distancias, aun desde Estrasburgo hasta Colonia. Cuando
se le preguntó si viajaban sólo en imaginación y fantasía, por
una ilusión de los demonios, respondió que lo hacían de las dos
maneras. Dijo también que los mayores daños eran los infligidos
por las comadronas, porque estaban obligadas a matar u ofrecer
a los demonios tantos niños como fuese posible; y que había sido
castigada intensamente por su tía porque abrió un jarro secreto
y encontró las cabezas de muchos niños. Y mucho más nos relató,
luego de jurar que decía la verdad, como era adecuado. Y su relato
sobre el método de profesar la fe del demonio coincide sin duda
con lo que escribió el eminentísimo doctor Johann Nider, quien
aun en nuestra época ha escrito en forma muy esclarecedora; y
puede señalarse en especial que nos dice lo siguiente, que supo
por un Inquisidor de la diócesis de Edua, quien llevó a cabo muchas
inquisiciones de brujas en ésa diócesis, e hizo quemar a muchas.
15 Pues dice que este Inquisidor le dijo que en el ducado de Lausanne
ciertas brujas habían cocido y comido a sus propios hijos, y que
el siguiente era el método en que se iniciaban en tales prácticas.
Las brujas se reunían, y por sus artes convocaban a un demonio
en forma de hombre, a quien la novicia era obligada a jurar que
renegaba de la religión cristiana, que jamás adoraría la Eucaristía,
y a pisar la Cruz siempre que pudiese. hacerlo en secreto. He
aquí otro ejemplo de la misma fuente. Hace poco hubo un informe
general, llevado a conocimiento de Pedro, el Juez de Boltingen,
de que trece niños habían sido devorados en el Estado de Berna,
y que la justicia pública ejerció una venganza total sobre los
asesinos. Y cuando Pedro preguntó a una de las brujas cautivas
de qué manera comían a los niños, ella respondió: "Esta es la
manera. Ante todo tendemos nuestras trampas. a niños no bautizados,
e inclusive a los bautizados, en especial cuando no han sido protegidos
por el signo de la Cruz y las oraciones (lector, advierte que,
por orden del demonio, toman ante todo a los no bautizados, para
que no puedan llegar a serlo), y con nuestros hechizos los matamos
en la cuna, o aun cuando duermen junto a sus padres, de tal modo
que después se cree que han fallecido o muerto de alguna muerte
natural. Entonces, en secreto, los sacamos de sus tumbas, y los
cocemos en un caldero, hasta que toda la carne se desprende de
los huesos para hacer una sopa que puede beberse con facilidad.
Con la sustancia más sólida hacemos un ungüento, que tiene la
virtud de ayudarnos en nuestras artes y placeres, y de nuestros
viajes, y con el liquido llenamos un frasco u odre, y quien bebe
de él, con el agregado de algunas otras ceremonias, adquiere en
seguida muchos conocimientos y se convierte en jefe de nuestra
secta". He aquí otro ejemplo muy claro y concreto. Un joven y
su esposa, ambos brujos, fueron encarcelados en Berna; y el hombre,
encerrado a solas, aparte de ella, en otra torre, dijo: "Si pudiese
obtener perdón por mis pecados, declararía de buen _a gana todo
lo que conozco sobre la brujería; pues veo que debería morir.
Y cuando los escribientes, informados que se encontraban allí
le dijeron que podía obtener el perdón total si me arrepentía
de veras, con alborozo se resignó a la muerte, y reveló el método
por medio del cual había sido afectado por su herejía. "La siguiente
-dijo- es la manera en que se me sedujo. Primero es necesario
que, un domingo antes de la consagración del Agua Bendita, el
novicio entre en la iglesia con los maestros, y en su presencia
niegue a Cristo, su Fe, el bautismo y la iglesia toda. Y luego
debe rendir homenaje al Pequeño Maestro, pues así, y no de otro
modo, llaman al demonio." Aquí es preciso advertir que este método
coincide con los ya narrados; pues carece de importancia que el
diablo esté presente o no, cuando se le rinde homenaje. Pues lo
hace en su astucia, al percibir el temperamento del novicio, quien
podría asustare con su presencia y retractarse de sus votos, en
tanto que quienes lo conocen encuentran más fácil persuadirlo.
Y por lo tanto lo llaman Pequeño Maestro cuando está ausente,
para que, por el aparente desdén a su Maestro, el novicio experimente
menos temor. "Y luego bebe del odre, que ya se mencionó, y en
el acto siente dentro de sí un conocimiento de todas las nuestras
artes, y el entendimiento de nuestros ritos y ceremonias. -Y de
este modo se me sedujo. Pero creo que mi esposa es tan obstinada,
que preferirá ir a la hoguera antes que confesar la menor parte
de la verdad: mas, ¡ay!, los dos somos culpables." -Y como dije
el joven, así ocurrió en todos los aspectos. Pues el joven confesó
y fue visto morir en la máxima contrición; pero la esposa, aunque
convicta por los testigos, no quiso confesar la verdad, ni bajo
tortura ni en la muerte misma, y cuando en hoguera fue preparada
por el carcelero, lo maldijo con las palabras más terribles, y
así ardió. Y con estos ejemplos resulta claro su método de iniciación
en cónclave solemne. 16 El otro método privado se ejecuta de diversas
maneras. Pues a veces, cuando los hombres o las mujeres han padecido
alguna dolencia corporal o temporal, se les aparece el demonio,
en ocasiones en persona, y en oportunidades les habla por boca
de otro; y promete que, si aceptan sus consejos, hará por ellos
lo que deseen. Pero empieza por cosas pequeñas, como se dijo antes,
y pasa poco a poco a las cosas mayores. Podríamos mencionar muchos
ejemplos que han llegado a nuestro conocimiento en la Inquisición,
pero como este tema no ofrece dificultad, se lo puede incluir
brevemente con los temas anteriores.
AQUÍ SIGUE LA FORMA EN QUE LAS BRUJAS COPULAN CON
LOS DEMONIOS CONOCIDOS COMO INCUBOS En cuanto al método en que
las brujas copulan con los demonios íncubos, hay que señalar seis
puntos. Primero, acerca del demonio y el cuerpo que adopta, el
elemento de que está formado. Segundo, respecto del acto, de si
siempre va acompañado por la inyección de semen recibido de algún
otro hombre. Tercero, en cuanto al tiempo y lugar, de si un momento
es más favorable que otro para esta práctica. Cuarto, de si el
acto es visible para las mujeres, y de si sólo aquellas que fueron
engendradas de esa manera son así visitadas por los demonios.
Quinto, si rige sólo para las que fueron ofrecidas al demonio,
en el momento del nacimiento, por las parteras. Sexto, de si el
placer venéreo concreto es mayor o menor en este acto. Y ante
todo hablaremos de la materia y calidad del cuerpo que adopta
el demonio. Debe decirse que adopta un cuerpo aéreo, y que en
algunos sentidos es terrestre, en la medida en que posee una propiedad
terrenal debido _a la condensación, y esto se explica como sigue.
Por sí mismo, el aire no puede adoptar una forma definida, salvo
la de algún otro cuerpo en el cual está incluido. Y en ese caso
no está encerrado por sus propios límites, sino por los de alguna
otra cosa; y una parte del aire continúa en la simiente. Por lo
tanto no puede adoptar un cuerpo aéreo como tal. Sépase, por lo
demás, que el aire es en todo sentido una materia muy cambiable
y fluida; y una señal de ello es el hecho de que cuando intentamos
cortar o atravesar con una espada el cuerpo adoptado por un demonio,
no fue posible hacerlo; pues las partes divididas del aire vuelven
a unirse en seguida. De ello se sigue que el aire es, por si mismo,
una materia muy competente, pero como no puede adoptar una forma
a 1 menos de que se le una otra materia terrestre, es necesario
que el aire que constituye el cuerpo adoptado por el demonio se
espese de alguna manera, y se acerque a la propiedad de la tierra,
a la vez que conserva su verdadera propiedad de aire Y los demonios
y espíritus desencarnados pueden efectuar esta condensación por
medio de densos vapores que se elevan de la tierra, y reuniéndolos
en formas en las cuales moran, no como corruptores de ellos, sino
como su fuerza motriz que otorga a ese cuerpo la apariencia formal
de vida, de la misma manera, que el alma informa al cuerpo al
cual está unido. Además, en estos cuerpos adoptados y modelados,
son como un marinero en un barco movido por el viento. De manera
que cuando se pregunta de qué tipo es el cuerpo que adopta el
demonio, debe decirse que, respecto de su material, una cosa es
hablar del comienzo de su adopción, y otra hablar del final. Pues
al principio no es más que aire, pero al final es aire espesado,
que participa de algunas de las propiedades de la tierra, y todo
esto, con permiso de Dios, los demonios pueden hacerlo por su
propia naturaleza; pues la naturaleza espiritual es superior a
la corporal. Por lo tanto, esta última debe obedecer a los demonios
en lo que se 17 refiere al movimiento local, aunque no en lo relativo
a la adopción de formas naturales, sean ellas accidentales o sustanciales,
salvo en el caso de algunas criaturas pequeñas (y entonces, sólo
con la ayuda de algún otro agente, como ya se insinuó). Pero en
cuanto al movimiento local, forma alguna se encuentra más allá
de su poder; de tal manera, pueden moverlas como quieran, en las
circunstancias que deseen. De esto puede surgir un interrogante
incidental en cuanto a. lo que debe pensarse cuando un ángel bueno
o uno malo ejecutan algunas de las funciones de la vida por medio
de verdaderos cuerpos naturales, y no en cuerpos aéreos; como
en el caso del asno de Balaam, por intermedio del cual habló el
ángel, y cuando los demonios se adueñan de los cuerpos. Hay que
decir que estos cuerpos no se consideran adoptados, sino ocupados.
Véase Santo Tomás, 11, 8, acerca de si los ángeles adoptan un
cuerpo. Pero atengámonos en forma estricta a nuestro argumento.
¿De qué manera debe entenderse que los demonios hablan con las
brujas, las ven, las escuchan, comen con ellas y copulan con ellas?
Y esta es la segunda parte de la primera dificultad. En cuanto
a lo primero, debe decirse que hacen falta tres cosas para una
verdadera conversación: a saber, pulmones para inspirar el aire;
y ello, no con vistas a producir sonido, sino también para refrescar
el corazón; y hasta los mudos poseen esta cualidad necesaria.
Segundo, es necesario que se efectúe alguna percusión de un cuerpo
en el aire, ya que se produce un mayor o menor sonido cuando uno
golpea madera en el aire, o hace sonar una campana. Pues cuando
una sustancia susceptible de sonido es golpeada por un instrumento
que lo produce, emite un sonido según su dimensión, que se recibe
en el aire y se multiplica en los oídos del oyente a quien, si
se encuentra lejos, le parece llegar a través del espacio. Tercero,
se requiere una voz, y se podría decir que lo que se llama Sonido
en los cuerpos inanimados se llama Voz en los cuerpos vivos. Y
en este acto la lengua golpea las respiraciones de aire contra
un instrumento u órgano natural vivo proporcionado por Dios. Y
esto no es una campana, que se llama sonido, sino que es una voz.
Y este tercer requisito puede ser ejemplificado con claridad por
el segundo, y lo establezco para que los predicadores cuenten
con un método para enseñar a la gente. Y en cuarto término, es
necesario que quien forma la voz quiera expresar por medio de
ésta algún concepto de la mente, a otra persona, y que él mismo
entienda lo que dice; y que administre su voz de tal modo, golpeando
sucesivamente los dientes con la lengua en su boca, abriendo y
cerrando los labios, y enviando al aire exterior el aire golpeado
dentro de la boca, que dé esta manera el sonido se reproduzca
por su orden en los oídos del oyente, quien entonces entiende
lo que se le quiere decir. Para volver al tema. Los demonios no
tienen pulmones ni lengua, aunque pueden mostrar asta última,
así como los dientes y los labios, hechos en forma artificial
según el estado de su cuerpo; por consiguiente, hablando en términos
exactos y correctos, no pueden hablar. Pero como poseen entendimiento,
y cuando desean expresar algo producen, por medio de alguna perturbación
del aire incluido en su cuerpo adoptado, no del aire inspirado
y espirado, como en el caso de los hombres; producen, digo, no
voces, sino sonidos que se parecen a voces, y los envían, articulados,
a través del aire exterior, hasta los oídos del oyente. Y resulta
claro que puede crearse la semejanza de una voz sin la respiración
de aire, como en el caso de otros animales que no respiran, pero
que según se dice crean sonidos, lo 18 mismo que ciertos otros
instrumentos, como dice Aristóteles en de Anima. Porque ciertos
peces, cuando son atrapados, lanzan de pronto un grito fuera del
agua, y mueren. Todo esto es aplicable a lo que sigue hasta el
punto en que tratamos de la función de engendrar, pero no en lo
que respecta a los ángeles buenos. Si alguien quiere investigar
más a fondo el asunto de los diablos que hablan en cuerpos poseídos,
puede remitirse a Santo Tomás en el Segundo libro de sentencias,
8, art. 5. Porque en ese caso pueden usar los órganos físicos
del cuerpo poseído, ya que lo ocupan respecto de los límites de
su cantidad corpórea, pero no en relación con los límites de su
esencia, ya sea del cuerpo o del alma. Obsérvese la distinción
entre sustancia y cantidad o accidente. Pero esto no viene al
caso. Pues ahora debemos decir de qué modo ven y oyen. Ahora bien,
la visión es de dos tipos. Espiritual y corpórea, y la primera
supera. infinitamente a la segunda, pues puede penetrar, y la
distancia no es un obstáculo debido a la facultad de la luz que
utiliza. Por lo cual puede decirse que un ángel bueno o malo,
en modo alguno ve con los ojos de su cuerpo adoptado, ni usa propiedades
corpóreas como lo hace al hablar, cuando utiliza el aire y su
vibración para producir sonidos que se reproducen en los oídos
del oyente. Por lo cual sus ojos son ojos pintados. Y se aparecen
libremente ante los hombres en esas semejanzas que les manifiestan,
de sus propiedades naturales, y por esos medios conversan con
ellos en el plano espiritual. Con este fin, los ángeles santos
se han aparecido a menudo ante los Padres, por orden de Dios,
y con Su permiso. Y los ángeles malos se manifiestan a los hombres
malignos para que éstos, al reconocer sus cualidades, puedan vincularse
con ellos, aquí en pecado y en otras partes en castigo. A1 final
de su Jerarquía celestial, San Dionisio dice: "En todas las partes
del cuerpo humano, el ángel nos enseña a considerar sus propiedades,
y se llega a la conclusión de que, como la visión corpórea es
una función del cuerpo vivo por medio de un órgano físico, de
los cuales carecen los demonios, por lo tanto, en sus cuerpos
adoptados, así como tienen una apariencia de miembros, así también
poseen la apariencia de sus funciones". Y lo mismo podemos decir
de su audición, que es mucho más fina que la del cuerpo, pues
puede conocer el concepto de la mente y la conversación del alma
con más sutileza que un hombre que escucha el concepto mental
por medio de las palabras habladas. Véase Santo Tomás, Segundo
libro de sentencias, 8. Porque si los deseos secretos de un hombre
se leen en su cara, y los médicos pueden adivinar los pensamientos
del corazón por sus latidos y por el estado del pulso, tanto más
Pueden conocer estas cosas los demonios. Y en cuanto a la comida,
podemos decir que en el acto completo de ella existen cuatro procesos.
La masticación en la boca, la deglución en el estómago, la digestión
en el estómago y, cuarto, el metabolismo de los alimentos necesarios
y la eyección de lo superfluo. Todos los ángeles pueden ejecutar
los dos primeros procesos de la comida en sus cuerpos supuestos,
pero no el tercero y cuarto; pero en lugar de digerir y excretar,
poseen otro poder por el cual el alimento se disuelve de pronto
en la materia circundante. En Cristo, el proceso de comer era
completo en todo sentido, ya que poseía los poderes nutritivos
y metabólicos; no, dicho sea de paso, con el fin de convertir
la comida en Su propio cuerpo, pues esos poderes, lo mismo que
su cuerpo, estaban glorificados, de modo que el alimento se disolvía
en Su cuerpo como cuando se arroja agua al fuego.
LA MANERA EN QUE LAS BRUJAS, EN LOS TIEMPOS MODERNOS
EJECUTAN EL ACTO CARNAL CON LOS DEMONIOS INCUBOS, Y CÓMO SE MULTIPLICAN
POR ESE MEDIO 19 Pero de lo que se dijo no surgen dificultades
acerca de nuestro tema principal, que es el acto carnal que los
íncubos con cuerpo adoptado ejecutan con las brujas; salvo, tal
vez, que alguien dude de que las brujas modernas practican esos
abominables coitos, y que las brujas se originaron en esa abominación.
En respuesta a estas dos dudas, diré, en cuanto a la primera,
algo sobre las actividades de las brujas que vivieron en tiempos
pasados, unos mil cuatrocientos años antes de la Encarnación de
Nuestro Señor. No se sabe, por ejemplo, si eran; propensas a estas
repugnantes prácticas como lo han sido las brujas modernas desde
esa época; pues hasta donde lo sabemos, la historia nada nos dice
en ese sentido. Pero nadie que lea las historias puede dudar de
que siempre hubo brujas, que con sus malas artes se hizo mucho
daño a los hombres animales y frutos de la tierra, y que los demonios
íncubos súcubos existieron siempre, porque las tradiciones de
los Cánones y de los santos Doctores han dejado y trasmitido a
la posteridad muchas cosas relacionadas con ellos, durante muchos
cientos de años. Pero existe la diferencia de que en tiempo muy
remotos los demonios íncubos solían infestar a las mujeres contra
su voluntad, como a menudo lo muestra Nider en su Formicarius,
y Tomás de Brabante en su libro sobre El bien universal o sobre
Las abejas. Pero la teoría, de que las brujas modernas están manchadas
de esta especie de asquerosidad diabólica no resulta confirmada
sólo en nuestra opinión, ya que el testimonio experto de las brujas
mismas ha hecho creíbles todas estas cosas; y que no se someten
ahora como en tiempos pasados, a desgana, sino que de buena gana
abrazan esta tan pútrida y desdichada servidumbre. ¿Pues cuántas
mujeres dejamos para que. fuesen castigadas por la ley secular
en diversas diócesis, en especial en Constanza y en la ciudad
de Ratisbona, que durante muchos años se dedicaron a estas abominaciones,
algunas desde los veinte años, y otras desde los doce o trece,
y siempre con una renuncia total o parcial a la Fe? Todos los
habitantes de esos lugares son testigos de ello. Pues sin tener
en cuenta a quienes se arrepintieron en secreto, y a los que volvieron
a la Fe, en cinco años fueron quemados no menos de cuarenta y
ocho. Y no se trata de credulidad en la aceptación de sus relatos,
pues se arrepintieron libremente; pues todos convinieron en que
debían dedicarse a esas prácticas lascivas para que crecieran
las filas de su perfidia. Pero ya hablaremos de esto, en forma
individual, en la Segunda Parte de esta, obra, donde se describen
sus acciones especificas, y omitiremos los que pasaron a jurisdicción
de nuestro colega el Inquisidor de Como, en el distrito de Burdia,
quien en el espacio de un año, que fue el año de gracia de 1485,
hizo quemar a cuarenta y una brujas, todas las cuales afirmaron
en público, como se dice, que habían practicado estas abominaciones
con los demonios. Por lo tanto, esto está confirmado por testigos
oculares, de oídas, y por el testimonio de testigos dignos de
fe. En cuanto a la segunda duda, de si las brujas tuvieron su
origen en estas abominaciones, podemos decir con San Agustín que
es cierto que todas las artes supersticiosas se originaron en
la pestífera asociación de los hombres con los demonios, pues
así lo dice en su obra Sobre la doctrina cristiana: todo este
tipo de prácticas, ya sea de supersticiones triviales o nocivas,
nacieron de una vinculación pestilente de los hombres con los
demonios, como si se hubiese formado un pacto de amistad infiel
y crédula, y todos deben ser repudiados por entero. Adviértese
aquí que es manifiesto que, como existen varios tipos de superstición
o artes mágicas, y diversas sociedades de quienes las practican;
y como entre los catorce tipos de esas artes la especie de las
brujas es la peor, ya que tienen un pacto, no tácito, sino abierto
y expreso, con el demonio, y, más aun, deben reconocer una forma
de adoración del demonio por abjuración de la Fe, se sigue que
las brujas mantienen el peor 20 tipo de relación con los demonios,
con especial referencia a la conducta de las mujeres, que siempre
se complacen en las cosas vanas. Adviértase también en Santo Tomás,
el Segando libro de sentencias (a, art. 4l, en la solución de
un argumento, donde pregunta si los engendrados de esta manera
por los demonios son más poderosos que otros hombres. Y responde
que esta es la verdad, y basa su creencia, no sólo en el texto
de las Escrituras en el Génesis, vi: y lo mismo ocurrió con los
hombres poderosos de la antigüedad; pero también por la siguiente
razón. Los demonios saben cómo asegurarse de la virtud del semen:
primero, por el temperamento de aquel de quien se lo obtiene;
segundo, porque saben qué mujer es más adecuada para la recepción
de ese semen; tercero, porque saben qué constelación es favorable
para ese efecto corpóreo; y podemos agregar, cuarto, que por sus
propias palabras nos enteramos de que aquellos a quienes engendran
tienen el mejor tipo de disposición para las obras del demonio.
Cuando todas estas causas coinciden de esa manera, se llega a
la conclusión de que los hombres así nacidos son poderosos y grandes
de cuerpo. Por lo tanto, para volver al tema de si las brujas
tuvieron su origen en estas abominaciones, diremos que se originaron
en alguna pestilente asociación mutua con los demonios, como resulta,
claro de nuestro primer conocimiento de ellas. Pero nadie puede
afirmar con certidumbre que no aumentaran y se multiplicasen por
medio de esas sucias prácticas, aunque los demonios cometen ese
hecho con vistas, no al placer, sino a la corrupción. Y el siguiente
parece ser el orden del proceso. Un demonio súcubo extrae el semen
de un hombre maligno; y si es el demonio particular de ese hombre,
y no desea convertirse en íncubo de una bruja, entrega el semen
al demonio delegado a gana mujer o bruja; y este último; bajo
alguna constelación que favorece su objetivo de que el hombre
o la mujer así nacidos sean fuertes en la práctica de la brujería,
se convierta en el íncubo de la bruja. Y no constituye una objeción
el hecho de que aquellos de quienes habla el texto no fueran brujas,
sino sólo gigantes y hombres famosos y poderosos; porque como
ya se dijo, la brujería no se perpetró en la época de la ley de
la naturaleza, debido al reciente recuerdo de la Creación del
mundo, que no dejaba lugar para la Idolatría. Pero cuando la maldad
del hombre comenzó a aumentar, el demonio encontró más oportunidades
para difundir esta clase de perfidia. Ello no obstante, no debe
entenderse que aquellos de quienes se dice que eran hombres famosos
lo eran así, por fuerza, en razón de sus buenas virtudes.
DE SI LAS RELACIONES DE UN DEMONIO INCUBO CON UNA
BRUJA VAN SIEMPRE ACOMPAÑADAS POR LA INYECCIÓN DE SEMEN A esta
pregunta se contesta que el demonio tiene mil modos y maneras
de infligir daño, y desde el momento de su primera Caída trató
de destruir la unidad de la iglesia, y subvertir a la raza humana
en todas las formas. Por lo tanto, no es posible establecer una
regla infalible en este sentido, pero existe la siguiente distinción
probable: que una bruja es vieja y estéril o que no lo es. Y si
lo es, entonces es natural que él se asocie con ella. sin la inyección
de semen, ya que seria inútil, y el demonio evita todo lo superfluo,
en sus acciones, hasta donde le es posible. Pero si no es estéril,
se le acerca por el camino del deleite carnal que se procura para
la bruja. Y si ésta estuviese en condiciones para el embarazo,
entonces, si él puede poseer convenientemente el semen extraído
de otro hombre, no demora en acercarse a ella con vistas a infectarle
su progenie. 21 Pero si se pregunta si es capaz de reunir el semen
emitido en alguna polución nocturna, durante el sueño, tal como
reúne el que se emite en el acto carnal, la respuesta es -que
es probable que no pueda, aunque otros sostienen una opinión contraria.
Pues debe señalarse que, como se dijo, los demonios prestan atención
a la virtud procreadora del semen, y tal virtud es más abundante
y se conserva mejor en el semen obtenido por el acto carnal, que
el que se derrocha en las poluciones nocturnas, durante el sueño,
que sólo surgen de lo superfluo de los hombres, y no se emiten
con una virtud engendradora tan grande. Por lo tanto se cree que
no emplea ese semen para engendrar su progenie, salvo que sepa
que la virtud necesaria se encuentra presente en ese semen. Pero
tampoco puede negarse por completo que aun en el caso de una mujer
casada que ha sido impregnada por su esposo, el demonio, con el
agregado de otro semen, puede infectar lo que se ha concebido.
DE SI UN INCUBO ACTÚA MAS EN UN MOMENTO QUE EN OTRO;
Y LO MISMO EN LO QUE CONCIERNE AL LUGAR A la pregunta de si el
demonio observa tiempos y lugares, debe decirse que, aparte de
su observación de ciertos momentos y constelaciones, cuando su
objetivo consiste en efectuar la polución de la progenie, también
observa ciertos períodos en que su objeto no es la polución, sino
el de provocar placer venéreo por parte de la bruja; y estos son
los momentos más sagrados de todo el año, como Navidad, Pascuas,
Pentecostés y otros días festivos. Y los demonios lo hacen por
tres razones. Primero, para que de esta manera las brujas queden
imbuidas, no sólo del vicio de la perfidia, por apostasía de la
Fe, sino también del de Sacrilegio, y que pueda inferirse la mayor
ofensa al Creador, y caiga sobre el alma de las brujas la más
fuerte condenación. La segunda razón es que cuando Dios recibe
tamaña ofensa, les otorga mayor poder de dañar, inclusive a hombres
inocentes, al castigarlos en sus asuntos o en su cuerpo. Pues
cuando se dice: "El hijo no heredará la iniquidad del padre",
etc., ello sólo se refiere al castigo eterno, pues es muy frecuente
que los inocentes sean castigados con daños temporales a consecuencia
de pecados ajenos. Por lo tanto, en otro lugar Dios dice: "Soy
un Dios poderoso y celoso, que trasmite los pecados de los padres
hasta la tercera y cuarta generaciones". Semejante castigo fue
ejemplificado en los hijos de los hombres de Sodoma, destruidos
por los pecados de sus padres. La tercera razón es que tienen
mayores oportunidades para observar a muchas personas, en especial
a muchachas jóvenes, que en los días festivos se dedican más á
la ociosidad y la curiosidad, y por lo tanto las brujas viejas
las seducen con mayor facilidad. Y lo siguiente sucedió en el
país natal de uno de nosotros, los Inquisidores (pues somos dos
los que colaboramos en esta obra). Cierta joven, virgen devota,
fue solicitada, en un día festivo, por una anciana, quien le pidió
que subiese a una habitación en que había algunos jóvenes muy
hermosos. Y entonces consintió, y cuando subían y la anciana abría
la marcha, advirtió a la joven que no hiciese la señal de la Cruz.
Y aunque ella lo aceptó, se persignó en secreto. Por lo tanto
sucedió que, cuando subieron, la virgen no vio a nadie, porque
los demonios que se encontraban allí fueron incapaces de mostrarse
en sus cuerpos adoptados. Y la anciana la maldijo, y 22 exclamó:
"Véte, en nombre de todos los demonios; ¿por qué te persignaste?".
Esto lo supe por el franco relato de la buena y honrada doncella.
Puede agregarse una cuarta razón, a saber, que de esa, manera
les resulta más fácil seducir a los hombres, haciéndoles pensar
que si Dios permite que se hagan tales cosas en las fechas más
sagradas, no puede ser un pecado tan grande como si 21 no las
permitiera en esas ocasiones. Con respecto al tema de si prefieren
más un lugar que otro, hay que decir que ello lo demuestran las
palabras y acciones de brujas en todo sentido incapaces de cometer
esas abominaciones en lugares sagrados. Y en ello puede verse
la eficacia de los ángeles guardianes, pues tales lugares son
reverenciados. Y por lo demás, las brujas afirman que jamás tienen
paz, salvo en el momento de los Servicios Divinos, cuando se encuentran
en la iglesia; y por lo cual son las primeras en entrar y las
últimas en salir de ella. Pero están obligadas a observar ciertas
otras abominables ceremonias por orden del demonio, como las de
escupir en el suelo ante la Elevación de la Hostía, o emitir,
de manera verbal o de cualquier otra, los más horribles pensamientos,
como por ejemplo: ojalá estuvieses en tal o cual lugar. Esto se
estudia en esta Segunda Parte.
DE SI LOS INCUBOS Y SÚCUBOS COMETEN ESTE ACTO VISIBLE
PARA LA BRUJA 0 PARA LOS PRESENTES En cuanto a si cometen esas
abominaciones en forma visible o invisible, hay que decir, en
todos los casos de que tenemos conocimiento, que el demonio siempre
actuó en forma visible para la bruja; pues no necesita acercársele
de manera invisible, debido al pacto de federación con él, que
ya se expresó. Pero en relación con cualquier observador, a menudo
se ha visto a las brujas mismas echadas de espaldas en los campos
de los bosques, desnudas hasta el ombligo, y resultaba evidente,
por la disposición de los miembros que corresponden al acto y
orgasmo venéreos, y además por la agitación de sus piernas y muslos,
que invisibles para los presentes, habían estado copulando con
demonios íncubos. Pero a veces, aunque esto es raro, al final
del acto se eleva al aire, desde la bruja, un vapor muy negro,
más o menos de la estatura de un hombre. Y la razón es que el
Maquinador sabe que de este modo puede seducir o pervertir la
mente de las jóvenes u otros hombres que se encuentran próximos.
Pero de estos asuntos y de cómo se llevaron a cabo en muchos lugares.
en la ciudad de Ratisbona, y en la finca de los nobles de Rappolstein,
y en algunos otros lugares, trataremos en esta Segunda Parte.
También es cierto que ocurrió lo que sigue. Algunos esposos llegaron
a ver a demonios íncubos fornicando con sus esposas, aunque en
verdad pensaron que no eran diablos, sino hombres. Y cuando tomaron
un arma y trataron de atravesarlos, el demonio desapareció de
pronto, haciéndose invisible. Y entonces sus esposas los abrazaron,
aunque a veces fueron heridas, y se burlaron de sus maridos, los
injuriaron y les preguntaron si tenían ojos o si estaban poseídos
por el demonio.
LOS DEMONIOS INCUBOS NO SÓLO INFESTAN A LAS MUJERES
ENGENDRADAS POR SUS ASQUEROSOS ACTOS 0 A AQUELLAS QUE LES HAN
SIDO OFRECIDAS POR COMADRONAS, SINO A TODAS, CON MAYOR 0 MENOR
DELEITE VENÉREO Por último, para terminar, puede decirse que estos
demonios íncubos no sólo infectan a las mujeres engendradas por
medio de tales abominaciones, o a quienes les fueron ofrecidas
23 por parteras, sino que tratan con todas sus fuerzas, por medio
de brujas que son rameras o ardientes prostitutas, de seducir
a todas las doncellas devotas y castas, de todo el distrito o
ciudad. Pues esto es bien conocido por la constante experiencia
de los magistrados; y en la ciudad de Ratisbona, donde algunas
brujas fueron quemadas, las desdichadas afirmaron, antes de su
sentencia final, que sus Maestros les habían ordenado que usaran
todos los esfuerzos para lograr la subversión de las doncellas
y viudas piadosas. Si se pregunta si el deleite venéreo es mayor
o menor con los demonios íncubos en cuerpos adoptados que en iguales
circunstancias con hombres de verdadero cuerpo físico, podemos
decir lo siguiente: parece que, si bien el placer, por supuesto,
debería ser mayor cuando un semejante se relaciona con otra semejante,
el astuto Enemigo puede reunir de tal manera los elementos activos
y pasivos, y por cierto que no de modo natural, sino en esas cualidades
de ardor y temperamento, que parezca excitar un grado de concupiscencia
no menor. Pero esto se analizará en detalle con referencia a las
cualidades del sexo femenino. LAS BRUJAS EJECUTAN POR LO GENERAL
SUS HECHIZOS MEDIANTE LOS SACRAMENTOS DE LA IGLESIA. Y DE CÓMO
PERJUDICAN LA CAPACIDAD DE ENGENDRAR Y PUEDEN HACER QUE LAS CRIATURAS
DE DIOS PADEZCAN DE OTROS MALES DE TODA CLASE. PERO AQUÍ SE EXCEPTÚA
LA INFLUENCIA DE LOS ASTROS Pero ahora es preciso señalar varias
cosas acerca de sus métodos de herir a otras criaturas de ambos
sexos, y de dañar los frutos de la tierra. En cuanto a los hombres,
primero, cómo pueden obrar un hechizo obstructor sobre las fuerzas
de procreación, y aun sobre el acto venéreo, de modo que una mujer
no pueda concebir, o un hombre cumplir el acto. Segundo, cómo
este acto es obstruido a veces respecto de una mujer, pero no
de otra. Tercero, cómo arrebatan el miembro viril como si fuese
arrancado por completo del cuerpo. Cuarto, si es posible distinguir
si alguno de los daños precedentes fue causado por un demonio,
por su propia cuenta, o por intermedio de una bruja. Quinto. de
cómo las brujas convierten a los hombres y mujeres en animales
por medio de algún prestigio o encantamiento. Sexto, de cómo las
brujas comadronas matan de diversas manera lo que fue concebido
en el útero materno; y cuando no lo hacen, ofrecen los niños a
los demonios. Y por si estas cosas parecieran increíbles, han
sido demostradas en la Primera Parte de esta obra por preguntas
y respuestas a argumentos; a los cuales, si es necesario, el lector
que dude puede volver con el fin de investigar la verdad. Por
el momento, nuestro objetivo no es otro que el de presentar hechos
y ejemplos concretos que hemos descubierto, o escrito por otros
en repugnancia de tan grande delito, para respaldar los argumentos
anteriores, en caso de que a alguien le resultase difícil entenderlos;
y mediante las cosas que se relatan en esta segunda Parte, devolver
a la Fe y apartar de su error a quienes creen que no existen brujas,
y que en el mundo no pueden hacerse brujerías. Y respecto del
primer tipo de daños con que atacan a la raza humana, hay que
señalar que, aparte de los métodos con que hieren a otras criaturas,
tienen seis maneras de lesionar a la humanidad. Y una consiste
en inducir un amor maligno en un hombre por una mujer, o en una
mujer por un hombre. Y la segunda es implantar el odio o los celos
en alguien. La tercera consiste en embrujarlos de tal modo, que
un hombre no pueda ejecutar el acto genital con una mujer, o a
la inversa, una, mujer con un hombre; o por distintos medios provocar
un aborto, como ya se dijo. La cuarta es causar alguna enfermedad
en cualquiera de los órganos humanos. La quinta, arrebatar la
vida. La sexta, privarlos de la razón. 24 Ea este sentido debe
decirse que, aparte de la influencia de los astros, y por sus
poderes naturales, los demonios pueden provocar, en todos los
sentidos, verdaderos defectos y enfermedades, y ello por su poder
espiritual natural, que es superior a cualquier poder físico.
Pues ninguna, enfermedad es igual a otra, y ello rige también
para los defectos naturales en que no existe una enfermedad física.
Por lo tanto, proceden por medio de distintas enfermedades o defectos.
Y de ellos daremos ejemplos en el texto de esta obra, según lo
requiera la necesidad. Pero ante todo, para que no queden dudas
en la mente del lector en cuanto a que no poseen poder para modificar
la influencia de los astros, diremos que existe una triple razón.
Primero, los astros se encuentran por encima de ellos, en la región
del castigo, que es la región de las brumas inferiores, y ello
a consecuencia de la tarea que les está asignada. Véase la Primera
Parte, en la pregunta en que tratamos de los demonios íncubos
y súcubos. La segunda razón es que los astros son gobernados por
los ángeles buenos. Véase en muchos lugares, sobre las Potencias
que mueven a los astros, y en especial Santo Tomás, Parte I. pregunta
90. Y en esto los Filósofos coinciden con los Teólogos Tercero,
se debe al orden general y al bien común del universo, que sufriría
un detrimento general si se permitiese que los malos espíritus
causaran una alteración en la influencia de los astros. Por lo
tanto, los cambios milagrosamente engendrados en el Antiguo o
Nuevo Testamento, fueron hechos por Dios, por intermedio de los
ángeles buenos, como por ejemplo cuando el sol se detuvo para
Josué, o cuando retrocedió para Ezequías, o cuando quedó sobrenaturalmente
oscurecido en la Pasión de Cristo. Pero en todos los otros casos,
con permiso de Dios, pueden efectuar sus hechizos, ya sea los
diablos por si mismos, o éstos por intermedio de las brujas; y
en rigor, es evidente que así lo hacen. Segundo, se debe señalar
que en todos sus métodos para producir daños instruyen casi siempre
a las brujas para que fabriquen sus instrumentos de brujeria por
medio de los Sacramentos o cosas sacramentales de la iglesia,
o alguna cosa santa consagrada a Dios; como cuando a veces colocan
una imagen de cera debajo del mantel del altar, o pasan un hilo
a través del Crisma. Sagrado, o de esa manera usan alguna otra
cosa consagrada. Y hay tres motivos para ello. Por una razón similar
suelen practicar sus brujerías en los momentos más sagrados del
año, en especial durante el Adviento de Nuestro Señor, y en Navidad.
Primero, porque por tales medios hacen culpables a los hombres,
no sólo de perfidia, sino también de sacrilegio, de contaminar
lo que hay de divino en ella; y porque de ese modo ofenden más
profundamente a Dios su Creador, condenan su alma y hacen que
muchos más se precipiten al pecado. Segundo, para que Dios, tan
ofendido por los hombres, pueda otorgar al demonio un mayor poder
para atormentar a éstos. Pues dice San Gregorio que en Su cólera,
Él admite a veces, a los malignos, sus oraciones y peticiones,
que piadosamente niega a otros. Y la tercera razón es la de que,
mediante la apariencia del bien, puede engañar con más facilidad
a ciertos hombres sencillos, quienes creen haber ejecutado algún
acto piadoso y obtenido la gracia de Dios, en tanto que no hicieron
otra cosa que pecar con mayor intensidad. 25 También puede agregarse
una cuarta razón referente a las estaciones más sagradas y al
Año Nuevo. Porque según San Agustín, hay otros pecados mortales
aparte del adulterio, por los cuales puede infringirse la observancia
de las festividades. Lo que es más, la superstición y la brujería
que nacen de las acciones más serviles del demonio son contrarias
a la reverencia debida a Dios. Por lo tanto, como se dijo, hace
que un hombre caiga más bajo, y el Creador se ofende más. Y sobre
el Año Nuevo podemos decir, según San Isidoro, Etim., VIII, 2,
que Jano, cuyo nombre lleva el mes de enero, que también comienza
el Día de la Circuncisión, era un ídolo de dos caras, como si
una fuese el final del año anterior y la otra el comienzo del
nuevo, y, por decirlo así, el protector y auspicioso autor del
año entrante. Y en honor a él, o más bien al demonio en forma
de ese ídolo, los paganos efectuaban ruidosas orgías y festejaban
mucho entre sí, y celebraban diversos bailes y fiestas. Y acerca
de todo ello, el Beato Agustin menciona muchos lugares, y ofrece
una muy amplia descripción en su Libro XXVI. Y ahora los malos
cristianos imitan esas corrupciones, las convierten en lascivia
cuando corren de un lado al otro, en la época del Carnaval, con
máscaras y bromas y otras supersticiones. Del mismo modo, las
brujas usan estas jaranas del demonio para su ventaja, y obran
sus hechizos para la época del Año Nuevo respecto de los Oficios
y Cultos Divinos, y en el día de San Andrés y en Navidad. Y ahora,
en cuanto a cómo operan su brujería, primero por medio de los
Sacramentos, y luego mediante los objetos sacramentales, nos referiremos
a unos pocos hechos conocidos, descubiertos por nosotros en la
Inquisición. En una ciudad que mejor es no nombrar con fines de
caridad y conveniencia, cuando cierta bruja recibió el Cuerpo
de Nuestro Señor, bajó de pronto la cabeza, como es de detestable
costumbre en las mujeres, acercó su vestimenta a su boca, y sacando
el Cuerpo del Señor de la boca, lo envolvió en un pañuelo. Y después,
por sugestión del demonio, lo depositó en un caldero en el cual
había un sapo, y lo ocultó en el suelo, cerca, de su casa, junto
al depósito, al mismo tiempo que varias otras cosas, por medio
de las cuales debía llevar a cabo su brujería. Pero con la ayuda
de la merced de Dios se descubrió este delito y se lo llevó a
la luz. Pues al día siguiente un obrero iba a sus ocupaciones
cerca de esa casa, y escuchó un sonido como el llanto de un niño.
Y cuando se acercó a la piedra debajo de la cual estaba oculto
el cacharro, lo escuchó con mayor claridad, y pensando que la
mujer había enterrado allí a un niño, fue a ver al alcalde, o
principal magistrado, y le dijo lo que se había hecho, según le
parecía, con el infanticidio. Y el alcalde envió en el acto a
sus criados y vio que era como el otro había dicho. Pero no estaban
dispuestos a exhumar al niño, y les pareció más prudente poner
una guardia y esperar a ver si alguna mujer se acercaba al lugar,
pues no sabían que lo oculto allí era el Cuerpo del Señor. Y así
fue como la misma bruja llegó al lugar, y en secreto ocultó el
cacharro bajo sus ropas, ante la vista de ellos. Y cuando se la
arrestó e interrogó reveló su delito, y dijo que el Cuerpo del
Señor había sido oculto en la olla con un sapo, de modo que con
su polvo pudiese provocar daños, a voluntad, a hombres y otras
criaturas. Es de señalar que cuando las brujas comulgan observan
la costumbre de, cuando pueden hacerlo sin ser vistas, recibir
el Cuerpo del Señor bajo la lengua, y no encima de ella. Y hasta
donde puede advertirse, el motivo es que no desean recibir remedio
alguno que pueda contrarrestar su abjuración de la Fe, ya sea
por la Confesión o por la recepción del Sacramento de la Eucaristía;
y segundo, porque de esta manera les resulta más fácil sacarse
26 de la boca el Cuerpo del Señor, para aplicarlo, como se dijo,
a sus propios usos, para mayor ofensa del Creador. Por esa razón,
todos los rectores de la iglesia, y quienes comulgan a la gente,
son instados a adoptar los máximos cuidados cuando administran
la comunión a las mujeres, de que la boca esté bien abierta y
la lengua sobresaliente, y de que sus ropas no sean tocadas. Y
cuantos más cuidados se adoptan en ese sentido, más brujas se
descubren por estos medios. Muchísimas otras supersticiones practican
mediante los objetos sacramentales. A veces colocan una imagen
de cera o alguna sustancia aromática bajo el mantel del altar,
como ya dijimos, y luego la ocultan debajo del umbral de una casa,
de modo que la persona así afectada pueda quedar hechizada al
cruzar el umbral. Se podrían presentar incontables ejemplos. Pero
estos tipos de encantamientos menores son probados por los mayores.
DE COMO LAS BRUJAS IMPIDEN Y OBSTACULIZAN EL PODER DE PROCREACIÓN
Acerca del método con que obstruyen la función procreadora en
hombres y animales, y en ambos sexos, el lector puede consultar
lo que ya se escribió en el sentido de si los demonios pueden
llevar la mente de los hombres al amor o al odio por medio de
las brujas. Allí, después de la solución de los argumentos, se
efectúa una declaración específica acerca del método por el cual,
con el permiso de Dios, pueden obstruir la función procreadora.
Pero debe señalarse que este obstáculo es tanto intrínseco como
extrínseco. En el terreno intrínseco, lo crean de dos maneras.
Primero, cuando impiden de modo directo la erección del miembro
destinado a la fructificación. Y esto no tiene por qué parecer
imposible, cuando se considera que son capaces de viciar el uso
natural de cualquier miembro. Segundo, cuando impiden el flujo
de las esencias vitales a los miembros en que reside la fuerza
motriz, y cierran los conductos seminales de modo que no llegue
a los vasos generadores, o que no pueda ser eyaculado, o que se
derrame infructuosamente. En el terreno extrínseco, lo hacen a
veces por medio de imágenes, o por la ingestión de hierbas; en
otras ocasiones, por otros medios exteriores, como los testículos
del gallo. Pero no se debe pensar que en virtud de estas cosas
quede impotente un hombre, sino debido al poder oculto de las
ilusiones del demonio, con el cual las brujas procuran esa impotencia,
a saber que hacen que un hombre sea incapaz de copular, o una
mujer de concebir. Y la razón de ello es que Dios les permite
más poder sobre este acto, por el cual se difundió el primer pecado,
que sobre otras acciones humanas. Asimismo, tienen más poder sobre
las serpientes, que están más sometidas a la influencia de los
encantamientos, que sobre otros animales. Por lo cual a menudo
descubrimos nosotros, y otros inquisidores, que provocaron esta
obstrucción por medio de serpientes o de cosas parecidas. Porque
cierto hechicero que había sido arrestado confesó que durante
muchos años, y por medio de brujerias, provocó la esterilidad
de todos los hombres y animales que habitaban cierta casa. Más
aun, Nider nos habla, de un hechicero llamado Stadlin, arrestado
en la diócesis de Lausana, quien confesó que en una casa donde
vivían un hombre y su esposa, por medio de su brujería él mató
sucesivamente, en el útero de la mujer, a siete niños, de manera
que durante otros tantos años la mujer siempre abortó. Y que en
la misma forma hizo que todo el ganado y los animales preñados
de la casa fuesen incapaces, durante esos 27 años, de dar a luz
ninguna cria viva. Y cuando se le interrogó en cuanto a cómo había
hecho eso, y qué tipo de acusación profería contra él, reveló
su delito al decir: pongo una serpiente bajo el umbral de la puerta
de afuera de la casa; y si se la saca se restablece la fecundidad
de los habitantes. Y es como se dijo, porque aunque la serpiente
no se encontró, ya que había sido reducida a polvo, se removió
todo el trozo de tierra, y en el mismo año la fecundidad volvió
a la esposa y a todos los animales. Otro caso ocurrió hace apenas
cuatro años en Reichshofen. Había una conocida bruja, que en cualquier
momento y por un simple toque podía embrujar a las mujeres y provocar
un aborto. Ahora bien, la esposa; de un noble de ese lugar había
quedado embarazada y llamado a una comadrona para que la cuidase,
y la comadrona le previno que no saliera del castillo, y que ante
todo cuidase de no mantener conversaciones con esa bruja. Luego
de unas semanas, sin tener en cuenta la advertencia, salió del
castillo para visitar a algunas mujeres reunidas en una ocasión
festiva; y cuando se sentó por un momento, entró la bruja, y como
con el objeto de saludarla, le apoyó ambas manos en el vientre;
y de pronto sintió que el niño se movía, dolorido. Asustada por
ello, volvió al hogar y le contó a la comadrona lo ocurrido. Y
ésta exclamó: "¡Ay!, ya perdiste a tu hijo". Y así resultó ser,
cuando le llegó el momento, pues dio a luz, no un aborto entero,
sino, poco a poco, fragmentos separados de la cabeza, los pies
y las manos. Y este gran dolor fue permitido por Dios para castigar
al esposo, cuya obligación era llevar a las brujas ante la justicia
y vengar sus injurias al Creador. Y en la ciudad de Mersburgo,
en la diócesis de Constanza, existía cierto joven embrujado de
tal modo, que jamás podía ejecutar el acto carnal con ninguna
mujer, salvo una. Y muchos le oyeron decir que a menudo deseaba
rechazar a esa mujer y huir a otras tierras, pero que hasta entonces
se había visto obligado a levantarse por la noche y a regresar
con suma rapidez, a veces por tierra, y a veces a través del aire,
como si volara. DE COMO, POR DECIRLO ASÍ, DESPOJAN AL HOMBRE DE
SU MIEMBRO VIRIL Ya mostramos que pueden arrebatar el órgano masculino,
por cierto que sin despojar al cuerpo humano de él, sino ocultándolo
con algún hechizo, en la manera en que ya declaramos. Y de ello
presentaremos unos pocos ejemplos. En la ciudad de Ratisbona,
cierto joven que tenía una intriga con una muchacha y deseaba
abandonarla, perdió su miembro, es decir, que se arrojó sobre
él algún hechizo de modo que no podía ver ni tocar otra cosa que
su cuerpo liso. En su preocupación por ello, fue a una taberna
a beber vino, y después que estuvo sentado allí durante un rato,
entró en conversación con otra mujer que allí estaba, y le habló
de la causa de su tristeza, se lo explicó todo, y le demostró
en su cuerpo que así era. La mujer era astuta y le preguntó si
sospechaba de alguien, y cuando él nombró a la persona, y reveló
todo el asunto, ella dijo: "Si la persuasión no es suficiente,
debes usar alguna violencia para inducirla a devolverte la salud".
De modo que por ta noche el joven vigiló el camino que la bruja
acostumbraba seguir, y al encontrarla le rogó que restableciese
la salud de su cuerpo. Y cuando ella afirmó que era inocente y
que nada sabia de eso, él se le arrojó encima, le enrolló con
fuerza una toalla en torno del cuello, y la asfixió, diciéndole:
"Si no me devuelves la salud morirás a mis manos". Entonces ella,
incapaz de gritar Y con el rostro ya hinchado y ennegrecido, dijo:
"Suéltame y te curaré". El joven entonces aflojó la presión de
la toalla, y la bruja le tocó con la mano entre los muslos, y
dijo: "Ahora tienes lo que deseas". Y el joven, como dijo 28 después,
sintió con claridad, antes de verificarlo con la vista y el tacto,
que el miembro le había. sido devuelto por el simple contacto
de la mano de la bruja. Una experiencia similar es la que narra
un Venerable Padre de la casa Dominica de Spires, muy conocido
en la Orden por la honradez de su vida y por su erudición. "Un
día -dice-, mientras escuchaba confesiones, vino a mí un joven,
y a lo largo de su confesión me dijo, acongojado, que había perdido
el miembro. Asombrado ante ello y nada dispuesto a creerle, ya
que en opinión de los sabios, creer con demasiada facilidad es
una señal de ligereza, obtuve pruebas de ello cuando nada vi luego
que el joven se quitó las ropas y me mostró el lugar. Luego, usando
el consejo más prudente que pude, le pregunté si sospechaba que
alguien lo hubiese hechizado de esa manera. Y el joven respondió
que sospechaba de alguien, pero que estaba ausente y vivía en
Worms. Entonces le dije: `Te aconsejo que vayas a ella lo antes
posible y te esfuerces por ablandarla con dulces palabras y promesas',
y así lo hizo. Porque volvió luego de pocos días y me agradeció,
diciéndome que estaba intacto y que había recobrado todo. Y yo
creí sus palabras, pero una vez más las confirmé con la evidencia
de mis ojos". Pero es preciso señalar algunos puntos para una
comprensión más clara de lo que ya se ha escrito en este sentido.
Primero, no debe creerse en modo alguno que esos miembros sean
arrancados en verdad del cuerpo, sino que el demonio los oculta
por alguna arte prestidigitatoria, para que no se los pueda ver
ni sentir. Y esto lo demuestran las autoridades y los argumentos,
aunque se trató antes, allí donde Alejandro de Hales dice que
un Prestigio bien entendido es una ilusión del demonio no provocada
por un cambio material, sino que sólo existe en las percepciones
del engañado, ya sea en sus sentidos interiores o en los exteriores.
Con referencia a estas palabras, he de señalar que, en los casos
que consideramos, se engañan dos de los sentidos exteriores, a
saber, el de la vista y el del tacto, y no los interiores, es
decir, el buen sentido, la fantasía, la imaginación, el pensamiento
y la memoria. (Pero Santo Tomás dice que sólo son cuatro, como
ya se dijo, contando que la fantasía y la imaginación son uno;
y con cierta razón pues existe muy poca diferencia entre imaginar
y fantasear. Véase Santo Tomás, 1, 78.) Y estos sentidos, y no
sólo los exteriores, son afectados cuando no se trata de ocultar
algo, sino de hacer que algo se le aparezca a un hombre, esté
despierto o dormido. Como cuando un hombre que se encuentra despierto
ve las cosas como no son; tal como alguien que devora un caballo
con su jinete o pensar que ve a un hombre convertido en un animal,
o que él mismo es un animal y debe vincularse con ellos. Pues
entonces se engañan los sentidos exteriores, y son utilizados
por los interiores. Porque, por el poder de los demonios, con
permiso de Dios, las imágenes mentales conservadas durante mucho
tiempo en el tesoro de ellas, que es la memoria, son extraídas,
no de la comprensión intelectual en que se acumulan dichas imágenes,
sino de la memoria, que es el depósito de las imágenes mentales
y se encuentra situada en la parte posterior de la cabeza, y se
presentan ante la facultad imaginativa. Y se imprimen con tanta
energía sobre esa facultad, que un hombre tiene el impulso inevitable
de imaginarse que es un caballo o un animal, cuando el demonio
extrae de la memoria la imagen de un caballo o un animal; y así
se ve obligado a pensar que ve con los ojos exteriores un animal,
cuando en realidad no lo hay; pero parece haberlo hecho en razón
de la fuerza impulsiva del demonio que actúa por medio de esas
imágenes. 29 Y no tiene por qué parecer asombroso que los demonios
puedan hacer eso, cuando inclusive un defecto natural puede provocar
el mismo resultado, como lo demuestra el caso de los hombres frenéticos
y melancólicos, y de los maniáticos y algunos ebrios, incapaces
de discernir con exactitud. Pues los hombres frenéticos creen
que ven cosas maravillosas, tales como animales y otros horrores,
cuando en verdad nada ven. Véase más arriba, en la pregunta de
si las brujas pueden impulsar la mente de los hombres hacia el
amor y el odio, donde se señalan muchas cosas. Y por último, la
razón resulta evidente por sí misma. Pues como el demonio tiene
poder sobre las cosas inferiores, salvo en el alma, es capaz de
efectuar ciertos cambios en dichas cosas, cuando Dios lo permite,
de modo que las cosas parecen ser lo que no son. Y como ya dije,
esto lo hace confundiendo y engañando el órgano de la visión,
de modo que una cosa clara parece nublada, tal como después de
llorar, debido a los humores reunidos, la luz parece distinta
de lo que era antes. O mediante la actuación sobre la facultad
imaginativa, por una transmutación de imágenes mentales, como
se dijo, o por la agitación de varios humores, de modo que las
materias que son terrenas y secas parecen ser fuego o agua, como
algunas personas hacen que todos los de la casa se desnuden, bajo
la impresión de que están nadando en el agua. También puede preguntarse,
con referencia a los precedentes métodos de los demonios, si este
tipo de ilusión puede surgir tanto a los buenos como a los malvados,
así como otras enfermedades corporales, cual se mostrará después,
pueden ser provocadas por las brujas, inclusive en quienes se
encuentran en estado de gracia. A esta pregunta, siguiendo las
palabras de Casiano en su Segunda colación del abate Sireno, tenemos
que contestar que no pueden. Y de esto se sigue que es de presumir
que quienes se engañan de esta manera están en pecado mortal.
Pues dice, como surge con claridad de las palabras de San Antonio:
el demonio en modo alguno puede penetrar en la mente o cuerpo
de ningún hombre, ni tiene el poder de penetrar en los pensamientos
de nadie, salvo que tal persona haya quedado despojada primero
de todos los pensamientos santos y esté privada de la contemplación
espiritual. Esto coincide con Boecio, donde dice, en la Consolación
de la filosofía : “Les hemos dado tales armas, que, si no las
hubieran arrojado, se habrían protegido de la enfermedad”. También
Casiano habla en el mismo lugar de dos brujas paganas, cada una
maliciosa a su manera, que con su brujería enviaron una sucesión
de demonios a la celda de San Antonio, con el propósito de expulsarlo
de allí por medio de sus tentaciones, henchidos como estaban de
odio hacia el santo hombre a causa de la gran cantidad de personas
que lo visitaban todos los días. Y aunque estos demonios lo asaltaban
con los más agudos acicates de sus pensamientos, él los expulsó
persignándose en la frente y en el pecho, y postrándose en sincera
oración. Por lo tanto podemos decir que todos los así engañados
por los demonios, sin hablar de otras enfermedades corporales,
carecen del don de la gracia divina. Y así se dice en Tobías,
vi: “El demonio tiene poder contra quienes están sometidos a sus
apetitos”. Podemos resumir nuestras conclusiones como sigue: los
demonios, para su provecho y beneficio, pueden herir a los buenos
en su fortuna, es decir en cosas exteriores tales como la riqueza.,
da fama y la salud física. Esto resulta claro por el caso del
bendito Job, acosado por el demonio en tales asuntos. Pero estas
lesiones no las causan ellos mismos, de modo que no pueden ser
llevados o empujados a pecado ninguno, aunque es posible tentarlos
por dentro y por fuera, en la carne. Pero los demonios no pueden
atacar a los buenos con este 30 tipo de ilusiones, ni activa ni
pasivamente. No en forma activa, mediante el engaño de sus sentidos,
como hacen con otros que no están en estado de gracia. Y no de
manera pasiva, arrebatándoles los órganos masculinos con algún
hechizo. Pues en esos dos sentidos nunca. pudieron herir a Job,
y menos con la herida pasiva referente al acto venéreo, pues era
de tal continencia, que podía decir: he hecho un Juramento con
mis ojos, de que jamás pensaré acerca de una virgen, y menos todavía
sobre una esposa ajena. Ello no obstante, el demonio sabe que
posee gran poder sobre los pecadores; véase San Lucas, XI “Cuando
el fuerte armado guarda su atrio, en paz está lo que posee”. Pero
puede preguntarse, en cuanto a las ilusiones acerca del órgano
masculino, si, admitido que el demonio no puede imponer esta ilusión
a quienes se encuentran en estado de gracia en forma pasiva, tampoco
puede hacerlo en un sentido activo, siendo el argumento que el
hombre en estado de gracia se engaña porque debería ver el miembro
en su lugar correspondiente, cuando quien piensa que le ha sido
arrebatado, lo mismo que los otros testigos, no lo ve en su lugar;
pero si se admite esto, parece ser contrario a lo que se dijo.
Puede afirmarse que no existe tanta fuerza en la pérdida activa
como en la pasiva; por pérdida activa se entiende, no la del que
soporta la pérdida, sino del que ve la pérdida desde afuera, como
es evidente por sí mismo. Por lo tanto, aunque un hombre en estado
de gracia puede ver la pérdida de otro, y en esa medida el demonio
puede engañar sus sentidos, no puede sufrir esa pérdida, de manera
pasiva, en su propio cuerpo, como por ejemplo, verse privado de
su miembro, ya que no es esclavo de la lujuria. De la misma manera,
también es cierto lo contrario, como dijo el ángel a Tobías: “Sobre
aquellos que están entregados a la lascivia, el demonio tiene
poder”. ¿Y qué debe pensarse entonces de las brujas que de esta
manera reúnen, a veces, órganos masculinos en grandes cantidades,
en ocasiones veinte o treinta miembros, y los ponen en un, nido
de aves, o los encierran en una caja, donde se mueven como miembros
vivos, y comen avena y trigo, como lo vieron muchos y es cosa
de información común? Hay que decir que todo ello lo hace la obra
del demonio y la ilusión. Pues los sentidos de quienes los ven
se engañan en la forma en que dijimos. Porque cierto hombre dice
que, cuando perdió su miembro, se acercó a una conocida bruja
para pedirle que se lo devolviera. Ella le dijo al hombre lesionado
que se trepase a cierto árbol, y que podía tomar el que le agradara
de un nido en el cual había varios miembros. Y cuando trató de
tomar uno grande, la bruja dijo: no debes tomar ése, y agregó
que pertenecía a un sacerdote de la parroquia. Y todas estas cosas
son provocadas por los demonios por medio de una ilusión o hechizo,
tal como dijimos, mediante la confusión del órgano de la visión,
por transmutación de las imágenes mentales en la facultad imaginativa.
Y no debe decirse que esos miembros que se muestran sean demonios
con miembros adoptados, tal como a veces se aparecen a las brujas
y los hombres en cuerpos aéreos, adoptados, y conversan con ellos.
Y 1a razón es que efectúan esto por un método más fácil, a saber,
extrayendo una imagen mental del depósito de la, memoria, e imprimiéndola
sobre la imaginación. Y si alguien desea decir que podrían trabajar
de la misma manera, cuando se dice que conversan con brujas y
otros hombres en cuerpos adoptados; es decir, que podrían causar
esas apariciones cambiando las imágenes mentales en la facultad
imaginativa, de modo que cuando los hombres creyesen que los demonios
se encontraban presentes en cuerpos adoptados, en realidad no
eran más que una ilusión provocada por un cambio de las imágenes
mentales en la percepción interna. Es necesario decir que, si
el demonio no tuviese otro objetivo que el de mostrarse en forma
humana, no necesitaría aparecer en un cuerpo adoptado, ya que
podría lograr su propósito bastante bien con la mencionada ilusión.
Pero esto no es así, pues tiene otras finalidades, a saber, hablar
y comer con ellos, y cometer otras abominaciones. Por lo tanto,
es necesario 31 que él mismo esté presente, que se coloque ante
la vista en un cuerpo adoptado. Pues como dice Santo Tomás, donde
está el poder de un ángel, allí actúa. Y podría preguntarse si
el demonio por sí mismo, y sin una bruja., arrebata a alguien
el miembro viril, si existe alguna diferencia entre uno y otro
tipo de privación. Además de lo que se dijo en la Primera Parte
de la obra sobre el asunto de si las brujas pueden arrebatar el
órgano masculino, es posible decir que cuando el diablo se lleva
un miembro por sí mismo, se lo lleva en realidad, y cuando hay
que restablecerlo lo restablece de verdad. Segundo, así como se
lo arrebata sin, herir, así también se lo arrebata sin dolor.
Tercero, que nunca hace esto si no es impulsado por un ángel bueno,
pues al hacerlo interrumpe una fuente de grandes beneficios para
él; pues sabe que puede obrar más brujerías en ese acto que en
ningún otro acto humano. Porque Dios le permite lesionar más ese
acto humano que otros, como ya se dijo. Pero ninguno de los puntos
precedentes rige cuando actúa por medio de una bruja, con permiso
de Dios. Y si se pregunta si el demonio es más capaz de herir
al hombre y a las criaturas, por sí mismo más que por intermedio
de una bruja, puede decirse que no hay comparación entre los dos
casos. Pues es muchísimo más capaz de hacer daño por Intermedio
de las brujas. Primero, porque así ofende más a Dios al usurpar
para sí a una criatura dedicada a EL. Segundo, porque cuando Dios
es más ofendido, le otorga más poder de dañar a los hombres. Y
tercero, por su propio beneficio, que encuentra en la perdición
de las almas. SOBRE EL MÉTODO CON QUE PUEDEN INFLIGIR TODO TIPO
DE ENFERMEDADES, EN GENERAL DOLENCIAS DE LAS MAS GRAVES No hay
enfermedad física, ni siquiera la lepra o la epilepsia, que no
puedan ser causadas por brujas, con permiso de Dios. Y esto lo
prueba el hecho de que los Doctores no exceptúan ninguna clase
de enfermedad. Pues una cuidadosa consideración de lo que ya se
ha escrito acerca del poder de los demonios y la malignidad de
las brujas mostrará que esta afirmación no ofrece dificultades.
Nider también trata este tema en su Libro de preceptos y en su
Formicarius, donde pregunta si las brujas pueden en verdad dañar
a los hombres con sus brujerías. Y la pregunta no exceptúa ninguna
enfermedad, por incurable que fuere. Y allí responde que pueden
hacerlo, y pasa a preguntar de qué manera y por qué medios. Y
en cuanto a lo primero, responde como se mostró en la primera
Pregunta de la. Primera Parte de este Tratado. Y también lo demuestra
San Isidoro, cuando describe las acciones de las brujas (Etim.,
8, cap. 9), y dice que se las llama brujas debido a la magnitud
de sus delitos; porque perturban los elementos creando tormentas
con ayuda de los demonios, confunden las mentes de los hombres
de las maneras ya mencionadas, obstaculizando por entero o impidiendo
gravemente el uso de su razón. Y además agrega que, sin el empleo
de un veneno, por la pura virulencia de sus encantamientos, pueden
privar de su vida a los hombres. También lo demuestra Santo Tomás
en el Segundo libro de sentencias, 7 y 8, y en el Libro IV, 34,
y en general todos los Teólogos escriben que las brujas, con la
ayuda del demonio, pueden provocar daño a los hombres y a sus
asuntos en todas las formas en que un diablo por sí solo puede
dañar o engañar a saber, en sus asuntos, su reputación, su cuerpo,
su razón y su vida; lo cual significa que los daños causados por
el demonio sin una bruja, también pueden ser provocados por ésta,
y con mayor facilidad aun, debido a la mayor ofensa que se infiere
a la Divina Majestad, como se mostró más arriba. En Job, i y u
se encuentra un claro caso de daño en los asuntos temporales.
El daño a la reputación se muestra en la historia del beato Jerónimo,
donde el demonio se trasformó en la apariencia de San Silvano,
obispo de Nazaret, amigo de San Jerónimo. Y este demonio se acercó
de noche a una noble dama, en su cama, y primero trató de provocarla
y atraerla con palabras obscenas, y luego la invitó a ejecutar
el acto pecaminoso. Y cuando ella ,llamó, el 32 demonio; en forma
del santo obispo, se ocultó debajo de la cama de -la mujer, y
al ser buscado y hallado allí, con lenguaje meloso declaró, embustero,
que era el obispo Silvano. Al día siguiente, cuando el diablo
desapareció, el santo varón fue escandalosamente difamado, pero
su buen nombre quedó en claro cuando el demonio confesó, ante
la tumba de San Jerónimo, que había hecho eso con un cuerpo adoptado.
El daño al cuerpo se muestra en el caso del bendito Job, herido
por el demonio con terribles llagas, que se explican como una
forma de lepra. Y Sigisberto y Vincent de Beauvais (Spec. Hist.
XXV, 37) dicen ambos que en tiempos del emperador Luis II, en
la diócesis de Maguncia, cierto demonio comenzó a arrojar piedras
y a golpear en las casas como con un martillo, y luego, por declaraciones
públicas e insinuaciones secretas, difundió la discordia y perturbó
la mente de muchos. Luego excitó la ira de todos contra un hombre,
cuya vivienda, siempre que descansaba en ella, incendiaba y decía
que todos sufrían por los pecados de él. De modo que al final
el hombre tuvo que encontrar su morada en los campos. Y cuando
los sacerdotes a decían una letanía en su favor, el demonio apedreó
a muchas de las personas, hasta que las hirió y las hizo sangrar;
y a veces desistía, y otras se enfurecía; y esto siguió durante
tres años, hasta que todas las casas quedaron quemadas. Ejemplos
del daño al uso de la razón, y del tormento de las percepciones
internas, se len en los hombres posesos y frenéticos de quienes
hablan los Evangelios. Y en cuanto a la muerte, y a que privan
a algunos de su vida, se demuestra en Tobías, «, en el caso de
los siete esposos de la virgen Sara, muertos por sus lujuriosos
apetitos y desenfrenados deseos por la virgen Sara, de quien no
eran dignos de ser esposos. Por lo tanto se llega a la conclusión
de que por sí mismos, y más aun con la ayuda de las brujas, los
demonios pueden dañar a los hombres en todas las formas, sin excepción.
Pero si se pregunta si daños de este tipo deben ser atribuidos
a los diablos antes que a las brujas, se responde que cuando los
primeros provocan daños por su propia acción directa, se les atribuyen
principalmente a ellos. Pero cuando trabajan por intermedio de
las brujas, para rebajar y ofender a Dios, y para la perdición
de las almas, sabedores de que por este medio Dios se encoleriza
más y les otorga mayor poder para hacer el mal; y como en verdad
perpetran incontables brujerías que el demonio no se le permitiría
ejercer sobre los hombres si desease’ herirlos por sí solo, sino
que son permitidas en el justo y oculto designio de Dios, por
intermedio de las brujas, debido a su perfidia y abjuración de
la Pe católica, por lo tanto esos daños son atribuidos, con justicia,
a las brujas en términos secundarios, por más que el demonio sea
el actor principal. Por lo cual, cuando una mujer hunde una ramita
en el agua y salpica el agua por el aire para, hacer llover, aunque
ella misma no cause la lluvia, y no pueda ser culpada de ello,
sin embargo, como firmó un pacto con el demonio, gracias al cual
puede hacer eso como bruja, aunque el demonio es quien provoca
la lluvia, ella merece cargar con la culpa, porque es una infiel
y efectúa la labor del demonio, y se entrega a sus servicios.
Y así también cuando una bruja elabora una imagen de cera o alguna
otra cosa por el estilo, para hechizar a alguien; o cuando una
imagen de una persona aparece al verter plomo fundido en el agua,
y se hace algún daño a la imagen, como perforarla o perjudicarla
de alguna otra manera, cuando el hombre embrujado es herido de
ese modo en su imaginación; y aunque el daño se hace en verdad
a la imagen, por parte de la bruja o algún otro hombre, y el demonio
daña de manera invisible, y en la misma forma, al hombre hechizado,
ello se atribuye merecidamente a la bruja. Porque sin ella, Dios
nunca permitiría que el demonio infligiese el daño, ni el diablo,
por su propia cuenta. trataría de herir al hombre. 33 Pero como
se dijo que en el caso de su buen nombre los demonios pueden lesionar
a los hombres por su propia cuenta y sin la, colaboración de brujas,
puede surgir la duda de si los demonios no serán capaces también
de difamar a mujeres honradas de forma que se las considere brujas,
cuando dan la impresión de hechizar a alguien; de lo cual surgiría
que semejante mujer sería difamada sin causas. Para responder
debemos hacer antes unas pocas observaciones. Primero, se dijo
que el demonio nada puede hacer sin el permiso Divino, como se
muestra en la Primera Parte de esta obra. También se mostró que
Dios no concede tan gran poder de mal contra los justos y los
que viven en gracia, como contra los pecadores; y como los demonios
tienen mayor poder contra éstos (véase el texto: “Cuando un fuerte
hombre armado”, cte.), Dios les permite afectarlos más que a los
justos. Por último, si bien pueden, con el permiso de Dios, herir
a los justos en sus asuntos, su reputación y su salud corporal,
como saben que este poder se les concede ante todo para engrandecimiento
de los méritos de los justos, se muestran menos ansiosos de dañarlos.
Entonces puede decirse que en esta dificultad es preciso considerar
varios puntos. Primero, el permiso Divino. Segundo, el hombre
a quien se considera justo, pues los así reputados no están siempre,
en verdad, en estado de gracia. Tercero, el delito del cual se
sospecharía de un hombre inocente, pues ese delito, en su origen
mismo; es superior a todos los crímenes del mundo. Por lo tanto,
es de decir que se permite que, con -autorización de Dios, una
persona inocente, se ‘ encuentre o no «en estado de gracia, sea
perjudicada en sus negocios o reputación, pero con respecto a
este, delito y a la gravedad de la acusación (pues a menudo citamos
a San Isidoro cuando dice que sé llaman brujas por la magnitud
de sus crímenes), puede decirse que es imposible, por muchas razones,
que una persona Inocente sea difamada por el demonio en la forma
en que se describió. En primer lugar, una cosa es ser difamado
en relación con vicios cometidos sin contrato expreso o tácito’
con el demonio, tales como hurto, robo o fornicación; pero otra
muy distinta es ser difamado en punto -de vicios de qué es imposible
acusar a un hombre de haber perpetrado, a menos de que firmase
un contrato expreso con el demonio; y tales son las obras de las
brujas, que no les pueden ser imputadas si no es por el poder
de los demonios que embrujan a los hombres, los animales y los
frutos de la tierra: Por lo tanto, aunque el diablo puede ensombrecer
la reputación de los hombres respecto de otros vicios, no parece
posible que lo haga en relación con el vició que no puede perpetrarse
sin su colaboración. Además, hasta hoy nunca se supo que ocurriese
que una persona inocente haya sido difamada por el demonio hasta
tal punto, que se la condenara a ,muerte por ese delito. Además,
cuando una persona sólo está bajo sospecha, no sufre castigos,
salvo los que el Canon prescribe para su purificación. Y aquí
se afirma que, si ese hombre fracasa en su purificación, se lo
debe considerar culpable, pero tiene que ser objeto de una solemne
súplica antes que se proceda con castigo de su pecado y se lo
ponga en práctica. Pero- aquí tratamos de hechos concretos, y
nunca se supo que una persona inocente haya sido castigada por
sospecha de brujería, y no cabe duda de que Dios jamás permitirá
que ocurra, - fui cosa. Además, El no permite que los inocentes
que’ se encuentran bajo su protección angélica. sean sospechados
de delitos menores, tales como robos y otras cosas; tanto más
protegerá El a quienes se encuentran bajo esa guarda, de la sospecha
del delito de brujería. Y no es objeción válida citar la leyenda
de San Germano, cuando los demonios adoptaron el cuerpo de otras
mujeres y se sentaron ala mesa, y durmieron con los esposos, y
llevaron a éstos a la creencia de ,que esas mujeres comían y bebían
con ellos en sus propios cuerpos, como ya mencionamos. Pues en
este caso las mujeres no deben ser consideradas inocentes. Porque
en el Canon (Episcopi 26, pregunta 2) esas mujeres son condenadas
por pensar que 34 se las trasporta en verdad y en realidad, cuando
sólo lo -son en la imaginación, si. bien, como mostramos más arriba,
a veces son trasportadas físicamente por los demonios. Pero nuestra
proposición actual es la de que, con permiso de Dios, pueden provocar
todas las otras enfermedades sin excepción; y de lo que dijimos
debe extraerse la conclusión de que así es. Porque los Doctores
no hacen excepciones, ni existen motivos para que hagan ninguna,
ya que, como dijimos muchas veces, el poder natural de los demonios
es superior a todos los poderes corpóreos. Y en nuestra experiencia
hemos visto que ello es así. Porque si bien pueden sentirse mayores
dificultades para creer que las brujas pueden causar lepra o epilepsia,
ya que por lo general estas enfermedades surgen de alguna predisposición
o defecto físicos de larga data, ello no obstante, se ha visto
muchas veces que fueron engendradas por brujería. Porque en la
diócesis de Basilea, en el distrito de Alsacia y Lorena, cierto
honrado trabajador habló con rudeza a una mujer pendenciera, y
ella, encolerizada, lo amenazó diciéndole que pronto se vengaría
de él. El hombre le prestó poca atención, pero la misma noche
sintió que le crecía una pústula en el cuello, y la frotó tanto,
y encontró toda la cara y cuello hinchados, y una horrible forma
de lepra le apareció en todo el cuerpo. En seguida acudió a sus
amigos en procura de consejo, y les habló de la amenaza, de la
mujer, y dijo que apostaba, la vida en la sospecha de que ello
le había sido producido por las artes mágicas de la misma bruja.
En una palabra. la mujer fue arrestada, interrogada, y confesó
su delito. Pero cuando el juez le preguntó en especial por el
motivo de ello, v de cómo lo hizo, contestó: “Cuando ese hombre
usó palabras injuriosas contra mí, me enfurecí y me fui a casa;
y mi familiar me preguntó por el motivo de mi malhumor. Yo se
lo conté, y le pedí que me vengase del hombre. Y él me preguntó
qué quería que le hiciera; y yo le contesté que quería que tuviese
siempre el rostro hinchado. Y el demonio se fue y afectó al hombre
mucho más allá de lo que yo le pedía, pues no había abrigado la
esperanza de que lo infectase con tan horrible lepra”. Y por lo
tanto la mujer fue quemada. Y en la diócesis de Constanza, entre
Breisach y Priburgo, hay una mujer leprosa (a menos de que haya
pagado la deuda de toda la carne en estos dos últimos años) que
solía decir a muchas personas que lo mismo le había ocurrido en
razón de una pendencia similar que ocurrió entre ella y otra mujer.
Porque una noche, cuando salió de la casa para hacer algo delante
de la puerta, un viento caliente llegó de la casa de la otra mujer,
que se encontraba enfrente, y de pronto le dio en la cara; y desde
entonces se vio afectada de la lepra que ahora sufría. Y por último,
en la misma diócesis, en el territorio de la Selva Negra, una
bruja era levantada por un carcelero al montículo de leña preparado
para quemarla, y dijo: “Te pagaré”, y le sopló en la, cara. Y
en el acto se vio afectado dé una horrible lepra en todo el cuerpo,
y no sobrevivió muchos días. Con fines de brevedad, se omiten
los temibles delitos de esta bruja, y muchos otros casos que se
podrían narrar. Pues a menudo hemos visto que ciertas personas
fueron castigadas con epilepsia ú otra enfermedad, por medio de
huevos enterrados con cadáveres, en especial los cadáveres de
brujas, junto con otras ceremonias de las cuales no podemos hablar,
en especial cuando dichos huevos fueron dados a una persona, ya
sea para comerlos o para beberlos. DE LA MANERA EN QUE, EN ESPECIAL,
AFECTAN A LOS HOMBRES CON OTRAS ENFERMEDADES PARECIDAS ¿Pero quién
puede calcular la cantidad de otras enfermedades que infligieron
a los hombres, como la ceguera, los más agudos dolores y las contorsiones
del cuerpo? Pero expondremos unos pocos ejemplos que vimos con
nuestros ojos, o que fueron relatados a uno de nosotros, inquisidores.
Cuando se llevaba a cabo una inquisición con ciertas brujas en
la, ciudad de Innsbruck, surgió a la luz, entre otros, el siguiente
caso. Una mujer honrada, legalmente casada con un miembro de la
casa del archiduque, declaró formalmente lo siguiente. En la época
de su 35 doncellez se encontraba al servicio de uno de los ciudadanos,
cuya esposa fue afectada por fuertes dolores en la cabeza; y llegó
una mujer que dijo que podía curarla, e inició ciertos encantamientos
y ritos que según afirmó aliviarían los dolores. Y yo observé
con cuidado (dijo esta mujer) lo que hacia, y vi que, contra la
naturaleza del agua vertida en un vaso, hacía que el agua se elevara
en su recipiente, junto con otras ceremonias que no hace falta
mencionar. Y como consideré que los dolores de cabeza de mi ama
no se mitigaron por estos medios, me dirigí a la bruja, con cierta
indignación, con estas palabras: “No sé lo que haces, pero sea
lo que fuere, es brujería, y lo haces para tu propio beneficio”.
La bruja replicó en el acto: “En el lapso de tres días sabrás
si soy o no una bruja”. Y así fue; porque al tercer día, cuando
me senté y tomé una rueca, sentí de pronto un terrible dolor en
el cuerpo. Primero surgió dentro de mí, de modo que me pareció
que no había parte alguna de mi cuerpo en que no sintiese horribles
dolores punzantes; luego me pareció que me derramaban continuamente,
sobre la cabeza, carbones encendidos; tercero, desde la coronilla
de la cabeza hasta las plantas de los pies, no quedó un solo espacio,
mayor que la cabeza de un alfiler, que no estuviese cubierto de
una erupción de pústulas blancas; y así seguí en estos dolores,
gritando y ansiando la muerte, hasta el cuarto día. Por último
el esposo de mi ama me dijo que fuese a cierta taberna, y con
gran dificultad me encaminé hacia allí, mientras él caminaba delante,
hasta que estuvimos frente a la taberna. “¡Mira! -me dijo-. Hay
una hogaza de pan blanco sobre la puerta de la taberna.” “Ya la
veo” respondí. Y él dijo: “Bájala, si puedes, pues te hará bien”.
Y yo, tomándome de la puerta con una mano hasta donde me fue posible,
aferré la hogaza con la otra. “Ábrela -dijo mi amo - y mira con
cuidado lo que hay adentro.” Entonces, cuando partí la hogaza,
encontré muchas cosas dentro de ella, y en particular unos granos
blancos muy parecidos a las pústulas de mi cuerpo; y también vi
algunas simientes y hierbas tales, que yo no podía comer, y ni
siquiera mirar, con huesos de serpientes y de otros animales.
En mi asombro, pregunté a mi amo qué debía hacer, y él me dijo
que arrojase todo al fuego. Así lo hice, y he ahí que de pronto,
no en una hora o siquiera en unos pocos minutos, sino en el momento
mismo en que el pan fue arrojado al fuego, recuperé mi salud anterior.
Y mucho más se declaró contra la esposa del ciudadano a cuyo servicio
estaba esa mujer, en razón de que se sospechaba de ella, no con
ligereza, sino con gran fuerza, y en especial porque había usado
una gran familiaridad con brujas reconocidas. se presume que,
conocedora del hechizo de brujería oculto en la hogaza, se lo
contó a su esposo; y luego, de la manera descrita, la criada recobró
la salud. Para provocar repugnancia contra un crimen tan grande,
es bueno que narremos cómo otra persona, también una mujer, fue
hechizada en la misma ciudad. Una honrada, mujer casada declaró
lo siguiente bajo juramento. Detrás de mi casa (dijo) tengo un
huerto, y el jardín de mi vecino está contiguo a él. Un día advertí
que se había practicado un pasaje desde ese jardín hasta mi huerto,
no sin provocar algunos daños; y me encontraba ante mi huerto,
cavilando y lamentando el pasaje y el daño cuando de pronto apareció
mi vecina y preguntó si sospechaba de ella. Pero yo me asusté
debido a su mala reputación, y sólo respondí: “Las huellas de
pisadas en el césped son pruebas del daño”. Entonces ella se indignó
porque, al contrario de lo que esperaba, yo no la había acusado
con palabras que le permitiesen enjuiciarme, y se fue murmurando,
y aunque escuché sus palabras, no pude entenderlas. Al cabo de
varios días enfermé de fuertes dolores del estómago, y de los
más agudos calambres, que me recorrían el cuerpo del lado izquierdo
al derecho, y a la inversa, como si me atravesaran el pecho con
dos espadas o cuchillos. Día y noche molesté a todos los vecinos
con mis lamentos. Y cuando vinieron de todas partes para consolarme,
ocurrió que cierto alfarero, enredado en adúltera intriga con
la bruja, mi vecina, al visitarme se apiadó de mi enfermedad,
y luego de unas pocas palabras de consuelo, se fue. Pero al día
siguiente regresó de prisa, y después de consolarme, agregó: “Voy
a probar si tu 36 enfermedad se debe a la brujería, y si descubro
que ello es así, te restableceré la salud”: De modo que tomó un
poco de plomo derretido, y mientras yo yacía sobre el lecho, lo
derramó en un cuenco de agua que colocó sobre mi cuerpo. Y cuando
el plomo se solidificó en cierta imagen y varias formas, dijo:
“¡Ves, tu enfermedad ha sido causada por brujería! Y uno de los
instrumentos de ese embrujo está oculto bajo el umbral de la puerta
de tu casa. Vayamos, entonces, a sacarlo, y te sentirás mejor”.
Así que mi esposo y él fueron a quitar el encantamiento, y el
alfarero, luego de levantar el umbral, le dijo a mi esposo que
metiera la mano en el hoyo que entonces apareció, y que sacase
lo que encontrara; y así lo hizo. A1 principio sacó una imagen
de cera de un palmo de largo, toda - perforada, y atravesada en
los costados por dos agujas, de la misma manera en que yo sentía
los punzantes dolores de lado a lado; y luego, varios bolsitos
que contenían todo tipo de cosas, tales como granos, simientes
y huesos. Y cuando todas estas cosas fueron quemadas, mejoré,
pero no del todo. Pues aunque los dolores y calambres cesaron,
y recuperé mi apetito, todavía no me encuentro en modo alguno
restablecida en mi salud total. Y cuando le preguntamos por qué
no se había recuperado por completo, contestó: hay ocultos otros
instrumentos de brujería que no- puedo hallar. Y cuando le pregunté
al hombre cómo sabia dónde estaban escondidos los primeros instrumentos,
respondió: “Lo supe por el amor que impulsa a un amigo a contarle
cosas a un amigo; pues tu vecina me lo reveló cuando me instaba
a cometer adulterio con ella”. Esta es la historia de la mujer
enferma. Pero si hablase de todos los casos que se conocieron
en esa ciudad, tendría’ que hacer un libro con ellos. Pues incontables
hombres y mujeres ciegos, cojos, encogidos, o atacados de varias
enfermedades, juraron en diversas ocasiones que tenían fuertes
sospechas de que sus enfermedades, tanto en general como en particular,
eran originadas por las brujas, y que debían soportar esas dolencias
durante un periodo, o hasta su muerte. Y todo lo que dijeron ‘y
atestiguaron era cierto, ya sea en relación con una enfermedad
especifica, o en cuanto a la muerte de otros. Pues ese país abunda
en secuaces y caballeros que disponen de tiempo para el vicio,
y seducen a las mujeres, y luego quieren desprenderse de ellas
cuando desean casar con una mujer honrada, pero pocas veces pueden
hacerlo sin incurrir en la venganza de -alguna brujería sobré
ellos o sus esposas. Pues cuando esas mujeres sé ven despreciadas,
insisten en atormentar, no tanto al marido como a la esposa, en
la esperanza de que, si ésta muere, el esposo volverá a su anterior
amante. Porque cuando un cocinero del archiduque se casó con una
honrada muchacha de un país extranjero, una bruja, que había sido
su querida, los encontró en la carretera pública, y al alcance
del oído de otras personas honradas, predijo el embrujamiento
y muerte de la joven, extendió la mano y afirmó: “No será mucho
el tiempo en que te regocijes con tu esposo”. Y en el acto, al
día siguiente, cayó en cama, y luego de varios días pagó la deuda
de toda la carne, y exclamó en el momento de expirar: “¡Ay, así
muero, porque esa mujer, con el permiso de Dios, me mató con su
brujería; pero ea verdad voy a otro y mejor casamiento con Dios!”.
De la misma forma, según las pruebas de un informe público, cierto
soldado fue muerto por brujería, y muchos otros cuya mención omito.
Pero entre ellos había un conocido caballero, cuya amante deseó
que fuese a visitarla en una ocasión pata pasar la noche; pero
él envió a su criado para decirle que no podía visitarla esa noche
porque estaba ocupado. Entonces ella se encolerizó y dijo al criado:
Vé y dile a tu amo que no me molestará mucho tiempo. Al día siguiente,
el caballero cayó enfermo, y una semana después era enterrado.
Y hay brujas que pueden hechizar a sus jueces con una simple mirada
de los ojos, y en público se jactan de que no pueden ser castigadas;
y cuando los malhechores son encarcelados por sus delitos, y expuestos
a las más severas torturas para obligarlos a decir la verdad,
esas brujas pueden dotarlos de tal obstinación en su silencio,
que no les sea posible revelar sus crímenes. 37 Y existen quienes,
para cumplir sus malos hechizos y encantamientos, golpean y hieren
el Crucifijo, y emiten las más sucias palabras contra la Pureza
de la muy Gloriosa Virgen MARIA, y lanzan las más horrendas calumnias
contra la Natividad de Nuestro Salvador en Su inviolado útero.
No es conveniente repetir esas ruines palabras, ni describir todavía
sus detestables crímenes, ya que la narración ofendería en grande
los oídos de los piadosos; pero todas se conservan y guardan por
escrito, y detallan la manera en que cierta judía bautizada instruyó
a otras jóvenes. Y una de ellas, llamada Walpurgis, que en el
mismo año se encontraba al borde de la muerte, e instada por quienes
la rodeaban a que confesase sus pecados, exclamó: me entregué
en cuerpo y alma al demonio; no hay para mí esperanza de perdón;
y así murió. Estos - detalles no han sido descritos para vergüenza,
sino más bien para alabanza y gloria del ilustrísimo archiduque.
Pues era, un verdadero príncipe católico, y trabajó con gran celo,
con la iglesia de Brixen, para exterminar a las brujas. Pero se
escriben más bien con odio y repugnancia, hacia un delito tan
grande, y para que los hombres no dejen de vengar sus horrores,
y los insultos y ofensas que estas desdichadas ofrecen al Creador
y a nuestra Santa Fe, para, no hablar de las pérdidas corporales
que provocan. Pues este es su mayor y más grave crimen, a saber:
que abjuran de la Fe. DE CÓMO LAS COMADRONAS COMETEN HORRENDOS
CRÍMENES CUANDO MATAN A LOS NIÑOS 0 LOS OFRECEN. A LOS DEMONIOS
EN LA FORMA MAS ABORRECIBLE No debemos dejar de mencionar los
daños hechos a los niños por brujas comadronas, primero al matarlos,
y segundo ofrecerlos a los diablos en forma blasfema. Ea la diócesis
de Estrasburgo y en la ciudad de Zabern hay una honrada mujer
muy devota de la Santa Virgen MARIA, quien narra la siguiente
experiencia a todos los huéspedes que acuden a la taberna que
posee, conocida con el emblema de El águila Negra. Estaba, dice,
embarazada por mi legítimo esposo, ya muerto, y cuando se acercaba
mi momento cierta comadrona me importunó para que la tomase para
ayudar en el nacimiento de mi hijo. Pero yo conocía su mala reputación,
y aunque había decidido llamar a otra mujer, fingí, con palabras
conciliatorias, aceptar su pedido. Pero cuando llegaron mis dolores,
y traje a otra comadrona, la primera se enfureció mucho, y apenas
una semana más tarde entró en mi habitación, una noche, con otras
dos mujeres, y se acercó al lecho en que yacía, y cuando traté
de llamar a mi esposo, quien dormía en otra habitación, mis miembros
y lengua quedaron sin movimiento, de modo que aparte de ver y
oír, no podía mover un músculo. Y la bruja, de pie entre las otras
dos, dijo: “¡Vean cómo esta vil mujer, que no quiso tomarme por
comadrona, no triunfará sin ser castigada!” Y las otras dos, que
se hallaban junto a ella, le rogaron por mí, y le dijeron: “Nunca
nos hizo daño”. Mas la bruja agregó: “Pero me ofendió a mí y por
eso le pondré algo en las entrañas; pero para complacerlas a ustedes,
no sentirá dolores durante medio año, mas al cabo de ese lapso
sufrirá grandes torturas”. Y así se acercó y me tocó el vientre
con las manos, y me pareció que me arrancaba las entrañas, y puso
adentro algo, que sin embargo yo no pude ver. Y cuando se fueron
y recuperé el habla, llamé a mi esposo lo antes posible, y le
conté lo ocurrido. Pero él lo atribuyó al embarazo, y dijo: “Ustedes,
las mujeres embarazadas, siempre sufren de fantasías e ilusiones”.
Y cuando en modo alguno quiso creerme, le respondí: “Se me han
dado seis meses de gracia, y si después de ese período no experimento
tormento alguno, te creeré”. Relató esto a su hijo, clérigo, que
entonces era archidiácono del distrito, y quien fue a visitarla
el mismo día. ¿Y qué ocurrió? Cuando pasaron seis meses, con exactitud,
experimentó en el vientre un dolor tan terrible, que no pudo dejar
de alarmar a todos con sus gritos, día y noche. Y dado que, como
se dijo, era muy devota de la Virgen, la Reina de la Piedad, ayunó
con pan y agua todos los sábados, de manera que creyó que había
sido 38 librada por Su intercesión. Pues un día, cuando quiso
ejecutar una acción de la naturaleza, todas las cosas impuras
le cayeron del cuerpo; y llamó a su esposo y a su hijo, y les
dijo: “¿Son estas fantasías? ¿No dije que al cabo de medio año
se sabría la verdad? ¿O quién me vio comer alguna vez espinas,
huesos hasta trozos de madera?” Pues había espinos tan largos
como la palma de una mano, así como una cantidad de otras cosas.
Más aun (como se dijo en la Primera Parte de la obra), se mostró,
por la confesión de la criada, quien fue llevada a juicio en Breisach,
que los mayores daños a la Fe, en lo que se refiere a la herejía
de las brujas, son los que hacen las comadronas; y esto resulta
más claro que la luz del día, gracias a las confesiones de algunas
que después fueron quemadas. Porque en la diócesis de Basílea,
en la ciudad de Dann, una bruja a quien luego se quemó confesó
que había muerto a más de cuarenta niños clavándoles una aguja
en la, cabeza, hasta el cerebro; cuando salían del útero. Por
último, otra mujer de la diócesis de Estrasburgo confesó que había
matado a más niños de los que podía contar. Y se la atrapó de
la siguiente manera. Había sido llamada de una ciudad a otra para
actuar como comadrona de una mujer, y luego de cumplir con su
tarea, regresaba a su hogar. Pero cuando salió de las puertas
de la ciudad, el brazo de un niño recién nacido le cayó de la
capa con que se había envuelto, en cuyos pliegues se hallaba oculto.
Esto lo vieron quienes estaban sentados en la puerta, y cuando
ella siguió de largo recogieron del suelo lo que confundieron
con un trozo de carne; pero cuando miraron más de cerca y vieron
que no era, un trozo de carne, sino que lo reconocieron por los
dedos, como el brazo de un niño, le informaron a los magistrados,
y se descubrió que un niño había muerto antes del bautismo, con
un brazo de menos. De modo que se apresó a la bruja y se la interrogó,
y confesó el crimen, y que, como se dijo, había matado a más niños
de los que podía contar. Ahora bien, la razón de tales prácticas
es la que sigue: es de suponer que las brujas se ven obligadas
a hacer estas cosas por orden de los malos espíritus, y a veces
contra su propia voluntad. Pues el demonio sabe que, debido al
dolor de la pérdida, o pecado original, esos niños no pueden entrar
en el Reino de los Cielos. Y por este medio se demora el Juicio
Final, en que los demonios serán condenados a la tortura eterna,
ya que la cantidad de los elegidos se completa con más lentitud,
y cuando haya terminado se consumirá el mundo. Y además, como
ya se mostró, el demonio enseña a las brujas a confeccionar, con
los miembros de estos niños, un ungüento muy útil para sus hechizos.
Pero para que tan gran pecado sea detestado al máximo, no debemos
guardar silencio respecto del siguiente y horrible delito. Porque
cuando no matan al niño, lo ofrecen al demonio, de manera blasfema,
de esta manera. Ea cuanto nace el chico, la comadrona, si la madre
misma no es una bruja, lo saca de la habitación con el pretexto
de calentarlo, lo levanta y lo ofrece al Príncipe de los Demonios,
es decir, Lucifer, y a todos los diablos. Y esto se hace junto
al fuego de la cocina. Un hombre relata que advirtió que su esposa,
cuando le llegaba el momento de dar a luz en contra de la costumbre
habitual de las mujeres en el parto, no permitía que mujer alguna
se acercase al lecho, salvo su propia hija, que actuaba de comadrona.
Como deseaba conocer la razón de ello, se ocultó en la casa y
presenció todo el orden del sacrilegio y la dedicación al demonio,
como se describió. También vio, según le pareció, que sin ayuda
humana, sino con el poder del diablo, el niño trepaba por la cadena
de que colgaban las ollas de la comida. Con gran consternación,
tanto por las terribles palabras de la invocación de los demonios,
como por las otras inicuas ceremonias, insistió con energía en
que se bautizara al niño en el acto. Mientras se lo llevaba a
la aldea vecina, donde había una iglesia, y cuando tuvieron que
cruzar un puente sobre un río, desenvainó la espada y corrió hacia
su hija, quien llevaba el niño, y dijo, en presencia de otros
dos que estaban con ellos: 39 “No llevarás el niño al otro lado
del puente, pues lo cruzará por sí mismo, o tú te ahogarás en
el río”. La hija se aterrorizó, y, junto con las otras mujeres
acompañantes, le preguntó si estaba en sus cabales (pues había
ocultado lo sucedido a todos los demás, salvo a los dos hombres
que iban con él). Y entonces él respondió: “Bruja ruin, con tus
artes mágicas hiciste que el niño trepara por la cadena de la
cocina; ahora haz que cruce el puente sin que nadie lo lleve,
o te ahogaré en el río”. Y así, obligada, depositó al niño en
el puente e invocó al demonio con sus artes, y de pronto se vio
al chico al otro lado del puente. Y cuando se lo bautizó y regresó
al hogar, ya que ahora tenía testigos para condenar a su hija
por brujería (pues no podía demostrar el crimen anterior, de oblación
al demonio, ya que había sido el único testigo de ese sacrílego
ritual), acusó a la hija y la madre ante el juez, luego de su
período de justificación. Y ambas fueron quemadas, y se descubrió
el delito de las comadronas que hacían esa sacrílega ofrenda.
Pero aquí surge la duda: ¿con qué fin u objetivo se hace esta
ofrenda sacrílega de los niños, y cómo beneficia a los demonios?
A esto puede decirse que los diablos lo hacen por tres razones
que sirven a tres finalidades muy malignas. La primera ‘ nace
de su orgullo, que siempre aumenta; como se dice: “Quienes te
odian han levantado la cabeza”. Pues hasta donde les es posible,
tratan de adaptarse a los ritos y ceremonias divinos. Segundo,
les es más fácil engañar a los hombres so capa de una acción en
apariencia piadosa. Pues de la misma manera atraen a vírgenes
y muchachos a su poder; pues aunque podrían solicitarlos por medio
del mal y corromper a los hombres, prefieren engañarlos con espejos
mágicos y los reflejos que se ven en las uñas de las brujas, y
atraerlos con la creencia de que aman la castidad, cuando en verdad
la odian. Pues el demonio odia ante todo a la Santísima Virgen,
porque ella le hirió la cabeza (Génesis, XIII 15). Del mismo modo,
en esta oblación de los niños engañan la mente de las brujas y
las llevan al vicio de infidelidad bajo la apariencia de un acto
virtuoso. Y la tercera razón es que la perfidia de las brujas
puede crecer, para beneficio del demonio, cuando tienen brujas
dedicadas. a ellos desde la cuna. Y este sacrilegio afecta al
niño de tres maneras. En primer lugar, las ofrendas visibles a
Dios se hacen con cosas visibles, tales como el vino o el pan
o los frutos de la tierra, en señal de honor y sometimiento a
Él, como se dice en Ecalesiasticus, xxv: “No te presentarás sin
nada ante el Señor”. Y tales ofrendas no pueden ni deben ser más
tarde utilizadas con fines profanos. Por lo tanto, el Santo Padre
San Juan Damasceno, dice: las oblaciones que se ofrecen en la.
iglesia, pertenecen sólo a los sacerdotes, pero no para que las
empleen para sus propios fines, sino para que las distribuyan
con fidelidad, en parte en la observancia del culto divino, y
en parte para uso de los pobres. De esto se sigue que un niño
que ha sido ofrecido al demonio en señal de sometimiento y homenaje
a él no puede ser dedicado por los católicos a una vida santa,
en digno y fructífero servicio de Dios, para beneficio de sí mismo
y de los demás. ¿Pues quién puede decir, que los pecados de las
madres de otros no redundarán en castigo sobre los niños? Tal
vez alguien cite el dicho del profeta: “El hijo no heredará la
iniquidad del padre”. Pero hay otro pasaje en Exodo, xx: “Yo soy
Jehová tu dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padre
sobre los hijos sobre los terceros y sobre los cuartos, a los
que me aborrecen”. Ahora bien, el significado de estos dos dichos
es como sigue. El primero habla de castigo espiritual en el juicio
del Cielo o Dios, y no en el juicio de los hombres. Y es el castigo
del alma, tal como una pérdida de la gloria, o el castigo del
dolor, es decir, del tormento del fuego eterno. Con tales castigos,
nadie resulta castigado, salvo por su propio pecado, ya sea heredado
como pecado original o cometido por pecado real. El segundo texto
habla de quienes imitan los pecados de sus padres como lo explicó
Graciano (I, Pregunta 4, etc.); y allí ofrece explicaciones acerca
de ceso el juicio de Dios 40 inflige otros castigos al hombre,
no sólo por los pecados que cometió, u que pueda cometer (pero
que el castigo le impide cometer), sino también por los pecados
de los demás. No puede argumentarse que entonces se castiga a
un hombre sin causa y sin pecado, que debería ser el motivó del
castigo. Pues según el régimen de la ley, nadie debe ser castigado
sin pecado, a menos de que haya alguna causa para ello. Y podemos
decir que existe siempre una causa muy justa, aunque no la conozcamos:
véase San Agustín, xxiv, 4. Y si en el resultado no podemos penetrar
en la profundidad del juicio de Dios, sabemos que lo que El dijo
es cierto, y justo lo que É1 hizo. Pero es preciso observar una
distinción entre los niños inocentes que son ofrecidos a los demonios,
no por sus madres, cuando son brujas, sino por comadronas, que,
como dijimos, los arrebatan en secreto del abrazo y el útero de
una mujer honrada. Esos niños no quedan tan apartados de la gracia,
que por fuerza deban ser objeto de tales delitos; pero se cree
piadosamente que más bien pueden cultivar las virtudes de sus
madres. El segundo resultado de este sacrilegio para los niños
es el siguiente. Cuando un hombre se ofrece en sacrificio a Dios,
reconoce a éste como su Principio y su Final; y ese sacrificio
es más digno que todos los sacrificios exteriores que hace, que
tienen su comienzo en su creación y su fin en su glorificación,
como se dice: un sacrificio a Dios es un espíritu afligido, etc.
De la . misma manera, cuando una bruja ofrece un niño al demonio,
se lo encomienda en cuerpo y alma, como su comienzo y su fin,
en eterna condenación; por lo cual, sólo un milagro puede librarlo
del pago de una deuda tan grande. Y a menudo leemos la historia
de niños a quienes sus madres, en una pasión o perturbación mental,
los ofrecieron al demonio, sin pensarlo, desde el útero mismo,
y de cómo sólo con las mayores dificultades pueden, cuando llegan
a una edad adulta, librarse de la esclavitud que el demonio, con
permiso de Dios, usurpó para sí. Y el Libro de los ejemplos, Santísima
Virgen MARIA, ofrece muchos ejemplos de estos; uno de los más
notables es el del hombre a quien el Supremo Pontífice no pudo
librar de los tormentos del demonio, sino que al cabo fue enviado
a un santo hombre que vivía en Oriente, y por último, con grandes
dificultades, quedó libre de sus ataduras gracias a la intercesión
de la muy gloriosa Virgen. Y si Dios castiga con tanta severidad,
inclusive de modo tan irreflexivo, no diré ya en sacrificio, sino
encomendación usada airadamente por una madre cuando su esposo,
después de copular con ella, dice: “Espero que de esto nazca un
niño”, y ella responde: “¡Ojalá se vaya el niño al demonio!”,
cuánto mayor debe de ser el castigo cuando la Divina Majestad
resulta ofendida de la manera que describimos. El tercer efecto
de esta sacrílega oblación consiste en inculcar una inclinación
habitual a lanzar hechizos sobre los hombres, animales y frutos
de la tierra. Esto se muestra en Santo Tomás, en el Libro Segundo,
Pregunta 108, cuando habla del castigo temporal, de cómo algunos
son castigados por los pecados de otros. Pues dice que, hablando
en términos corporales, los hijos son una parte de las posesiones
de sus padres, y criados y animales pertenecen a sus amos; por
lo cual, cuando un hombre es castigado en todas sus posesiones,
se sigue que a menudo los hijos sufren por los padres. Y esto
es muy distinto de lo que se dijo acerca de que Dios visita los
pecados de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta
generaciones. Pues allí se trata de quienes imitan los pecados
de sus padres, pero aquí hablamos de quienes sufren en lugar de
sus padres, cuando no imitan sus pecados cometiéndolos en la práctica,
sino que sólo heredan los resultados de dichos pecados. Porque
de esta manera murió muy pronto el hijo nacido a David, en adulterio;
y se ordenó que fuesen muertos los animales de los amalecitas.
Sin embargo, en todo esto hay mucho misterio. Si se tiene en cuenta
todo lo que dijimos, podemos llegar a la conclusión de que tales
niños, siempre, hasta el final de su vida, están predispuestos
a la perpetración de brujerías. Pues así como Dios santifica lo
que está dedicado a É1, como lo demuestran los hechos de los 41
Santos, cuando los padres ofrecen a Dios el fruto que engendraron,
así también el diablo no deja de infectar con maldad todo lo que
se le ofrece. Muchos ejemplos pueden encontrarse en el Antiguo
y Nuevo Testamento. Pues así fueron muchos de los Patriarcas y
Profetas, tales como Isaac, Samuel y Sansón; y así fueron Alexis,
y Nicolás, y muchos otros, guiados, por una gran gracia, a una
vida santa. Por último, sabemos por experiencia que las hijas
de las brujas son siempre sospechosas de prácticas similares,
como imitadoras de los delitos de sus madres; y que en verdad
queda infectada toda la progenie de una bruja. Y la razón de ello
y de todo lo que se dijo antes es que, de acuerdo con su pacto
con el demonio, siempre tienen que dejar tras de si e instruir
con cuidado a un sobreviviente, para cumplir con su voto de hacer
todo lo posible para aumentar el número de brujas. Pues de qué
ot
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